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Cap. 8: Memoria.

Auteur: M. Díaz
last update Date de publication: 2023-02-07 18:10:38

Cap. 8: Memoria.

Lara llegó al departamento que alquiló a través de la agencia.  Emil se dio cuenta que algo extraño pasaba con aquél hombre… ¿Cómo ese hombre le dijo Lara las dos veces que se dirigió a ella… ¿Por qué ella estaba tan nerviosa y quería correr y alejarse de ese hombre. También le pareció conocido a Emil, de alguna parte lo recordaba, sólo que no estaba seguro.

—Lara, ¿De verdad no conoces a ese hombre?

—¡HUM!  No lo conozco. ¿Sabes? Estoy muy cansada.

—Sí, tienes razón ustedes dos deben descansar —concluyó, y sintiéndose torpe allí, les dejó en casa y se marchó.

Lara toma la bolsita rosada y mete la mano, extrayendo el papel al final. Es una tarjeta con el logo de la clínica.

“Doctor Ritter Wolf – Ginecólogo”

Lara ve los números telefónicos.

«Ese desgraciado me reconoció» Pensó y una ola de remordimientos la sacudió.

—Debí hablar con él y preparar el terreno, no me conviene tratarlo mal. Ahora lo necesito más que nunca.

***

Lara se despierta con el ruido de un motor de auto dando vueltas por su habitación, al abrir los ojos se encuentra con los chispeantes ojos azules de su pequeño Egmont.

—Hola mami, ¿Estás bien?

El pequeño sube a la cama y abraza a su madre.

—Mami. Deberías de levantarte, debes hablar con mi papi y decirle que necesito que me dé de su magia, esa que tú me dices que él tiene y que me permitirá comer de todas las frutas, de todas las comidas, mis codillos de cerdo asados y todas las costillitas fritas, también los dulces que me gustan… Y muchos helados de chocolate con fresas.

La mujer acaricia el rostro de su hijo y conteniendo esa espada que le punzaba el corazón cada vez que su hijo le hablaba de aquello, lo aprieta fuertemente mientras besa su rostro muchas veces.

—Mami, mami, déjame respirar por favor…

—Ahora no, porque usted vino con su ronco y potente motor de 4 caballos a dar vueltas en mi habitación para despertarme, así que ahora tendrás que soportarme —ella le pasa sus manos por la barriguita y le hace cosquillas.

—¡No mami, Jajajajaja!

El niño comienza a reír y sus ojos se avivan con aquella tonalidad tan intensa que enseguida a la mente de Lara llega el rostro de Ritter Wolf… Aquél rostro que la hacía estremecer de amor y que hoy su sólo recuerdo le causa un dolor agudo en su corazón y repetitiva negación de su mente.

«Egmont tiene una mirada tan parecida a la de él, incluso su risa… ¡Creo que mi mente juega conmigo!  ¡Demonios! Estoy loca—Rió al levantarse—: No puede parecerse a él —se repitió negando con vigor»

Su teléfono muestra un mensaje:

“Paso por ti en una media hora, es la reunión con el grupo de clínicas”.

Se levanta en carrera y media hora después llega Emil, al sonar la bocina ella le da un beso a Egmont y corre a la puerta bamboleando su mano y lanzándole besos a su hijo.

—Nos vemos pronto amorcito… —Corre afuera —. ¡Mami, cuídamelo mucho!

Lara le pidió ayuda a su madre y esta se cambió enseguida al departamento de su hija para estar con el pequeño Egmont hasta que su hija encuentre una niñera confiable.   Ya su madre sólo estaba como compañía del matrimonio Baüer porque los críos estaban adolescentes y ahora eran atendidos por sus profesores e instructores.  María estaba esperando a su hija para cambiarse a vivir con ellos.

Al subir al auto Emil la recorre de pies a cabeza.

—¡Estás hermosa!

—Gracias, eres tan gentil siempre.

—No es por gentileza es la verdad y hoy te has puesto ese color fucsia que te resalta tu color bronceadito tropical y esos ojos tan expresivos.

Lara se sonrojó.

—Bueno, vamos ya —Emil sonrió—. Ya deja de esquivarme. Estoy siendo sincero —cada vez Emil se hacía más atrevido en sus intenciones con ella.

Al entrar en el salón de reuniones, ella se sentó frente a Emil, quien era el expositor en la reunión. Había numerosas clínicas  interesadas, lo cual entusiasmó a Lara. Repentinamente vio  a Ritter,  cerca al lugar que ella ocupaba. Él le hizo un asentimiento de cabeza para saludarla. Lara, como movida por un resorte se levantó y salió afuera. Su nerviosismo se hizo evidente.  Tomó aire y volvió a entrar dirigiéndose a él que la seguía con la mirada.

—¿Cómo estás Ritter?

—¡Vaya! ¿Te volvió la memoria? —preguntó levantando una ceja irónicamente.

—Deberías entender que Egmont estaba conmigo en el aeropuerto y él es un niño bastante perspicaz —le dijo ella—. No sé si te diste cuenta, además tu presencia generó muchas preguntas e incógnitas en mi entorno —se volvió a Emil que la observaba y dijo entre dientes —. De hecho me las están haciendo aún.

Ritter volvió su mirada al atractivo Emil Schulte.

—¿Quién es ese hombre? ¿Por qué estás continuamente con él?

—Es mi jefe y alguien a quien le debo mucho… —sonrió con marcada ternura—. Alguien muy diferente a ti. 

Ritter volvió sus ojos chispeantes hacía ella. Lara respiró profundo para seguir hablando entre dientes.

—Ritter, de hecho yo necesito que hablemos, pero es algo muy delicado que debemos hablar en privado.

—Tienes mi tarjeta, sólo llámame, siempre estoy dispuesto para atenderte.  Sobre todo porque ahora me intriga tanto saber dónde coño estabas metida y con quién. También quiero saber si Egmont es mi hijo.

—Lamento decirte que Egmont no es tu hijo —Lara se movió para alejarse, pero Ritter fue más rápido que ella y la sujeto del brazo.

—¿Es de él? —le señaló a Emil con un movimiento de cabeza, pero sin apartar sus ojos de ella ni soltarla—. ¿Estás con él?

Lara se recompuso y con fingida calma se soltó del agarre del hombre.

—Ya re llamaré para que hablemos.

Lara se dirigía a su lugar cuando su teléfono repicó, caminó afuera. Al regresar entró presurosa  y con notoria palidez en su rostro.  Emil al verla así, bajó del pódium y se le acercó.

—¿Sucede algo?

—Egmont se siente mal. Está vomitando, debo llevarlo al médico—Espera un momento, yo voy contigo —señaló Emil.

—No Emil, por favor. Sigue tú con la reunión, esto es importante.

Emil caminó hasta el pódium y sin más notificó:

—Señores, lamentablemente tenemos que suspender la reunión, tengo un asunto familiar urgente.

—¡OH!  —Fue la exclamación general—. ¿Cuándo podemos reunirnos de nuevo?—preguntó uno de los asistentes.

—NO se preocupen, igual les atenderán y darán los boletines con los planes de trabajo.  Les avisaremos para reunirnos aposterioris.

Otro preguntó:

—¿Si podemos ayudar en la emergencia?

—Es mi hijo, se siente mal y vamos a llevarlo al médico.

Ritter, se quedó mirando al hombre con la rabia reflejada en sus pupilas y sin pensarlo mucho les dijo:

—Soy médico, ¿puedo ayudar? —Lara lo miró y cuando iba a abrir la boca otro hombre se acercó a ellos.

—Yo soy pediatra, si es un niño los acompaño ya que es urgente.

Lara sin pensarlo lo jaló inmediatamente.

—Está bien, Vamos.

Ritter se quedó mirando como todos subieron al auto y subió al suyo siguiéndolos.

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