LOGINDimitri Korovin
Terminé de leer el informe acerca de la captura del jefe de la mafia italiana, Francesco De Angelis, y solté un suspiro pesado mientras dejaba los papeles sobre mi escritorio. Habían sido meses de trabajo duro, de vigilias interminables, de seguir cada pista en la oscuridad hasta lograr acorralar a ese gran criminal. Ahora mismo, estaba a punto de entrar a la sala de interrogatorios. Para todo agente, es un orgullo atrapar a esos sucios criminales a los que pasas investigando día y noche. Sin duda, este es uno de los días más gratificantes de mi vida entera.
Caminé por el pasillo, respirando hondo antes de abrir la puerta y enfrentarme a él.
—Francesco De Angelis, jamás pensé que iba a llegar el día en que lo tuviera a mi merced —me burlé de él, cruzándome de brazos, y su única reacción fue enarcar una ceja con una calma que me crispó los nervios. Es un descarado.
—¿Alguien le ha dicho que me tiene a su merced? Ay, por favor, mejor siga soñando —rodó los ojos, pero qué carácter. Parecía que se le había olvidado con quién estaba hablando.
Me callé un segundo para no perder la paciencia. No estaba aquí por un juego de egos.
—Mire, no estoy aquí para perder el tiempo, así que le vamos a ofrecer un trato que quizá puede convenirle de alguna manera —le indiqué, mirando hacia la puerta— Ludmila, por favor, dile de qué se trata.
Ludmila asintió y dio un paso al frente. Ella siempre ha sido considerada una de las mejores agentes dentro de la asociación y es que tiene una capacidad increíble; nadie era más indicado que ella para poder hacer un trato con uno de los capos más buscados. Además, es una preciosa mujer, claro está.
—De Angelis, voy a ser directa con usted. Lo que queremos es que nos entregue más información acerca de los Romanov, y a cambio, vamos a reducir un par de años a su condena —soltó con una dureza que cortó el aire.
Ambos esperamos a escuchar su respuesta, observando cada uno de sus movimientos.
—Les tengo una mejor. Les digo un poco de información acerca de los Romanov y les doy el paradero de los coreanos, pero, a cambio ustedes tienen que dejarme en libertad —propuso con una sonrisa arrogante.
Ludmila y yo nos miramos incrédulos, sin poder creer lo que estábamos escuchando. La libertad a cambio de eso. Le hice una seña a mi compañera para que saliéramos del lugar, la cual ella entendió con rapidez.
Una vez fuera de la sala, la tensión estalló entre nosotros.
—¿Escuchaste lo que acaba de decir? —Le pregunté, frotándome la nuca mientras procesaba la oferta. Ella asintió, sin ser capaz de poder creerlo.
—¿Y acaso lo vamos a dejar ir? —Contraatacó, visiblemente frustrada— Nos ha costado demasiado detenerlo como para simplemente soltarlo así.
—Tenemos que ir a hablar con el jefe, creo que sí existe la posibilidad de que dejemos libre a Francesco De Angelis —expresé, dirigiendo mis pasos hacia la oficina del jefe. Ambos entramos luego de golpear la puerta.
—Jefe, tenemos que hablar.
—Muy bien, solo díganme que necesitan —respondió. El hombre solía ser bastante cortante y no le gustaban las interrupciones.
—De Angelis acaba de ofrecernos algo que no podemos rechazar. A cambio de su libertad, nos ha ofrecido otorgarnos información sobre los Romanov y darnos la dirección de los coreanos. Jefe, usted sabe la importancia de atrapar a los coreanos, porque son los más cercanos a los japoneses y a los españoles.
—Además, si los atrapamos, estaremos mucho más cerca de todo el mundo. Y si dejamos ir al italiano no habrá ningún problema puesto que no será difícil atraparlo una vez más —mi compañera me apoyó en la decisión que queríamos tomar.
Él se quedó en silencio por un par de minutos, los cuales empezaron a volverse incómodos en la habitación.
—¿A cambio de información sobre los rusos y los coreanos? —preguntó. Luego asintió, serio— Está bien, díganle al italiano que vamos a aceptar su trato a cambio de información concreta y que nos sirva de cualquier manera.
—Sí, por supuesto... —asentimos antes de salir de la oficina. Manos a la obra.
Caminamos de vuelta por el pasillo y un sentimiento de frustración me invadió de golpe.
—Demonios, el italiano va a ser nuestra llave para abrir todas las puertas que han permanecido cerradas, aunque, mi principal objetivo siempre ha sido atrapar a los Romanov.
—¿A los Romanov? —dijo, sorprendida por mi enfoque.
—Claro que, a los Romanov, esos hijos de puta han estado haciendo lo que han querido desde hace muchos años y no puede ser posible que no los hayamos atrapado todavía.
—Es cierto, en eso concuerdo —apuntó ella antes de regresar al lugar en donde teníamos a Francesco de Angelis, el capo de la mafia italiana más grande, esperando por una respuesta.
Era simplemente increíble como ese hombre se veía tan tranquilo, a pesar de la situación en la que se encontraba sentado frente a nosotros.
—¿Entonces qué? ¿Van a aceptar mi trato? —Se burló de nosotros, este hombre sin duda era muy engreído— No quiero perder el tiempo si no van a aceptar lo que les propuse.
Lo miré con frialdad y le di la confirmación que estaba esperando:
—Sí, así que díganos todo lo que sabe.
La adrenalina recorría mis venas, intensificando mi enfoque. Jamás había estado tan a la expectativa por la confesión de un criminal de su nivel, pero esta operación encubierta valía más que cualquier otra, y requería toda mi concentración y la de mi compañera, la sagaz agente Ludmila.
—Bueno, solo tienen que decirme qué es lo que quieren saber y yo les voy a dar las mejores respuestas —nos dijo, regalándonos una sonrisa cínica y confiada. No podía evitar pensar que la escoria criminal no tiene remedio, ya que operan fuera de toda moralidad; su existencia es un círculo vicioso de miseria y violencia, de eso no me cabía la menor duda.
—Empecemos hablando sobre los Romanov... ¿Sabes quiénes son? —le preguntó Ludmila, inclinándose ligeramente hacia el frente para imponer su presencia. Ella siempre se ha movido con una seguridad que raya en la temeridad, motivo por el cual es considerada una de las mejores operativas de la FSB y alguien que se ha ganado todo mi respeto en el terreno.
—Romanov es un apellido de peso en el hampa —respondió, cambiando el tono a uno más serio—. Es el apellido de Maximiliano Romanov, un capo de gran astucia y sangre fría, capaz de mantenerse en la cima de la jerarquía criminal desde su juventud hasta el día de hoy. Es un hombre con un control tan absoluto que pocos se atreven a sostenerle la mirada sin sentir un miedo visceral. Pero el imperio de la Bratva no se reduce a él, va mucho más allá. Son todo un sindicato del crimen; de eso no hay que dudar.
A lo largo de los meses habíamos recopilado muchos rumores, aunque no siempre podíamos corroborar su veracidad. Con el paso de los años, el clan ha ganado un poder inmenso en el tráfico de estupefacientes, la trata de personas y el lavado de activos, además de otros delitos graves.
—¿A qué te refieres exactamente? —intervine, necesitando detalles precisos para armar el mapa de inteligencia.
—Aunque Maximiliano es el Pakhan y la máxima autoridad, el núcleo duro de su organización está formado por sus lugartenientes de mayor confianza y su propia familia, quienes resultan ser tanto o más despiadados que él. Trabajan en red; sus hijos son su extensión operativa.
—Necesitamos saber más sobre el núcleo familiar —le ordenó Ludmila. Los expedientes apenas contenían el dato de que él se había casado con una abogada décadas atrás; el resto era un completo misterio.
—Maximiliano contrajo nupcias con Anastasia Romanov hace casi tres décadas, una mujer que rompe el molde habitual del hampa. Era una abogada brillante que se involucró con el capo, y aunque suene a locura, existe un vínculo inquebrantable entre ellos; ella es su mano derecha, su consejera, la única que resguarda el libro de contabilidad de sus crímenes, por lo que neutralizarla sería un golpe letal para la organización. De esa unión nacieron tres herederos: dos mujeres y un varón. A pesar de que ninguno supera los veintitantos años, su letalidad supera a la de sus progenitores. Omitiré sus nombres por discreción, pero les daré sus perfiles para identificarlos en el radar. La mayor es una mujer temible, con un talento inusual para la conducción temeraria y el automovilismo de alto riesgo, pero es su intelecto lo que la vuelve peligrosa; ella suele mediar y disolver los conflictos con otras familias del crimen, por lo que en el ambiente criminal la conocen como "la chica de fuego". El del medio es la viva imagen de su padre en táctica, aunque sin llegar a sus extremos de crueldad; es el estratega puro y heredero de los talentos tácticos de los Romanov. Si te tiene en su punto de mira, tu vida termina en un segundo; procesa cualquier escenario con una inteligencia superior a la del capo. Sin embargo, no tiene ambiciones de ocupar el trono de su padre y se limita a inspeccionar las cargas ilícitas, identificando cualquier sustancia pura en cuestión de segundos. Luego está la menor, un auténtico genio del blanqueo de capitales; la máxima autoridad del sindicato le consulta cada movimiento financiero antes de operar. Es sumamente discreta y la más hermética de los tres, por lo que he cruzado pocas palabras con ella. Para la mayor, el negocio es monótono y lo menosprecia, ya que considera que lidiar con muertes, lavar dinero y evadir a las autoridades es pan comido. El clan posee un gran número de sicarios y operadores, pero solo un grupo reducido forma su círculo de lealtad absoluta. Su base de operaciones siempre ha estado en Rusia; únicamente abandonan sus búnkeres o residencias cuando se desata una guerra de cárteles, moviéndose de forma clandestina sin que nadie conozca su ubicación real.
—¿A qué se debe que sea imposible rastrearlos? —pregunté con el ceño fruncido, analizando la situación—. ¿No se supone que usted opera muy de cerca con su red de negocios?
—Por supuesto que tengo un enlace directo con la cúpula de la Bratva por nuestros acuerdos logísticos —respondió—, pero es un protocolo férreo: cada vez que alguien de nuestro círculo es citado a su hacienda, nos vendan los ojos durante el trayecto, impidiendo que cualquiera conozca la geolocalización de su base. El Pakhan es un estratega paranoico, no deja cabos sueltos.
—Tiene sentido, un pez gordo de su envergadura debe asegurar sus operaciones para seguir dominando el mercado —asentí. Eso era de conocimiento básico en el departamento.
—Bien, esa es toda la inteligencia que les entregaré sobre los Romanov. Ahora les daré las coordenadas exactas de la ruta de los coreanos —dijo con total descaro—, no esperen que les lea la cartilla de toda su red.
—Excelente, agradecemos su colaboración —intervine—. En cuanto verifiquemos que la información sobre las coordenadas es legítima, se procederá a cumplir el trato y será liberado.
—Sí, de acuerdo, pero no se tarden —dijo con tono impaciente y un deje de superioridad—. Tengo negocios en curso y necesito salir de esta celda lo antes posible.
—Esté seguro de que así será, De Angelis —dije antes de abandonar el recinto de interrogatorio. Ludmila caminó tras de mí. El descaro de estos criminales nunca dejaba de asombrarme.
—Así es, son escoria, pero hay que ver el lado positivo —apuntó Ludmila—. A pesar de que la fiscalía tendrá que liberar a Francesco, hemos obtenido inteligencia de primera mano sobre la estructura de los Romanov.
—Me resulta impactante confirmar la existencia de los tres hijos del capo y la magnitud de su preparación para el negocio —comenté—. Es una locura que los haya criado dentro del sistema de la Bratva, adoctrinándolos para ser tan letales como él.
—Romanov no da pasos en falso. Toda esta preparación estratégica no es casualidad —añadió ella con tono reflexivo—. Está claro que los está posicionando para la sucesión. En el momento en que se canse de operar en las sombras y decida retirarse a disfrutar de la fortuna obtenida con sus crímenes, el control pasará a manos de alguno de ellos.
—Es exactamente lo que yo pienso; no se desvinculará del negocio por completo, sino que buscará perpetuar su legado a través de la sangre.
—La transición de poder será su flanco más vulnerable, y es ahí cuando debemos dar el golpe —continuó Ludmila—. Hay que tener en cuenta que solo habrá un sucesor, y los otros dos herederos tendrán que someterse a ese liderazgo, lo que inevitablemente va a generar fracturas y resentimientos internos. El escenario promete ser muy interesante desde el punto de vista táctico.
—Sin duda, tienes razón. Ha sido una jornada agotadora, así que volveré a mi apartamento para descansar.
—Te veo el lunes, entonces —me dijo, regalándome una sonrisa antes de perderse de vista. Mañana planeaba asistir a una exposición de arte, así que primero pasaría por el supermercado antes de llegar a casa y dormir hasta el amanecer.
Katya RomanovNo tuve otra opción que escabullirme de mis hermanos para tener la oportunidad de encontrarme con Franco De Angelis. Un hombre con el que he empezado a tejer un romance lleno de deseo, mentiras y prohibiciones. Franco es el hermano de Francesco, quien acaba de convertirse en el enemigo número uno de los Romanov. Me deslicé hacia una bodega alejada de la música, asegurándome de que nadie fijara su atención en mí.Una sonrisa inevitable se dibujó en mis labios al tenerlo frente a frente. Su sola presencia me intimidaba y me atraía en partes iguales.—Buenas noches, mi amor... —susurró, acercándose con lentitud hasta dejar un beso húmedo sobre mi cuello.Antes de que pudiera profundizar en el tacto, lo alejé con un movimiento brusco. Estaba demasiado furiosa con lo que había hecho su familia como para dejarme llevar por la dulzura.—¿Qué te sucede? Estás actuando muy extraño, preciosa —preguntó Franco, retrocediendo un paso con una sonrisa desconcertada pero cautivadora.—¿
Dasha RomanovEstúpida jerarquía.Estúpido poder.Estúpida mafia Romanov.No teníamos idea acerca de lo que íbamos a hacer. No sabíamos si esperar para comentarle a nuestro padre o si deberíamos decirle ahora mismo y saber que podría desatarse una especie de guerra entre todos. Nos encontrábamos en un verdadero dilema, con el tiempo corriendo en nuestra contra, y necesitábamos hallar una respuesta lo más pronto que fuese posible antes de que el caos nos devorara por completo.—No le dirás ahora, ¿o sí? —le pregunté a mi hermano, sintiendo un nudo frío en el estómago. Maldita sea, sabía que no era el momento indicado para hablar de una situación tan delicada. Luka siempre se dejaba llevar—. Luka, si en algo se parecen los miembros de esta familia es en que no piensan realmente en las consecuencias hasta que la sangre ya está derramada. Piensa en lo que va a hacer nuestro padre. Actuará de manera impulsiva, sin importar a quién se lleve por delante.—Le diré en este mismo momento. No vo
Dasha Romanov—Buenas noches, Francesco, qué gusto que ya te encuentres libre —le sonreí, usando toda mi diplomacia y el tono de voz de una abogada analítica y fría. Francesco De Angelis es el capo de la mafia italiana, un hombre lleno de cinismo y egocentrismo, lo que hacía que fuera imposible para mí acercarme a él con la misma confianza que mi hermana. No confío en él, porque sé que es capaz de cualquier traición para salvar su propio pellejo.—Dasha Romanov, qué gusto que me permitas hablar contigo, sabes que es algo que no hacemos muy seguido —dijo, mirándome con unos ojos oscuros y penetrantes. Juro que tuve ganas de sacar mi arma y dispararle, pero tuve que contenerme a toda costa para no armar un escándalo que pudiera costarnos la vida.—Qué bueno que te unas a nuestra conversación, hermanita. Justo ahora estaba preguntándole a Francesco cómo fue que consiguió volver a ser dueño de su libertad cuando ya había sido apresado por la FSB —cuestionó Katya, con una sonrisa llena de
Dasha RomanovTe has quedado marcado en mí, como un tatuaje permanente, como una marca de hierro fundido sobre la piel que no tiene manera de ser borrada por más que el tiempo y la distancia intenten desvanecerla.No he podido olvidarte, Kang Dae. Mi mente te busca en cada rincón, y cada vez que respiro creo sentir el humo y la pólvora que siempre te acompañaban cuando éramos jóvenes. No puedo esperar a tener la mínima oportunidad para permitirte una vez más, al menos en mi memoria, que dejes esos pequeños y lentos besos sobre mi cuello, mientras pienso en todo lo que me hiciste sentir sin llegar a conocer al monstruo en el que te obligaron a convertirte. Tus besos se han quedado adheridos a mis sentidos y sé que será imposible borrar las huellas que dejaste en mi vida, en mi cuerpo, en mi alma y en mi ser. Lo único que quiero ahora mismo es tener la oportunidad de volar hasta Nueva York para encontrarme contigo, mirarte a los ojos y decirte que lo nuestro no es tan solo un recuerdo d
Dimitri KorovinLuna es como la manzana prohibida que quiero probar a toda costa. El deseo me recorre las venas como una corriente eléctrica, una fuerza oscura y magnética que me empuja a desobedecer todos mis protocolos de seguridad. Quiero llevarla al límite, mantenerla cerca, muy cerca de mí. Es la primera vez que una mujer, una simple civil según mis registros mentales y mi entrenamiento en la FSB, me hace perder la cabeza de esta manera.Después de llegar a mi apartamento en el corazón de Moscú, un espacio sobrio, frío y lleno de informes clasificados, la arrinconé contra la puerta de la entrada. Mis manos, acostumbradas a empuñar armas y esposas, buscaron con desesperación el contorno de su cintura, atrayéndola hacia mí. La besé con una fiereza que no pude ni quise contener. Había algo en ella que me encendía, una urgencia que me resultaba imposible de domar. Apenas sabía su nombre, no tenía idea de los secretos que ocultaba detrás de esa mirada profunda y cautivadora, pero mi i
Dasha RomanovPablo me llevó hasta Moscú mientras conversábamos sobre la situación actual de la mafia. Hemos empezado a tener varios problemas con los otros grupos gracias a la distribución de los territorios esenciales para el tráfico de sustancias y el control del hampa. El viaje fue largo, pesado y lleno de un silencio tenso que se podía cortar con un cuchillo. Apenas llegué al hotel, me di una ducha larga y caliente, intentando lavar de mi piel la tensión, el miedo y la rabia que me oprimían el pecho desde que mi padre nos dio la orden de huir. Me puse ropa cómoda, me senté al borde de la cama, rodeada de las cuatro paredes blancas y estériles de la habitación, y me dispuse a llamar a mis hermanos para asegurarme de que estuvieran a salvo, empezando por Luka.—¿Luka? —pregunté, con la voz ligeramente temblorosa, esperando escuchar alguna respuesta de su parte. Lo necesitaba, necesitaba anclarme a la única persona en este mundo que sentía como mi verdadero hogar.—Hola Dasha, aún s







