FAZER LOGIN—Antes de que tú empezaras a quererme.
Cassandra se incorporó sobre un codo.
—Eso es una acusación seria.
Sebastián sonrió.
—¿Cómo sabes cuándo empecé a quererte?
Él abrió la boca.
Se detuvo.
Cassandra señaló su cara.
—Exactamente.
Sebastián tomó el teléfono.
No lo sé.
—
—Antes de que tú empezaras a quererme.Cassandra se incorporó sobre un codo.—Eso es una acusación seria.Sebastián sonrió.—¿Cómo sabes cuándo empecé a quererte?Él abrió la boca.Se detuvo.Cassandra señaló su cara.—Exactamente.Sebastián tomó el teléfono.No lo sé.—Entonces reformula.Pensó.Creo que me enamoré antes de saber que tú también.—Eso sí te lo compro.Él dejó el teléfono.Cassandra volvió a acomodarse frente a él.—Ahora necesito saber cuándo.Sebastián miró hacia la lámpara.—Y no puedes responder “poco a poco”. Acabas de presumir de tener fechas mentales para to
—Mucho antes de que tú lo admitieras.Cassandra apoyó los codos sobre la mesa del restaurante.—Eso suena peligrosamente conveniente.Sebastián sonrió.El camarero regresó con el agua, la dejó y volvió a desaparecer con la prudencia de alguien que había detectado una discusión matrimonial en fase temprana.—Bien. Dime cuándo.Sebastián tomó el teléfono.Cuando empezaste a volver por elección.Cassandra leyó.—Eso sigue siendo demasiado amplio.Él pensó.Después del contrato.Ella dejó la copa.—Entonces no fue “mucho antes de que yo lo admitiera”. Fue exactamente cuando también empecé a asumir que había algo entre nosotros.Sebastián negó.—¿Antes?Asint
—Y el problema es que yo también.Sebastián sonrió.Cassandra señaló hacia él.—No pongas cara de victoria. Aceptar una exhibición es distinto de volver esto nuestra nueva carrera.Él escribió:Una sola.—Exacto. Una sola.Respondieron a Clara esa noche.“Sí. Pero después volvemos a ser principiantes normales.”Clara contestó:“Trato hecho.”Las seis semanas siguientes pasaron sin dominar la casa.Una clase por semana. Dos prácticas cortas cuando coincidían con energía. Algunos días bailaban una canción. Otros terminaban discutiendo porque Sebastián quería repetir un giro y Cassandra prefería cenar.—Mañana —decía ella.Él señalaba los pies.—Mañana
—Porque yo prometo hacer exactamente lo mismo si te toca alguien que me haga querer arrancarle el vestido.Sebastián la miró.Después escribió:Eso no ayuda.Cassandra soltó una risa.—Claro que ayuda. Nos prepara para el peor escenario.Él respondió:Peor sería que me tocara Hugo.—Eso sería inolvidable.La competencia se celebraba en una sala más grande que el estudio de Clara. Había gradas bajas, mesas y una pista iluminada en el centro.Cassandra se detuvo al entrar.—Hay demasiada gente.Sebastián miró alrededor.—No finjas calma para hacerme quedar peor.Él sonrió.Clara apareció con dos números.—Trece y catorce.Cassandra miró el suyo.—Mala suerte.—Entonces aprovéc
—Sebastián, creo que acabamos de descubrir que no tenemos una canción nuestra.Él miró su teléfono.Después el de Cassandra.—Eso es casi ofensivo.Sebastián levantó una ceja.—Hemos tenido dos bodas.Él señaló hacia ella.—Sí, y en una no elegimos casi nada y en la otra estábamos ocupados sobreviviendo para discutir playlists.Sebastián escribió:Había música.—Había canciones. No es lo mismo.Cassandra abrió una lista antigua.—Necesitamos una para la competencia, no para tatuárnosla.Él asintió.—Regla uno: nada con letra que parezca escrita por un adolescente triste.Sebastián sonrió.—Regla dos: que podamos bailar sin parecer una demostración de reh
—Ahora sí parece que la competencia acaba de ponerse interesante.Sebastián la miró.Cassandra sonrió.—¿Qué? ¿Ya te arrepentiste?Él negó demasiado rápido.Clara cruzó los brazos.—Voy a ahorrarme veinte minutos. La ronda aleatoria no es una prueba de fidelidad. Es baile.—Lo sabemos —dijo Cassandra.Clara miró a Sebastián.Él asintió.—Excelente. Entonces hoy empezamos a trabajar justamente eso.Cassandra levantó una ceja.—¿Hoy?—Tengo otra pareja principiante en la sala de al lado. Rotaremos durante una canción.Sebastián frunció el ceño.Cassandra le tocó el brazo.—Respira. Sobreviviste a Marta.Él escribió:Marta tenía sesenta







