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Ataque de panico

last update publish date: 2025-08-31 12:27:22

El apagón en el edificio dejó a Isabela paralizada. El silencio se mezclaba con la sensación de encierro y la negrura total que la rodeaba. Sus manos temblaban sobre el escritorio y apenas lograba inhalar aire. Cerró los ojos con fuerza, intentando controlarse, pero en lugar de calmarse, un recuerdo lejano irrumpió en su mente, como si la oscuridad del presente abriera la puerta a la del pasado.

De pronto estaba allí, de nuevo, en aquella cueva del mar, atrapada años atrás.

El viaje había sido
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  • Bajo el Contrato del Destino   Incluso los muros más altos caen

    Los cocineros, que habían observado en silencio todo el proceso, se miraban entre sí con un dejo de vergüenza. El jefe de cocina, un hombre de traje blanco impecable, se adelantó con expresión seria.—Señor Mercier, señorita… —hizo una pausa, respirando hondo—. Quiero pedir disculpas. Este restaurante tiene una reputación que mantener, y hoy hemos fallado en cumplir con los estándares que ustedes merecen.Hugo lo miró con dureza, su voz baja pero cortante.—No esperaba menos que la perfección de un lugar como este. Y lo que sirvieron estuvo lejos de serlo.Isabela, aún con las manos manchadas por las especias que había usado, bajó la vista hacia el plato que ella misma había preparado. Luego, con un gesto más suave, intervino:—Todos cometemos errores, chef. Lo importante es aprender de ellos.El chef asintió con un dejo de humildad.—Tiene razón, señorita. Sus técnicas son impecables, y debo reconocer que me ha dejado sorprendido. Prometo que de ahora en adelante cada plato que salga

  • Bajo el Contrato del Destino   Una gran chef

    Isabela lo miró con una mezcla de desdén y sarcasmo, cruzándose de brazos mientras observaba el brillo de las copas y el ambiente refinado del lugar.—Ya entiendo —dijo con un tono frío—. Me trajiste aquí para burlarte de mí, ¿verdad? Porque, claro, como vengo del campo, seguro pensaste que me impresionarías con un par de copas de vino y un menú en francés.Hugo arqueó una ceja, sorprendido por la dureza de sus palabras.—¿Burlarme? —repitió, inclinándose hacia ella—. ¿De verdad crees que haría todo esto para humillarte?—¿Y no? —replicó Isabela con ironía, alzando la barbilla—. Seguramente piensas que me siento fuera de lugar, que no sé ni cómo pronunciar los platos o cómo usar los cubiertos. Pero te equivocas, Hugo. Estos restaurantes no significan nada para mí.El silencio entre ambos se volvió pesado, aunque los comensales a su alrededor seguían charlando animadamente. Hugo se quedó observándola con atención, tratando de descifrar sus palabras, porque había notado que hablaba con

  • Bajo el Contrato del Destino   Solo me responde a mi

    Isabela repasaba unos documentos en su escritorio cuando Claudia se apareció con una sonrisa cargada de malicia.—Aquí tienes —dijo, dejando un fajo de papeles sobre la mesa—. Revisión de contratos, informes de gastos y, por cierto, Hugo necesita que prepares las presentaciones para la próxima reunión.Isabela alzó la vista, sorprendida por la cantidad.—¿Todo esto… para hoy?—Así es —contestó Claudia con frialdad—. No creo que tengas problema, ¿o sí?Isabela tomó aire, serena.—No, no tengo problema. Lo terminaré.Claudia arqueó una ceja, esperando verla rendirse. Pero a medida que pasaban las horas, la secretaria trabajaba con precisión, avanzando rápido y con un orden que sorprendía a más de uno.Al final de la mañana, no solo había completado las tareas, sino que además retomó el proyecto que Hugo le había confiado.El asistente personal de Hugo, Ramiro, se detuvo frente a la puerta del despacho de Claudia con gesto serio.—Señorita Mercier —dijo con formalidad—, necesito hablar c

  • Bajo el Contrato del Destino   La Llegada en la Madrugada

    El vehiculo se detuvo frente a la gran entrada de la residencia Mercier. El silencio de la madrugada envolvía la mansión, solo interrumpido por el motor que se apagó suavemente. Hugo bajó primero, con rapidez y sin dudar un segundo se dirigió hacia la otra puerta para ayudar a Isabel. Ella estaba medio dormida, aún cansada, pero su cuerpo descansaba en los brazos de él como si ese lugar fuera el más seguro del mundo.Hugo la sostuvo con cuidado, como si fuera lo más frágil que había tenido entre sus manos. Entraron por la puerta principal, y en ese instante, Claudia, que había estado esperando inquieta en la sala, se levantó de golpe al verlos.—¿Qué pasó? —preguntó con voz entre sorprendida y preocupada, acercándose unos pasos.Hugo no contestó de inmediato. Su mirada estaba concentrada únicamente en Isabel, que respiraba con calma, ajena a la tensión que se percibía en el ambiente. Cuando por fin habló, lo hizo con un tono firme, casi cortante:—No fue nada grave, pero necesitaba de

  • Bajo el Contrato del Destino   Entre la calma y la verdad

    Hugo estaba sentado a un costado de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en el suelo. Tenía la chaqueta arrugada y el cabello despeinado, como si hubiera pasado horas allí, sin moverse.El leve gemido de Isabel lo sacó de sus pensamientos. Sus ojos se abrieron lentamente, un poco nublados, hasta que lo encontraron a él.—¿Qué… qué pasó? —preguntó con la voz débil, llevándose una mano temblorosa a la frente.Hugo se enderezó de inmediato y se inclinó hacia ella.—Te desmayaste —respondió, serio pero con un tono suave que no solía usar—. Te encontré en el piso, estabas… temblando, sin poder respirar bien.Los ojos de Isabel se agrandaron, tratando de recordar. Una sombra de miedo cruzó su rostro.—¿Yo… dije algo? —murmuró, con el corazón acelerado.—No —negó él, observándola con detenimiento—. Solo estabas llorando y parecía que… que te dolía algo más que el cuerpo.Isabel cerró los ojos con fuerza, como si quisiera ocultar lo que había sentido. Hugo frunció

  • Bajo el Contrato del Destino   Ataque de panico

    El apagón en el edificio dejó a Isabela paralizada. El silencio se mezclaba con la sensación de encierro y la negrura total que la rodeaba. Sus manos temblaban sobre el escritorio y apenas lograba inhalar aire. Cerró los ojos con fuerza, intentando controlarse, pero en lugar de calmarse, un recuerdo lejano irrumpió en su mente, como si la oscuridad del presente abriera la puerta a la del pasado.De pronto estaba allí, de nuevo, en aquella cueva del mar, atrapada años atrás.El viaje había sido planeado como unas vacaciones tranquilas. Isabela, más joven y con un espíritu curioso, se encontraba en un pequeño pueblo costero con algunos amigos. El mar era cristalino, y una de las atracciones turísticas del lugar eran las cuevas naturales que se formaban en la roca, accesibles nadando unos metros desde la orilla.—Va a ser una aventura —dijo uno de sus amigos con entusiasmo, ajustándose las gafas de buceo.—Solo entraremos un rato, no hay peligro —agregó otro, tratando de animarla.Ella n

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