LOGINDasha Romanov
Te has quedado marcado en mí, como un tatuaje permanente, como una marca de hierro fundido sobre la piel que no tiene manera de ser borrada por más que el tiempo y la distancia intenten desvanecerla.
No he podido olvidarte, Kang Dae. Mi mente te busca en cada rincón, y cada vez que respiro creo sentir el humo y la pólvora que siempre te acompañaban cuando éramos jóvenes. No puedo esperar a tener la mínima oportunidad para permitirte una vez más, al menos en mi memoria, que dejes esos pequeños y lentos besos sobre mi cuello, mientras pienso en todo lo que me hiciste sentir sin llegar a conocer al monstruo en el que te obligaron a convertirte. Tus besos se han quedado adheridos a mis sentidos y sé que será imposible borrar las huellas que dejaste en mi vida, en mi cuerpo, en mi alma y en mi ser. Lo único que quiero ahora mismo es tener la oportunidad de volar hasta Nueva York para encontrarme contigo, mirarte a los ojos y decirte que lo nuestro no es tan solo un recuerdo de juventud; es un amor que me destruye lentamente.
No me importa en lo más mínimo si sueno como una loca que exagera la realidad. No sé qué significa el amor en el mundo real porque no soy una experta en el tema ni una estudiante de psicología redactando un ensayo clínico, pero sí sé que te encontré a ti, mi alma gemela, y por ninguna razón de este mundo podré amar a alguien más de esta manera. Eres el único al que pertenezco, incluso si ahora te llamas Hyunjin y me miras con esa frialdad que me congela los huesos.
Por supuesto que estoy consciente de la horrible mentirosa en la que me he convertido para sobrevivir en este juego de sombras y dinero. Me prometo a mí misma que voy a decirte la verdad muy pronto, tan solo me gustaría encontrar el momento indicado para hablar contigo de nuestro pasado y de lo que mi familia te hizo. Mi mayor anhelo es que esto que afirmo sentir sea amor verdadero y no una simple obsesión creada en mi cabeza para reparar un agujero en el pecho que lleva años sangrando. Solo espero que estos sentimientos sean solo para ti y que no esté buscando suplantar una pérdida que jamás podré superar.
La situación con mi familia se encuentra mucho mejor que en aquellos días de tensión y peligro extremo, en los que cada uno de nosotros se vio obligado a huir a lugares distintos de nuestro hogar. El señor Maximiliano Romanov, mi padre, logró cerrar un tratado de armas bastante lucrativo con los árabes. Todo se arregló con acuerdos de dinero, territorios y plomo. Fin del asunto. Esa es la vida a la que nos hemos acostumbrado. Además, Francesco De Angelis fue liberado por la FSB y ahora nos ha invitado a una fiesta bajo la luz de la luna para celebrar su retorno y discutir los nuevos términos de nuestras rutas de contrabando. Me sorprendió que lo hiciera, y me sorprendió aún más que mi padre aceptara la propuesta de acudir a este evento en territorio neutral.
—Oye, Katya, me pregunto si no te pone los pelos de punta el solo imaginar cuál puede ser el final de esta noche —le susurré a mi hermana mayor justo en el momento en que mi padre estacionaba el auto, un Mercedes blindado, frente a la inmensa propiedad donde se llevaría a cabo la celebración de la Cosa Nostra—. Toda esta situación me está volviendo loca a cada segundo. No comprendo cuáles son las verdaderas intenciones de este italiano.
—Bueno, tengo mis expectativas, pero no me pone nerviosa en lo absoluto porque jamás me ha gustado sentir miedo —me aclaró, encogiéndose de hombros y lanzándome una mirada afilada, el rojo de su cabello contrastando con la oscuridad de la noche—. Dasha Romanov, por el amor de Dios, tienes que aprender que llevas la "R" de Romanov tatuada en la sangre. Vas a entrar a esa maldita fiesta, esperando con ansias saber todo lo que Francesco necesita conversar con nosotros. Y si la situación se nos sale de las manos, ya sabes qué amenazas usar y también conoces a la perfección cómo demonios accionar un arma sin temblar.
A veces, suelo olvidar el estúpido tatuaje de la inicial de nuestro icónico apellido en la parte baja de mi espalda, como si el dolor de aquella aguja pudiera olvidarse. Mi padre me dijo que me lo hiciera cuando cumplí diecisiete años, una excelente iniciación para cada miembro de la mafia. Porque si fuiste parte de la mafia Romanov alguna vez, no dejarás de serlo nunca. Y si quieres abandonarla, solo saldrás de ella con los pies por delante; es decir, muerto. No he olvidado ese día, porque dejó mi juventud a un lado y me sumergió de golpe en un mar de tinta y sangre.
—¿Cuál es el objetivo de este tatuaje? —le pregunté a mi hermana, quien había decidido acompañarme porque en la organización había un hombre encargado de marcar a los miembros de la familia.
—Todo miembro de la mafia Romanov lo posee, digamos que es como un sello de lealtad —el tatuador me respondió mientras contuve la respiración en cuanto empezó a pasar la aguja por mi piel—. Y solo faltas tú, que por cierto eres una de las partes cruciales del negocio.
—Si no tengo otra opción, aceptaré esto con gusto ¿No? —me burlé, tratando de liberar la tensión, causando que los otros hombres en la sala rieran. Fue en ese momento cuando Kang Dae se acercó. Con su mirada dulce y a la vez intensa, me sostuvo la mano mientras me apretaba el hombro para darme apoyo.
—¿Listo para arder en el infierno? —le cuestioné con una sonrisa que apenas disimulaba mi afecto por él, un afecto que se convertiría en un amor que aún me quema por dentro y que me prohíbe mirar a otro hombre.
—Nosotros ya ardimos en el infierno desde hace tiempo, Dasha —respondió con una voz que nunca olvidaré—. Pero lo haremos juntos.
Rodé los ojos, tratando de no mostrar la debilidad que sentía por él en ese momento. Con una sonrisa, él se alejó, dejándome sola con mis pensamientos.
A las pocas horas, quizás dos o tres después de nuestra llegada a la dichosa fiesta, me encontraba en la mesa que fue reservada para mi familia. El ambiente estaba cargado de humo de tabaco caro y el olor a perfumes importados. Mis padres estaban disfrutando de la velada mientras se movían de un lado a otro saludando a otros capos. En la mesa, mis hermanos y yo jugábamos por inercia con las copas de vodka, esperando el verdadero motivo de la reunión.
—Han pasado más de dos horas y todavía no comienza lo interesante —Katya rodó los ojos, mostrándose fastidiada por la lentitud del evento—. Creo que iré a saludar a Francesco.
Antes de que Luka o yo fuéramos capaces de detenerla, se levantó de la mesa y caminó a paso apresurado hacia donde estaba el italiano, rodeado de sus hombres.
—Katya sí que está loca —negué con la cabeza, demostrando que estaba en desacuerdo con su impulsividad y el riesgo innecesario que tomaba—. Es demasiado imprudente.
—Katya es más valiente que nosotros dos, ya deberías tenerlo claro —anunció Luka antes de levantarse también. Me apresuré a seguirle el paso. No iba a ser la única que se quedara sentada en aquella mesa, aburrida y al borde del abismo. Luka fue a decirle algo a nuestro padre mientras Katya saludaba a Francesco de manera formal, pero la expresión en el rostro del italiano no me dio buena espina. Decidí acercarme.
DimitriEl tic-tac del reloj de pared en mi despacho privado marcaba las cuatro de la madrugada con una insistencia burocrática. El apartamento finalmente había recuperado su silencio sepulcral tras la abrupta huida de Anastasia Romanov por el pasillo. En la habitación contigua, Dasha dormía con una respiración entrecortada, aferrada a las sábanas como si mi cama fuera el único refugio seguro en medio del colapso de su imperio familiar. Las marcas rojas en su garganta eran la prueba del infierno del que venía huyendo.Me senté frente al monitor encriptado, la luz azulada iluminando mis facciones frías de agente de la FSB. Mis dedos teclearon con una parsimonia ensayada, abriendo el servidor clasificado de la división táctica.INFORME OPERATIVO: CASO BRATVA ROJAAGENTE: Korovin, D.ESTADO DEL OBJETIVO: Confirmado. Dasha Romanov (lavadora de dinero) ha quebrado su seguridad operativa de forma total. El vínculo sentimental civil se encuentra consolidado bajo un control absoluto. El objet
Dasha RomanovMe quedé completamente paralizada en medio del pasillo, mi mente jurídica entrando en un torbellino de pánico y confusión absoluta. ¿Qué significaba esto? ¿Acaso era una trampa cruel diseñada por los asesinos de la facción Shin para burlarse de mi dolor y desestabilizar mis defensas financieras, o significaba algo infinitamente más masivo y descolocante para mi realidad? Mi padre me acababa de asegurar en la cocina que los informes federales confirmaban la muerte de toda la línea de sangre de los Lee en Japón; me había dicho que estaban bajo tierra. Pero este objeto... este amuleto era real, era el suyo, y la frase apelaba a una promesa privada que nadie más en el hampa conocía.La sospecha de que Kang Dae pudiera estar respirando bajo este mismo cielo, oculto en las sombras de la capital y moviendo sus hilos en secreto sin que la Bratva lo hubiera detectado, encendió una chispa de adrenalina destructiva en mis venas. La tensión por los próximos meses se volvió insoporta
Dasha Romanov—¿Tu juventud fue verdaderamente tan difícil y sanguinaria, papá? Nunca me has contado demasiado sobre tus inicios en las prisiones ni sobre cómo construiste la Bratva roja, en realidad... —descubrí con astucia que esta era mi oportunidad perfecta para indagar en su psique, saber quién era mi padre realmente y cómo pavimentó con cadáveres el camino que lo trajo hasta el trono donde está establecido hoy en día.—No era más que un joven desesperado y ambicioso que trató de salir adelante en las calles de la Unión Soviética, pero no de la mejor ni más legal manera en este mundo hostil —rememoró, mirando al vacío—. Siempre fui una persona movida por una ambición muy grande, a la que le fascinaba el control, el dinero y los lujos caros; y después de permanecer una temporada como un simple traficante de drogas al menudeo, aposté todo mi capital por el negocio del contrabando a gran escala, jugué la carta más grande de toda mi vida y lo gané todo. Entonces, con el paso de los a
Dasha RomanovMe percaté de la hora en el reloj de mi muñeca y me di cuenta de que se me estaba haciendo más tarde para viajar hacia el apartamento de Dimitri, por lo que tuve que obligarme a mí misma a cortar la tensión y despedirme de mis hermanos mayores antes de levantar sospechas.—Katya, Luka, lamento informarles que tengo que cortar la charla e irme ya porque no quiero que se me haga más tarde en la carretera —suspiré, tomando mi bolso—. Puede que me quede una semana entera en la capital revisando las galerías y los textos del taller.—Disfruta tu tiempo en Moscú, Dasha. Mientras tengas la oportunidad de salir de este infierno de mansión, bien por ti —Luka me felicitó, causando una risa espontánea y amarga en Katya—. En serio, espero que disfrutes de todo el tiempo que puedas pasar fuera de esta casa. Te lo mereces.—Por supuesto que sí, de eso ni lo dudes, hermano —aclaré, forzando una sonrisa—. Katya, te veo luego. Iré a la planta baja a avisarle a nuestros padres que me voy
Dasha Romanov—Claro que sí, mi niña, yo solo aprobaré el trato final. Hazte cargo por completo de la mesa. Confío en ti y en la excelencia de tu trabajo —había respondido el Pakhan. Por supuesto que lo hacías. Si no fuera por mis excelentes y milimétricas decisiones financieras, por la forma en que diversifico el dinero y limpio los activos, esta mafia de los Romanov ya ni siquiera existiría ahora mismo en Rusia; habríamos sido devorados por las auditorías estatales hace mucho tiempo.Asentí con la cabeza, manteniendo una sonrisa de suficiencia en el rostro frente a los sicarios de la Cosa Nostra. Puede que yo sea considerada la integrante más ingenua, inofensiva y débil de toda mi familia debido a mi fachada de estudiante de leyes, de igual forma, eso no significa que no me fascine tomar el control absoluto de las operaciones de vez en cuando. Al contrario, me encanta sentir que mis palabras tienen un poder legal y fáctico sobre los demás.—Francesco, quiero que sepas en primer luga
Dasha RomanovHace cinco meses que conocí a Dimitri en medio de aquella preciosa galería de arte de Moscú. Hace exactamente cinco meses que conocí al hombre que creí que cambiaría mi destino, el hombre de mi vida. Hace cinco meses que conseguí firmar mi propia sentencia de muerte al enredarme en sus sábanas bajo una identidad falsa, y hace apenas cinco meses que conocí el verdadero infierno, uno muy diferente, más silencioso y psicológico, al que mis hermanos aseguraban conocer en las balaceras de la frontera. Creía ilusamente que ya lo había vivido todo en esta vida de opulencia y crimen, y que ya sabía todo, en lo absoluto, sobre la crueldad humana. Qué equivocada estaba.Nací como la hija de un famoso, temido y buscado jefe de la mafia rusa, Maximiliano Romanov, un hombre que pasó de ser un simple delincuente común como el resto, que se dedicaba a vender droga al menudeo a los chicos de su colegio, y terminó convirtiéndose en uno de los hombres con más poder y alcance transnacional







