Masuk- Tuve en cuenta tu opinión, sí. - Respondí.
- ¿Lo juras, cariño? Ben me miró.
- Si nos hubieras hecho caso , no habrías desperdiciado ocho años de tu vida metidos en esa basura. Y aún así juzgarme. – Salma se sentó en el otro sofá, con las piernas en alto, emocionada por empezar a hablar de la parte más ridícula de mi vida.
- Estoy libre de él y eso es lo que importa. Ahora solo tengo un foco: Bon Jovi.
Los dos empezaron a reír.
- Mientras estabas con Jardel, ¿Bon Jovi era el amante? ¿O al revés? Ben entrecerró los ojos, tratando de no reírse.
- Cualquier cosa. Me encogí de hombros. “Siempre fue el verdadero amor de mi vida.
- Y mi Axel Rose, Miss Alicia en el País de las Maravillas. Ben me abrazó. – No empieces a inventarte esa historia de "voy a amar a alguien imposible y seré más feliz si lo hago".
- Ben tiene razón, babi. Han pasado dos años. Tienes que seguir adelante.
Sí, habían pasado dos años desde que me deshice de Jardel, mi ex - novio. Y no fue fácil. Sólo lo conseguí cuando murió. Y no puedo decir que “desgraciadamente” falleció… Porque yo era la persona más feliz del mundo cuando eso pasó.
Pero no pude seguir adelante después de que se fue. Y no por amor a él. Empecé a tener miedo de involucrarme de nuevo.
Mi relación con Jardel fue buena solo en el primer año. Era hermoso, aventurero, lleno de sueños y me mostró un mundo que no conocía. Me lancé a él y le di todo mi corazón. Y no quedaba espacio dentro de mí para nada más que para él. Ni siquiera para mí.
Lo conocí a la edad de dieciocho años, poco después de la muerte de mi madre. Estaba saliendo de mi adolescencia y todavía quería entrar en una fase rebelde, incluso después de haber pasado el momento de hacerlo.
Su familia era maravillosa. La madre, el padre, los hermanos... Me trataron como si realmente perteneciera allí, siendo parte de una familia, que pensé que nunca tendría, porque solo éramos yo, mi madre y mi abuela.
Un rato después, su padre se fue; conoció a otra mujer. La madre estaba devastada, no aceptando la separación. Sus vidas dieron un vuelco... En consecuencia, la mía también. Jardel, que hasta entonces sólo fumaba porros para divertirse y ser más feliz, empezó a consumir nuevas drogas. Los atravesó todos y terminó en la grieta. Y yo estuve allí con él, a su lado, todo el tiempo. Porque lo amaba, porque pensaba que tenía este compromiso, ya que él me había curado del dolor de perder a mi querida madre.
Cuando la situación se volvió insostenible, me prometió que se detendría. Pasó por varias clínicas de rehabilitación. ¿Al final? Nada resuelto. Las promesas nunca se cumplían, mentir se convirtió en parte de nuestra relación constantemente y la sobriedad duró poco. Al final, no lo soporté con o sin drogas.
Dos años antes de morir, empezó la parte de la traición. Creo que ya ni siquiera sabía lo que estaba haciendo bien. Y cuando estaba en mi punto de quiebre y tratando de terminar nuestra relación, no eran solo las disculpas que él estaba tratando de hacer. Comenzó a acosarme, incluso me hizo perder algunas clases de la universidad y luego me prometió trabajos.
Ya no le creía. Y tampoco quería que me traicionaran más. Lo mínimo que merecía era fidelidad, ya que lo había retenido durante tantos años. No hubo más sexo... excepto cuando me obligó. Fue entonces cuando pudo mantener una erección.
Cansada, asustada, porque ya empezaba a ser violento en algunas situaciones, comencé simplemente a fingir que estaba a su lado, cuando en realidad era solo mi cuerpo y no mi mente o mi corazón.
Su familia y yo sabíamos que si lo dejaba, se volvería loco. Y yo no estaba preparado para saber cuál sería su siguiente paso: suicidarse, matar a su madre, a uno de sus hermanos oa mí... En fin, nadie lo sabía.
De un niño prometedor, inteligente, adorado por todos, Jardel pasó a ser un mendigo, un mendigo. Perdió un trabajo, perdió amigos, perdió todo lo que tenía. Al final, solo quedamos la familia y yo. Pensaron que nunca me rendí con él. Sabía que lo que contaba era mi vida. Quiero decir, tenía miedo.
Pero sabía que ningún mal duraría para siempre. Estaba acostumbrado a sufrir. ¿Qué es un novio drogado, loco y violento para una chica que perdió a su madre a los dieciséis años, se fue a vivir con una abuela que apenas conoció y nunca supo quién era su padre?
Pero no podía negarlo. Lo apoyé en gran parte gracias a mis amigos Benício y Salma. Al principio intentaron ayudarme, darme consejos, meterme en la cabeza que tenía que dejar a Jardel y vivir mi vida. Años después se dieron por vencidos. Sabían que no haría eso, como si llevar a Jardel a la espalda fuera mi destino y meta en la vida.
Mi abuela, Mandy, se quedó a mi lado. Ella nunca dio consejos... Solo su hombro para llorar. Y escuchó mis gritos sin motivo y de mal humor, sin preguntar por qué. Porque en el fondo, ella lo sabía.
Pasé un corto tiempo viviendo con la madre de mi madre, Mandy Novaes. Mi madre y yo vivimos toda nuestra vida. Cuando ella murió en un accidente automovilístico, me encontré completamente solo. Terminé con mi único pariente vivo, mi abuela, que vivía en el campo. Un lugar gigantesco, pero que en nada recuerda a la vida que siempre he llevado hasta ese momento.
En estos dos años que viví con ella, me mantuve alejado de Salma.
Conocí a Jardel en una gasolinera mientras llenaba gasolina con unos amigos. Fue amor a primera vista. Lo invité a salir. Pronto estuvimos juntos. Perdí mi virginidad con él.
Al principio, tanto nuestra relación como el sexo eran buenos. Pero confieso que disfruté más mientras me masturbaba, mirando el cartel de Bon Jovi, que cuando me penetraba.
La suerte de todo es que siempre supe que mi vida era una m****a. Y nunca pensé que Jardel me sacaría de esa situación, a pesar de que me gustaba. Seguro de que mi padre era un idiota, que embarazó a mi madre y se fue, nunca me engañé con los hombres. ¿Dónde está la suerte en todo esto? La mera posibilidad de quedar embarazada de él me asustaba a muerte. Así que nunca tuve sexo sin condón, aparte del anticonceptivo, que no me olvidé ni un solo día. La posibilidad de quedar embarazada de Jardel era nula.
Ocho años de tener sexo con un hombre usando condón para no quedar embarazada y lo mejor de todo: no contraer una enfermedad venérea ni nada más.
¿Por qué iba a creer en Dios? Asistí a misa con la mujer que pensé que era mi abuela desde que era niña. Cuando murió y dejó todas sus posesiones a parientes lejanos excepto a mi madre, supe que no tenía su sangre. Mi madre trabajaba en su casa como empleada doméstica. La anciana me trató como a una familia porque vivíamos allí y nadie la buscaba. Aún así, la perra dejó todo en su testamento a sus parientes de sangre y no a mi madre, quien la cuidó hasta el final de su vida.
A partir de ahí, mi madre nos alquiló una casa. Aquellos fueron los años más felices de nuestras vidas. Ella tenía un buen trabajo, yo seguía estudiando y sacando buenas notas y tenía a mi mejor amiga Salma siempre conmigo. De hecho, ahora vivíamos aún más cerca el uno del otro.
Los dos siempre estuvimos de acuerdo, desde pequeños, en que algún día viviríamos juntos en un departamento. Por supuesto, el plan no era alquilar y estar en el cuarto piso y el ascensor siempre averiado. Tendríamos hombres perfectos, tomarnos unas copas en el balcón viendo la luna llena mientras nos dan una serenata. Irónicamente, ni siquiera teníamos balcón.
De todos modos, mamá murió y entonces supe que tenía una abuela. Todo esto para no ir a una institución para menores huérfanos. Me rebelé e hice su vida un infierno al principio. Pero Mandy era fuerte. Y ella nunca dejó que nada la sacudiera. Pronto supe que mi madre se fue de casa a una edad temprana porque estaba involucrada con un hombre mayor y mi abuelo estaba en contra de la relación. No sé si mi padre fue este hombre, u otro... O tal vez un tercero o un cuarto. Mamá nunca quiso hablar de él. Todo lo que dijo fue que la engañaron y que él sabía de mi existencia, pero nunca vino detrás de nosotros.
Tan pronto como entré a la habitación, acompañado por el médico, vi a mi padre envuelto en un montón de cables que controlaban todos sus movimientos. Sabía cuánto odiaba él esa situación y la razón por la que huyó: todo se repetía, había pasado antes.Me acerqué a la cama y tomé su mano, que él apretó.- Estoy cansado. – dijo, con los ojos cerrados.- Entonces descansa.- Es complicado saber que no nos volveremos a ver... - Aún tenía los ojos cerrados - Te voy a extrañar.- No, no te lo perderás. Pero yo voy...- Sé que no fui un padre perfecto. Y por eso me disculpo. Pero entiende, nunca fue con malas intenciones. Siempre te amé, sin importar lo hijo de puta que fuera.- Creo que todo el mundo tiene una fase de mierda en la vida. Lo bueno es que podemos darnos cuenta de eso algún día. Hiciste lo mejor que pudiste.- Haz que cada gota de mi sudor cuente... Pero no pongas a North B. por encima de tu familia como hice yo.- No voy a hacer eso. No se preocupe.- Ahora... Dame un beso, hi
Tan pronto como descendimos los escalones de las escaleras laterales, la ceremonia aún continuaba, salimos afuera.Cuál fue mi sorpresa cuando encontré a Anya y Breno hablando con Nic, mientras Maria Lua estaba en su regazo, con Be en su regazo.Corrí hacia ellos, casi cayendo, mis tacones de aguja se hundían en la hierba blanda.Me detuve entre ellos y Nic, evitando que vieran a mi hija:- ¿Qué estás haciendo aquí? – pregunté, sintiendo la ira acumularse dentro de mí.- Nosotros... Sólo vinimos a ver a la chica. – dijo Anya.- No puedes verla. Ella es nuestra hija. – habló Héctor con firmeza – Si te vuelves a acercar, te pediré una medida de protección.- Realmente solo queríamos ver a la chica. Después de todo, no queremos tener el mismo final que Daniel. – dijo Breño.- No entiendo... - Me hice el tonto.- ¿De verdad crees que creemos que Daniel desapareció o se fue? Simplemente desapareció del país.- No sabemos de él - dije - Y ni siquiera quiero saberlo.- Bueno, a diferencia de
Me arreglé el vestido por última vez antes de entrar a la iglesia. Maria Lua no podía quedarse quieta y yo temí que la dama de honor no llegara al altar, pudiendo salir corriendo o correr con los anillos a cualquier parte, aunque fuera tras Be, el gato que llevaba corbata. , perdido en el gran salón, lleno de gente que apenas conocía.Mandy arregló mi vestido hacia atrás y dijo:- Creo que elegiste un vestido muy ajustado, querida. Espero que no se rompa mientras caminas al son de la marcha nupcial.- Voltea la boca para allá, abuela... Sería una pena.- Mandy, cariño, si eso sucede le cortaré el cuello a tu nieta. – dijo Ben, abanicándose con la mano – ¡Estoy tan nervioso! ¡Creo que me va a dar un ataque, lo juro!- Olha para mim, Ben – peguei o rosto dele com as duas mãos e encarei seus olhos brilhantes, como duas pedras preciosas na pele limpa e completamente perfeita e bem cuidada – Você merece cada segundo disso... Aproveite o seu dia, amor da mi vida.Besó mis labios y al instan
- ¿Mamá? María extendió sus brazos hacia mí.Sentí mi corazón romperse en mil pedazos y fui hacia ella, siendo empujado hacia el interior de la casa. La puerta se cerró y Daniel pasó la llave.- ¿Que haces aquí? - Le preguntó.María Lua me siguió con los brazos hacia mí y Daniel me impedía acercarme a ella. Fue suficiente para ella comenzar a llorar con vehemencia.Celine vino hacia mí y me entregó a la niña:- Odio su llanto. Ella es mimada y astuta.Cerré los ojos, oliendo su cabello entrando por mis fosas nasales. Su piel era cálida, la sangre circulaba por su cuerpo, sus mejillas sonrosadas.Apoyó la cabeza en mi hombro y dejó de llorar inmediatamente.- Mamá está aquí, mi amor.- ¿Papá? Ella me miró a los ojos.- ¡Papá también! - dije, viendo una sonrisa en su rostro, de esas que me hacían perder la cabeza y donar un riñón sin pensarlo dos veces.Sequé las lágrimas que aún estaban en su rostro y le pregunté:- ¿Esta con hambre?Ella asintió afirmativamente.- ¿Qué carajo haces aq
- Estoy de acuerdo - dijo Allan - Tenemos muchos hombres armados y entrenados aquí. Si no hacemos algo ahora, nunca se volverá a hacer.Todos miraron a Héctor. Él me miró. Sentí que algo le molestaba, aunque estuve de acuerdo con Allan y mi hermano.- Habla, Héctor... - Me acerqué a él, tomándolo de la mano, sin apartar los ojos de los suyos. - ¿Que piensas sobre todo esto?- Tengo miedo por Maria Lua. ¿Y si Daniel también está armado? ¿Qué pasa si no estás solo? ¿Qué pasa si una bala perdida alcanza a nuestra chica? - Noté cierto pánico en su voz.No había pensado en eso. Y tenía razón. Por supuesto, la voluntad era acabar con Daniel y todos los que estaban con él. Pero mi hija era una de las personas bajo su influencia.- Podemos intentar hablar - sugirió Ben - ¡Odio la violencia, gente! No es que crea que tenemos que ceder al chantaje de este Daniel descalificado, pero no está de más intentar resolverlo en paz.- En este caso, no hay forma de resolverlo en paz, Ben. – Le dijo Anon
- ¿Cómo desapareciste? No hay forma de que ella desaparezca. Si la dejaste en la sala, debe estar en algún lado... Le gusta jugar al escondite.Me levanté y bajé corriendo las empinadas escaleras de madera. La habitación estaba vacía.Fui a la puerta de cristal que daba a la calle y estaba cerrada pero no con llave.- Es imposible que alguien haya entrado aquí... y se la haya llevado. - dije inseguro.- No está en la cocina - dijo el ama de llaves - Ni en las habitaciones de camino.Héctor bajó corriendo las escaleras, metiendo un abrigo en sus brazos:- Tenemos que buscar en todas partes.- ¿Como supiste? – Lo miré.- Ben... Escuchó todo por teléfono. Y me dijoEmpezamos a buscar por la casa. El hombre a cargo del lugar también ayudó, pero por fuera. Después de un tiempo, ya sabía que mi hija no estaba en la casa.Salí a la calle, sintiendo mis pies sobre los pequeños y esponjosos copos. Ese momento se suponía que iba a ser tan perfecto. Sin embargo, todo lo que sentí fue que mi cora







