ログイン—¿Mejores amigas? —escupió Camila, temblando de rabia—. ¡Que te jodan!
Fuera de sí, levantó la mano para golpear a Pamela. ¿Mejor amiga? ¿Desde cuándo una mejor amiga codicia al prometido de otra? ¿Desde cuándo una mejor amiga se le acerca en secreto, lo seduce, conspira a sus espaldas? ¿Desde cuándo una mejor amiga la incrimina y la hace dormir con otro hombre para destruirle la vida? Antes de que su mano alcanzara el rostro de Pamela, Mauricio le sujetó el brazo con brutalidad. Al mismo tiempo, salió del coche, la empujó sin miramientos y Camila cayó al suelo con fuerza. El dolor le recorrió el cuerpo, pero fue nada comparado con la humillación. —Camila —la reprendió con una voz tan fría que parecía de acero—. Pamela y yo vamos a comprometernos. Muy pronto será mi esposa. No permitiré que una loca como tú la lastime. Si vuelves a levantarle la mano, te enviaré directamente a la cárcel. La sangre de Camila pareció congelarse. El hombre que tenía delante… ya no era el Mauricio que había amado. ¿O acaso nunca lo fue? ¿Había sido engañada desde el principio por una máscara cuidadosamente construida? La había insultado, menospreciado, tratado como una estúpida. Cuando lo conoció, ella tenía padres, un hogar cálido y era la heredera natural de Industrias Taylor. Él no era más que un estudiante pobre, sin respaldo ni futuro. Y, sin embargo, en apenas cinco años, Mauricio se convirtió en el poderoso presidente de la empresa… mientras ella quedaba reducida a la nada. Qué ironía. Qué tragedia tan absurda. ¿Por qué su vida se había vuelto tan ridícula… tan miserable? —Mauricio, no seas tan duro con Camila —intervino Pamela con voz suave, fingiendo compasión—. Ella sigue siendo mi mejor amiga. Mauricio, tengo algo que decirle a Camila. Espérame en el coche, ¿sí? Le tomó la mano con delicadeza. —Está bien —respondió Mauricio, asintiendo. Antes de subir al coche, le lanzó a Camila una mirada de advertencia. Era una amenaza clara: si se atrevía a tocar a Pamela de nuevo, no habría piedad. Ese gesto fue la última puñalada. En un instante, Camila se sintió completamente sola. Cuando Mauricio se alejó, Camila se levantó del suelo. Su ropa estaba arrugada, su dignidad hecha trizas. Miró a Pamela con los ojos ardiendo de odio. —Te odio —dijo con voz temblorosa pero firme—. Eres despreciable. Desvergonzada. Dime… ¿quién fue el hombre de anoche? Pamela soltó una risa burlona. —¿De qué hablas? —respondió con sarcasmo—. Tú sabes perfectamente con quién te acostaste. Si lo sabes, ¿para qué me preguntas? ¿Crees que yo estuve ahí? —¡Me tendiste una trampa! —rugió Camila—. ¡No te hagas la inocente! Pamela se acercó lentamente, inclinándose hasta susurrarle al oído, con una sonrisa venenosa: —¿Y qué si fue así? Ya rompiste con Mauricio. ¿Qué puedes hacer ahora? —Se lo diré a Mauricio —respondió Camila con frialdad. Pamela se echó a reír. —Adelante. Él ya lo sabe. ¿De verdad crees que Mauricio te ama? Qué ridícula eres. Su voz se volvió cada vez más cruel. —Si te hubiera amado, ¿por qué no te tocó en los últimos tres o cinco años? ¿Creíste de verdad que su problema fue por el accidente de coche? Te mintió. Cada palabra era una daga. —Ese accidente fue planeado —continuó—. Todo para no tener que acostarse contigo. Y tú… ni siquiera lo notaste. Qué ingenua eres. Pamela estaba eufórica. Durante años había soportado fingir amabilidad frente a Camila. Ahora, por fin, podía decirlo todo. Disfrutaba cada segundo. Especialmente al ver la expresión destrozada en los ojos de Camila. —Además —añadió con arrogancia—, durante los últimos tres años fui yo quien se acostó con Mauricio. Tú solo eras parte del plan. Convertirte en su prometida fue una jugada más. Soltó una carcajada estridente. —Incluso tu “engaño” fue planeado por los dos. Todo para quedarse con el último 30 % de tu capital. ¡Ja, ja, ja! Con las manos en la cintura, Pamela imitó la expresión de Mauricio y se burló: —“Camila, apestas. No eres más que una inútil que lleva cinco años sin trabajar”. Tras terminar de humillar a Camila, Pamela se acomodó con elegancia en el asiento del copiloto del coche de Mauricio, como si ya fuera la legítima dueña de todo. Cerró la puerta con calma aristocrática y el vehículo arrancó sin mirar atrás. Camila quedó sola. Sola y destrozada. Las lágrimas rodaban sin control por su rostro. Arrepentimiento, resentimiento, dolor… todo se mezclaba en su pecho como un torbellino que la asfixiaba. Sin embargo, incluso en medio del colapso, había algo que no se rompía: su terquedad. Todo había sido un plan. Un plan meticulosamente diseñado por Mauricio y Pamela. El amor había sido falso. ¡El compromiso no era más que un disfraz! ¡El supuesto engaño fue una trampa cuidadosamente calculada! Todo… absolutamente todo, había sido creado para arrebatarle Industrias Taylor, la herencia que su madre le había dejado. Camila se mordió la lengua con fuerza. No se detuvo hasta que el sabor metálico de la sangre inundó su boca. Apretó los puños, clavándose las uñas en la piel, mientras recordaba la espalda de Pamela alejarse. —¡Pamela! ¡Mauricio! —gritó con la voz rota—. ¡Son unos monstruos! ¡Juro que pagarán por esto! ¡Recibirán lo que se merecen! ---- Dos días después. Camila apareció frente a la entrada de una mansión enorme, de estilo retro, envuelta en un lujoso vestido que realzaba su figura y ocultaba sus heridas internas. Al levantar la vista y leer las palabras grabadas en la placa de bronce —“Mansión Montalbán”—, parpadeó lentamente. Era la residencia de la familia Montalbán. La familia más rica de Chicago. —¿Has oído? —comentaban algunas mujeres cerca—. El banquete de cumpleaños del señor Montalbán es, en realidad, una audición para elegir esposa organizada por su familia. —Claro que sí. Esta noche está llena de herederas ricas y bellas. Pero ya sabes… Gabriel Montalbán es el asesino de corazones número uno de la alta sociedad de Chicago. A los dieciséis años, ingresó en la Universidad de Harvard. A los dieciocho, se graduó con doble licenciatura en economía y ciencias actuariales. A los diecinueve, se incorporó al Grupo Montalbán y reorganizó los activos de una empresa que ya mostraba señales de decadencia. Apostó por el sector inmobiliario y el mercado de bienes de lujo cuando nadie más creía en ellos. A los veintitrés, adquirió la marca de lujo internacional LVMN, convirtiéndose en el cerebro detrás de su expansión global. El negocio inmobiliario del grupo se extendió por todo el país, llevándolo al octavo puesto de la lista Forbes ese mismo año. A los veinticinco, impulsó con fuerza la investigación en inteligencia artificial y tecnología de redes. A los veintiocho, se convirtió en el hombre más rico del mundo, ocupando el primer lugar en la lista Forbes. Un multimillonario incomparable. —Dicen que nunca ha tenido una mujer a su lado —susurraban—. Si alguien intenta meterse en su cama, ordena a los guardaespaldas que la echen sin piedad. Incluso amenazó con transmitirlo en vivo si vuelve a ocurrir. —Además, es cruel cuando se trata de negocios. No duda en destruir a nadie. —¡Pero es increíblemente guapo! —suspiró otra—. Abdomen marcado, cintura en V… y cuando usa traje, es simplemente irresistible. La conversación se volvió cada vez más acalorada. Algunas mujeres incluso se mareaban solo de imaginarlo. Camila escuchó todo en silencio… y se burló internamente. ¿Los hombres? ¡Por favor! ¿De qué servía la belleza, el poder o la riqueza si no tenía corazón? En ese momento, un mensajero se acercó apresuradamente. —Disculpe… ¿Camila Taylor? —Sí, soy yo. —Tiene una entrega. Por favor, firme aquí. El mensajero le entregó un sobre de FedEx. Camila se quedó desconcertada. Estaba frente a la mansión de los Montalbán… ¿por qué recibiría un paquete aquí? Sin embargo, su nombre y número estaban claramente escritos. Firmó y abrió el sobre.Pensó que todo lo que él decía era verdad. Sin embargo, Pamela le confesó personalmente que Mauricio no tenía ninguna disfunción sexual. Al contrario, durante los tres años posteriores al compromiso, ¡había canalizado todos sus deseos hacia Pamela! Camila pensó que ella le resultaba desagradable. Sin embargo, ¡ahora la obligaba a besarlo! Eso era lo que ella había esperado antes… Pero ahora, para ella, era tan sucio y repugnante como el lodo. ¿Por qué la trataba así? ¿Por qué? Ella lo amó sin reservas, lo dejó todo por él, y él desperdició su amor sin el menor escrúpulo. La envió a la cama de otro hombre, le arrebató la compañía de su madre y rompió con ella. Y aun así, creía que ella seguía amándolo… ¡Qué ironía! ¡Su amor por él no había servido de nada! Esa noche, Camila se emborrachó en la casa que alquilaba. Al día siguiente, continuó buscando trabajo. Su abuela seguía llamándola, rogándole que regresara con la familia y asegurándole que siempre tendría un lugar allí. Pero
Camila se sorprendió por su violencia y palideció. Sin embargo, al mirarlo, no perdió firmeza en su actitud. —¿Hacerme rica acostándome con él? ¿Estás hablando de ti mismo? El chico pobre que no tenía nada hace cinco años consiguió todo lo que tiene hoy fingiendo amarme, ¿no es así? Mauricio tensó los dedos al verse herido en su punto más sensible. Sus ojos furiosos parecían dispuestos a lanzar dagas en cualquier momento. La mujer frente a él se veía cada vez más refinada y hermosa con el paso del tiempo. Camila y Pamela eran completamente diferentes. Pamela era hermosa, pero algo vulgar; en cambio, Camila no solo tenía una figura encantadora capaz de atraer todas las miradas, sino también unos rasgos delicados que transmitían una frialdad natural. Si Pamela era una flor ostentosa en el mundo mundano, Camila era como un loto en aguas cristalinas, admirable desde la distancia. Sabía que Camila era hermosa, pero eso no tenía sentido. Ella no podía ayudarlo en nada. Aun así, nunca p
La última frase fue una advertencia.Si Pamela no fuera miembro de la familia Montalbán, Gabriel Montalbán no sería tan paciente con ella.Frente al enemigo, nunca dudaba.—Yo… —Pamela estaba asustada.Gabriel era su hermano, pero era la primera vez que Pamela se reunía con él. Había pensado que Gabriel sería amable con ella, ya que eran hermanastros. Después de todo, era su única hermana.Sin embargo, estaba equivocada.Sabía que Gabriel ni siquiera le hablaría si no se hubiera convertido en miembro de la familia Montalbán. En cambio, habría mostrado directamente a todos las pruebas de su colusión secreta con Mauricio.Estaba perturbada. Se suponía que era su tierra natal, pero estaba siendo opacada por Camila, ¡una perdedora!Mierda.¡Camila, espera y verás!No creía que Camila estuviera realmente casada con él.Podía soportarlo por ahora. Después de todo, ella era parte de la familia Montalbán, mientras que Camila solo era una forastera. ¡Al final, ella sería la que ganaría!Pensan
Camila también observó a Gabriel. «¡Es hermoso! ¡Realmente guapo! ¡Cien veces mejor que Mauricio!», pensó. Sabía que si un hombre así se convirtiera en su esposo, Pamela y Mauricio se morirían de la envidia. Sin embargo, algo le inquietó: Gabriel le resultaba familiar. Sentía que lo había visto en alguna parte, pero sacudió la cabeza para descartar la idea. Era imposible; ella nunca lo había conocido. Después de todo, a un hombre como él lo recordaría con solo un vistazo. Además, el nombre de Gabriel Montalbán resonaba con la fuerza de un trueno; era el "niño de oro" de la alta sociedad desde que ella era pequeña. Si se hubieran cruzado antes, lo sabría con certeza. De repente, los ojos de Gabriel se clavaron en Camila, quien también lo miraba fijamente. Tras un breve segundo, él apartó la vista. A pesar de la brevedad del contacto visual, una sensación de familiaridad recorrió a Camila, haciendo que su corazón latiera con fuerza. Confundida, se dio la vuelta y bebió unos sorbos de
Pamela no estaba enojada. Al contrario, estalló en carcajadas, riéndose sin ningún reparo. Se llevó una mano al abdomen y, entre risas, exclamó: —¡Ja! Esta es la broma más divertida que he escuchado en toda mi vida. ¿La esposa de mi hermano? ¡Jajaja! ¡No me hagas reír! Camila, ¿de verdad necesitas usar a mi hermano para provocarme? Todo el mundo lo sabe: mi hermano ni siquiera tiene novia. Este banquete de cumpleaños es justamente para elegirle una esposa. ¿Cómo podría estar casado contigo? La miró de arriba abajo con desprecio y añadió, con voz afilada: —¿O acaso eres la esposa del verdadero dueño de la familia Montalbán? ¿Estás loca? Sin perder la compostura, Camila sacó un certificado de matrimonio de su bolso y lo agitó frente al rostro de Pamela. —¿Lo ves? —dijo con frialdad—. Este es el certificado de matrimonio entre tu hermano y yo. Créelo o no… te arrodillarás ante mí y me llamarás cuñada. Dicho eso, Camila se dio la vuelta y se marchó. Pamela quedó paralizada por un i
Cuando vio el contenido, su respiración se detuvo. Era un certificado de matrimonio. Las palabras “Certificado de Matrimonio” le atravesaron los ojos como cuchillas. Había estado comprometida con Mauricio durante tres años… pero jamás se casaron. Su familia, especialmente su padre, se opuso con firmeza. Su madre solo aceptó entregar las acciones después de cuatro años de convivencia. Pero antes de que ese tiempo se cumpliera, Mauricio mostró su verdadera cara. No solo la traicionó. Le robó Industrias Taylor. Y se comprometió con Pamela. Ahora lo entendía todo. Mauricio nunca la amó. Solo actuó. Cuando su padre la expulsó de la familia, ella creyó que Mauricio estaba deprimido por culpa y amor. En realidad, ya planeaba abandonarla… hasta que descubrió el testamento de su madre. Si no hubiera sido por esas acciones, él la habría dejado mucho antes. Mirando el certificado que había esperado durante años y nunca recibió, la indignación la invadió. Lo abrió con manos tembloro







