FAZER LOGIN
ClaireDaniel deslizó la mano entre las nuestras, todavía apoyadas sobre la sábana.—Voy a decir cosas que no te va a gustar escuchar —respondió—. Y probablemente me cueste mirarte mientras las digo. Pero no me acosté contigo pensando que esta mañana tenía que decidir si merecías quedarte.Sentí que la vergüenza me subía al rostro.—No era eso lo que…Me detuve. Había preguntado si seguiría queriéndome después de declarar. No podía fingir que esperaba una respuesta diferente de la que estaba dándome.Daniel me acarició los nudillos.—Tengo la cita mañana por la tarde —añadió—. Pedí hablar primero a solas. Necesito explicar también por qué me quedé callado.Levanté los ojos hacia él.Hasta ese momento había pensado en su declaración como algo que iba a ocurrirme a mí. Escucharlo hablar de su propia responsabilidad me hizo comprender cuánto había reducido su vida a las consecuencias que podía tener sobre la mía.—¿Te preocupa lo que puedan preguntarte? —dije.Daniel soltó mi mano para a
Daniel El padre de Claire esperó a que ella volviera a sentarse. Lo comprendí por la manera en que tomó su copa, convencido de que bastaban unos segundos de silencio para corregir aquella desobediencia. Yo también esperé, aunque por una razón distinta. Claire tenía el bolso en la mano y la mirada fija en él. No intenté conducirla hacia la puerta ni hacer más sencilla la decisión que acababa de tomar. —No vas a marcharte a mitad de una conversación —dijo su padre. Claire apretó la correa del bolso. —Ya dijiste lo que querías decir. Me miró entonces. —Vámonos, Daniel. La seguí hasta el vestíbulo. Detrás de nosotros escuché moverse una silla, pero su padre no vino a despedirnos. Claire no habló durante el trayecto al auto. Caminaba con la espalda demasiado recta y, cuando abrí la puerta, tardó un momento en entrar. Me senté al volante y esperé antes de encender el motor. —¿Quieres ir a tu casa? —pregunté. Ella se volvió hacia mí. —¿Podemos ir a la tuya? Asentí. Claire bajó
ClaireMi padre había confirmado por mensaje que nos esperaba a los dos. Sin embargo, cuando entramos al comedor, solo había dos lugares preparados.Daniel lo advirtió al mismo tiempo que yo. No dijo nada, pero su mano dejó de acariciarme la espalda.—Pensé que vendrían a revisar los documentos antes de comer —comentó mi padre, dejando el teléfono sobre la mesa.Me detuve junto a la silla.—Te dije que Daniel venía como invitado.Mi padre miró hacia él.—Entonces tendremos que añadir otro lugar.Daniel lo saludó y le ofreció la mano. Mi padre se la estrechó brevemente antes de pedir que trajeran más cubiertos.Mientras esperábamos, me acerqué a Daniel.—Lo siento —murmuré—. Sabía que ibas a venir. No entiendo por qué…Daniel me miró con una calma que me hizo dejar de justificarlo.—No tienes que explicarme la mesa —respondió en voz baja—. Me alegra que me hayas invitado.Su mano rozó la mía. Aquel gesto discreto me recordó la noche en su cocina, la presión de sus labios y lo difícil q
ScarlettNathaniel estaba de pie junto a la mesa cuando entré al restaurante. Lo vi antes de que él me encontrara entre las personas que esperaban junto a la recepción y aproveché aquellos segundos para observarlo sin disimulo.Había dejado la corbata en casa. La camisa abierta en el cuello parecía una decisión pequeña hasta que recordé cómo se sentía aquella piel bajo mis labios.Me acomodé el bolso y avancé.Nathaniel se volvió, y la expresión de su rostro me hizo olvidar el saludo que había preparado durante el trayecto.—Hola, Scarlett —dijo, acercándose.Apoyé una mano sobre su brazo para besarle la mejilla. Él inclinó la cabeza y sus labios rozaron mi piel apenas un instante. Me quedé demasiado cerca al apartarme.—Hola —respondí—. Espero que no hayas reservado también una sala para las preguntas.Nathaniel sonrió.—La mesa me pareció suficiente.Me acompañó hasta ella. El lugar tenía iluminación cálida y conversaciones que nos permitían hablar sin sentir que cualquier silencio
NathanielScarlett me envió una fotografía de su almuerzo mientras yo revisaba las condiciones de un contrato.«Esto cuesta doce dólares. Necesito saber si la servilleta es comestible».Amplié la imagen. Había dos trozos de pollo, algunas hojas verdes y suficiente espacio vacío para justificar su indignación.«Pregúntales cuánto cuesta la otra mitad».Su respuesta llegó cuando mi asistente entraba con unos documentos.«No te burles. Tengo hambre y una reputación que me impide lamer el recipiente».Me reí antes de poder evitarlo. Mi asistente se detuvo junto al escritorio y yo recibí los papeles con una seriedad que ya no convencía a nadie.Durante los días anteriores, hablar con Scarlett había vuelto a formar parte de mi vida. La llamé al día siguiente de aquella primera conversación, a la hora que acordamos. El cliente todavía no había decidido y ella estaba intentando no revisar el correo mientras desayunaba.Dos días después aceptó comenzar con menos cuentas. Rebecca y el equipo aj
DanielClaire llamó cuando estaba terminando de leer una propuesta de trabajo. Dejé el documento abierto sobre la mesa y observé su nombre en la pantalla, con aquella mezcla de alegría y cautela que todavía no conseguía separar.—¿Puedes verme? —preguntó apenas atendí.Me recosté en la silla.—¿Qué pasó?—Discutí con mi padre —respondió. Después guardó silencio unos segundos—. No quiero quedarme aquí.Miré la hora. Había comprado comida para preparar algo sencillo y pasar la noche revisando las condiciones del nuevo puesto. Antes habría abandonado ambas cosas sin pensarlo.—Puedes venir —le dije—. Estoy preparando la cena.—Llegaré en veinte minutos.Cuando abrí la puerta, Claire seguía vestida como si acabara de salir de una reunión. El maquillaje permanecía intacto, pero había una marca rojiza junto a su muñeca, donde se había apretado la correa del bolso.Entró y se detuvo al descubrir los papeles sobre la mesa.—¿Estás ocupado? —preguntó.—Estaba revisando una oferta.Claire dejó







