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50: Rota.

Autor: Aragones
last update Data de publicação: 2025-09-18 00:12:40

La madre de Valentino me miró y sonrió, y entonces supe que ella era consciente de lo que su hijo y esa mujer estaban haciendo. Pero no le daría el gusto de humillarme; levanté la barbilla y le sonreí. Me acerqué a ella y me detuve a su lado.

—Entonces... ¿qué se supone que hacemos aquí? ¿Esto no era para conmemorar al señor Piero? —le pregunté como si nada. Ella me miró, buscando alguna señal en mi rostro de que yo sí hubiera visto a su hijo follarle la boca a esa perra de Analia.

—¿Cómo estás
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Último capítulo

  • CASADA A LA FUERZA CON EL MAFIOSO: Mis Hijos No Te Pertenecen   120: Contigo soy feliz. Fin.

    Habían pasado dos años. Enzo y Luca ya tenían tres, y la nueva casa estaba llena de sus risas. El jardín era enorme, más grande de lo que cualquiera de nosotros imaginó, y los dos corrían por ahí como si el mundo entero fuera suyo. Ginevra y yo estábamos sentados en la mesa del jardín, observándolos mientras el sol bañaba todo con una luz cálida. Ella me miró y sonrió… y esa sonrisa me golpeó directo en el pecho. Después de todo lo que habíamos vivido, verla así —feliz, tranquila, completa— era un milagro que todavía no terminaba de asimilar. —La casa es muy grande y tiene muchas habitaciones —dijo de repente, mirándola con expresión pensativa. Levanté la vista hacia ella. —¿Es algo malo? ¿No te gusta? —pregunté. Ella negó suavemente con la cabeza y una sonrisa pícara curvó sus labios. —Tenemos que llenar las habitaciones —murmuró. Fruncí el ceño, sin entender del todo, hasta que ella se levantó y caminó hacia mí. Tomó mi mano con una suavidad que me derritió los huesos y la c

  • CASADA A LA FUERZA CON EL MAFIOSO: Mis Hijos No Te Pertenecen   119: Te Necesito a mi lado.

    Los meses pasaron lentos y jodidamente dolorosos.Mi recuperación fue un infierno… lento, insoportable, humillante. Cada día era igual: dolor, dependencia, rabia. Y ella. Siempre ella.—Lárgate, Ginevra —le decía casi todas las mañanas.Mi voz salía fría, cargada de veneno.Ella solo me respondía con un:—No me voy a ir.Y seguía ahí, arreglándome la habitación, cambiando las vendas, trayéndome agua, cuidando a los niños. No importaba cuántas veces la echara, cuántas veces le gritara o la ignorara. Ginevra estaba clavada a mi maldita existencia.Los médicos insistían en que debía someterme a varias operaciones para intentar recuperar movilidad. Implantes, placas, fisioterapia, meses de dolor. Y yo… yo estaba cansado. Harto. Frustrado. No era un experimento.—No lo voy a hacer —les dije.Recuerdo cómo ella me miró cuando solté esas palabras. Con esa intensidad suya que me obligaba a mirar a otro lado.—Lo vas a hacer —me respondió—. Si no por ti… por ellos. Enzo y Luca necesitan a su p

  • CASADA A LA FUERZA CON EL MAFIOSO: Mis Hijos No Te Pertenecen   118: Cuentas por saldar.

    Ginevra actuaba como si nada hubiera pasado. Como si yo siguiera siendo el mismo hombre. Como si no estuviera roto, incompleto, convertido en una sombra de lo que fui. Intentaba estar a mi lado todo el tiempo, hablarme, cuidarme, tocarme… y yo no sabía qué hacer con eso. No sabía si disfrutarlo o rechazarlo. Lo intentaba, pero era imposible ignorar el pensamiento que me devoraba día y noche: está aquí por lástima. Sus ojos brillaban cada vez que me miraba, pero no podía creerlo. ¿Cómo podría quererme alguien así, en este estado? Era más sencillo convencerme de que se obligaba a quedarse. Que lo hacía por los niños. O para no cargar con la culpa. Aun así… tener a mis hijos cerca me daba una extraña calma. No compartía mucho con ellos; a veces solo los observaba desde la distancia, sin atreverme a tocarlos. Pero verlos respirar, ver sus pequeños movimientos… me llenaba el pecho. Aunque también me apuñalaba pensar que quizá terminarían como yo. Envueltos en la misma oscuridad. Marcados

  • CASADA A LA FUERZA CON EL MAFIOSO: Mis Hijos No Te Pertenecen   117: Lucharé por ti.

    Nunca imaginé que un día iba a estar forcejeando con Fabien, rogándole como si mi vida dependiera de ello. Sus dedos me apretaban el brazo con una fuerza que no parecía humana, como si pudiera quebrarme con solo decidirlo. —¡Déjeme estar con su hijo! —le dije, casi sin aire—. ¡Lo amo, Fabien, lo amo! Él no respondió. Solo me sostuvo con esa expresión de hierro que siempre odió en los demás y cultivó en sí mismo. Me frustré, me desesperé, tiré de mi brazo intentando liberarme, pero fue inútil. Hasta que, de pronto, me soltó. Retrocedí un paso, confundida. Y por primera vez desde que lo conocí… lo vi humano. Lo vi triste. Una grieta en su coraza. Una que nunca pensé que vería. —Por favor… déjeme estar con Valentino —volví a suplicar, con la voz temblando. Fabien respiró hondo, como si las palabras le pesaran. —Será difícil que te acepte, Ginevra —dijo finalmente, sin mirarme—. Él piensa que ya no es… un hombre completo. Sentí que el mundo se me hundía bajo los pies. ¿Cóm

  • CASADA A LA FUERZA CON EL MAFIOSO: Mis Hijos No Te Pertenecen   116: El alma se parte en dos.

    Me dieron el alta esta mañana.Debería sentir alivio. Libertad. Algo.Pero lo único que siento es… nada.Dos hombres entran y me levantan con cuidado para sentarme en la silla de ruedas. Es la primera vez que lo hacen. La primera vez que ya no tengo el control de mi propio cuerpo. La primera vez que dependo de otros para moverme.La primera vez que me doy cuenta de que este es mi mundo ahora.Y se siente como una humillación.—Listo —dice uno de ellos.Asiento, frío, inexpresivo, como si esta postura no me matara por dentro. Soy el líder. Ellos no pueden verme temblar. No pueden ver mi rabia, ni mi impotencia.Aprieto los dedos contra los apoyabrazos. Quisiera romper algo. Gritar. Patear. Pero mis piernas… mis piernas son cadáveres pegados a mí.Respiro hondo.No voy a mostrar debilidad.Jamás.La puerta se abre y mi padre entra primero. Su sombra sigue siendo la de un rey. Detrás viene mi madre, con esa mirada que siempre intenta ocultar la dureza detrás de una falsa calma.—Los tene

  • CASADA A LA FUERZA CON EL MAFIOSO: Mis Hijos No Te Pertenecen   115: Es mejor la soledad.

    [Valentino]El techo del hospital es lo único que puedo ver sin esfuerzo. Blanco. Vacío. Como yo ahora.Intento mover las piernas otra vez. Nada.Un hombre incompleto.Eso es lo que soy.Exhalo lentamente, dejando que el aire salga como si expulsara todo lo que fui. Ya no queda nada del Valentino que gobernaba con manos firmes, que se imponía con una mirada, que podía destruir un imperio en una noche.Ese hombre murió en esa habitación, frente a Ginevra.El que quedó… apenas respira.Pienso en ella.Pienso en la forma en que gritó mi nombre, en cómo sus manos temblaban al tocarme.Y cierro los ojos porque la imagen duele. Joder, duele demasiado.Ella merece algo mejor.Merece libertad.Merece una vida donde no tenga que preocuparse por mí, un inválido que solo la arrastraría hacia un infierno más profundo que el que ya vivió conmigo.Así que tomé la decisión más lógica, la más cruel, la única posible:No voy a verla.No voy a permitir que me vea así.No voy a ser su carga.Viviré en s

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