เข้าสู่ระบบ
Cassienne salió del consultorio del doctor Zach con la pequeña receta médica en la mano. Se sentía cansada y un poco mareada, y lo único que quería era llegar a casa y meterse en la cama. Se dirigió hacia el ascensor, pero justo cuando estaba a punto de entrar, una voz familiar llegó flotando desde el pasillo.
Esa voz. Nunca podría confundirla con la de otra persona. Era su esposo. Dreston Tremont. Miró por encima del hombro y vio la figura alta y erguida de Dreston destacando entre las personas del corredor, con un brazo rodeando a la esbelta mujer que caminaba a su lado. Mientras avanzaban, la mujer levantó la mirada hacia él, dejando ver su rostro. Era Tina Arcley, su exnovia. —¿Viste a ese hombre? Es tan guapo. Siento que me quemo con solo mirarlo. —Ni se te ocurra. Está aquí con su esposa. Dos enfermeras cercanas susurraban sobre ellos. Mientras tanto, Dreston y Tina se sonreían el uno al otro, luciendo perfectos juntos sin siquiera esforzarse. Cassienne no recordaba que él alguna vez le hubiera sonreído de esa manera, no con aquella mirada suave y amorosa que le dedicaba a Tina. Y no estaban solos. Había otra persona con ellos: un médico. —Recuerde descansar bien —dijo el médico con amabilidad—. Como todavía se encuentra en la primera etapa del embarazo, no debería realizar ningún trabajo agotador. Espero que lo entienda. ¿Embarazada? A Cassienne se le cortó la respiración. Se llevó una mano a la boca. —El estado de ánimo de su esposa se verá afectado por las hormonas del embarazo —continuó el médico—. Como padre del bebé, debería llevarla más seguido a lugares rodeados de naturaleza. Eso la ayudará a mantenerse de buen humor. Cassienne luchó por contener el jadeo que crecía en su garganta. La conmoción se extendió por todo su cuerpo, nublándole la visión. —Me encargaré de eso, doctor —respondió Dreston con tono protector—. Me aseguraré de que descanse todo lo que necesite. A través de su visión borrosa, Cassienne los vio comenzar a girarse en su dirección. El pánico se apoderó de ella y rápidamente se ocultó detrás de una columna cercana, apoyando la espalda contra la fría piedra. Su corazón latía con tanta fuerza que temió que pudieran escucharlo. Se asomó apenas lo suficiente para ver la mano de Dreston apoyada en la parte baja de la espalda de Tina, guiándola con una ternura que nunca le había mostrado a Cassienne. Condujo a Tina hacia el ascensor, inclinando el cuerpo como si quisiera protegerla, como si ella fuera lo más valioso de su mundo. Cassienne se apretó aún más contra la columna, haciendo todo lo posible por volverse invisible. Se acercaron, lo bastante como para que ella pudiera escuchar su respiración. Lo bastante como para ver la ternura en los ojos de Dreston cuando miraba a Tina. Intentó controlar su respiración. Intentó mantener la calma. Intentó hacer aquello que se había visto obligada a dominar durante los últimos cinco años: tragarse el dolor y fingir que podía soportarlo. Ese era el precio de su propia decisión insensata, el error que había cometido cinco años atrás, cuando los padres de Dreston se acercaron a ella desesperados. Necesitaban que él se casara por el bien de la imagen de la familia. Tina no era una opción. Sus padres nunca la habían aprobado. Por eso recurrieron a Cassienne, la chica que lo había amado desde la infancia, la chica ingenua que lo amaba en silencio y en secreto, incluso mientras fingía ser solo su amiga. Había firmado el contrato sin dudarlo, aceptando fingir ser su esposa durante cinco años. En su corazón ingenuo, creyó que vivir con él, compartir sus días y sus noches, tal vez despertaría algo en su interior. Que quizá aprendería a amarla de la misma forma en que ella lo amaba. Habían sido cercanos una vez, durante aquellos días inocentes. Él había sentido algo por ella, de verdad le había gustado, antes de que la vida los separara. Volvieron a encontrarse en la secundaria y, durante un breve momento, pareció cosa del destino. Él no la recordaba completamente en aquel entonces, pero ella sí lo recordaba. Nunca habría podido confundirlo con nadie más. Aun así, todo iba bien entre ellos... hasta que Tina apareció. Tina era su amiga. Cassienne se la había presentado a Dreston, pero aquello terminó convirtiéndose en el mayor error de su vida. En cuanto Tina entró en la vida de Dreston, todo cambió. Los chicos que admiraban a Cassienne se alejaron. Los amigos de Dreston, que antes sentían aprecio por ella, la olvidaron. Toda la atención se dirigió hacia Tina. Tina no eligió a ninguno de aquellos chicos. Eligió a Dreston, el primer amor secreto de Cassienne. Tina era hermosa, y Cassienne no lo era menos, pero Tina poseía un encanto que atraía todas las miradas dondequiera que fuera. Y, al igual que todos los demás chicos, Dreston también cayó bajo su encanto. Para Cassienne, él había sido el único chico. Ahora era el único hombre para ella. Y ni siquiera después de vivir cinco años con él como su esposa solo de nombre, sus sentimientos habían cambiado. Tampoco habían cambiado los sentimientos de Dreston por Tina. Él todavía la amaba. Y ahora... Tina estaba embarazada de su hijo. Las manos de Cassienne temblaron mientras las lágrimas le ardían detrás de los ojos. Un sollozo se alzó en su pecho, agudo y pesado, pero ella lo reprimió. Había aprendido a tragarse el dolor tan profundamente que ya no producía ningún sonido. La voz de Tina resonó en su mente, como aquel cruel recordatorio que solía arrojarle a la cara. —Te casaste con él aun sabiendo que me pertenece. Y Tina tenía razón. Cassienne lo sabía. Pero aun así había aceptado, porque él había sido suyo primero, antes de que Tina se lo arrebatara. El ascensor emitió un sonido. Las puertas se abrieron. Cassienne observó en silencio cómo Dreston y Tina entraban. Permanecieron muy juntos, enmarcados por las puertas del ascensor que comenzaban a cerrarse. Solo cuando las puertas se cerraron por completo, Cassienne finalmente exhaló. Incluso entonces, el aroma de ambos permaneció en el pasillo. Un recordatorio de todo aquello en lo que ella nunca podría convertirse.El ático de Ray Simpson se alzaba en una calma aislada.La terraza se abría al aire nocturno, con el tenue brillo de la piscina a un lado.El agua reflejaba la suave iluminación del lugar, formando pequeñas ondas cada vez que la brisa pasaba sobre ella.Allí todo era tranquilo.Privado.El tipo de lugar donde el mundo parecía quedar lo bastante lejos como para olvidar todo lo demás, al menos por un rato.Ray estaba recostado contra el asiento del lounge.Su respiración era lenta.Pero no completamente estable.Daisy Noah estaba sentada a horcajadas sobre él, moviéndose con seguridad y decisión.Daisy nunca vacilaba.Con ella, todo parecía sencillo.Como si atravesara cada momento sin cuestionarse nada.Las manos de Ray descansaban sobre su cintura, guiándola con suavidad.Su toque era firme.Pero cuidadoso.Aquello no era nuevo para él.Sin embargo, tampoco llegaba a sentirse rutinario.Porque con Daisy siempre había algo debajo de la superficie.Algo que él nunca conseguía alcanzar d
La tarde en Lisbourn transcurría con una tranquilidad que hacía que todo pareciera casi intacto por los problemas.Al final de una calle tranquila se encontraba la residencia de Emily.No era simplemente una casa.Era una representación de la calma después de años de inquietud.Un dúplex independiente de cinco habitaciones, diseñado pensando en el espacio, la luz y la privacidad.Las paredes eran claras y elegantes.Los grandes ventanales daban al jardín que se extendía ampliamente alrededor de la propiedad.Cada parte del lugar reflejaba intención.Nada era excesivo.Pero tampoco faltaba nada.El jardín era donde Emily pasaba la mayor parte de su tiempo.Hileras de flores se extendían por el terreno cuidadosamente mantenido.Cada sección estaba organizada con atención, pero sin demasiada rigidez.Había rosas completamente abiertas.Suaves lavandas bordeaban los caminos.Y grupos de lirios se alzaban en silencio.Su presencia parecía casi modesta a pesar de su belleza.No era un creci
Fuera del consultorio del doctor Zach, Elena Brook e Ivy Hart permanecían junto a la puerta.Dos hombres de seguridad, contratados por Ray, se mantenían cerca.Sus ojos recorrían el entorno con una atención aguda y entrenada.Todos estaban alerta.Asegurándose de que ninguna amenaza se acercara a Cassienne.Todo el piso estaba extrañamente silencioso.Incluso las enfermeras que se movían de un lado a otro apenas hacían ruido.Sus pasos eran suaves sobre las baldosas pulidas.Nadie necesitaba que le dijeran que la persona dentro del consultorio del doctor Zach era una VIP.El movimiento por el pasillo estaba estrictamente restringido.Pero dentro del consultorio, el ambiente era completamente diferente.El suave zumbido del ultrasonido llenaba la habitación, mezclándose con la voz tranquila del médico mientras hablaba entre cada movimiento del escáner.Cassienne estaba acostada sobre la camilla.Su mirada permanecía fija en el techo.El doctor movía suavemente la sonda sobre su abdomen
Finalmente, Cassienne regresó a casa.Y ahora podía respirar.El ático estaba en silencio cuando entró.Pero aquella quietud no era suficiente para detener el caos dentro de su mente.La puerta se cerró detrás de ella.Y durante un momento, no se movió.Sus tacones resonaron suavemente contra el suelo de mármol cuando avanzó un poco más, pero incluso aquel sonido parecía lejano.Los acontecimientos de las últimas horas seguían pegados a ella.La sangre de Corren.Las cámaras.Las voces.Los titulares.Su cuerpo se sentía pesado.No débil.Solo…Agotado.Se quitó lentamente los tacones y los dejó junto a la entrada.Sus dedos fueron hasta los botones de la chaqueta.Los desabrochó con movimientos tranquilos antes de dejar caer la prenda.Detrás de ella, unos pasos se acercaron con cuidado.Ivy Hart permanecía a una distancia respetuosa, con una tableta en las manos.—La agenda de mañana —comenzó Ivy con suavidad.Su tono era medido, como si intentara no abrumarla.Cassienne caminó haci
La mañana se instaló suavemente sobre el hospital.El caos de la noche anterior se había desvanecido, dejando tras de sí una extraña calma que no terminaba de sentirse como paz.Los pasillos estaban más tranquilos.La urgencia había sido sustituida por la rutina.Pero dentro de la suite privada, las emociones seguían presentes.Sin pronunciar.Sin resolver.Corren estaba recostado contra las almohadas de la cama.Algo de color había regresado a su rostro, aunque el vendaje alrededor de su costado recordaba a todos lo cerca que habían estado de algo mucho peor.Una bandeja de comida descansaba sobre la mesa junto a él.Hasta hacía unos instantes, estaba intacta.Aurora Stephens estaba sentada a su lado.Sostenía una cuchara con cuidado.Sopló suavemente sobre ella antes de acercársela.—Cuidado —dijo—. Todavía está caliente.Corren la observó durante un segundo antes de abrir la boca.Aceptó la cucharada en silencio.—¿Desde cuándo eres tan amable? —preguntó.Su voz todavía estaba algo
A la mañana siguiente, en el nuevo ático de Cassienne, todo y todos permanecían en silencio.La luz del sol se filtraba a través de los altos ventanales de cristal, extendiéndose sobre los suelos de mármol en suaves tonos dorados.La ciudad allá abajo continuaba como si nada hubiera ocurrido.Pero dentro del ático, todo había cambiado.Cassienne permanecía inmóvil frente al espejo.Serena.Compuesta.Su reflejo se veía exactamente como debía.Elegante.Intacto.Pero el mundo exterior no la estaba viendo de esa forma.Detrás de ella, Jessica Tremont estaba apoyada contra la pared, con los brazos cruzados, observándola en silencio.Al otro lado de la habitación, Tessa Philips y Elena Brook se movían con cuidado, organizando su agenda para el día.Pero nadie hablaba.Después de un largo silencio, Tessa finalmente lo hizo.—La prensa ya está esperando abajo —dijo con cuidado—. La seguridad se ha duplicado desde anoche.Cassienne ajustó la manga de su atuendo.Un traje color crema hecho a







