LOGINRodó los ojos y se encogió de hombros como el imbécil que era.—Ni estando loco le daría los territorios del sur. Al final, no tenía ningún compromiso con ustedes como para ponerlos antes de mi propio bienestar. Revelé lo que revelé para salvar a mi organización de la FSB, y no tengo por qué disculparme por ello.—Cariño, no seas tan hijo de puta —espeté con fuerza, mi voz llena de una rabia contenida. Sí que se estaba comportando como un menudo imbécil—. Mi padre te consideraba su amigo, su amigo... ¿Sabes lo complicado que es que el Pakhan de la mafia rusa te considere de su círculo cercano? Ni sus hijos la tienen tan fácil. Tuviste esa suerte, cabrón y no te interesó en lo más mínimo. Podrías haber inventado información falsa en lugar de decirles algo que es cierto.—Siempre he considerado que mi bienestar personal es primero, y no tengo que disculparme en lo absoluto por lo que hice. Sé que él habría hecho lo mismo si hubiese estado en mi lugar. Maximiliano Romanov es un pragmátic
—¿Quizás? ¿No es eso suficiente? —Murmuró Franco, sus manos subiendo por mi espalda mientras me miraba con fijeza. Me eché a reír con fuerza, pero mi risa llegó a su fin en cuanto comenzó a lamer mis pezones con una devoción que me hizo gemir de placer.—Ah... Franco... —gemí alto, a punto de perderme en el placer que me rodeaba, pero me separé de él de inmediato—. No es que no quiera pasar tiempo contigo, no obstante, mi padre no creerá que me he rendido y que he accedido a aceptar a no hablar con Francesco De Angelis. Él me conoce, lo hace más que nadie. Sabe que soy persistente y que no me detengo ante nada para conseguir lo que quiero.Busqué mi vestido en algún rincón de la habitación y me vestí en un dos por tres, mis movimientos rápidos y decididos. Luego comencé a retocar mi maquillaje lo más pronto posible, ocultando las huellas de nuestra pasión desenfrenada.—¿Vas a irte y me dejarás ir sin más? —Franco se levantó y empezó a vestirse al igual que yo, sus movimientos llenos
Katya RomanovTrataba de contenerme. Todas las emociones que estaba sintiendo estaban por hacerme perder la poca cordura que me quedaba. La adrenalina, el peligro de que nos descubrieran en pleno hotel controlado por la mafia siciliana, y el amor feroz y desesperado que sentía por Franco se mezclaban en un cóctel explosivo. No había odio entre nosotros en este momento, solo una pasión descontrolada que nos consumía a ambos.—¡Ah, sí! ¡Sí! —Gemí alto cuando Franco comenzó a aumentar la rapidez de sus embestidas, el sudor perlaba su frente mientras se movía sobre mí con una determinación feroz. Me mordí el labio en un intento vano de contener el placer que estaba sintiendo, un placer que amenazaba con hacerme gritar hasta que las paredes temblaran—. Oh, mierda, Franco... qué bien lo haces...Estábamos en una suite oculta, lejos de los ojos curiosos de la fiesta que celebraba la liberación de su hermano Francesco. Sabíamos que estábamos jugando con fuego. Si mi padre, Maximiliano Romanov
Dasha RomanovAl fin. Al fin iba a poder encontrarme con Dimitri Korovin una vez más.La expectativa me causaba una extraña mezcla de alivio y ansiedad, pero cuando me encontraba a punto de abandonar la residencia de mis padres, una voz helada a mis espaldas me detuvo en seco, poniéndome los pelos de punta y haciendo que mi instinto de defensa se activara de inmediato.—¿A dónde vas a esta hora, Dasha? —Katya preguntó, saliendo de la penumbra del gran vestíbulo.Lo que me llamó la atención de inmediato no fue su tono de sospecha, sino su aspecto. Lucía impecable, perfectamente arreglada, con un vestido oscuro y el cabello rojo perfectamente peinado, como si estuviera yendo a algún lugar de etiqueta en secreto. Era una coincidencia demasiado extraña, y por supuesto que iba a aprovechar la oportunidad para desviar la atención de mis propios pasos y molestarla un poco.—¿Y tú? ¿A dónde vas a esta hora tan arreglada? —contraqué, cruzándome de brazos y midiéndola con la mirada. Si quería o
Dimitri KorovinAún no he terminado de entenderlo.Todavía no comprendo cómo pudimos dejar que el mafioso italiano, el rey de la mismísima mafia siciliana, se nos escapara de las manos entre los dedos como si fuera agua. Sabíamos perfectamente lo difícil que fue para nosotros atraparlo, el esfuerzo inhumano que conllevó coordinar los operativos, pinchar sus líneas de comunicación y seguir su rastro de lavado de activos durante meses enteros. Teníamos a Francesco De Angelis en una celda de aislamiento de la FSB, un trofeo de guerra que habría sepultado a la Cosa Nostra en territorio ruso, y ahora simplemente caminaba libre, amparado por un papel firmado en las altas esferas.La frustración me carcomía las entrañas. Me ha molestado mucho, tanto que sentía los músculos de la mandíbula tensos y rígidos mientras caminaba a zancadas por el pasillo del cuartel general.—Te recuerdo que si liberamos a Francesco De Angelis se debió al trato que hicimos con él, Dimitri. No fue una decisión toma
Katya RomanovNo tuve otra opción que escabullirme de mis hermanos para tener la oportunidad de encontrarme con Franco De Angelis. Un hombre con el que he empezado a tejer un romance lleno de deseo, mentiras y prohibiciones. Franco es el hermano de Francesco, quien acaba de convertirse en el enemigo número uno de los Romanov. Me deslicé hacia una bodega alejada de la música, asegurándome de que nadie fijara su atención en mí.Una sonrisa inevitable se dibujó en mis labios al tenerlo frente a frente. Su sola presencia me intimidaba y me atraía en partes iguales.—Buenas noches, mi amor... —susurró, acercándose con lentitud hasta dejar un beso húmedo sobre mi cuello.Antes de que pudiera profundizar en el tacto, lo alejé con un movimiento brusco. Estaba demasiado furiosa con lo que había hecho su familia como para dejarme llevar por la dulzura.—¿Qué te sucede? Estás actuando muy extraño, preciosa —preguntó Franco, retrocediendo un paso con una sonrisa desconcertada pero cautivadora.—¿







