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Capítulo 5

Penulis: Ree Shinee
last update Tanggal publikasi: 2026-07-20 22:25:10

—¿Y bien? —preguntó Dennis con una leve sonrisa en los labios.

Aletta se quedó en silencio por un momento.

¿Diez veces más? ¿Había escuchado mal? Con un salario tan alto, sin duda podría saldar la deuda de Raymond con la banda de The Butcher lo antes posible. Incluso, tal vez no tendría que vender la casa y los bienes que su hermano había hipotecado.

Entonces, volvió a mirar a Dennis.

—¿D-diez veces más? ¿Habla en serio? —preguntó Aletta. Sin darse cuenta, dio un paso adelante, acortando la distancia con el hombre.

—Por supuesto que hablo en serio. Entonces, ¿qué dices? —respondió Dennis.

—Je, je... —Aletta en cambio soltó una sonrisa forzada—. Lo siento mucho, señor. Pisé su pie sin querer hace un momento. ¿Aún le duele? ¿Necesita que lo lleve a la clínica?

Dennis enderezó su postura de inmediato y cruzó los brazos sobre el pecho. Trató de adoptar la expresión más severa posible.

—No hace falta. Entonces, ¿qué decides? ¿Aceptas mi oferta o no? Si no, puedo buscar a otra —dijo Dennis, haciéndose el difícil a propósito.

Por su lenguaje corporal, Dennis ya podía adivinar que era imposible que la mujer frente a él rechazara la cantidad que le estaba ofreciendo.

—¡Sí, señor! ¡Por supuesto que acepto! —exclamó Aletta con la expresión más decidida que pudo fingir—. ¿Cuándo puedo empezar a trabajar? ¿Hoy mismo? ¡Estoy lista! —Giró su cuerpo por un momento—. ¿Dónde está mi escritorio? El... —La mirada de Aletta recorrió la habitación hasta que sus ojos se posaron en un escritorio vacío situado justo al lado de la puerta de la oficina de su nuevo jefe—. ¿Ese de ahí? —preguntó mientras señalaba hacia el mueble.

La mirada de Dennis siguió la dirección del dedo de la mujer.

Mientras tanto, Aletta se apresuró a pasar junto a Dennis y rápidamente plantó el trasero en la silla.

—Estoy lista para trabajar ahora mismo, señor.

—Menos mal —dijo Dennis. Caminó hacia Aletta hasta detenerse al otro lado del escritorio de la nueva secretaria. Dennis acababa de abrir la boca, preparándose para darle más instrucciones.

Sin embargo, su mejor amigo y hombre de confianza apareció de repente con pasos apresurados.

—¿Dennis?

Las miradas de Dennis y Aletta se volvieron al instante hacia el origen de la voz.

El hombre llamado Marvin, que acababa de llegar, le devolvió la mirada a Aletta, quien estaba allí sentada tranquilamente. Ambos cruzaron miradas durante unos segundos.

—Usted es el hombre que ayer estaba de pie frente a mi casa, ¿verdad? Ah... ayer lo envió él, ¿cierto? —El dedo índice de Aletta señaló por reflejo el rostro de Dennis, pero un segundo después lo bajó rápidamente—. Eh... quiero decir, lo envió el señor Dennis.

Marvin no respondió de inmediato. En su lugar, se volvió hacia su jefe con el ceño profundamente fruncido.

Dennis, que parecía poder leer la confusión de su mano derecha, se apresuró a explicar:

—Ella vino a pedir trabajo. A partir de hoy, trabaja oficialmente como mi secretaria, reemplazando a la muñeca de cerdo esa.

—¿Muñeca de cerdo? ¿Estoy reemplazando a alguien apodada "muñeca de cerdo"? Qué apodo tan cariñoso. ¿Era la exnovia del señor? ¿O tal vez su futura esposa? —soltó Aletta sin pensar.

La mirada de Dennis se volvió afilada al instante.

—¿Cariñoso, dices? A esa maldita mujer la estaba insultando, ¿y tú crees que es un apodo cariñoso?

—Oh, ¿una maldita mujer? Ah... ¿eso significa que es su enemiga? Es que el apodo sonaba único. Pensé que era un apelativo afectuoso —murmuró Aletta mientras se rascaba la nuca, que no le picaba.

Dennis parpadeó y negó suavemente con la cabeza. Luego, volvió a centrar su atención en Marvin.

—Tu tarea principal ya ha terminado. La presa que deseaba ya está justo delante de mis ojos. Ahora, centra tu atención en otras tareas.

> ‘¿Tarea principal? ¿Presa? Espera... ¿se refiere a mí?’, pensó Aletta con recelo. ‘Un momento... ¿no habré tomado una mala decisión al aceptar este trabajo?’

Por un momento, la ansiedad comenzó a envolver su corazón. Sin embargo, las aterradoras sombras de The Butcher disiparon al instante ese miedo.

> ‘¡Ja! Olvídalo. Mi único asunto con él es por el robo de una camisa. ¡Seguro que podré manejarlo! ¡Lidiar con The Butcher es mucho más aterrador! ¡La deuda de Raymond es de mil millones! Y este hombre es mi única salida en este momento. Bueno, pase lo que pase, es mejor enfrentarme a este jefe cascarrabias que vivir estresada por ser perseguida por usureros.’

—Vine aquí precisamente para hablar de ese asunto. Acabo de recibir información actualizada —informó Marvin con expresión seria.

Dennis miró de reojo a Aletta por un segundo antes de volver a mirar a su asistente.

—Hablemos de ello dentro.

Los dos se dieron la vuelta para entrar en la oficina. Pero, justo cuando la mano de Dennis tocó el pomo de la puerta, Aletta los interrumpió.

—Entonces, ¿qué hay de mí, señor? ¿Se supone que me quede aquí sentada, mirando a todos lados sin saber qué hacer? —protestó Aletta.

—Ve a ver a Catherine y pídele que te asigne tus tareas aquí. Hablaremos de nuevo más tarde —decidió Dennis.

—¿Qué Catherine, señor?

—Tienes boca, ¿verdad? ¡Úsala para preguntarle a la gente de ahí fuera! —espetó Marvin con brusquedad.

—¡Oye! ¡Cuida tu tono! —gritó Dennis elevando la voz, claramente inaceptando que le gritaran de esa manera a su mujer—. ¿No puedes hablar en un tono más bajo? ¡¿Por qué tienes que ser tan brusco con ella?!

—¡Eso digo yo! Eres guapo, ¡pero muy molesto! —añadió Aletta, dándole la razón a su jefe—. Sé un poco más amable con las mujeres.

La atención de Dennis se desvió inmediatamente por completo hacia Aletta al escuchar ese cumplido.

—¿Qué acabas de decir? ¿Guapo?

—¿Eh?

Dennis cerró los ojos con fuerza, tratando de contener la oleada de ira y celos que de repente quemaba su pecho. Mientras tanto, Marvin frunció el ceño, mirando a su jefe con una mirada llena de interrogantes.

¿Qué acababa de decir su jefe? ¿Cuidar su tono? ¿Hablar en un tono más bajo?

¿Acaso sus oídos empezaban a fallarle?

Sin embargo, su propio jefe nunca se molestaba en filtrar sus palabras con nadie. Dennis siempre había sido severo, feroz y hablaba en un tono alto. ¿Y ahora? ¿Qué mosca le había picado para que de repente defendiera a una mujer delante de él?

—¡Suficiente! ¡Olvídalo! ¡Ahora sal y pregunta dónde está el escritorio de Catherine! —concluyó Dennis, irritado. Volvió a agarrar el pomo de la puerta de su oficina.

Sin embargo, por enésima vez, sus intenciones tuvieron que posponerse porque Aletta volvió a hablar.

—¿Señor? La oferta del salario diez veces mayor sigue en pie, ¿verdad? ¿Acaso... esa oferta va en serio?

—¡Ah! —Dennis exhaló bruscamente—. ¡Sí! ¡Es en serio! ¡Si aún no me crees, luego prepararé el contrato! —espetó de mala gana, para después adentrarse en su oficina, dejando atrás a Aletta.

El hombre actuaba con brusquedad no porque Aletta hiciera demasiadas preguntas, sino porque sus oídos aún ardían al escuchar a la mujer llamar guapo a Marvin.

—¡Tsk! ¡Qué cascarrabias! Y pensar que nos sacudimos juntos en la cama —refunfuñó Aletta molesta en cuanto la puerta de la oficina de Dennis se cerró por completo.

Un segundo después, sus ojos se abrieron de par en par por el asombro.

—Eh... —Aletta se apresuró a taparse la boca con las manos. Luego miró en todas direcciones con inquietud, temiendo que algún otro empleado hubiera escuchado por accidente su reciente queja.

Continuará...

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