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Cita falsa con el Sr. Mendoza
Cita falsa con el Sr. Mendoza
Penulis: Newt writes

atrapó

Penulis: Newt writes
last update Tanggal publikasi: 2026-07-06 22:14:45

PUNTO DE VISTA DE CHARLOTTE

«Por favor, acompáñame a la fiesta del sábado por la noche…», dijo el señor Winston Mendoza tras entregar el informe que yo había redactado antes. La carpeta amarilla que me estaba devolviendo quedó suspendida en el aire mientras yo lo miraba atónita.

¿Lo había oído bien? Oh, no…

No podía creer que el señor Winston Mendoza, mi jefe, me estuviera pidiendo que le acompañara a una fiesta el sábado para celebrar el vigésimo quinto aniversario de la empresa.

Tenía que admitirlo: Winston Mendoza era un joven extraordinariamente guapo y atractivo, una mezcla entre Keanu Reeves y Chris Hemsworth, dos de mis estrellas favoritas de Hollywood en aquel momento, pero no era mi tipo. Además de ser el director general de la empresa, Mendoza Steel Industries and Manufacturing, en la que trabajaba actualmente, también era un hombre muy rico por méritos propios.

Es un jefe que irradia seguridad en sí mismo y tiene una presencia imponente. A veces puede resultar un poco intimidante y autoritario, pero es un hombre amable. Sin embargo, cuando me daba órdenes, a veces me hacía sobresaltar. Y cada vez que estaba en su despacho, como ahora mismo, podía sentir su poder irradiando con fuerza, como si fueran cien mil voltios. Pero hay que tener en cuenta que, cuando estaba ebrio, se comportaba de manera infantil e inmadura.

Tenía a muchas chicas a su alrededor y era bastante hábil coqueteando, pero nunca lo intentó conmigo ni una sola vez. Quizá me respetaba como su asistente personal. Solo me ve como una empleada, no como una mujer con la que pensara que pudiera acostarse. Y yo realmente lo respeto por eso. Bueno, empezó a coquetear con algunas chicas y a comportarse como un playboy desde el día en que su mujer le fue infiel. Su mujer, Mila Jensen, con quien llevaba casado seis años.

Durante mi estancia aquí como su asistente personal, había sido testigo de lo mucho que Winston amaba y apreciaba a Mila, hasta el punto de que prácticamente había convertido su habitación en una especie de museo, llenándola de fotografías de Mila. Y el retrato más grande de ella estaba colgado detrás de su escritorio, donde me recibía la molesta sonrisa de su mujer cada vez que cruzaba la puerta de su despacho.

A veces cancelaba sus reuniones porque su mujer le llamaba y le hacía una escena para que volviera a casa. O se iba a casa temprano para llevar a su mujer a cenar o a comer, y nunca volvía por la tarde.

No tenía ni idea de qué veía él en esa chica, de la que se había enamorado e incluso con la que se había casado. Dicen que si sientes mariposas en el estómago en el momento en que conoces a alguien, eso implica que estás enamorado de esa persona. Quizá esa fue la impresión que le causó Mila al señor Mendoza cuando la conoció, a pesar de que ella tenía una actitud prepotente. Estaba locamente enamorado de su mujer.

Mila Jensen era una zorra desvergonzada, de mente estrecha, posesiva y celosa, cuando en realidad era ella la que coqueteaba con otro hombre. Me despreciaba porque la pillé besando al mejor amigo de mi jefe en su propia oficina. Me odiaba porque pensaba que yo estaba seduciendo a su marido.

Aún recuerdo cuando estábamos en una reunión en la sala de conferencias y el señor Mendoza me pidió que le trajera el móvil de su despacho, donde Mila le esperaba a que terminara la reunión. Cuando abrí la puerta, me quedé impactada ante la escena que tenía ante mí.

*******

FLASHBACK 

Me quedé boquiabierta y mi mirada se quedó clavada en los pechos de Mila, que se balanceaban mientras cabalgaba sobre el señor Mayer, el mejor amigo de mi jefe, en el sofá. Parpadeé varias veces mientras intentaba asimilar lo que estaba pasando. En ese momento me sentí como si estuviera viendo un espectáculo porno en directo.

Quería marcharme y volver a la sala de reuniones, pero me preocupaba qué le diría al señor Mendoza si no llevaba su teléfono conmigo. Deseaba desesperadamente escapar, pero mis pies estaban clavados en el suelo. No podía moverme porque estaba en estado de shock. Pero mi mano se movió para cerrar la puerta, para que nadie pudiera oírnos desde fuera.

—¿Señora Mendoza…? —Me tapé la boca con la mano para evitar soltar un taco—. ¿Qué estás haciendo?

¡Claro que estaban teniendo sexo, maldita sea!

Mila saltó a la cama del señor Mayer y se cubrió el cuerpo desnudo con un cojín plateado que había cogido del sofá antes de saltar. 

«¿Qué haces aquí?», gritó, lanzándome una mirada fulminante. Estaba roja como un tomate, pero no sabía si era por la vergüenza o porque no había terminado su encuentro sexual con el hombre con el que estaba.

«¡No!», le grité yo también. «¿Qué estás haciendo con el mejor amigo de tu marido?». Levanté la barbilla y crucé los brazos sobre el pecho para expresarme con más contundencia. «¡Estás engañando a mi jefe!»

«¿Yo, engañando a tu jefe?», se rió como una bruja, y yo estuve a punto de agarrarla del pelo y tirarle con fuerza hasta dejarla calva, pero logré mantener las manos a los lados, cerrando los puños. «¡O él, siendo infiel a mí al acostarse contigo!»

«¿Qué?», exclamé, abriendo mucho los ojos ante su acusación.

«¡Oh… ni te molestes en negarlo, zorra! ¡Sé que estás intentando seducir a mi marido!», gritó.

«¡Por supuesto que no, señora Mendoza!», negué, y mis ojos se posaron en su amante, detrás de ella, que ahora se estaba vistiendo a toda prisa. «El señor Mendoza es mi jefe. Nunca...»

«¡Señorita North! ¿Qué te está tardando tanto...?» La puerta se abrió de golpe y Winston entró corriendo en la habitación, pero se detuvo en seco al ver a su mujer, que estaba completamente desnuda, con solo un cojín cubriéndole el cuerpo. ¡Mierda! ¡Estás muerta, zorra! «¿Mila…?»

Y su mirada se dirigió al hombre que estaba detrás, ajustándose los pantalones y subiéndoselos. «¿Qué coño está pasando aquí?». La voz atronadora de Winston resonó por toda la habitación, y sus ojos ardían de rabia mientras miraba a su mejor amigo y a su mujer.

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