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Capítulo 4 — El expediente incompleto

Autor: Chelencho
last update Fecha de publicación: 2026-05-31 15:34:25

El presupuesto llegó al día siguiente, impreso en una hoja sin membrete, con cada partida desglosada a mano junto a fotografías numeradas del tejado y la fachada norte. Marie lo leyó dos veces en el mostrador de Dolci Sogni antes de guardarlo en el cajón de las cuentas, todavía sin decidir nada.

Fue la propia signora Rossi quien, comprando un cuarto de kilo de trufas de avellana, le dio el primer nombre que no venía de Octavio.

—Pregúntale al Dottore Falchi por qué le dieron a él la tasación y no a Alessandro —dijo, bajando la voz como si la información pesara—. Hay más detrás de esa historia de lo que parece.

Esa misma tarde, Marie fue a la notaría con la excusa de firmar unos papeles pendientes de la herencia. Dottore Falchi, un hombre menudo de gafas gruesas, no tuvo reparos en hablar cuando ella preguntó directamente.

—Serra llegó al pueblo hace ocho meses con un contrato del programa de repoblación rural: si demuestra empleo estable y arraigo, puede solicitar la residencia permanente en dos años. Alessandro presentó una queja al ayuntamiento alegando que un extranjero no debería valuar propiedades locales sin colegiación italiana. No prosperó, pero le costó a Serra un mes de papeleo y una carta de la embajada.

—¿Una carta de qué embajada?

Falchi dudó, como si hubiera dicho más de lo que debía.

—Eso, signorina Soler, tendría que preguntárselo a él. No es mi lugar contarlo.

Marie salió de la notaría con más preguntas que respuestas y una sensación incómoda: la de haber estado a punto de tocar algo que Octavio no le había contado por completo.

Lo encontró esa tarde en la plaza, tomando un café solo en la terraza frente a la fuente, con la misma libreta de tasación abierta sobre la mesa, llena de cálculos.

—¿Qué carta de la embajada, Octavio?

Él levantó la vista despacio. No pareció sorprendido de que ella lo supiera; pareció, más bien, aliviado de no tener que ser quien sacara el tema primero.

—Estados Unidos —dijo—. Antes de venir a Italia trabajé allí seis años, en construcción. Hubo una acusación falsa contra la cuadrilla en la que trabajaba, un robo de material que ninguno de nosotros cometió, y como yo no tenía los papeles en regla en ese momento, fui el más fácil de deportar. Mi caso de residencia aquí necesita un testimonio que aclare esa acusación... y la persona que podría darlo es alguien con quien no hablo desde entonces.

—¿Por qué no me lo contaste tú, en vez de que lo descubriera por el notario?

—Porque contártelo bien hecho, con calma, me daba miedo que sonara a excusa para pedirte algo antes de que confiaras en mí por otras razones. —Cerró la libreta—. Preferí ganarme primero lo segundo.

Marie se sentó frente a él, sin que se lo pidiera.

—Prefiero las versiones completas, aunque sean feas. Las versiones a medias son las que después duelen más.

Octavio asintió, despacio, como si acabara de aprender una regla que pensaba respetar el resto del tiempo que pasaran juntos.

—Entonces la próxima vez, versión completa. Aunque no la pidas.

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