Share

Capítulo 23

Author: Paula C
last update publish date: 2026-03-26 11:51:39

El frío del pabellón de aislamiento en el ala norte de la mansión Vance no era un frío climático; era un frío molecular, de esos que se instalan en la médula ósea y te recuerdan que el mundo ha dejado de ser un lugar seguro. Habían pasado exactamente cuatro horas y doce minutos desde que los guardias de Dante la habían arrastrado por los pasillos, con sus pies descalzos rozando el mármol frío, hasta arrojarla en aquel cuarto de paredes acolchadas.

​Elara estaba sentada en un rincón, con la es
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • Cadenas de odio: La esposa equivocada    Epílogo

    Los pasillos de la residencia guardaban las huellas de los últimos cinco años: marcos con fotografías de sus viajes a la playa, dibujos coloridos pegados en la cocina y un perchero donde las chaquetas de Dylan colgaban un poco más abajo que las de los gemelos. Mateo y Amara se habían convertido en el eje protector del más pequeño. Mateo vigilaba que Dylan no olvidara sus juguetes por el jardín, mientras Amara no se separaba de él, disfrutando de cada momento a su lado. El sol de la tarde iluminaba el jardín. Recostados en las tumbonas frente al césped, Dante y Elara se mantenían abrazados, disfrutando de la brisa. Él la atrajo contra su pecho, inclinándose para susurrarle al oído lo hermosa que estaba. Elara le dedicó una sonrisa mientras apoyaba su mano en la cintura de él, con la vista fija en sus hijos. Unos metros más adelante, Dylan corría persiguiendo un coche a radio control que Mateo manejaba desde la distancia. El pequeño reía con fuerza cada vez que el vehículo esquivaba

  • Cadenas de odio: La esposa equivocada    Capítulo 202

    Elara se llevó una mano a la espalda, sintiendo el peso de su vientre mientras caminaba por la cocina. Aquellos meses de espera, que al principio parecieron una eternidad, se habían esfumado en un suspiro, y aunque aún faltaban unos días para la fecha prevista, una punzada inusualmente fuerte la hizo detenerse en seco. El vaso que sostenía en la mano resbaló de sus palmas, y cayó al suelo, rompiendo la quietud de la tarde. Elara se apoyó con todas sus fuerzas en el borde de la encimera, conteniendo el aliento. Sintió un líquido caliente empaparle las piernas y el vestido, extendiéndose con rapidez por el piso. El bebé había decidido adelantarse. Una contracción intensa y desgarradora la obligó a doblarse por la mitad, cortándole la respiración por completo. En la sala, Dante estaba distraído con los niños cuando el estruendo del cristal rompiéndose lo puso en alerta. El sonido, inesperado y alarmante, lo hizo ponerse en pie de un salto. Dejando atrás a los pequeños, corrió hacia l

  • Cadenas de odio: La esposa equivocada    Capítulo 201

    El frío de diciembre se consolidó con una ventisca que cubrió por completo Nueva York. Dentro de la suite de la clínica privada, el ambiente era muy diferente; la temperatura se mantenía templada y el suave zumbido del monitor de ultrasonido llenaba el espacio con un compás constante. ​Dante permanecía de pie junto a la camilla, con una mano metida en el bolsillo de su pantalón y la otra sosteniendo los dedos de Elara sin soltarla ni un segundo. Sus ojos estaban fijos en la pantalla donde el obstetra movía el transductor sobre el vientre de ella, que ya dibujaba una curva evidente bajo la bata médica. En las sillas del rincón, Mateo y Amara observaban en silencio, fascinados por las formas grises que cambiaban en el monitor. ​—Muy bien —dijo el médico, ajustando la imagen—. El ritmo cardíaco es fuerte y el bebé se está desarrollando perfectamente para la semana dieciséis. Todo marcha impecable, Elara. ​—¿Ya podemos verlo? —interrumpió Amara, bajándose de la silla de un salto y a

  • Cadenas de odio: La esposa equivocada    Capítulo 200

    La puerta pesada se abrió y Dante entró quitándose el abrigo largo, sacudiendo los restos de nieve de los hombros. Detrás de él entraron Marcus y dos empleados más, cargando un pino fresco y frondoso junto con varias cajas grandes y elegantes, repletas de esferas y luces nuevas que Dante había mandado comprar de inmediato tras la llamada. Los niños vitorearon al ver el despliegue, y Amara se abalanzó sobre su padre. Dante se agachó para recibir el impacto de la niña, que se le colgó del cuello. —¡Eres el mejor, papá! —exclamó ella, feliz. Dante la alzó en vilo sin el menor esfuerzo, pero sus ojos buscaron por instinto a Elara sobre la cabeza de la pequeña. La recorrió con la mirada, deteniéndose en las líneas de su rostro para asegurarse de que no hubiera rastros de fatiga. Luego, les indicó a los empleados dónde acomodar las cosas antes de que se retiraran discretamente. —Primero vamos a comer algo —dijo Dante, bajando a la niña al suelo antes de caminar con paso firme hacia El

  • Cadenas de odio: La esposa equivocada    Capítulo 199

    ​El olor del café por las mañanas, que antes era su parte favorita del día, se había convertido en el primer enemigo de Elara. ​Dejó la taza intacta sobre la encimera de la cocina y se apoyó contra el mueble, esperando a que el leve mareo que le subía por la boca del estómago se disipara. Solo eran seis semanas de embarazo, pero su cuerpo ya empezaba a dictar sus propias reglas, ajeno a la rigurosa agenda médica que ella pretendía mantener en su clínica. ​Unos pasos firmes y pausados rompieron el silencio de la planta baja. No le hizo falta darse la vuelta para saber que era él; el magnetismo de Dante siempre llenaba la habitación antes de que él siquiera hablara. ​Dante cruzó el umbral vestido con su traje de sastre gris oscuro, impecable, aunque traía la corbata un poco floja. Se detuvo en seco al ver la taza de café llena y el rostro ligeramente pálido de Elara. Sus cejas se juntaron de inmediato. —¿Estás bien? —preguntó, con un matiz de genuina preocupación en la voz. ​

  • Cadenas de odio: La esposa equivocada    Capítulo 198

    ​La clínica privada estaba envuelta en un silencio pulcro cuando Elara bajó del coche. Solo habían pasado un par de semanas desde que confirmaron su propio embarazo, pero esa mañana el destino tenía otros planes. Sophie se había puesto de parto de madrugada. ​Al empujar la puerta de la suite de maternidad, la tensión de la clínica desapareció. Sophie estaba recostada en la cama, cansada pero con un brillo radiante en los ojos. A su lado, Thomas no se separaba de ella ni un segundo; le sostenía la mano con devoción mientras contemplaba la pequeña cuna de cristal junto a ellos. ​Había nacido una niña. ​—Mírala, Elara —susurró Sophie en cuanto la vio entrar, con la voz pastosa pero cargada de una felicidad desbordante—. Es perfecta. ​Elara se acercó a paso rápido, conteniendo el aire. Al asomarse a la cuna, sintió un vuelco en el corazón. La bebé era diminuta, con un rastro de pelo oscuro y los puños cerrados junto a la cara. Thomas saludó a Elara con un abrazo corto y una sonris

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status