FAZER LOGINEstar en el lugar y momento equivocados podía costarte tu... dignidad. Eso descubrió Brandy cuando fue en una visita inesperada a las oficinas de su padre, con quién no tenía una relación muy cercana. Sin saber que su progenitor acababa de ser descubierto en un fraude por el tiburón de los negocios Matt Jones que justo fue en el mismo momento que ella a visitarlo para reclamar su dinero. Y ahora Matt, que estaba enfurecido con el padre de Brandy, sabía perfectamente como cobrarse esa deuda...
Ver maisAsí que fue enorme nuestra boda. En una finca en las afueras convertida en jardín de ensueño: miles de rosas blancas y rosadas trepando por arcos, un pasillo interminable de pétalos, orquesta en vivo, más de trescientos invitados entre socios, amigos y gente que ni siquiera conocía bien. Aunque ambos acordamos en que mi padre no fuera invitado. No lo queríamos allí. Su sombra ya había sido demasiado larga en nuestras vidas. Evan no podía superar el hecho de que cuando, como discípulo de mi padre, lo había superado, este había intentado hundirlo. Ni yo el hecho de que se había lavado las manos, quizá suponiendo que Evan podría querer vengarse conmigo. Ni todas las veces en que me había utilizado a través de los años. Para rematar el único mensaje que tuve de él, cuando se enteró, fue un texto corto: "No puedo creer que te vas a casar con ese tipejo, nuevo rico que no llega a los talones de nuestro apellido." Ni le respondí por supuesto.Fui al altar escoltada por mis dos hermanos, uno
Estábamos en la cama, envueltos en las sábanas revueltas, con el calor de nuestros cuerpos todavía pegado a la piel. Evan me tenía abrazada por detrás, su pecho contra mi espalda, su brazo rodeándome la cintura como si temiera que me escapara en cualquier momento. Yo jugueteaba con sus dedos entrelazados con los míos, sintiendo la paz que no había sentido en años.—Espera… —susurré, girándome un poco para mirarlo—. Debo preguntarte algo.—Lo que quieras —respondió él en voz baja, besándome el hombro con ternura.Tomé aire. Las palabras me pesaban en la garganta.—El otro día te escuché hablando por teléfono. Con una mujer. Le dijiste que la querías… Fue por eso que revolví entre tus cosas. Esa mujer… ¿es importante para ti?Evan me miró fijamente. Su expresión se suavizó. Con dos dedos me tomó la barbilla y me obligó a sostenerle la mirada.—Muy importante para mí… La amo, tanto como te amo a ti.Me quedé helada. El corazón me dio un vuelco tan fuerte que sentí que se me iba a salir d
Él frunció el ceño, extrañado, con una arruga profunda marcando su frente.—No sé de qué hablas.—Por favor —susurró ella, con la voz quebrada y temblorosa, casi suplicante—. Siempre fue obvio.Evan la miró fijo, como si la viera por primera vez, con los ojos muy abiertos y una mezcla de incredulidad y desconcierto.—Siempre me miraste con asco.Abby soltó una risa sin gracia, casi histérica, que resonó aguda y nerviosa en la habitación.—¿Con asco? Por favor, créeme… no te miré con asco. Cuando me gusta alguien me pongo tímida. Rehúyo la mirada, me sonrojo intensamente, me enredo con las palabras hasta no poder hablar. Eso no es asco. Y aparte… ¿qué te importa a ti si yo te amaba o no? —preguntó ella, con un tono que oscilaba entre la vulnerabilidad y el desafío.Evan tragó saliva con dificultad. Su agarre en los brazos de ella se suavizó lentamente, volviéndose casi una caricia.—¿Ya no me amas?Abby esquivó su mirada, bajando los ojos hacia el suelo, con el corazón latiéndole con f
Abby pasó dos días encerrada en esa habitación de hotel impersonal, con las cortinas corridas y la bandeja de room service intacta en la mesita. Lloraba hasta dormirse, se despertaba con los ojos hinchados y el pecho apretado. Pero al tercer día, mirando el saldo de su tarjeta en el celular, se dio cuenta de lo ridículo que era: gastar dinero que no le sobraba en un lugar donde no estaba viviendo, solo escondiéndose. Su casa seguía vacía, su padre seguía de viaje por meses —afortunadamente—, y nadie la esperaba allí más que el silencio.Tomó un taxi esa misma tarde. La llave giró en la cerradura con un sonido familiar y triste. La casa la recibió como siempre: silenciosa, ordenada, con ese olor a madera pulida y lavanda que la empleada de confianza, Rosa, mantenía impecable. Rosa la vio entrar con la maleta y no preguntó nada; solo le preparó un té caliente y le dijo “bienvenida de vuelta, señorita”. Abby se lo agradeció con una sonrisa temblorosa y se fue directo a su habitación.Los
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