LOGIN¿Se esperaban esto? A la vez pienso que fue muy obvio y a la vez no. (Ni yo me confío en lo que es obvio o no) ¿Qué creen que pasara? Por cierto, estaré trabajando en el capitulo extra de El Alfa Mudo y la Líder y es posible que podamos ver desde la perspectiva de Neylan y Kurt este pedazo. Por cierto, una disculpa por los errores de ortografía y gramática.
Manchas verdes pasan rápido ante mis ojos, luego hay manchas marrones y poco a poco veo la figura de los árboles. Me aprietan la pierna e intento soltar un quejido, pero no sé si logro hacerlo, no me puedo escuchar. Fuerzo mi cuello a levantar mi cabeza, pero un dolor punzante que me recorre desde la espalda alta hasta la nuca hace que me rinda.Me están cargando, pero sé que es él, sé que es Marcus. El dolor me hace cerrar los ojos de nuevo. Al abrirlos la luz me ciega. Mis oídos zumban, mi cuello esta inmóvil. Con el rabillo del ojo noto a Marcus intentando pasar, ahora estamos en el hospital. Él parece gritar, pero la puerta se cierra. Al levantar mi mirada están los doctores y al mirar a mi izquierda esta la máquina que marca los latidos, pero mi vista empieza a perder la claridad y esa línea queda recta. «Perdona Dios mis pecados... no me quiero ir... » □□□□□□□□□Marcus coloca el reloj en la pared. No había uno en la sala.— ¿Te gusta? — El color es muy bonito. Sus ojos se
—La tormenta esta cesando— ella esta sonriendo —vendrá pronto— escucho que murmura. Dejo la sabana en el mueble y vuelvo a mirarla. Se nota feliz, a pesar de que parece ser repudiada por su manada. El simple afecto de su compañero es suficiente para ella, al menos cuando se olvida de que quiere que todos la acepten. —Cierra la puerta— ella bufa, pero lo hace. Escucho como se acerca. Dejo de acomodar los cojines del mueble y la miro. —¿Qué tal si hacemos unos hotdogs? —No sé hacerlo. —¡Yo te enseño! Suavemente agarra mi mano y dejo que me lleve a la cocina. Cuando abre la puerta de la nevera su sonrisa desaparece. —No hay salchichas. ¿Tienes pan?—No creo. Hago que ella me suelte la mano y busco donde veo que él saca las verduras. Escucho los pasos de Marcus, me volteo y él se acerca a mí. Me entrega una bolsa de papel grande y la agarro. —Supongo que me he ganado uno. —¿Uno?— le pregunto. —Cualquier cosa que este hecha por tus manos sera un tesoro para mí— responde y quedo
—Hacia la ciudad, por favor. —Entendido señorita. El auto comienza a moverse. Evito gemir cuando una punzada me atraviesa el pecho. Me encorvo, él chofer me mira de reojo. — ¿Se encuentra bien? —Sí...— murmuro casi sin aire. El asiento que tengo en frente se empieza a desvanecer, cuando parpadeo mi vista se enfoca un poco más. >Me encorvo cuando otra punzada me atraviesa la espalda. Muerdo mi labio hasta que este empieza a doler. Cuando la punzada se va es que logro respirar. Me enderezo. Cierro los ojos, me cuesta incluso moverme. >Solo espero sufrir más que él. Marcus se merece todo lo bueno de este mundo. —Señorita, no se debe dormir con desconocidos. Abro los ojos y él señor solo sigue manejando. Falto poco para salir del pueblo. —Lo siento, estos últimos días no he podido descansar. —Le recomiendo que se quede a descansar en un hotel, a
Los árboles se sacuden con fuerza. Me encojo cuando escucho el trueno. >Hace horas que empezó la tormenta y el clima parece que empeora. No sé como no se a inundado la casa, no hay ninguna elevación. Seguro tienen un excelente sistema de drenaje natural porque a simple vista parece solo pasto. Me quito de la ventana cuando una rama choca contra el vidrio. Cierro las cortinas y me siento en el sofa. Si esto sigue me ire a la habitación oculta, solo espero que esa no se inunde. Flexiono mis piernas hasta que mis rodillas tocan mi pecho. Abrazo mis piernas y pego mi frente a mis rodillas. >— Dios cuídame y cuídalo — murmuro cuando escucho otro trueno. Aun con los ojos cerrados siento como todo se oscurece. Abro los ojos y la ventada está totalmente negra. Me levanto y corro a encender la luz, pero tendría que acercarme a la ventana para ver qué es lo que la cubre. La tela no me deja ver. Corro hasta la puerta más cercana d
Regreso tratando de que nadie me vea. La tierra esta algo húmeda o tal vez es la sangre que empapa mi pelaje.Apenas subo los escalones de la entrada me transformo. Abro la puerta y cuando entro a la sala me detengo.—La sangre no es mía. Tranquila.Me tenso cuando ella solo se da la vuelta.—No quiero dormir contigo. ¿Qué habitación me das?—Esta también es tu casa. Puedes estar donde desees y yo también.—Entonces dormiré en el bosque— ella camina hacia mí con intenciones de salir.—Agarra la verde. No te molestare.—Quiero irme, Marcus.Trago. Por un momento me imagino encerrando en una habitación hasta que cambie de opinión y al mismo tiempo imagino verla en un apartamento humano lejos de la manada. ¿El hecho de que sea mi compañera es suficiente para retenerla aquí? Odio la manera en que evita verme. Odio tener que acabar con sus ilusiones, me odio. —Yo te amo. No puedo darte lo que quieres, pero haré mi mejor esfuerzo para recompensarte.—No se trata de ti. Dios me dio un ángel
| Rasine | —¿Qué? Siento me falta el aire. Aprieto mi camisa. No, esto no debía ser así. —No me voy a casar contigo, cerececita.Miro el suelo. Intento respirar, me cuesta. Una punzada dolorosa atraviesa mi pecho, justo en medio de mis senos. Muerdo mi labio para que no se dé cuenta. De reojo veo como extiende su mano hacia mí y retrocedo de inmediato. «¿En qué estaba pensando?»—Cerecita yo... —Entiendo. Puedo arreglar esto. Puedo fingir que nada paso, tal vez él me siga tratando como antes. Sí, debo fingir. Me volteo y suelto mi camisa, pero siento su agarre en mi mano, no puedo seguir avanzando. —No, no entiendes yo... —¡Entiendo un no! — cálmate, no tienes derecho a alterarte — suéltame. —No, escúchame. —No, yo respete tu no, ahora tu respeta el mío.«Por favor, no lo aclares, no lo digas» —Solo quiero explicarte porque. Mi respiración se vuelve un desastre, pero al menos no estoy llorando. —Yo sé por qué. No necesito más, suéltame. Por primera vez intento zafar







