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Casada en secreto con el Ceo
Casada en secreto con el Ceo
作者: Alejandra Soto

Capítulo 1

last update 公開日: 2026-10-19 11:51:48

—¡Camila, basura desvergonzada! ¡Tuviste una aventura con otro hombre!

La bofetada resonó con violencia en la habitación silenciosa.

Camila, que dormía profundamente, se despertó de golpe. El ardor en la mejilla la hizo jadear. Con los ojos desorbitados, se llevó la mano al rostro mientras miraba a su prometido, completamente aturdida.

—¿De qué estás hablando…? —preguntó con la voz temblorosa—. ¿Una aventura? Anoche… anoche estuvimos juntos, ¿no?

—¿Juntos? —Mauricio la señaló con furia. Su atractivo rostro estaba distorsionado por la ira—. ¡¿De verdad sigues fingiendo?!

Sacó su teléfono y, sin darle tiempo a reaccionar, comenzó a tomarle fotos desde distintos ángulos.

—¿Ni siquiera sabes quién durmió contigo anoche? —la regañó con desprecio mientras disparaba la cámara—. ¡Yo estuve en casa toda la noche! ¿Cómo iba a estar aquí contigo? Si no hubiera recibido ese mensaje diciéndome que viniera a este hotel esta mañana, ¡jamás habría sabido que me traicionaste! ¡Cancela la boda! ¡Terminamos ahora mismo! ¡No pienso cargar con la vergüenza de ser un cornudo!

El mundo de Camila se derrumbó.

Con manos temblorosas, agarró la colcha para cubrir su cuerpo desnudo, pero las marcas rojizas en su cuello seguían siendo imposibles de ocultar.

Si el hombre de anoche no era Mauricio… ¿entonces quién había sido?

Su mente retrocedió a la noche anterior. Estaba completamente borracha cuando su mejor amiga, Pamela, la ayudó a entrar al hotel. Recordó claramente cómo Pamela le había dicho, entre risas, que Mauricio la estaba esperando en esa habitación para darle una sorpresa.

En cuanto cruzó la puerta, un hombre la atrapó entre sus brazos. Después de eso… todo era confuso, fragmentos borrosos, sensaciones sin rostro.

Siempre creyó que ese hombre era Mauricio.

Llevaban cinco años juntos y tres comprometidos. Aunque aún no se habían casado, para todos ya vivían como marido y mujer. Sin embargo, tras un accidente automovilístico, Mauricio había sufrido un problema íntimo que los había mantenido separados físicamente desde el compromiso.

Pamela le dijo que la sorpresa era para ella.

Camila pensó —ingenuamente— que se trataba de la recuperación de Mauricio… que por fin podrían amarse como una pareja normal.

Estaba tan convencida de eso que jamás dudó.

Nunca imaginó que el hombre de aquella noche no fuera él.

—Está bien… —murmuró Camila con dificultad, como si cada palabra le desgarrara el pecho.

Había ocurrido un error imperdonable. Aunque fue accidental, Mauricio no podía soportarlo. No le quedaba otra opción que aceptar la ruptura.

Estaba devastada, llena de culpa y arrepentimiento. Se culpaba una y otra vez por haber confiado, por haber bebido, por no haber sido más cuidadosa. Pero ya era demasiado tarde. Nada podía deshacerse.

Mauricio le lanzó un documento y un bolígrafo sin piedad.

—Fírmalo. Terminamos ahora. ¡No voy a esperar ni un segundo más!

Camila creyó que, al menos, se separarían de manera pacífica. Pero al leer el acuerdo de ruptura, su rostro palideció.

El documento exigía que se marchara sin absolutamente nada.

—No estoy de acuerdo —dijo con firmeza, obligándose a mantener la calma—. Industrias Taylor lo es todo para mi madre. Ya te cedí el 20 % de las acciones antes. Como esta vez fue mi culpa, te daré otro 15 % como compensación.

Pero el otro 15 % no te lo daré.

Mauricio reaccionó al instante. La agarró brutalmente de los hombros y la empujó hacia él, con una mirada oscura y aterradora.

—¡Camila! ¡Tú fuiste la que engañó primero! ¡Esto es completamente tu culpa! Que te vayas sin nada ya es mi misericordia. ¿Industrias Taylor? Desde que tu madre se suicidó hace un año, ¿te has preocupado siquiera por la empresa? ¡Yo me encargué de todo! Si los accionistas no te despedazaron fue por mi trabajo incansable. ¿Y aún te atreves a no darme las acciones?

La ira de Camila estalló.

—¡No te pases, Mauricio! ¡No lo hice a propósito! ¡Pamela me engañó! Además, después de darte ese 15 %, tendrás el 35 % de la empresa, la mayor participación. ¡Eso equivale a 150 millones de dólares! ¿Todavía no estás satisfecho?

Mauricio soltó una carcajada fría. Con desprecio, arrojó el teléfono frente a ella, mostrando las fotos que acababa de tomar.

—Te daré dos opciones —dijo con una sonrisa cruel—. Primera: te vas sin nada. Segunda: te vas sin nada y con tu reputación completamente destruida.

Sus ojos brillaron con amenaza.

—Sabes perfectamente de lo que soy capaz.

Camila palideció de miedo.

Aunque Mauricio no explicó exactamente cómo la destruiría ni de qué forma la dejaría sin nada, ella sabía muy bien que lo haría. Mauricio nunca hablaba por hablar.

Durante los tres años de compromiso, Camila había permanecido casi siempre en casa, dedicada a una vida doméstica que la fue aislando poco a poco. Su círculo social se había estancado, y ella había quedado completamente desconectada de los cambios del mundo exterior.

En cambio, Mauricio había estado trabajando sin descanso en Industrias Taylor. Hace un año, se convirtió en su presidente.

El mundo de los negocios era un auténtico campo de batalla. Y Mauricio había sobrevivido —y triunfado— en él. En solo un año, estabilizó el grupo con su propia capacidad, demostrando que no solo era ambicioso, sino verdaderamente peligroso.

Era excelente en todo lo que hacía.

Para Mauricio, destruir a Camila sería tan sencillo como aplastar una hormiga.

Incluso si ella se negaba a entregarle las acciones, él podía diluir su capital en poco tiempo o convertir Industrias Taylor en una empresa fantasma cargada de deudas. Peor aún, si ella no recuperaba esas fotos primero, él podría usarlas para arruinarla públicamente de las formas más sucias posibles.

Por eso, lo más prudente por ahora era acceder a su petición. Luego… ya encontraría la manera de recuperar la empresa que su madre había dejado con tanto esfuerzo.

Camila apretó los puños con fuerza. Las uñas se le clavaron en las palmas, provocándole un dolor punzante que la ayudó a mantenerse consciente.

Apretó los dientes.

—Está bien —dijo finalmente—. Acepto.

En ese instante comprendió algo con absoluta claridad:

Mauricio ya no sentía nada por ella.

Este era el momento en el que más rota, más humillada y más herida se encontraba. Necesitaba consuelo, comprensión… pero él no solo se lo negó, sino que la abandonó sin piedad y le arrebató todo lo que tenía.

Sin decir una palabra más, Camila firmó su nombre en el acuerdo de ruptura.

Tarde o temprano, recuperaría Industrias Taylor.

Ese juramento ardía en su pecho.

Cuando terminó de firmar, levantó la mirada y lo observó con frialdad.

—Dame el teléfono. Necesito borrar todas las fotos que acabas de tomar.

—Entrégame primero el acuerdo —respondió Mauricio. Una luz triunfal y cruel brilló en sus ojos—. Después te daré el teléfono.

—Está bien.

En cuanto tuvo el móvil en sus manos, Camila borró una por una todas las fotos. No dejó ni rastro. Aun así, temiendo que hubiera una copia de seguridad, tomó una decisión drástica: rompió el teléfono, lo arrojó al inodoro y accionó la cadena sin dudar.

Eran ya las dos de la tarde cuando salió del bufete.

Desde ese momento, Camila y Mauricio habían roto oficialmente.

Toda su propiedad había pasado a manos de él.

Ahora… no tenía nada.

—Camila —dijo Mauricio con frialdad—. Vuelve de inmediato y saca tu basura de mi casa. Si no lo haces esta noche, le pediré a los sirvientes que la quemen toda.

Tras decir eso, subió al coche sin mirarla.

Cuando la puerta del vehículo se abrió, Camila vio algo que la dejó sin aliento.

En el asiento del conductor estaba Pamela.

Su ex prometido, Mauricio, se acomodó en el asiento del copiloto y, sin ningún pudor, besó a Pamela en la mejilla.

Camila se quedó completamente paralizada.

La ira estalló en su pecho. Avanzó apresuradamente y agarró la puerta del coche con fuerza, señalándolos con dedos temblorosos.

—U-ustedes…

—Camila… ¿qué quieres de Mauricio y de mí? —dijo Pamela con una expresión inocente—. Ya rompiste con él, ¿no? Entonces está bien que salga con Mauricio. No es asunto tuyo.

Pamela apoyó la barbilla en el hombro de Mauricio y le guiñó un ojo a Camila.

—Pamela, ignora a esta tonta—dijo Mauricio con impaciencia—. Mis amigos ya llegaron. Vamos al Bar Crown a celebrar. ¡Hoy festejaremos como nunca!

No le dedicaron ni una sola mirada más a Camila, como si no existiera.

Pamela sonrió ampliamente.

—Hoy es el primer día que estamos oficialmente juntos —dijo con dulzura fingida—. Lo recordaré toda mi vida.

Luego giró la cabeza hacia Camila, cuya mirada parecía lanzar cuchillos, y añadió con una sonrisa venenosa:

—Camila, hoy empecé una relación con Mauricio. Deséanos lo mejor. Aunque seas su ex prometida, no me importa. Después de todo… seguimos siendo las mejores amigas, ¿no?

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