INICIAR SESIÓNCassienne se apartó de la columna, sintiéndose más pequeña que nunca. Su estado de ánimo era exactamente el de siempre: tristeza, dolor, arrepentimiento y una esperanza obstinada que se negaba a morir, sin importar cuánto daño le causara.
Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y presionó el botón para bajar del siguiente ascensor. Cuando las puertas se abrieron, entró y se apoyó contra la pared de cristal. La superficie fría sostuvo su peso mientras los recuerdos la invadían. Recordaba la secundaria con tanta claridad. Cómo Dreston la había olvidado. Cómo solían jugar juntos y almorzar uno al lado del otro. Y cómo todo se hizo añicos en el momento en que Tina apareció, robándole su atención y alejando de ella a sus amigos. Recordaba la primera vez que los vio besarse. Incluso siendo adolescente, había sabido que aquel beso era demasiado íntimo, que no tenía nada de infantil. Sin embargo, su amor por él nunca cambió. Tina sabía que Dreston y Cassienne estaban juntos en aquel entonces, pero aun así se interpuso entre ellos y lo reclamó para sí misma. Un suave sonido del ascensor sacó a Cassienne de sus pensamientos. Salió y se dirigió directamente hacia el coche. Cuando llegó a casa, el coche de Dreston ya estaba estacionado afuera y sus guardaespaldas permanecían alrededor. Eso significaba que él estaba dentro. La esperanza tiró débilmente de su corazón, una esperanza desesperada e insensata. Tal vez lo que había visto antes solo había sido producto de su imaginación. Quizá las cosas todavía podían estar bien entre ellos. Cuando sus padres la hicieron firmar el contrato cinco años atrás, tenían buenas intenciones. Creían que su hijo terminaría enamorándose de ella. Creían que cinco años serían tiempo suficiente para que Cassienne conquistara su corazón, tuviera un hijo y creara un vínculo que él no pudiera ignorar. Pero nada de aquello había sucedido. Durante esos cinco años, Dreston nunca la había tocado. Ni una sola vez. Vivían como extraños bajo el mismo techo. Y ella ni siquiera podía contarles la verdad a sus amigos: que, a sus veintisiete años, seguía siendo virgen. Se burlarían de ella y se reirían. Pero aquella era su realidad ahora. Casada… e intacta. Entró en la sala de estar y allí estaba él. Dreston permanecía de pie junto al ventanal de cristal que iba del suelo al techo, sosteniendo un vaso de whisky. Tenía una mano metida en el bolsillo, lo que le daba un aspecto poderoso y dolorosamente sereno. Su cabello negro y rizado estaba desordenado de una manera atractiva y natural. Sus ojos grises se encontraron con los de ella, y el corazón de Cassienne comenzó a acelerarse de inmediato. Su corazón siempre le había pertenecido. Nada había logrado cambiar eso. —No sabía que habías salido —dijo él con naturalidad—. Pensé que estarías en casa. Su voz era suave y tranquila, envolviéndola como siempre lo hacía. —Estaba en el hospital —respondió Cassienne en voz baja. No tenía sentido mentir. Él frunció el ceño. —¿Estás enferma? ¿Por qué no me lo dijiste? Por un momento, solo por un pequeño y frágil momento, estuvo a punto de confundir sus palabras con preocupación. Pero sabía que no debía hacerlo. Así era como él hablaba con todo el mundo. Con los empleados y con los desconocidos. Con cualquiera que no fuera Tina. —Estoy bien —dijo—. Solo tengo un poco de fiebre. El médico me recetó unos medicamentos. Él asintió, dejó el vaso sobre la mesa de centro y se acercó a ella. Pero estaba demasiado cerca. Entonces extendió la mano y apoyó suavemente la palma sobre su frente para comprobar su temperatura. La conocida sensación de hormigueo recorrió su cuerpo, y Cassienne retrocedió rápidamente, necesitando espacio antes de que la esperanza volviera a crecer. —Deberías descansar —dijo él con suavidad, casi con cariño, como si de verdad le importara. Pero sí le importaba, y esa era la ironía. Sin embargo, Cassienne sabía que no se trataba de una preocupación real. Solo era lástima. Él se compadecía de su estado, se compadecía de la forma en que ella estaba desperdiciando lentamente su vida a su lado. Y, sinceramente, no podía culparlo. Nada de aquello era culpa de él. Todo había comenzado por culpa de ella. Ella había sido la joven ingenua que creyó que el amor y la paciencia serían suficientes para conquistar el corazón de un hombre que nunca la había mirado de verdad. Durante cinco años, él había sido amable con ella. Nunca la había tratado mal de ninguna manera. Siempre se ocupaba de sus necesidades. Aunque ella recibía su propio salario, él seguía depositando una gran cantidad de dinero en su cuenta todos los meses. Nunca permitía que nadie le faltara al respeto. Le daba todo, excepto su corazón. Porque su corazón ya le pertenecía a otra mujer. —¿Cassienne? Su voz la sacó de sus pensamientos. Por un momento, había olvidado que él seguía de pie frente a ella, observando cómo se perdía entre sus recuerdos. —Sí —respondió en voz baja. Se apartó y caminó hacia la cocina, suponiendo que tal vez él tenía hambre, suponiendo que necesitaba algo. Al menos aquello era algo que todavía podía ofrecerle: cuidados que él nunca le pedía, pero que ella siempre intentaba darle. —Dime qué necesitas y te lo prepararé —dijo, evitando mirarlo a los ojos. No estaba segura de poder soportar la forma en que él la observaba. Escuchó sus pasos acercándose lentamente. Su corazón se contrajo, porque ni siquiera sabía qué estaba haciendo ya. Siempre se volvía así cuando estaba cerca de él: confundida, nerviosa y dolorosamente consciente de sus propios sentimientos. Su presencia hacía que su corazón reaccionara de maneras que nunca podía ocultar. A veces se preguntaba si él lo sabía. Si podía sentirlo. Si notaba cómo ella se rompía un poco más cada día, o si simplemente fingía no verlo. Cuando llegó hasta la encimera de mármol, se detuvo. —No necesito nada, Cassienne —dijo. Ella lo miró brevemente. Tenía las manos metidas en los bolsillos y sus ojos grises estaban fijos directamente en ella. Incluso ahora, la manera en que pronunciaba su nombre despertaba algo profundo y peligroso en su interior. Algo que había aprendido a ocultar. Durante los últimos cinco años, esconder sus reacciones se había convertido en algo natural: tragarse sus emociones y fingir que no lo amaba de la forma en que realmente lo hacía. —Aunque quería que habláramos —continuó él—, como no te sientes bien, puede esperar. ¿Hablar? Su pecho se tensó. —¿Es por el bebé? —preguntó antes de poder contenerse.El ático de Ray Simpson se alzaba en una calma aislada.La terraza se abría al aire nocturno, con el tenue brillo de la piscina a un lado.El agua reflejaba la suave iluminación del lugar, formando pequeñas ondas cada vez que la brisa pasaba sobre ella.Allí todo era tranquilo.Privado.El tipo de lugar donde el mundo parecía quedar lo bastante lejos como para olvidar todo lo demás, al menos por un rato.Ray estaba recostado contra el asiento del lounge.Su respiración era lenta.Pero no completamente estable.Daisy Noah estaba sentada a horcajadas sobre él, moviéndose con seguridad y decisión.Daisy nunca vacilaba.Con ella, todo parecía sencillo.Como si atravesara cada momento sin cuestionarse nada.Las manos de Ray descansaban sobre su cintura, guiándola con suavidad.Su toque era firme.Pero cuidadoso.Aquello no era nuevo para él.Sin embargo, tampoco llegaba a sentirse rutinario.Porque con Daisy siempre había algo debajo de la superficie.Algo que él nunca conseguía alcanzar d
La tarde en Lisbourn transcurría con una tranquilidad que hacía que todo pareciera casi intacto por los problemas.Al final de una calle tranquila se encontraba la residencia de Emily.No era simplemente una casa.Era una representación de la calma después de años de inquietud.Un dúplex independiente de cinco habitaciones, diseñado pensando en el espacio, la luz y la privacidad.Las paredes eran claras y elegantes.Los grandes ventanales daban al jardín que se extendía ampliamente alrededor de la propiedad.Cada parte del lugar reflejaba intención.Nada era excesivo.Pero tampoco faltaba nada.El jardín era donde Emily pasaba la mayor parte de su tiempo.Hileras de flores se extendían por el terreno cuidadosamente mantenido.Cada sección estaba organizada con atención, pero sin demasiada rigidez.Había rosas completamente abiertas.Suaves lavandas bordeaban los caminos.Y grupos de lirios se alzaban en silencio.Su presencia parecía casi modesta a pesar de su belleza.No era un creci
Fuera del consultorio del doctor Zach, Elena Brook e Ivy Hart permanecían junto a la puerta.Dos hombres de seguridad, contratados por Ray, se mantenían cerca.Sus ojos recorrían el entorno con una atención aguda y entrenada.Todos estaban alerta.Asegurándose de que ninguna amenaza se acercara a Cassienne.Todo el piso estaba extrañamente silencioso.Incluso las enfermeras que se movían de un lado a otro apenas hacían ruido.Sus pasos eran suaves sobre las baldosas pulidas.Nadie necesitaba que le dijeran que la persona dentro del consultorio del doctor Zach era una VIP.El movimiento por el pasillo estaba estrictamente restringido.Pero dentro del consultorio, el ambiente era completamente diferente.El suave zumbido del ultrasonido llenaba la habitación, mezclándose con la voz tranquila del médico mientras hablaba entre cada movimiento del escáner.Cassienne estaba acostada sobre la camilla.Su mirada permanecía fija en el techo.El doctor movía suavemente la sonda sobre su abdomen
Finalmente, Cassienne regresó a casa.Y ahora podía respirar.El ático estaba en silencio cuando entró.Pero aquella quietud no era suficiente para detener el caos dentro de su mente.La puerta se cerró detrás de ella.Y durante un momento, no se movió.Sus tacones resonaron suavemente contra el suelo de mármol cuando avanzó un poco más, pero incluso aquel sonido parecía lejano.Los acontecimientos de las últimas horas seguían pegados a ella.La sangre de Corren.Las cámaras.Las voces.Los titulares.Su cuerpo se sentía pesado.No débil.Solo…Agotado.Se quitó lentamente los tacones y los dejó junto a la entrada.Sus dedos fueron hasta los botones de la chaqueta.Los desabrochó con movimientos tranquilos antes de dejar caer la prenda.Detrás de ella, unos pasos se acercaron con cuidado.Ivy Hart permanecía a una distancia respetuosa, con una tableta en las manos.—La agenda de mañana —comenzó Ivy con suavidad.Su tono era medido, como si intentara no abrumarla.Cassienne caminó haci
La mañana se instaló suavemente sobre el hospital.El caos de la noche anterior se había desvanecido, dejando tras de sí una extraña calma que no terminaba de sentirse como paz.Los pasillos estaban más tranquilos.La urgencia había sido sustituida por la rutina.Pero dentro de la suite privada, las emociones seguían presentes.Sin pronunciar.Sin resolver.Corren estaba recostado contra las almohadas de la cama.Algo de color había regresado a su rostro, aunque el vendaje alrededor de su costado recordaba a todos lo cerca que habían estado de algo mucho peor.Una bandeja de comida descansaba sobre la mesa junto a él.Hasta hacía unos instantes, estaba intacta.Aurora Stephens estaba sentada a su lado.Sostenía una cuchara con cuidado.Sopló suavemente sobre ella antes de acercársela.—Cuidado —dijo—. Todavía está caliente.Corren la observó durante un segundo antes de abrir la boca.Aceptó la cucharada en silencio.—¿Desde cuándo eres tan amable? —preguntó.Su voz todavía estaba algo
A la mañana siguiente, en el nuevo ático de Cassienne, todo y todos permanecían en silencio.La luz del sol se filtraba a través de los altos ventanales de cristal, extendiéndose sobre los suelos de mármol en suaves tonos dorados.La ciudad allá abajo continuaba como si nada hubiera ocurrido.Pero dentro del ático, todo había cambiado.Cassienne permanecía inmóvil frente al espejo.Serena.Compuesta.Su reflejo se veía exactamente como debía.Elegante.Intacto.Pero el mundo exterior no la estaba viendo de esa forma.Detrás de ella, Jessica Tremont estaba apoyada contra la pared, con los brazos cruzados, observándola en silencio.Al otro lado de la habitación, Tessa Philips y Elena Brook se movían con cuidado, organizando su agenda para el día.Pero nadie hablaba.Después de un largo silencio, Tessa finalmente lo hizo.—La prensa ya está esperando abajo —dijo con cuidado—. La seguridad se ha duplicado desde anoche.Cassienne ajustó la manga de su atuendo.Un traje color crema hecho a







