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Sentimiento de lastima

Autor: Yubel Writer
last update Data de publicação: 2022-02-25 07:06:42

Giancarlo:

Desde que le mostré ese oso esta rara, de lo que se encontraba radiante como el sol pasó a ser tenue como la luz de una vela a punto de apagarse. Vamos a la caja junto con las cosas que escogimos, prefiero ser yo quien haga la transacción porque ella está distraída viendo unas cosas.

—Señor ¿Con que va a pagar, efectivo o tarjeta? — Me pregunta la dependienta.

—Tarjeta — Contesto sin perder de vista a Antonella que ve unos zapatitos para bebe.

—Ingrese su clave, por favor — Continua, lo hago rápido. — Gracias señor, esto es un regalo para usted y su esposa, es el cuaderno para su bebé — Esto me tomo por sorpresa, que podía decir, negarme y aclararle que no era mi esposa y que tampoco íbamos a tener un bebé, aunque lo intentamos cada vez que podemos.

—Gracias — Agradezco sintiéndome incomodo, alejándome de la caja.

—¿Qué es eso? — Me interroga ella, viendo interesada el libro de mis manos.

—Toma, nos lo regalaron — Le entrego el libro, deseo ver su reacción.

—Piensan que vamos a…. Alexandra — Lo que la escucho decir al final me desconcertó por completo, acaso ¿ese no era el nombre de la mujer que trato de pegarle esa noche? Antonella no espero nada y se fue tras esa mujer, yo detrás de ella.

Dentro de la tienda esta Antonella, junto a una mujer de lentes oscuros, se nota su embarazo debido a lo delgada que se encuentra, demasiado para una mujer en su estado, si le sumamos la palidez de su piel. No hay rastros de aquella mujer prepotente y altanera que se creía mucho hace unos meses atrás. Estoy seguro que eso es causado por ese hombre, Giovanni. Eso quiere decir que Antonella alguna vez estuvo en ese estado, así de maltratada.

—Alexandra, déjame ayudarte, por favor — Le pide Antonella.

—Déjame tranquila — La rechaza con un movimiento brusco causando que se caigan sus lentes y ella también. Consigo sujetarla antes que tocara el suelo. Las dependientas se acercaron con una silla para que la mujer se sentara, pero no ocultaron su sorpresa al ver su ojo morado.

—¿Qué me ven? — Se avergüenza poniéndose de nuevo sus lentes, se levanta pero cae en la silla.

—Descansa, exaltarte no le va hacer bien a tu bebe — Le recomienda Antonella.

—Está bien — Se resigna, gira su cabeza hacia un lado, las dependientas se retiran al ver que la conmoción había pasado, mientras yo me sentía incómodo por la situación, no sabía qué hacer, me quedaba con ellas o las dejaba solas.

—Giancarlo — Se me acerca Antonella y en voz baja me pide: Podrías dejarnos un rato a solas, deseo arreglar las cosas con ella.

—Bien, si necesitas algo me llamas — Acepto.

—Lo sé mi amo y señor — Me dice en tono burlón, sólo le sonrío y me voy.

Antonella:

Espere a que Giancarlo se fuera para acercarme a Alexandra. La conozco y estoy segura que rechazara mi ayuda. Siempre finge ser fuerte hasta el final, solo cuando no puede más se quiebra, como ahora. Además, no creí encontrarla en esta situación, golpeada, demacrada. ¿Así me veía yo? Me pregunto, no, llegue peor que ella.

Me siento en el escalón que hay detrás de la silla, le pregunto: ¿Cómo has estado?

Se hace la que no me conoce.

—¿Cómo va tu embarazo? — Opto por preguntar sobre aquel tema.

—No me digas que te importa — No cree en mis palabras.

—Eres mi amiga a pesar de todo — Le respondo, recordando la promesa que hicimos hace mucho tiempo. “Hagamos un juramento sangre, seremos amigas para siempre suceda lo que suceda lo seguiremos siendo, de acuerdo Antonella”.

—No te creo, dudo que te interese mi bienestar y sobre todo de este niño, que a fin de cuentas es… — No la dejo terminar, de que servía hacernos más daño.

—Alexandra, eso no interesa. ¿Te parece si vamos a tomar o comer algo? Igual que en los viejos tiempos, sólo que está vez invito yo — Le tiendo la mano.

—Bien, te acepto un jugo — Se levanta sin tomar mi mano

Fuimos a una cafetería, ella pidió un jugo de papaya junto un mixto integral, por mi parte un chocolate, nada más. Ella probaba a pequeños bocados, no pierde la costumbre. Todo esto me lleva de vuelta al pasado de cuando éramos mejores amigas y nos contábamos como nos había ido durante el tiempo que no nos vimos.

—¿Por qué lo haces? — Me pregunta. — No ganas nada —

—Nunca gane nada, solo amistad — Soy sincera con ella.

—Pero ahora las cosas han cambiado, no entiendo tu disque preocupación, dices ser amiga de quien fue la amante de tu ex esposo, de quien estuvo con él mientras tu esperabas al… — No quiero escucharla hablar de eso.

—Al final te quedaste con él — Concluyo.

—¿Acaso me lo quieres quitar? — dice escéptica.

—No, las cosas pasan por algo, aunque hubiese deseado que unas no hubieran tenido un final tan desastroso… — Digo sintiendo una presión en el pecho. En verdad no quería que la historia con Giovanni terminara así. Pero ahora no estaban mal. Giancarlo, aunque a veces puede ser algo difícil es más de lo que hubiese imaginado tener, me siento feliz de estar con él: Ahora estoy con alguien.

—Con el sujeto de la boda. ¿Es el mismo de la tienda? — Me pregunta.

—Si, es el mismo — Respondo, sin querer me sonrojo al recordar todo lo que paso esa noche después de la boda.

—Es una persona espeluznante — Muestra temor.

—No lo es — Lo defiendo de inmediato. Para alegar: — Conozco personas que si lo son —

Ella se queda en silencio, ella sabe a quién me refiero.

—Lo que te hizo no tiene justificación, más en tu estado — Me refiero al golpe que le dio Giovanni porque esas historias de caídas o golpes accidentales, son puro cuento, lo es demasiado bien, muchas veces fueron mi excusa.

—Me di un golpe con la mesa de noche — Trata de ocultar lo evidente. Siento demasiada lastima y recuerdo cuando decía excusas igual de absurdas después de alguna paliza.

—Claro… Ten por seguro que eso no te lo creo, Se quién es Giovanni y dudo que haya cambiado — Le aclaro, recordando aquellas veces en las que abuso de su fuerza, al principio lo hacía bajo los efectos del alcohol, pero al final, ya no fue necesario para mostrar aquel ser que escondía detrás de esa cara de niño bueno.

Permanece en silencio.

—Le has comentado a tus padres, ellos te pueden ayudar. Nadie tiene derecho a pegarte — Le sugiero para que al menos se librara de él.

—Una mujer debe estar con su marido en las buenas y en las malas. Alexandra hija de Magnus Reiss, no puede avergonzar a su familia — Repite el sermón que sus padres le dieron, de una forma fría y burlesca. Es cierto que su familia es conservadora, el divorcio no es una opción. Alexandra siempre debía ser la hija perfecta de Magnus Reiss, hombre reacio a la vieja usanza que no consentía ningún tipo de escándalo.

—¿De qué servirá si terminas muerta? No entiendo para qué tanta apariencia, si no eres feliz — Estoy seria sin comprenderla.

—La felicidad o el amor no pagan la cuenta de los servicios, no te dan un carro del año o compran ropa de diseñador ni te otorgan una membresía a un club super exclusivo. No tienes lujos que el dinero y el poder si te pueden dar y al final, eso es todo lo que me importa, soy una mujer de cuna alta y no dejare de serlo, aunque muera — Sigue con esa aptitud fría.

—Sólo estas con él por el dinero, porque gracias a eso Coppola y Reiss se fusionaron — Me doy cuenta del teatro que armo a gran escala, decepcionándome de ella y sobre todo que me diera lastima, pena. Conocía ese lado materialista de ella sin embargo no creí que llegara tan lejos por eso.

—Si… ¿Acaso importa otra cosa? No entiendes de esos asuntos Antonella. Este mundo es más difícil de lo que te imaginas, si deseas creer en esas tonterías del amor saldrás perdiendo. Ahora creo que esta charla termino. Adiós Antonella — Se levanta de su asiento.

—Espera — Intento contener mis emociones, porque estoy segura que sus pensamientos son errados, admitía que, en ciertas cosas, tenía razón, pero no en todas, creo que ni ella se lo cree del todo, por eso me da lástima. — Toma, es mi número de celular, si necesitas ayuda no dudes en llamarme. No quiero que termines como yo, estas a tiempo — le digo con sinceridad.

Ella toma el papel, lo guarda en su cartera y se va sin pronunciar una palabra más. Me siento mal luego de oírla, creí que ella estaba enamorada de Giovanni, que por esa razón fue capaz de muchas cosas, al menos supuse que lo quería, pero en este momento viene con esto. Alexandre se aferraba a el tan solo para cumplir con su papel dentro de la familia que la vio nacer.

Pago la cuenta y llamo a Giancarlo, en verdad que deseo salir de aquí y estar con él. En todo este tiempo él es como mi morfina que apacigua el dolor de las heridas de mi pasado.

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