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Author: Mell Evans
last update publish date: 2026-05-25 02:42:45
Enzo Caravelli

La espesa niebla de Veredonia parecía haber invadido mi oficina en Caravelli Importazioni. Yo estaba sentado detrás del escritorio de nogal, pero mis ojos ignoraban por completo los manifiestos de carga de Porto Nero esparcidos frente a mí. La cabeza me latía con un dolor punzante, reflejo directo de la pesadilla de la madrugada anterior y, sobre todo, del ardor que aún permanecía en mis labios.

El beso en el jardín había sido una explosión de pura dinamita, pero el rechazo de Chi
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  • Casada con el heredero del don de la mafia    26

    Enzo CaravelliFrente al espejo del baño, observé mi propio reflejo con una atención que no me dedicaba desde hacía años.La navaja atravesó la espuma de afeitar con precisión quirúrgica, revelando la línea dura de mi mandíbula. Me lavé el rostro con agua fría, me sequé con una toalla y sostuve la mirada de aquellos ojos negros que, durante la mayor parte de mi vida adulta, solo habían reflejado órdenes, rutas de contrabando y sentencias de muerte.Pero hoy era diferente. La carpeta negra con el historial de Chiara seguía guardada bajo llave en mi escritorio, pero cada palabra de aquel informe médico se había quedado grabada en mi mente. Ella no me había mentido.El accidente le había arrebatado los años más importantes de su vida. Me había borrado de su memoria. Y saberlo cambiaba absolutamente todo. El odio desapareció. La irritación se evaporó.Y en su lugar quedó una necesidad visceral de reparar aquello que el destino había destruido.Peiné mi cabello oscuro con más cuidado de lo

  • Casada con el heredero del don de la mafia    25

    Chiara BelliniMe arrastré fuera del jardín con las piernas todavía temblorosas, sintiendo el peso de aquella mirada desconocida de Enzo clavado en mi espalda. Subí las escaleras de la mansión como un fantasma, entré en mi habitación y cerré la puerta con llave, dejando que el silencio del lugar me envolviera por completo. Me acomodé bajo el pesado edredón, intentando calmar el torbellino de pensamientos que aquella breve y extrañamente amable conversación había provocado en mi mente.Me di vueltas en la cama una y otra vez, hasta encontrar una posición cómoda para dormir... Pero el sueño no me trajo paz.Me arrastró hacia abajo. No como un descanso. Sino como una caída libre y violenta a través del tiempo. Y, de repente, estaba allí. Realmente allí.El escenario se materializó con una nitidez aterradora, con una riqueza de detalles que mi mente consciente jamás habría sido capaz de inventar.Estaba caminando por los pasillos del antiguo colegio de Veredonia.Podía sentir el intenso o

  • Casada con el heredero del don de la mafia    24

    Chiara BelliniEl agotamiento acumulado de otro día extenuante en Venturi & Associados parecía haberse infiltrado directamente en mis huesos. Lidiar con el peso de dirigir el bufete, soportar las miradas curiosas de los empleados y mantener la mente enfocada en casos complejos, todo mientras intentaba digerir la amenaza de aquella llamada anónima, había consumido mis últimas reservas de energía.En cuanto el coche negro cruzó los portones de la mansión Caravelli, sentí que la opresión familiar en mi pecho disminuía apenas lo suficiente para permitirme respirar de verdad.Subí directamente a mis aposentos. Lo primero que hice fue tomar el móvil y enviarles un mensaje a mis abuelos. Mi corazón se calmó un poco cuando la pantalla se iluminó con la respuesta de Giulia:“Estamos bien, bambina. Pietro está viendo la televisión y yo acabo de preparar las galletas que te gustan. No te preocupes por nosotros, descansa.”Saber que estaban seguros bajo la promesa de los Caravelli era el único fa

  • Casada con el heredero del don de la mafia    23

    Enzo CaravelliLa descripción seca del informe policial hizo que mi sangre se congelara dentro de las venas. La imagen se formó en mi mente con una crueldad devastadora: Chiara caminando sola bajo una lluvia fina y cortante, con el rostro escondido bajo la capucha, perdida en el laberinto de su propio dolor, sin rumbo, sin decirles a sus abuelos desesperados hacia dónde iba. Y entonces, el impacto violento. El sonido del metal golpeando su pequeño cuerpo, el vehículo acelerando en la oscuridad, y ella cayendo sobre las piedras frías de la calle, con la sangre rubia mezclándose con el agua de lluvia sobre el asfalto de Veredonia.Estaba sola.Porque yo no estaba allí para sostenerle la mano.Todo era culpa mía.Solté una maldición entre dientes, apreté la mandíbula con fuerza, odiando aquella verdad, odiando ser el culpable… pero seguí leyendo. Necesitaba saberlo todo.“Evolución clínica: La paciente ingresó en estado crítico, presentando traumatismo craneoencefálico severo. Permaneció

  • Casada con el heredero del don de la mafia    22

    Enzo CaravelliLa espesa niebla de Veredonia parecía haber invadido mi oficina en Caravelli Importazioni. Yo estaba sentado detrás del escritorio de nogal, pero mis ojos ignoraban por completo los manifiestos de carga de Porto Nero esparcidos frente a mí. La cabeza me latía con un dolor punzante, reflejo directo de la pesadilla de la madrugada anterior y, sobre todo, del ardor que aún permanecía en mis labios.El beso en el jardín había sido una explosión de pura dinamita, pero el rechazo de Chiara, sus ojos color avellana desbordando una rabia genuina, y su voz ronca ordenándome que nunca volviera a tocarla seguían arañando el interior de mi cráneo. Su insistencia en tratarme como a un completo desconocido estaba volviéndome inquieto. Peligrosamente inestable. Una parte de mí, el monstruo posesivo moldeado por mi tío, gruñía diciendo que estaba jugando conmigo, castigándome con un juego sádico por haberla abandonado en el pasado. Pero otra parte, aquella que todavía conservaba la pure

  • Casada con el heredero del don de la mafia    21

    Enzo CaravelliLa escena del sueño cambió abruptamente. Las paredes cubiertas de sangre se derrumbaron, dando paso al gris apagado del cementerio municipal de Veredonia.El velorio fue un borrón de abrigos negros, paraguas abiertos bajo una llovizna persistente y susurros de hombres de la mafia a quienes apenas conocía. Yo permanecía de pie frente a los dos ataúdes sellados, sintiendo un dolor tan denso, tan insoportablemente pesado, que un chico de mi edad simplemente no tenía palabras ni estructura emocional para cargarlo.Estaba paralizado. Mi mente había entrado en un estado de shock tan profundo que no conseguía llorar, no conseguía hablar, ni siquiera podía sentir el frío que atravesaba mi ropa.Era un fantasma entre los vivos. Entonces el milagro ocurrió otra vez, aunque de una forma distinta. Entre la multitud de rostros sombríos y miradas llenas de lástima condescendiente de los asociados de mi tío, un rostro destacó. Una grieta de luz pura en medio de aquella tormenta negra.

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