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Capitulo 8. Madre

Autor: Katja Brook
last update Data de publicação: 2026-01-02 21:29:13

Ella Llegó finalmente a la residencia para adultos dónde su madre pasaba allí todos sus días.

A pesar de todo, era un lugar muy bello, con un jardín en el frente y el fondo. La gente era amable y el edificio contaba con todas las comodidades. Si bien era un lugar bonito, no era donde hubiese elegido que estuviese su madre sus últimos días aunque lamentablemente no tenía ni voz ni voto. Ella necesitaba cuidados y su padre no estaba dispuesto a tenerla en su casa con enfermeras, lo dejó bien claro sin darle ninguna otra alternativa más que esa.

Brandy le había pagado previamente al taxista e ingresó tomando aire en sus pulmones para darse valor.

Ella era hija única de un matrimonio que su padre no había deseado. Simplemente le habían puesto la condición de casarse para heredar y su madre estaba a mano.

A pesar de estar en ese momento hacia finales del siglo veinte cuando su padre no tuvo un varón se decepcionó profundamente, pero unas complicaciones en el alumbramiento de Brandy hicieron que su madre no pudiera tener más hijos. Generando aún más distancia entre sus padres.

Luego de eso su falso matrimonio se había venido abajo y ella pagó los platos rotos junto a su pobre madre, que tuvo que aguantar una enorme fila de amantes.

Trató de entrar con aplomo al lugar. Los enfermeros la saludaron pues la veían seguido y su madre la esperaba sentada en la sala común, vestida con la ropa que ella le había regalado.

— Hija, llegaste — dijo y sonrió. Eso calentó el pecho de Brandy con amor —. ¿Y tu padre? Creí que vendría contigo...— le dijo con un poco de decepción en su tono de voz.

— Hubo una fusión en la empresa...y está muy ocupado, pero me dijo que vendrá en cuánto pueda — ella sonrió tranquilizadora, mintiendole descaradamente a su pobre madre que aún compraba espejitos de colores y esperaba cosas de su marido que hacía siglos había dejado de darle. Respeto por ejemplo. Mejor ni hablar de amor.

No sabía si su madre se creyó el cuento pero la decepción no pudo simularla, no capearla en ningún momento.

Ella se sentó frente a ella y apretó su mano.

— Hey, pero estoy yo aquí — ella quiso darle consuelo aunque sabía que no alcanzaba. Ella no podía darle a su madre lo que su corazón más anhelaba y esa era la cruda verdad.

Su madre sonrió pero la sonrisa no llegó a sus ojos tristes. Sabía que ella en el fondo aún esperaba algo de su padre. A pesar de las decepciones y los sinsabores, cual Penélope solo que sin tejer y destejer, su madre seguía esperando a quien fuera el único hombre que amó en toda su vida...

El fin de semana Brandy se lo pasó visitando a su madre y revisando unas tareas del colegio también.

Ella trabajaba en Brooklyn, y amaba su trabajo. Los niños hacían que todo valiera la pena, eran su única fuente de alegría.

Pasaron los días y llegó la mitad de la semana. Ese miércoles volvió agotada, ya que entre su trabajo y su madre sentía que le succionaban su joven y vital energía.

Suspiró al ver el apartamento. Siempre lo había odiado. Cuando pasó lo de la internación definitiva de su madre, su padre vendió la casa familiar y a regañadientes le dió ese lugar ya que no sería bien visto que la dejara en la calle.

Había sido su nido de amor con sus jóvenes amantes durante años. Ahora él tenía un piso precioso en Columbus Circule y ella ese lugar.

Al menos no tenía que pagar renta, porque con su sueldo le alcanzaba para sus gastos pero no era millonaria. Contrario a lo que creyera Matt. Ella era una chica sencilla, que si tenía algunas cosas caras de lo buenos viejos tiempos pero nada más. Vivía con su magro sueldo de empleada, su padre no le pasaba no una mensualidad ni tenía ninguna cuenta abultada ni nada de eso. Apenas si tenía una tarjeta de crédito y era por su empleo, nada más.

Vivía de un modo austero, salía poco y era muy responsable para una chica de su edad... quizá cargaba con demasiadas responsabilidades para su juventud, pero era lo que le había tocado y ella no se quejaba. Al menos tenía aún a su madre con vida, y los niños la llenaban de felicidad cada día por muy agotador que se tornara su trabajo tantas veces. Al final del día, todo el esfuerzo valía la pena cuando veía dibujada la alegría en una de esas pequeñas caritas.

Dejó su bolso en el pequeño sofá. Su único orgullo era la decoración de ese sitio. Lo había pintado ella sola completamente y amueblado a su gusto con cosas de segunda o de descuento, dándole un aire vintage moderno.

Pensó en tomarse una ducha, hacerse una sopa caliente y meterse finalmente a la cama con su tableta para revisar algunas cosas, cuando el sonido del celular la interrumpió.

¿Quién llamaría a esa hora? ¿Habría pasado algo con su madre???

—¿Hola? —preguntó, asustada.

— Hola Brandy, ¿qué es esa voz de susto? Soy Matt—dijo él con curiosidad.

Maldito hombre.

—¿Se puede saber cómo conseguiste mí teléfono? — preguntó ella azorada.

— Le dije a tu padre que había encontrado una pieza de tu joyería en el auto y no dudó en dármelo...

Ella largó un bufido. Su traidor padre conspirando para entregarle su hija a ese bastardo, porqué no la sorprendió en lo más mínimo...

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