تسجيل الدخولSalgo rápidamente de mi auto cerrando la puerta tras de mí, sin olvidar, claro está, conectar la alarma de encendido a distancia, y entonces sí, me dirijo con rapidez hacia la librería al tiempo que cruzo la calle y guardo mis llaves en el bolso que llevo colgado al hombro. Luego, meto mis manos en los bolsillos de mi abrigo.
Hace mucho frío, pero qué menos puedo esperar si estamos en pleno invierno. No puedo esperar un sol radiante, eso sería mucho pedir << ¿cierto señor Sol? >>. Fijo mi mirada por un instante en el cielo esperando a que me responda, luego la bajo moviendo mi cabeza de un lado a otro para desechar mis locos pensamientos. <<¿A quién se le ocurriría hablarle al cielo esperando una respuesta del Sol?>> ¡Sólo a mí! Por lo menos debemos agradecer los pocos, por no decir casi nada, rayitos que, de repente, se escapan furtivamente para visitar el cielo gris que está sobre mi cabeza en estos momentos. Lo raro es que en este mismo momento no está lloviendo, pero estoy segura de que la lluvia no se hará esperar. Esta noche caerá una tormenta de esas en las que echaré de menos un cuerpo caliente que me abrace y abrigue, y me dé...<>. ¡Es mil veces mejor mi cobertor azul cielo, que ese maldito cuerpo medio caliente traicionero y mentiroso! ¡Aich! ¡Tengo muchos adjetivos en mente para él en este momento! Siento como mi sangre hierve de coraje. ¿Por qué me duele tanto? Si sólo me calentaba durante cinco minutos y luego todo giraba alrededor de su tremendo ego. Siempre era él aquí, él allá, ¿y yo? Yo no le daba importancia realmente; nunca me ha gustado ser yo aquí y yo allá, por eso lo dejaba ser. Sin darme cuenta que así, alimentaba más su ego. Suelto un suspiro acongojada al recordar lo ocurrido y una lágrima quiere escapar de mis ojos, pero ¡no! ¡Basta de llorar por un hombre que no valoró lo que teníamos! Aunque en realidad, no era nada lo que teníamos. Lo que de verdad me dolió fue el incumplimiento de esa maldita promesa que nos hicimos, "ser fiel el uno con el otro", ¿acaso era mucho pedir? Su engaño me duele, pero no hasta el punto de querer cortarme las venas, es sólo que me siento sola, y no estoy acostumbrada a estar sin él. Recuerdo cuando nos conocimos, fue en un bar donde una amiga me obligó a ir. Al verlo soy vi a un hombre superficial y vacío. Nadie con quien me interesara involucrarme, pero al parecer él no opinaba lo mismo de mí ya que se acerco he hizo de todo por interesarme. No puedo negar que su labia y humor cambiaron un poco lo que pensé de él a simple vista. Y bueno, nos seguimos viendo y acordamos ya que ninguno de los dos quería buscar amor, tener una relación de sexo, compañía y fidelidad. ***Flashback... — Sabes que ahí metida en la oficina nunca encontraras a un hombre a quien amar y que ames, o... ¿No me digas que te gustan las mujeres y que tienes un enamoramiento por algún imposible, y que es por eso que no sales a un bar a divertirte? –pregunta Flor, mi asistente desde hace no me acuerdo cuánto, solo sé que se ha ganado el derecho a llamarme de tú a tú, y que con esa preguntadera me deja más mareada que la margarita que estoy probando, que casi escupo por su culpa. —No, no me gustan las mujeres, es solo que no estoy interesada en divertirme. Creo que es más provechoso y menos doloroso trabajar. — Pero si ya casi estas casada con tu trabajo, ¿qué te parece si te divocias de él un ratito? Mira jefa, cada hombre es un país por conquistar, ya sabes, y tener sexo es como bailar... –la miro perpleja sin comprender que me está diciendo– esta bien, no importa. Solo enfócate en disfrutar y divertirte un rato. —Esta bien. –me encojo de hombros medio aburrida, la música esta fuerte, el olor a alcohol, transpiración y demás llega de a poco a mi nariz. A Flor se le acerca un tipo, ella le coquetea, y creo que encontró a un país por conquistar. Ella se disculpa y dice que ya vuelve. Miro a muchos bailando en la pista, como se mueven y apretujan, rozandose entre sí. —¿Aburrida preciosa? –me vuelvo hacia la voz que susurro a mi oído apartandolo por inercia. No estoy acostumbrada a que se me acerquen tanto. — Para nada. –digo sin siquiera echarle un vistazo a quién sea que está a mi lado dándoselas de galán, mi subconsciente me dice alejate de él. —¿Bailas? –vuelve a interrumpir mi cita con mi creo, tercera margarita. —Sí. –digo cortante. —Genial, entonces vamos. –su voz me tiene fastidiada. —Pero sola, gracias. –y entonces nuestros ojos se encuentran. No es mal parecido, lo detallo por completo, no tengo experiencia en tener algo amoroso con alguien, pero incluso le daría mi primera vez solo para dejar de ser virgen– ¿tienes alguna enfermedad de transmisión sexual? — Espera, ¡¿Qué?! Yo... No. –sus ojos están abiertos como platos–siempre me cuido. — ¿Eres de la mafia, asesino en serie o algo así? —¡No! –parece horrorizado negando. —Bien, vamos a bailar. –él me mira aturdido, mientras yo lo tomo de la mano. Lo guió hacia uno de los salones que dice privado, ya que estoy en la parte vip, no es difícil encontrar algo vacío. Abro una puerta y lo meto dentro de ese cuarto. Detallo el lugar, y no está tan mal para lo que tengo en mente–¿sabes qué hacer para bailar, cierto? —Yo... ¿Qué quieres decir? –me mira confuso. —Sexo, soy virgen y quiero hacerlo aquí. Pensé que sabías. Según Flor, bailar es eso, así se le dice ahora. —No, no... –lo miro desconcertada, no es posible que sea virgen también. — ¿No sabes bailar? — No, digo sí... —Entonces a lo que vinimos. —creo que el alcohol en mi sistema fue más del que pensé. Lo tomo por la chaqueta que trae encima y lo acercó. Nuestros labios hacen contacto, y ya de ahí solo me deje llevar. Fin del flashback*** Pfff si tan solo hubiera hecho caso a mi subconsciente que me gritaba "¡aléjate de él!" Cosa que no hice, y entre la espectativa, la curiosidad, y luego el dolor. Porque para que miento, esa primera vez no fue tan memorable en absoluto, aún y con alcohol. Luego ya con la práctica mejoró, o creo que sí, porque hasta el momento no tengo con quien comparar nuestros encuentros íntimos. Muevo mi cabeza, las decisiones que tome es imposible cambiarlas ahora, solo tengo que verle el lado bueno, me sirvió de experiencia. Para bien o para mal, o como dicen por ahí, las cosas pasan por algo. Pasó, porque tenía que vivirlo, conocerlo y hacerlo parte de mi vida. Cada persona llega a nuestras vidas a enseñarnos algo, que nos prepara para seguir adelante o mantenernos en pausa. Solo depende de cada persona como seguir. Y dirigiéndome a la puerta principal de la librería, entro haciendo tintinear una campañilla que hay en ésta. Adela, quién al verme corre hacia mí, me toma del brazo con premura llevándome con ella a donde se encuentran los demás reunidos. No me doy ni cuenta cuando llegamos a la sala donde nos reunimos. Es una sala grande y acogedora que sólo se ocupa para nuestras reuniones.  🍒 Gracias por leerme🍒El día en que nacieron Aziel y Zia fue el más maravilloso y doloroso de mi vida. Doloroso no solo por el parto, sino porque recordé todo lo que habíamos atravesado para llegar hasta este preciso momento. El miedo, la pérdida, la mentira, el secuestro, la espera... Y ahora estando en el quirófano, bajo una luz blanca brillante, que solo alumbra. Me siento triste y feliz. Antonio esta a mi lado. No como un recuerdo. No como un fantasma. Esta aquí, sosteniendo mi mano con una fuerza que me ancla a la vida cada vez que siento que ya no puedo más. —Mírame, amor... –me dice con la voz quebrada, al ver que me duele– Ya casi están aquí. Tú puedes. Y yo aprieto su mano, cierro los ojos, y pujó cada vez que las contracciones aparecen. No solo para traer a nuestros hijos al mundo, sino para expulsar todo lo que alguna vez intentó destruirnos. Adela quedo en la sala de espera, junto a Ivi, Ezrah y Nate qué vino de visita. Otra contracción me hace apretar los dientes y llor
🌸Abril🌸 Los últimos rayos de sol de la tarde entran por la ventana, iluminando la habitación de nuestra casa. Es un sol que no quema, sino que acaricia. Me siento en la cama, respirando profundo, con mi mano sobre el vientre. Los movimientos de los bebés han sido más seguidos, sobretodo cuando escuchan la voz de su padre. Antonio... Quien por cierto está frente a mí, tocando mi vientre con suavidad. Sus ojos ya no son los de un hombre perdido; reflejan calma, amor, felicidad y la determinación de cuidar lo que le ha sido dado de nuevo. —Están moviéndose de nuevo. –digo, con una sonrisa temblorosa. —Sí, los siento. Pero no has dormido nada mi amor. Solo unos diez minutos como mucho.–responde él, tocando y mirando mi vientre con ilusión, y amor– Es increíble… estamos realmente aquí, otra vez. Y ellos son el fruto de nuestro amor. A veces, me parece un sueño. No puedo evitar que las lágrimas escapen, pero esta vez no son de dolor, sino de alivio y gratitud. Cada recuerdo oscur
🏵️Antonio🏵️ Rio observa desde la esquina. Su rostro es una máscara de ira contenida y miedo. Bianca, o mejor dicho, Carla, está detrás de él, temblando, derrotada por completo. No hay más plan, no hay más control. Solo caos. —No puedes escapar de nosotros, traidor...–gruñe la última palabra Rio, pero su voz tiembla. —¿Escapar?... Estoy volviendo a donde pertenezco. –respondo con voz firme. El caos detrás de mí se intensifica: Río intenta recuperar el control, gritando órdenes que nadie más escucha. Carla por su parte se desploma en el suelo, temblando de rabia y frustración al ver que ya no tiene el poder. Ya no hay manipulación posible, ya no hay miedo que la sostenga. A nuestro alrededor, la policía ha intervenido discretamente. Apuntando con sus armas a Rio y a la mujer que pagó para que me secuestraran. Están bajo control, sin que ninguno pueda moverse. La evidencia física que encontraron, y papeles falsos, han sido suficiente para obligarlos a quedarse quietos. Carl
🏵️~~Damian~~🏵️ Despierto atado. No con cuerdas. Con límites invisibles. Con una sensación espesa en el cuerpo que me dice que he sido contenido, con cuidado. La cabeza me late. La memoria sigue fragmentada, pero ahora hay algo nuevo: rabia. Bianca está sentada frente a mí. Ya no sonríe. —No debiste hacerlo. –recrimina. —No debiste mentirme Carla. –respondo. Sus ojos se endurecen. Por primera vez no intenta disimularlo. —Te di un lugar, cuando nadie creyó en ti. –contesta– Te salvé. –Y pague caro esa ayuda, ¿recuerdas? Te adueñaste de los derechos de esos dos libros. –digo medio somñoliento todavía– y ahora, me secuestraste, y escondiste. Silencio. Rai entra detrás de ella. Camina con menos calma que antes. Algo se le ha resquebrajado. —Esto se está saliendo de control. –le recrimina. —No puedo borrarle la voluntad. –replica ella– Solo la memoria. —Entonces hazlo mejor esta vez. Ella se gira, furiosa. —No soy una máquina. Yo observo. Callado. Aprendie
🏵️~~Damian~~🏵️ Es de noche cuando de repente tomo un lápiz y hoja, y comienzo a escribir. Mis manos saben hacerlo. Palabras que no reconozco, pero que salen con urgencia. Hablan de fuego. De una mujer que llora. De una promesa rota. Palabras que no coinciden ni describen a mi supuesta esposa. —Esto no es real...–dice Bianca apareciendo de la nada, quitándome la hoja. Al leerla, la rompe nerviosa y enojada. —¿Real, para quién? –pregunto. No responde. Y esta noche, por primera vez, entiendo algo con claridad: No me esta cuidando. Me esta vigilando, constantemente. Y me está escondiendo algo. Entonces, el recuerdo llega sin aviso. No es una imagen clara. Es un sonido. Vidrio rompiéndose. El cuerpo se me tensa de golpe, como si estuviera otra vez ahí. Veo fuego: lo siento. El calor. El olor. El humo entrando a los pulmones. Escucho mi nombre. No Damian. Otro. Uno que me atraviesa el pecho. —Antonio… –murmuro sin darme cuenta. La mujer se congela
~Abril~ El embarazo no alivió el dolor. Lo transformó. Ahora el duelo tenía peso, tenía pulso, tenía noches en las que me despertaba con la mano sobre el vientre, intentando entender cómo algo podía crecer dentro de mí mientras todo lo demás seguía roto. Adela se quedó a dormir conmigo desde que salimos de la clínica. Dice que es por precaución, pero sé que también es miedo. Miedo a dejarme sola con mis pensamientos. —Tienes que comer. –me repite–Ya no estás sola. No responde cuando le digo que nunca lo estuve. Que siempre he estado acompañada por su ausencia. A veces hablo con él en voz baja. No como si estuviera muerto, sino como si estuviera lejos. Le cuento del cansancio, del mareo, del miedo de no saber si seré capaz. Le digo que lo extraño. Que sus hijos laten donde antes solo había vacío. Adela me observa en silencio. Cada día más. Como si estuviera buscando algo que no termina de encajar. —Abril, hay algo que tengo que contarte. –me dice una mañana— Ezrah estuvo h







