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Capítulo 2

Penulis: Leslie g
last update Tanggal publikasi: 2026-07-30 06:12:10

La distancia entre nosotros se redujo en tres zancadas largas y deliberadas.

Antes de que pudiera procesar el cambio en sus ojos, Nathaniel ya estaba allí. No pidió permiso. Alargó la mano hacia mi brazo sano y me puso en pie con una firmeza sorprendentemente delicada.

Su agarre era cálido. Mucho más cálido de lo que un hombre hecho de hielo tenía derecho a estar.

—Déjame ver —ordenó, con una voz que era un retumbo grave.

No respondí. Solo dejé que mi cuerpo se apoyara sutilmente en el suyo, ofreciéndole mi mano izquierda. Ralenticé mi respiración, mordiéndome el labio inferior para evitar que temblara.

Nathaniel me tomó de la muñeca. Su pulgar rozó el punto donde me pulsaba la sangre y, por un segundo, olvidé fingir la falta de aliento. Mi corazón martilleaba contra mis costillas, y él podía sentirlo perfectamente.

Miró la piel roja y castigada de mi muñeca. Un músculo se le tensó en la mandíbula.

—Le están saliendo ampollas —murmuró, alzando la mirada para encontrarse con la mía.

Estaba absurdamente cerca. Olía a madera de cedro y a lluvia, envuelto en el inconfundible aroma del dinero. Mi estómago dio una vuelta lenta y peligrosa.

«Oh, no.»

Conocía a los hombres. Sabía cómo leerlos, jugármela y desecharlos. Siempre había sido fácil porque nunca sentía nada. Pero al mirar el ángulo afilado de su mandíbula, sintiendo el calor de su piel a solo unos centímetros de la mía, el aire se me atrapó en la garganta de una forma que no tenía nada que ver con mi actuación. Estaba anulando mis instintos con el simple hecho de estar cerca.

«Maldita sea».

Era exactamente mi tipo. Un problema enorme y catastrófico. Porque al mirarlo, me di cuenta de que mi plan tenía un fallo fundamental. Seducir a un hombre como Nathaniel Cole era la parte fácil; la verdadera pesadilla iba a ser sobrevivir a ello. Enamorarlo mientras yo permanecía completamente blindada parecía, de repente, aterradoramente imposible.

—¿Puedes caminar? —preguntó.

—Yo... creo que sí —susurré, manteniendo la voz suave—. Solo me escuece.

No me soltó la muñeca. Me guio hacia su ascensor privado, saltándose por completo los torniquetes de seguridad. Los pocos empleados que había en el vestíbulo se quedaron petrificados, mirándonos. Nathaniel ni siquiera les dedicó una sola ojeada. Deslizó su tarjeta de acceso y las puertas de acero se abrieron.

Cuando las puertas se abrieron en el piso ejecutivo, me llevó directamente a su despacho. Era un espacio enorme y minimalista. Los grandes ventanales mostrababan todo el horizonte de la ciudad, pero mi atención se centró en el elegante sofá de cuero en una esquina.

—Siéntate —dijo.

Me senté.

Nathaniel caminó hacia un armario oculto y sacó un botiquín de primeros auxilios negro. Se sentó en el borde de la mesa de centro, justo frente a mí.

Arió el botiquín, sacó un tubo de pomada y volvió a tomar mi mano, apoyándola sobre su muslo. El calor de su pierna atravesó la tela de sus pantalones directamente hasta mi palma.

—Esto aliviará el dolor —advirtió.

Aplicó el gel. Su tacto era sorprendentemente suave; sus dedos largos extendían la crema fresca sobre mi piel con una atención meticulosa que parecía totalmente impropia de un hombre tan despiadado. Cerré los ojos, dejando escapar un leve suspiro. Por una vez, no tuve que fingir. Se sentía increíble. El contraste entre la medicina fría y el calor abrasador de su piel estaba sobrecargando mi sistema.

—No llevas una acreditación de visitante.

Abrí los ojos. Me estaba mirando.

—Yo... —empecé, dejando que la voz se me apagara.

Aseguró la cinta sobre el vendaje, pero no me soltó la mano. Miró mi traje sastre negro, mi cabello peinado y el espacio vacío a mi lado donde debería haber estado una carpeta.

—Mi director de Recursos Humanos me mencionó que había una última candidata programada para las nueve —dijo, tomando un tono clínico—. Para el puesto de asistente ejecutiva. La que tiene un currículum impecable y una puntualidad pésima.

Pestañeé.

Pensaba que iba a solicitar el puesto de su asistente.

—Llegas tarde —continuó Nathaniel —. Y ya has conseguido provocar un desastre en mi vestíbulo.

Mi mente empezó a trabajar a toda velocidad. Claire me había dicho que era imposible acercarse a él. Que vivía en su oficina y que ignoraba a cualquier mujer que se cruzara en su camino. Pero si fuera su asistente... tendría acceso a su agenda, a su despacho, a su teléfono. Estaría con él absolutamente todos los días.

Era el caballo de Troya perfecto.

Tragué saliva con dificultad, dejando caer los hombros mientras lo miraba desde abajo a través de mis pestañas.

—Lo siento muchísimo, Sr. Cole —dije, con la voz temblando lo justo—. El tráfico era horrible y luego... el café. Entiendo si prefiere que me vaya.

Nathaniel no se movió. Su mano descansaba a centímetros de la mía y su mirada bajó a mis labios antes de volver a subir a mis ojos. El silencio se alargó entre nosotros.

—No tolero la incompetencia, ¿Sra...?

—Quinn —aporté suavemente—. Scarlett Quinn.

—Sra. Quinn —repitió, y el nombre salió de su boca casi como una amenaza. Se puso de pie, volviendo a marcar distancia entre los dos—. En condiciones normales, habría hecho que seguridad la echara en cuanto derramó ese vaso.

Caminó de vuelta a su enorme escritorio, apoyándose en el borde y cruzándose de brazos.

—Pero estoy dispuesto a pasar por alto el desastre. Si —y solo si— sus habilidades están a la altura de su audacia —inclinó la cabeza—. ¿Está lista para la entrevista o necesita ir al hospital?

Miré el vendaje en mi muñeca y luego alcé la vista hacia el hombre que se suponía que era mi objetivo, pero que se sentía por completo como mi depredador.

Me puse de pie, alisándome la chaqueta del traje, y sostuve su mirada.

—Estoy lista —dije.

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Komen (3)
goodnovel comment avatar
Rashel Rashelita
Buen capítulo sigue así!!!!
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Rashel Rashelita
Me estoy enamorando de él pensé que sería más malo jajajaj
goodnovel comment avatar
maría del mar
jajajajjajaja los amo
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