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Búscame entre las oportunidades que perdiste
Búscame entre las oportunidades que perdiste
Author: Marcelita Pajarita

Sinópsis.

last update publish date: 2026-03-31 09:07:13

Blanca Gallart lo tenía todo bajo control… o eso creía.

Dueña de una exitosa cadena de restaurantes, lleva años sosteniendo una relación que dejó de ser amor hace tiempo. Sebastián Madrid sigue siendo el hombre atractivo del que se enamoró, pero ya no es el mismo: la rutina, la dependencia y el desgaste han convertido su historia en un lugar del que Blanca no sabe cómo salir.

Todo cambia con un simple error.

Un mensaje de W******p la conecta con Carlos, un joven colombiano diez años menor que ella. Lo que comienza como una conversación casual se transforma en algo mucho más intenso: una conexión que la hace sentirse viva otra vez. Pero justo cuando empieza a creer en esa ilusión, él desaparece sin dejar rastro.

Y entonces aparece Dominic.

Un francés arrogante, provocador y peligrosamente atractivo que irrumpe en su vida de la peor forma posible.

Entre enfrentamientos, tensión y una atracción imposible de ignorar, Blanca se verá arrastrada a un juego emocional donde nada es lo que parece.

Entre un amor que se apaga, una ilusión que se rompe y un deseo que amenaza con consumirla… Blanca tendrá que decidir qué está dispuesta a arriesgar.

Incluso si eso significa perderse a sí misma en el proceso.

UN MENSAJE EQUIVOCADO.

Uno, dos, tres chapuzones más y Sebastián decide salir de la piscina para tumbarse a mi lado, mientras simulo leer un libro, pues mi mente está concentrada en los problemas que está teniendo uno de los restaurantes que poseo en la zona sur. No puedo creer tener un administrador a cargo y que me llame cada vez que suceden pequeñeces. Si se cae un tenedor o se rompe un plato me llama, y no me deja disfrutar ni un solo día de tranquilidad.

Sebastián besa mi mejilla y yo le sonrío, pensando en que sería ideal que él tomara a cargo ese restaurante. Serviría para que obtuviera su propio dinero, puesto que hace meses, por no decir un año, que está desempleado y no hace nada por solucionarlo. Vivimos juntos hace tiempo y, aunque tengo el dinero suficiente para mantenernos a los dos y más, creo sinceramente que debería tener una ocupación y no vivir a mis expensas.

Me siento tan fastidiada que no deseo ponerme a discutir ahora. Tengo deseos de divertirme, tal vez salir a bailar; tener treinta años no es ser un abuelo, al menos yo no me considero así. Tengo juventud suficiente para hacer deporte, bailar y disfrutar.

—Amor, ¿qué tal si hoy por la noche nos juntamos con los chicos y vamos a bailar? —propongo con entusiasmo—. ¡Creo que sería divertido salir un poco de la rutina!

—¿Bailar? —arruga la frente—. Dices "los chicos" como si fuésemos unos quinceañeros. ¡Ah, por Dios! ¿No tienes algo mejor que inventar?

Ruedo los ojos sin que él se dé cuenta. La verdad es que no sé para qué le propongo salir si la respuesta siempre es la misma, sin contar que suele burlarse de mí.

—¿Qué propones entonces? —reprocho levantándome de la reposera, mientras cargo en mi interior una rabia profunda hacia su actitud. Tomo mi libro y entro en la casa. De vez en cuando miro hacia atrás esperando que me siga, queriendo que me ruegue, añorando esa emoción que sentía antes con él, aunque sea en una discusión. Dicen que las reconciliaciones son buenas, pero ni eso hay en mi vida. Discusiones hay de sobra, pero me faltan las reconciliaciones.

Camino de prisa y me pongo a llorar como una tonta. Llevamos cuatro años de convivencia y cada día es peor. No sé si sigo enamorada o es costumbre. ¿Costumbre a qué? ¿Al aburrimiento?

—Señora Blanca —escucho detrás de mí—, el señor Le Blanc está al teléfono.

Me seco las lágrimas, doy un suspiro de frustración y tomo el inalámbrico que me entrega Sonia. Antes de subir, me dirijo a ella.

—Sonia, ¿puedes llevarme un analgésico a mi habitación, por favor?

Subo las escaleras con el teléfono en la mano, me siento en la cama y me acomodo para escuchar a Ignacio Le Blanc, el administrador del restaurante con problemas.

—Ignacio... dime... —mi voz cansina hace que note mi incomodidad.

—Disculpa que moleste, pero es algo urgente... —alcanza a decir antes de ser interrumpido por mí.

—¡Ve al grano, por favor! —exclamo fastidiada. He trabajado arduamente para llegar donde estoy y no ser una hija de papi; considero que merezco descansar y que otros se encarguen de mis negocios.

—De acuerdo. En la cocina hubo un altercado y una de las chicas rompió unas vajillas. Tal vez sea necesario descontarla de su salario, pero despedirla...

Sonia entra al cuarto con el analgésico. Lo trago con urgencia pues mi sien bombea más de lo normal. Al dejar el vaso con agua, me percato de que tengo un mensaje del chef del mismo restaurante.

[Blanca, disculpa que te moleste, no es mi costumbre, pero necesito que sepas que hubo un altercado aquí. Lo más lógico es que se lo comunique a Ignacio, pero él está involucrado directamente. Una de las meseras lo encontró besándose con otra, al parecer había un triángulo amoroso... lo que terminó en una feroz pelea en mi cocina. ¡Llámame después por favor!]

¿Por qué a mí?

—¿Estás ahí? —pregunto a Ignacio poniendo el teléfono en mi oreja.

—Sí —responde con cautela.

—Ahórrate las palabras, estás despedido. Ya sé exactamente lo que pasó. Hace tiempo me tienes cansada con tantos problemas, yo contrataré a alguien más competente.

Corto la llamada, me recuesto y cierro los ojos hasta que logro quedarme dormida.

Pestañeo lentamente al despertar. Al tocar el otro lado de la cama noto que Sebastián no está conmigo. Enciendo la lámpara; son las tres de la mañana. Me levanto al baño, busco por la casa y no lo encuentro por ningún lado. Una ira insoportable se cuela en mi interior. Se supone que somos mayores para salir a divertirnos, pero a él no le gusta salir conmigo.

Vuelvo al cuarto, me saco el bikini, me doy una ducha y me pongo el pijama. Ya son las cuatro y media de la madrugada y no tengo sueño. Una luz en mi celular indica una notificación.

[Pienso, sinceramente, que ese libro no es recomendable]

Arrugo la frente. El número no es de Sebastián y el código es de Colombia.

¿Cómo alguien de allá sabe qué libro estoy leyendo?

Miro mi libro, La Arpía, autografiado por la autora chilena Marcelitapajarita. El desconocido está en línea, así que decido preguntar.

[¿Cómo sabes lo que estoy leyendo?]

[Lo siento, creo que me equivoqué de número] —se excusan desde el otro lado. Sonrío por la casualidad.

[No hay problema. Bye]

Dejo el celular, pero vibra de nuevo.

[Al parecer estás leyendo. ¿Podría saber qué libro es?]

Decido responder, no tiene nada de malo.

[Es de una escritora nueva, no creo que la conozcas, es chilena]

[¿De qué se trata? Si es ciencia ficción todo bien] —responde. Suelto una risita. Antes de seguir, pregunto su nombre.

[¿Cuál es tu nombre?]

[Carlos] —responde— [¿Y el tuyo?]

[Blanca. Ahora entiendo por qué te gusta la ciencia ficción]

[¿Porque soy hombre?]

[Sí, aunque a las mujeres también les puede gustar]

[¿De qué se trata el libro?] —pregunta él, obviando mi comentario. Me acomodo en la almohada dispuesta a charlar. Le explico la trama de la mujer que es una arpía por la dura niñez que ha tenido, y que no cambia ni por amor.

[¡Eso no va conmigo nena! O sea, no me gusta esa clase de lectura]

Esa palabra, "nena", me hace sentir algo diferente.

[Muestra tu foto, quiero conocerte] —solicita con personalidad. Busco una foto donde me veo bien y lo agrego a mis contactos.

[¡Wow! ¡Eres hermosa!] —Mis mejillas arden. Miro su foto de perfil; está con una joven.

[Gracias... ¿Es tu novia la que está contigo en la foto?]

[No, es una amiga. ¿Qué edad tienes?]

[¿Qué edad crees que tengo?]

[No lo sé... ¿Veinticinco] —responde y me quedo con la boca abierta.

[Más...]

[¿Más? ¿Veintiocho?]

[Más...]

[Ja ja ja ¿Treinta?]

[Acertaste, tengo treinta años]

[¡Creí realmente que tenías menos edad!]

[Pues para que veas, me cuido. ¿Y tú qué edad tienes?]

[Veinte] —responde.

Es un chiquillo, pero sigo hablando. Me cuenta que estuvo con una mujer diez años mayor que lo engañó y que es muy radical cuando deja de hablarle a alguien. También me cuenta que escribe en la web una historia llamada Infectado.

[¡La escritora del libro que leo nació en la web]

[¿En serio? ¡O sea que aún puedo ser famoso! jajaja]

[Claro jajaja] —tecleo.

[Un gusto conocerte]

[Un gusto...] —respondo.

[Descansa]

Dejo el celular y me duermo con una sonrisa, sintiendo que me hizo bien conversar con él.

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Comments (7)
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Luna Flores
me encanta esta buenísimo
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MARA VELUM
si 30 años para su pareja es mucho, no quiero imaginar cuándo tenga 40
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MARA VELUM
Inicio bien y ya me atrapo
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