FAZER LOGINNo fue una duda, ni una sospecha mal ubicada… fue esa clase de certeza incomoda que llega sin siquiera avisar,como si el destino mismo —con un sentido del humor bastante cuestionable —hubiera decidido que hoy era un buen día para arruinarme mi existencia y mi estabilidad emocional. Era el. Exactamente el… el mismo hombre que dejé atrás, o al menos eso creí. Si , crei… porque ahora está plantado frente a mi como si el tiempo no hubiera pasado, como si seis años fueran apenas una pausa mal hecha. Mi respiración se volvió más lenta, medida, casi calculada, porque lo último que podía permitirme era reaccionar como una persona normal en una situación claramente anormal.
Bajé la mirada hacia los documentos frente a mí, fingiendo una concentración impecable que, sinceramente, no tenía. Porque mientras todos escuchaban atentos, interesados, probablemente impresionados… yo estaba ocupada tratando de entender en qué momento mi vida decidió convertirse en una broma pesada. Y lo peor no era que estuviera ahí. No. Lo peor era que, en algún punto que ni siquiera noté… empezó a hablar, y yo ni siquiera fui capaz de escuchar una sola palabra. Lo siguiente que captó mi atención fue su voz… grave, segura… y peligrosamente familiar, de esas que no deberían aparecer de repente en tu vida si se supone que ya forman parte del pasado, y aun así ahí estaba, como si el destino hubiera decidido que mi tranquilidad necesitaba un pequeño desastre para equilibrarse. Levante la cabeza casi por inercia… y ahí estaba él, de frente, sin ningún margen de error… y yo, sin escapatoria aparente de esta sala. Perfecto… justo lo que me faltaba para completar el día. Mi respiración se volvió más lenta, más controlada, como si eso pudiera ayudarme a procesar el hecho de que el pasado no solo había regresado… sino que ahora era mi jefe. Porque sí, aparentemente mi vida decidió tomarse muy en serio eso de las ironías. Él, en cambio, parecía exactamente igual… o quizá no. —Repito. Mi nombre es Adrian Montenegro —continuo con total naturalidad — Y a partir de hoy, estaré a cargo de esta empresa. “Ah, perfecto. Confirmado. No era una alucinación, ni una coincidencia. Era el… con nombre, apellido y control absoluto sobre mi estabilidad laboral. Que maravilla” —No soy partidario de los discursos largos, así que seré breve. Claro, directo al punto… como siempre. Nada ha cambiado. O peor… todo ha cambiado menos eso. Comenzó a caminar alrededor de la mesa, con las manos en los bolsillos, observando a cada uno como si ya estuviera tomando decisiones. Como si nos clasificará sin necesidad de preguntar nada. —Lo único que espero de este equipo es eficiencia. Resultados. Y , sobre todo… honestidad. Honestidad… Si , claro. Qué palabra tan … interesante viniendo de él. Y fue justo ahí cuando lo sentí. Su mirada. Directa. Sin disimulo sobre mi. Claro que sí, porque si algo faltaba en esta escena, era que además decidiera enfocarse en mí como si fuéramos los únicos dos en la sala. —No tengo inconveniente en reconocer el buen trabajo —añadió con un tono firme, sin elevar la voz, pero dejando claro cada palabra—. Sin embargo, tampoco dudó a la hora de tomar decisiones cuando algo no cumple con los estándares que esta empresa requiere. Mi prioridad es el rendimiento, la eficiencia y la transparencia en cada área. No espero perfección… pero sí compromiso real. Espero no tener que prescindir de nadie, pero si la situación lo exige, lo haré sin titubeos. A partir de hoy, esta empresa entra en una nueva etapa… y eso implica cambios. Mi pulso se tensó ligeramente. No por lo que decía… sino por cómo lo decía. Y peor aún… por cómo me miraba al decirlo. ....... La reunion habia terminado. No espere a que dijeran algo mas, en algun punto, ya sentía que el aire comenzaba a faltar y que permanecer en segundo mas ahi dentro seria demasiado, simplemente recogí mis cosas con la mayor discreción posible y salí de la sala con prisa. —¡Valeria! Genial. Por supuesto que no iba a ser tan fácil. —¡Oye, espérate! Escuché acercándose hasta que finalmente me alcanzó, colocándose a mi lado con el ceño fruncido, claramente confundida por mi prisa. —¿Se puede saber por qué saliste así? —pregunto, mirándome de arriba a abajo —. Ibas tan rápido que parecía que alguien te estaba persiguiendo. Solté una pequeña risa, forzada, apenas girando el rostro hacia ella. —¿Yo? Para nada… solo tomar un poco de…aire. — respondí, pero siendo sincera ni yo me lo creí. Emma entrecerró los ojos, analizando con esa mirada suya que siempre parece ver más de la cuenta, pero por suerte decidió cambiar de tema… o eso pensé. —Bueno… dejando eso de lado —dijo, acomodándose un mechón de cabello —,¿no te parece que el nuevo jefe es… bastante atractivo? Claro. Por supuesto… tenía que decir eso justo ahora. —¿De que le sirve? —murmuré casi sin pensar —. Si es un idiota. Emma se detuvo en seco. —¿Que dijiste?—pregunto ella, y yo parpadee un par de veces, girando hacia ella con rapidez. —Nada… que… —forcé una sonrisa—digo que… no es nada especial, solo es el típico jefe serio, ya sabes. Nada del otro mundo. Supongo que no debí decir eso. Ya me estaba mirando raro. Ella cruzó los brazos lentamente, inclinando un poco la cabeza mientras me observaba con sospecha. —Aja… Di un paso atrás, incomoda y nerviosa a la vez. Pero ella se acercó un poco mas, reduciendo la distancia entre nosostras. —¿Qué pasa? Has estado muy extraña desde que entramos a esa sala —dijo sin rodeos —. Y no me vengas con excusas baratas porque te conozco. —Emma… —No — me interrumpió, inclinándose hacia mí bajando la voz —. Dime la verdad. ¿Tienes algo que ver con el nuevo jefe?—silencio — ¿ Lo conoces? “ ¿Y ahora que se supone que le diga? Oh sí lo conozco. De hecho es el mismo imbécil que me engañó, me dejó embarazada y desapareció de mi vida como si nada. Ah , y no olvidemos el detalle de que … es el mismo hombre que maldices y sueñas con romperle la cara de un puñetazo día y noche. Y que por cierto, ahora es quien pagara nuestros salarios. Si, definitivamente suena como una conversación casual….” —No —respondí con firmeza, negando ligeramente con la cabeza —. No lo conozco. —¿Segura? —volvió a preguntar, sin apartar la mirada. —Completamente —añadi, sosteniendo su mirada esta vez —. Creo que estas imaginando cosas. Ella se quedó en silencio unos segundos más, como si estuviera evaluando cada palabra, cada gesto… buscando algo fuera de lugar. Y yo… simplemente me mantuve ahí, tranquila por fuera. Aunque por dentro… todo seguía siendo un completo desastre. ........... Valeria llevaba ocho minutos sentada en la sala de espera de la agencia. Empezó a sospechar que había revisado su portafolio tantas veces que, si lo habría una vez más, terminaría encontrando defectos que no existían. Así que optó por cerrarlo. Definitivamente, ya estaba. Había seleccionado sus mejores trabajos desde la llamada de Shannon, que terminó descartado otros tantos, volviendo a incluir dos y cambiando el orden tres veces antes de obligarse a dejarlo quieto. A esas alturas, cualquier modificación adicional probablemente sería producto del pánico y no del criterio profesional. Apoyó ambas manos sobre la carpeta que descansaba encima de sus piernas y soltó el aire lentamente. Era una reunión, nada más. Solo que con la mismísima Shannon Harris. Su cerebro parecía considerar irrelevante la parte de ⪻nada más⪼ La puerta situada al otro extremo de la sala se abrió y una mujer joven, vestida con pantalón oscuro y una blusa clara, se acercó hasta ella. —Señora Montiel, l
—Espero que me hayas llamado por un asunto importante — Adrián se alejó de la cama mientras la puerta del baño se cerraba detrás de Valeria. Del otro lado de la línea hubo un breve silencio.—Por el tono, parece que acabo de arruinar algo importante.Adrián miró hacia la puerta del baño. —Habla, Mark.—Siempre tan agradable. Algún día voy a extrañar profundamente tu calidez humana.—Colgaré si no tienes nada que decir.—Bien, bien. Ya entendí, jefe — la voz perdió parte de la burla — Sobre lo que me pediste, estuve averiguando qué demonios hacen Marco y Clarisa reuniéndose tanto en Eclipse.Eso consiguió toda su atención. Adrián caminó hacia uno de los ventanales.—¿Y?—No van allí únicamente a beber. Marco lleva semanas utilizando esas reuniones para acercarse a personas que normalmente no aceptarían verlo de manera oficial. La princesa de papi lleva semanas contactando discretamente a pequeños accionistas que empezaron a vender después del escándalo. Su familia está comprando esas a
No se acercó. Valeria permanecía en el mismo sitio, observando durante unos segundos más de los que habría querido admitir. Clarisa seguía junto a Adrián, demasiado cerca como para que la escena pasara desapercibida. Su mano continuaba aferrada al brazo de él mientras decía algo que Valeria no alcanzaba a escuchar. Y, por supuesto, la frase de Marco decidió regresar justo en ese momento. " Todos aquí piensan que son la pareja perfecta"Qué oportuno.Valeria apretó apenas los labios.Sabía perfectamente que Marco había dicho eso con una única intención. También sabía que Clarisa parecía tener una habilidad especial para invadir cualquier espacio donde estuviera Adían. Pero, aun así, la imagen frente a ella resultaba irritante. Adrián seguía conversando con el señor Kollerman cuando, casi por casualidad, levantó la vista.La encontró enseguida, y su atención cambio. Fue apenas un segundo, pero Clarisa también lo notó y terminó dirigiendo su mirada hacia donde él miraba y, al descubrir
Adrián terminó de escuchar al hombre frente a él, intercambió un último apretón de manos y aprovechó la primer oportunidad para apartarse del grupo. Ya había tenido suficiente. Buscó a Valeria con la mirada entre los invitados. Nada, no la encontró. La había visto alejarse hacía uno de los extremos del salón hacia unos minutos, pero ahora no estaba junto a las mesas ni entre los invitados que conversaban cerca de la pista. Estaba a punto de ir a buscarla cuando una voz conocida lo detuvo. —¿Adrián? Pensé que no tenías tiempo para venir. Adrián giró. El señor Kollerman se acercaba con una copa en la mano y aquella expresión afable que conservaba incluso después de décadas rodeado de empresarios. —Señor Kellerman. Mi padre no pudo asistir —respondió mientras estrechaba su mano—. Así que vine en su representación. Aunque ya sabe que este tipo de eventos no figura precisamente entre mis actividades favoritas. El hombre soltó una risa.—Lo sé. Siempre buscas la primera excusa
A los diez minutos, Valeria ya había entendido que aquella gala tenía muy poco de cena y muchísimo de estrategia. El champán era bueno, la música suficientemente baja para no estorbar negocios y las sonrisas estaban tan perfectamente colocadas que empezaba a sospechar que algunas personas habían practicado frente al espejo antes de salir de casa. Adrián, en cambio, estaba en su elemento. No parecía esforzarse por llamar la atención; la atención simplemente terminaba encontrándolo. Ella lo comprobó mientras permanecía a su lado con una copa que apenas había probado. En menos de quince minutos habían pasado frente a ellos empresarios, inversionistas, representantes de fundaciones y un par de apellidos que ella reconoció inmediatamente porque aparecían demasiado seguido en las páginas financieras. Lo curioso era que Adrián no la presentaba como si estuviera cumpliendo una formalidad, sino que la incorporaba. No permitía que las conversaciones giraran únicamente alrededor de él. Cua
.... —¡Tu hermano te hizo quedar como un idiota! , desmontó todo en menos de una hora y consiguió que varios accionistas que estaban empezando a dudar volvieran a cerrar la boca —soltó Clarisa finalmente—. Y tú estás aquí tomando como si nada... como si hubieras ganado. Marco dejó caer un cubo de hielo dentro del vaso y observó cómo desaparecía bajo el licor mientras Clarisa llevaba los últimos cinco minutos quejandose, con una irritación cada vez menos disimulada. Marco siempre había considerado las derrotas bastante útiles. El truco estaba en perder únicamente aquello que no necesitabas. Y eso, él parecía encontrarlo extraordinariamente entretenido. Marco levantó los ojos. —Porque gané. Clarisa lo miró como si acabara de confirmar alguna deficiencia mental importante mientras lo veía tomar del licor. —Quitarlo de esa silla en una reunión habría sido demasiado fácil. Y bastante aburrido. —¿Qué demonios pretendes? Una sonrisa pequeña apareció en su rostro. —Quiero que emp







