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Capítulo 9: Te tengo

Auteur: M. Díaz
last update Date de publication: 2023-02-07 18:18:34

Capítulo 9: Te tengo

—¡Vamos! —Salieron enseguida después de que Emil dejó al personal a cargo.

Ritter mantuvo sus puños apretados. Ya con Derek tenía bastante, él había aprendido a controlarse, sin embargo ahora mismo con Lara al lado de ese hombre y con la presunción manifiesta de ella al decir “él no es tu hijo”, Ritter se ardió en ira.

«¿Será el padre del niño realmente? Yo no detallé tan bien al niño, es qué apenas llegó ese hombre los acaparó para él y ya no volvieron a ver a ningún  otro lado y yo me cabreé con eso en el aeropuerto por su forma tan peculiar de negarme, que hasta dude que fuese ella. Sólo cuando me dio esa última mirada corroboré que sí era ella. Pero el hombre ya se llevaba al niño y perdí su rostro de mis ojos. Tengo que buscar la ocasión para conocerlo»

Ritter había recibido la invitación a la reunión,  allí vio la imagen del hombre que vio con Lara en el aeropuerto. Lo mandó a investigar y así llegó hasta allí.  Aceptó la invitación para enfrentarla, pero ahora se veía impedido de acorralarla. Sin embargo en ese instante decidió que se uniría al grupo de farmacias para poderla tener ante su propia vista.  Llamó a  Emma.

—Tengo que salir. Encárgate de los papeles. Acepta la unión sin considerar condiciones. Sólo hazlo —le ordenó.

Subió a su auto y se fue detrás de ellos, les vio entrar a una zona residencial no  muy lujosa pero si de acomodada.  Se aparcó a una distancia prudente y los vio entrar al estacionamiento de un edificio alto.

—¡Te tengo! —Se dijo complacido y giró el volante marchándose.

***

Lara entró y apresurada preguntó enseguida.

—¿Cómo está el niño? 

—Tranquilízate hija, ya dejó de vomitar —le dijo su mamá.

El médico subió con Emil, sentó al niño en la cama y de inmediato lo revisó. Al terminar les dijo:

—Todo está bien, señores,  es sólo indigestión, no es nada alarmante, le dejaré este récipe para que tome estos medicamentos por tres días, pero quisiera saber más del niño, ¿ese color de piel ha sido siempre así o él ha sido sometido a quimios?

—Sí —lo interrumpió Lara—. Ya está próximo a terminarlas.

—Doctor —confeso Egmont—, es yo tengo esa enfermedad, la que no me deja comer queso ni chocolate, pero esperé a que mami saliera y comí chocolates con leche y ayer también, y eso no lo debo comer tan a menudo —el doctor sonrió mirando al compungido chico y luego a la atormentada madre.

Egmont jaló su gaveta de mesa y mostró un tazón de leche con trozos de chocolate.

—Mami, no culpes a la abuela, ella no sabe nada… Esto lo traje anoche y lo comí mientras dormían todos, era mucho y seguí comiendo esta mañana.

El médico volvió a sonreír.

—¿Tiene una dieta especial? —preguntó a Lara.

—Sí, ya se la muestro —Lara fue a la cocina y trajo el instructivo que le dejó a su madre para preparar las comidas del niño.

—Sí, ya veo que es esa cosa rara de la sangre  —dijo el médico guiñando un ojo a Egmont. 

—Pero estás muy saludable Egmont —le dijo el médico—, además esto es algo que le pasa a todos los niños que comen chocolates en exceso —el médico se volvió a Lara—. No se preocupe, todo está bien. Es algo pasajero. Yo le aconsejo que lo lleve a la clínica, esta es mi dirección de atención, veo que está bien tratado, pero debe seguir su control.

—Gracias doctor  —Lara tomó la tarjeta. 

El médico salió y se reunió en el salón con Emil.

—No pensé que haría eso, en realidad anoche pasamos a comprar chocolates. 

—No pasa nada, es un niño, pasa  con todos en general. Ahora lo importante es que se le hagan los exámenes. Me gustaría ver cómo están sus niveles. Creo que ya cumplió varias etapas del tratamiento  ¿No es así?

—Sí, le falta poco para terminarlo.

—Imagino que usted o su madre son los donantes de médula.

Emil carraspeó para decirle:

—Creo que el donante  idóneo es el padre  biológico o un hermano. ¿No es así?

—Bueno es lo recomendable, eso sería una gran ventaja, por experiencias clínicas en más del noventa por ciento de los casos,  ese hecho ha traído la erradicación de la enfermedad y la reproducción de glóbulos sanos y plaquetas al cuerpo del paciente, logrando niños saludables y con una vida totalmente normal en su desarrollo. 

—Eso es lo que ella quiere, lo que todos queremos, para no tener que usar un donante que ponga en riesgo su curación futura.

—¿Y usted? ¿No es compatible para donar médula ósea a su hijo? En ese momento Lara salía de la habitación y oyó lo que dijo el médico.

—Doctor —dijo ella y ambos hombres se volvieron a mirarla —, me gustaría que usted haga el chequeó y control de las quimioterapias que le faltan a mi hijo y  de ser posible el trasplante de células también…

—Le decía a su esposo… —Lara miró a Emil que se movió inquieto al sentarse, entonces interrumpió al médico:

—Disculpe doctor, pero ya que será el médico tratante de mi hijo, debo informarle que él no es mi esposo, tampoco es el padre biológico de mi hijo… Lara miró fijamente al médico para decir—: Yo estoy aquí precisamente para encontrarlo y manifestarle que necesito que le done médula a mi hijo.

—Pero ¿aún no sabe si es compatible? Es que generalmente los padres y las madres no son compatibles para donar a sus hijos médula.

—Doctor yo no tengo más hijos, no soy compatible y en última instancia usaremos un donante universal, pero eso limita las posibilidades de sanar totalmente a mi hijo, por eso me aventuraré a encontrar a este hombre y con toda la fe del mundo  sé que será positivo  para la restauración de la salud de Egmont. No voy a flaquear ni en su búsqueda ni en mi fe.    

***

Ritter llega a su mansión.  Su madre está con Erika, quien aún sigue insistiendo en que Ritter se case con ella. Ambas están en el jardín mientras conversan tomando café caliente..

—Hijo, ¿qué te sucede?  —lo aborda Marlene su madre.

—Me duele la cabeza Y tú ¿Te quedas unos días conmigo?

—Me vine anticipadamente,  sabes que en dos semanas es el quinto cumpleaños de Berit, mi nieta consentida.

—Imagino que lo quieren hacer en los jardines de mi mansión porque  Derek aún no ha comprado una casa apropiada. A veces siento que no es mi hermano sino una verdadera carga.

Ritter blanqueó los ojos. A pesar de que ya su hermano tiene 33 años aún sigue siendo un despilfarrador y mujeriego.

—Por favor hijo es tu hermano, además nos ha traído tanta alegría con la pequeña Berit.

—Voy a mi habitación —dio unos pasos, pero se volvió a Erika que lo seguía.

—Erika ¿no escuchaste que estoy mal?

—O sea ¿quieres que me vaya? ¿Es eso?

Ritter la miró con tanta frialdad que Erika se despidió y se marchó de inmediato.

—Ritter ¿Por qué tratas así a Erika?

—Tengo que repetirte que no me interesa ya.

Su madre arrugó el ceño.

—¡Coño! Es que no entiendes que sólo quiero descendencia de sangre pura, no esa mezcla con esa suramericana.

Ritter la miró de reojo y agregó:

—Yo ya decidí —subió a zancadas.

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