ログインCuando vio el contenido, su respiración se detuvo.
Era un certificado de matrimonio. Las palabras “Certificado de Matrimonio” le atravesaron los ojos como cuchillas. Había estado comprometida con Mauricio durante tres años… pero jamás se casaron. Su familia, especialmente su padre, se opuso con firmeza. Su madre solo aceptó entregar las acciones después de cuatro años de convivencia. Pero antes de que ese tiempo se cumpliera, Mauricio mostró su verdadera cara. No solo la traicionó. Le robó Industrias Taylor. Y se comprometió con Pamela. Ahora lo entendía todo. Mauricio nunca la amó. Solo actuó. Cuando su padre la expulsó de la familia, ella creyó que Mauricio estaba deprimido por culpa y amor. En realidad, ya planeaba abandonarla… hasta que descubrió el testamento de su madre. Si no hubiera sido por esas acciones, él la habría dejado mucho antes. Mirando el certificado que había esperado durante años y nunca recibió, la indignación la invadió. Lo abrió con manos temblorosas. El nombre de la mujer: Camila Taylor. Su número de identificación estaba claramente impreso. No había error. El nombre del hombre: Gabriel Montalbán. El protagonista absoluto del banquete de esa noche. El hombre más rico del mundo. El objeto de deseo de todas las mujeres presentes. Camila levantó la vista, completamente atónita. —¿Que…? —murmuró—. ¿Este certificado de matrimonio… es del señor Gabriel Montalbán y mío? ¿Cuándo se había casado con el joven amo de la familia Montalbán? Lo más absurdo era que ni siquiera sabía cómo era Gabriel Montalbán. Nunca lo había visto en persona. Entonces… ¿por qué tenía en sus manos un certificado de matrimonio con su nombre? Además, aquel certificado no tenía fotografía. Era demasiado sospechoso. Esto debe ser falso, pensó. Después de todo, los certificados de matrimonio falsos se podían conseguir fácilmente en cualquier calle. Eran baratos, vulgares y comunes. Convencida de que se trataba de una broma cruel, estuvo a punto de tirarlo. Sin embargo, cuando vio claramente impreso su número de identificación, dudó. Eso no era algo que cualquiera pudiera falsificar. Molesta, arrojó la bolsa del embalaje y guardó el certificado en su bolso con aparente indiferencia, aunque su corazón latía con fuerza. Esa noche, Camila acudió a la cena de la familia Montalbán. Su abuela había sabido que rompió con Mauricio y, preocupada por su estado emocional, le envió una invitación al banquete con la excusa de que hiciera nuevos contactos y se animara. Aunque Mauricio le arrebató Industrias Taylor y su padre aún se negaba a aceptarla, su abuela nunca dejó de protegerla. Al entrar al salón, Camila quedó cegada por las luces, el aroma del vino caro y la presencia de mujeres bellas y elegantes. Aquello no hizo más que hundir su ánimo. Así que salió del salón y caminó hacia el jardín. Fue entonces cuando, al girar una esquina, los vio. Mauricio tenía una mano apoyada en el tronco de un árbol antiguo, atrapando a Pamela entre su cuerpo y la corteza. Bajó la cabeza con una postura íntima y seductora. —Pamela… ¿sabes qué hora es ahora? —susurró con voz baja y provocadora. —Las siete y cuarenta —respondió ella. —No —dijo él con una sonrisa peligrosa—. Es la hora de que comience nuestra felicidad. Pamela se puso de puntillas, emocionada, y lo besó sin reservas. Camila sintió náuseas. Esas palabras… Él se las había dicho antes a ella. “Camila, ¿te casarías conmigo?” “Ten cuidado con tu boca… podría besarte en cualquier momento.” “¿Sabes qué hora es? Es la hora de que comience nuestra felicidad.” Las mismas frases. Las mismas mentiras. Ahora, escucharlas de nuevo la enfermaban. Justo cuando decidió marcharse, Pamela la vio. —¡Camila! Pamela la arrastró frente a Mauricio. La observó de arriba abajo con una sonrisa arrogante y habló con desprecio: —Vaya, te arreglaste mucho esta noche. ¿Buscas un sugar daddy en la fiesta? Pero qué lástima… eres usada. De segunda mano. Sin talento, sin valor. ¿De qué sirve ser bonita? Aunque… si estás desesperada por casarte, puedo presentarte a un viejo rico que acaba de enviudar. Seguro te acepta. Camila sonrió con frialdad. —¿Crees que Mauricio es un hombre bueno? Pero, lamentablemente, él me engañó, rompió conmigo y me robó todo lo que tenía. Así que, sinceramente, no creo que ustedes dos terminen bien. Cuidado por que puede hacerte lo mismo en cualquier momento. —¡Camila, deja de decir estupideces! —la interrumpió Mauricio con voz dura—. Rompí contigo porque tú me engañaste primero. ¿Robarte tu dinero? Ridículo. Todo lo gané con mi propio esfuerzo. Además, Pamela me ama de verdad. Después de tu infidelidad, nos enamoramos. Nunca la traicionaré. Había algo más que no se atrevió a decirle. Tras la muerte de la madre de Camila, su padre se casó con la madre de Mauricio. Desde el principio, Camila no fue más que un trampolín para él y su madre. El padre de Camila la expulsó. Su madre murió. Y la madre de Mauricio ocupó su lugar. Eso significaba que todo el futuro de la familia Taylor acabaría en manos de Mauricio. No solo quería Industrias Taylor. También quería la fortuna de su padre. Porque, en su mente retorcida… Camila se lo debía. Camila se burló con una risa fría. —¿Yo hice trampa primero? —rio—. Conoces perfectamente la verdad. No seas tan descarado. Me da asco escuchar una sola palabra más de tu boca. —¡Camila! —Mauricio estalló de ira y levantó la mano. Antes de que pudiera tocarla, Pamela lo detuvo suavemente. —Mauricio, cálmate —dijo con voz dulce—. Sus excusas no sirven de nada. Toda la alta sociedad de Chicago sabe que ella fue infiel y la atrapamos en el acto. Además, soy de la noble familia Montalbán… y tú eres mi futuro esposo. No vale la pena arruinar el cumpleaños de mi hermano por alguien como ella. —¿El cumpleaños de tu hermano? —Camila frunció el ceño. ¿Gabriel… era su hermano? Eso era imposible. Pamela se apellidaba Montalbán, sí, pero no pertenecía a esa familia. Se conocieron en la universidad. Pamela era huérfana. Camila lo recordaba con total claridad. Pamela alzó la barbilla con orgullo, como un pavo real. —Así es —dijo triunfante—. Gabriel es mi hermano biológico. Soy la hija querida de la familia Montalbán. Esta noche, la familia me presentará oficialmente en el cumpleaños de mi hermano. Camila… ya no puedes compararte conmigo. Eres peor que una perdedora. Eres una mendiga. Camila se quedó atónita. No esperaba eso. Pero no podía permitirse perder. Alzó la barbilla con la misma altivez y respondió con desprecio: —¿Gabriel es tu hermano y tú eres una Montalbán? Qué coincidencia… porque yo soy la esposa de Gabriel. Me he convertido en la esposa del joven amo de la familia Montalbán. Sus ojos brillaron con desafío. —¿Crees que debería hablarte con este tono?Pensó que todo lo que él decía era verdad. Sin embargo, Pamela le confesó personalmente que Mauricio no tenía ninguna disfunción sexual. Al contrario, durante los tres años posteriores al compromiso, ¡había canalizado todos sus deseos hacia Pamela! Camila pensó que ella le resultaba desagradable. Sin embargo, ¡ahora la obligaba a besarlo! Eso era lo que ella había esperado antes… Pero ahora, para ella, era tan sucio y repugnante como el lodo. ¿Por qué la trataba así? ¿Por qué? Ella lo amó sin reservas, lo dejó todo por él, y él desperdició su amor sin el menor escrúpulo. La envió a la cama de otro hombre, le arrebató la compañía de su madre y rompió con ella. Y aun así, creía que ella seguía amándolo… ¡Qué ironía! ¡Su amor por él no había servido de nada! Esa noche, Camila se emborrachó en la casa que alquilaba. Al día siguiente, continuó buscando trabajo. Su abuela seguía llamándola, rogándole que regresara con la familia y asegurándole que siempre tendría un lugar allí. Pero
Camila se sorprendió por su violencia y palideció. Sin embargo, al mirarlo, no perdió firmeza en su actitud. —¿Hacerme rica acostándome con él? ¿Estás hablando de ti mismo? El chico pobre que no tenía nada hace cinco años consiguió todo lo que tiene hoy fingiendo amarme, ¿no es así? Mauricio tensó los dedos al verse herido en su punto más sensible. Sus ojos furiosos parecían dispuestos a lanzar dagas en cualquier momento. La mujer frente a él se veía cada vez más refinada y hermosa con el paso del tiempo. Camila y Pamela eran completamente diferentes. Pamela era hermosa, pero algo vulgar; en cambio, Camila no solo tenía una figura encantadora capaz de atraer todas las miradas, sino también unos rasgos delicados que transmitían una frialdad natural. Si Pamela era una flor ostentosa en el mundo mundano, Camila era como un loto en aguas cristalinas, admirable desde la distancia. Sabía que Camila era hermosa, pero eso no tenía sentido. Ella no podía ayudarlo en nada. Aun así, nunca p
La última frase fue una advertencia.Si Pamela no fuera miembro de la familia Montalbán, Gabriel Montalbán no sería tan paciente con ella.Frente al enemigo, nunca dudaba.—Yo… —Pamela estaba asustada.Gabriel era su hermano, pero era la primera vez que Pamela se reunía con él. Había pensado que Gabriel sería amable con ella, ya que eran hermanastros. Después de todo, era su única hermana.Sin embargo, estaba equivocada.Sabía que Gabriel ni siquiera le hablaría si no se hubiera convertido en miembro de la familia Montalbán. En cambio, habría mostrado directamente a todos las pruebas de su colusión secreta con Mauricio.Estaba perturbada. Se suponía que era su tierra natal, pero estaba siendo opacada por Camila, ¡una perdedora!Mierda.¡Camila, espera y verás!No creía que Camila estuviera realmente casada con él.Podía soportarlo por ahora. Después de todo, ella era parte de la familia Montalbán, mientras que Camila solo era una forastera. ¡Al final, ella sería la que ganaría!Pensan
Camila también observó a Gabriel. «¡Es hermoso! ¡Realmente guapo! ¡Cien veces mejor que Mauricio!», pensó. Sabía que si un hombre así se convirtiera en su esposo, Pamela y Mauricio se morirían de la envidia. Sin embargo, algo le inquietó: Gabriel le resultaba familiar. Sentía que lo había visto en alguna parte, pero sacudió la cabeza para descartar la idea. Era imposible; ella nunca lo había conocido. Después de todo, a un hombre como él lo recordaría con solo un vistazo. Además, el nombre de Gabriel Montalbán resonaba con la fuerza de un trueno; era el "niño de oro" de la alta sociedad desde que ella era pequeña. Si se hubieran cruzado antes, lo sabría con certeza. De repente, los ojos de Gabriel se clavaron en Camila, quien también lo miraba fijamente. Tras un breve segundo, él apartó la vista. A pesar de la brevedad del contacto visual, una sensación de familiaridad recorrió a Camila, haciendo que su corazón latiera con fuerza. Confundida, se dio la vuelta y bebió unos sorbos de
Pamela no estaba enojada. Al contrario, estalló en carcajadas, riéndose sin ningún reparo. Se llevó una mano al abdomen y, entre risas, exclamó: —¡Ja! Esta es la broma más divertida que he escuchado en toda mi vida. ¿La esposa de mi hermano? ¡Jajaja! ¡No me hagas reír! Camila, ¿de verdad necesitas usar a mi hermano para provocarme? Todo el mundo lo sabe: mi hermano ni siquiera tiene novia. Este banquete de cumpleaños es justamente para elegirle una esposa. ¿Cómo podría estar casado contigo? La miró de arriba abajo con desprecio y añadió, con voz afilada: —¿O acaso eres la esposa del verdadero dueño de la familia Montalbán? ¿Estás loca? Sin perder la compostura, Camila sacó un certificado de matrimonio de su bolso y lo agitó frente al rostro de Pamela. —¿Lo ves? —dijo con frialdad—. Este es el certificado de matrimonio entre tu hermano y yo. Créelo o no… te arrodillarás ante mí y me llamarás cuñada. Dicho eso, Camila se dio la vuelta y se marchó. Pamela quedó paralizada por un i
Cuando vio el contenido, su respiración se detuvo. Era un certificado de matrimonio. Las palabras “Certificado de Matrimonio” le atravesaron los ojos como cuchillas. Había estado comprometida con Mauricio durante tres años… pero jamás se casaron. Su familia, especialmente su padre, se opuso con firmeza. Su madre solo aceptó entregar las acciones después de cuatro años de convivencia. Pero antes de que ese tiempo se cumpliera, Mauricio mostró su verdadera cara. No solo la traicionó. Le robó Industrias Taylor. Y se comprometió con Pamela. Ahora lo entendía todo. Mauricio nunca la amó. Solo actuó. Cuando su padre la expulsó de la familia, ella creyó que Mauricio estaba deprimido por culpa y amor. En realidad, ya planeaba abandonarla… hasta que descubrió el testamento de su madre. Si no hubiera sido por esas acciones, él la habría dejado mucho antes. Mirando el certificado que había esperado durante años y nunca recibió, la indignación la invadió. Lo abrió con manos tembloro







