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Cap. 47: Empujoncito

Penulis: M. Díaz
last update Tanggal publikasi: 2023-04-13 23:51:34

Cap. 47: Empujoncito.

Lara regresa a casa, Lo que vio y oyó de labios de Adalia la ha sumida en una profunda tristeza, ella misma no entiende como puede haber personas capaces de hacer tanto daño.

Se va a la habitación de los mellizos,  luego de darles la teta a los dos, conversa con su madre por teléfono.

—Mamá, ¿puedes venirte mañana para que pases el día con los niños? Quiero que tú estés aquí con ellos cuando lleguemos con Egmont. Les haré una sorpresa, quiero que mis hijos estén felices. Hoy decidí que mis hijos y yo merecemos ser felices, no dejaré que nadie vuelva a llenar de lágrimas nuestros días.

Lara se quedó dormida en la habitación de los niños, recibió un mensaje de Ritter de que tenía dos partos de emergencia en la clínica y eran sus pacientes por inseminación así que tendría que acompañarles.  Llegó bastante tarde de la noche, subió de una vez a la habitación, pero Lara no estaba allí, entonces pensó que estaba molesta con él y se había ido a dormir a otra habitación.  Llamó a seguridad y le dijeron que había entrado en la habitación de los mellizos. Fue hasta allí y estaba dormida en la cama de Egmont. Ritter la movió:

—¡Lara! —llamó en un susurro —. Ven a dormir a nuestra recámara.

Ella se despertó y se levantó y en silencio entró en su cuarto y se sentó en el diván. Lara espero que Ritter saliera del baño, este se le quedó mirando al verla sentada allí en vez de haberse cambiado e irse a la cama.

—Pensé que tenías sueño. ¿Estás preocupada por Egmont? —Lara asintió—. Yo estuve con él hasta la última revista médica y luego se durmió. Seguridad y las enfermeras quedaron a cargo. Quedó muy bien, además mañana lo traeremos a casa contigo.

—Me dijiste que harías unas cesáreas.

—Terminé pronto y me fui a la clínica pediátrica, quise compartir con él antes de que se durmiera.

Ritter siguió a la cama.

—¿Tienes mucho sueño? —preguntó Lara.

Él se reclinó en los almohadones.

—¿Qué te inquieta? —ello lo vio dudosa, este agregó—. Ya te conozco. Dime que te inquieta.

Lara le contó todo lo que vio y oyó de Adalia  y también le confesó sobre sus sospechas, ya que la niña se parece mucho al hombre.  

Ritter con una mirada oscura y enigmática, la oyó sin hacer ningún comentario, cuando Lara terminó sólo dijo…

—Adalia es una persona oscura… —suspiró y como si todo aquello estuviese ajeno a ellos y sus vidas, se cruzó los brazos debajo de su cabeza y se quedó pensativo. Lara entró al vestier, él la vio levantarse y la recorrió toda, cerró los ojos y así se quedo. La sintió llegar y apagar las luces. Ella se quedó muy quieta pensando que él estaba conciliando el sueño pero entonces le oyó.

—¡Vente aquí, que también estoy despierto por ti! —Lara no se movió, entonces Ritter lentamente bordeó la cama, subiéndose sobre ella envuelta en las cobijas.

La besó y ella le correspondió, él le fue quitando las sábanas hasta que la tuvo entre sus brazos.

***

Ya había amanecido cuando se levantó Ritter, Lara lo oyó hablar por teléfono en la ventana, se dio la vuelta en la cama y lo miró caminar desnudo al baño con el teléfono e iba diciendo:

—Saca toda esa basura ya, no me importa nada. ¡Maldita sea!  Hazlo hoy mismo.

Ritter se quedó mirándola envuelta en las mantas y sonrió, luego se tumbó a su lado y volvió a dormirse.

***

A la mañana siguiente el celular lo despertó. Ritter vio el reloj y eran las 9 de la mañana.  Cómo cohete a la luna salió de la cama, al regresar ya Lara se estaba duchando en la otra habitación, debían estar  a primera hora en la clínica buscando a Egmont para traerlo a casa.

Lara bajó en carrera, Ritter la esperaba en el auto, pero  justo antes de salir María llegaba a la mansión, Lara la recibió cariñosamente.

—Mami, sube con ella —le señaló a la mucama—. Vamos a buscar a Egmont pronto regresó.

María estaba muy seria, le susurró:

—¿No te ha dicho nada?

—¿Sobre qué? —le preguntó.

—Hay revuelo en internet con los Wolf… —se volvió a Ritter quien parecía impasible frente al volante de su deportivo… —… Es un gran escándalo.

Lara desmesuró los ojos y vio a Ritter igual esperándola con tranquilidad.

—Mamá, no creo que sepa nada de eso, está demasiado tranquilo. Bueno ya tenemos prisa así que nos vemos al rato. Sube y cuida de mis morochos.

—¡Hum! —tarareó María.

***

Lara tomó el celular y cuando iba a revisarlo Ritter le tomó la mano negando.

—Olvídalo, es su problema.

Lastimosamente no fue así al llegar  a la clínica Ritter cerró los ojos y crujió su mandíbula al encontrar su camino bloqueado por los periodistas y medios televisivos.

—¡Maldita sea, justamente hoy que vinimos por Egmont se destapa toda esta mierd4!

Lara se puso nerviosa.

—¿Ritter que es todo esto?

—¡Maldita sea! No me imaginé que esto fuese tan escandaloso.

—¿Pero qué es Ritter? 

Este detuvo el auto, los guardaespaldas bajaron enseguida y comenzaron a abrir paso entre el gentío para que los autos pudieran avanzar al garaje.

—Se filtraron unas fotografías y videos a los medios, donde se expone la doble vida de Adalia —Lara desmesuró sus ojos—. Te dije anoche que esa mujer era una mala persona, es algo que te lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo.

—Pero Ritter. No debiste exponer eso, te lo conté confidencial.

Ritter se volvió a Lara y con mirada fría le dijo:

—¿Crees que tengo tiempo para eso?  

—¿No fuiste tú?

—Lara, son fotos, videos y encuentros en varios países, tú sólo me distes palabras. Alguien muy bien informado fue quien lo hizo.

—¡Discúlpame, estoy muy nerviosa!  

—¡Olvida ya a esa mujer!

Ritter bajó del auto y cuando se dirigía a abrirle la puerta a Lara,  una periodista corrió a abordarlos:

—Señor Wolf, ¿Cómo cataloga usted toda la información que se ha colado de su cuñada?   

Ritter sin mirar a la periodista abrió la puerta del auto y Lara bajó, la mujer la  abordó.

—Señora Wolf, sabemos que usted es una extranjera, por eso nos gustaría que diera su opinión sobre lo que piensa de lo que hizo su concuñada al tener un amante al cual le complace todos los gustos y gastos.

—Pueden por favor respetar nuestra privacidad —dijo Lara, con voz fuerte y decidida—. Nosotros no tenemos nada que ver con lo que hacen con sus vidas nuestros parientes. Así de sencillo. Por favor déjenos pasar. Gracias.

La periodista alzó una ceja y dejó de grabar. Vam le cerró el paso.

Ritter fijó sus ojos en Lara mientras subían. Lara se veía las manos, nerviosa por el asecho de la prensa.  

Ritter le pasó el brazo por los hombros mientras pensaba:

«¡A veces es necesario dar el empujoncito!»

Al abrir el ascensor, Derek los esperaba.

—¡Fuiste tú, maldito idiota! —dijo de una vez le tiró un golpe en la cara a Ritter, dándole justo en la nariz.  

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