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La heredera

Autor: ARYO
last update Fecha de publicación: 2026-05-24 19:41:55

Diez años después.

Lia Valentina cumplió quince años en la casa frente al mar.

Ya no era la niña que corría detrás de las olas. Ahora era una joven alta, de cabello negro largo y ojos profundos que parecían guardar todos los secretos del mar. Tenía la misma mirada serena y terca de su bisabuela Lia.

La familia había organizado una celebración íntima pero llena de significado. En la terraza, decorada con buganvilias blancas y velas, estaban todos: Mateo, ya con sesenta y dos años pero todavía fu
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Último capítulo

  • “Contrato de Odio, Lazos de Amor   Epílogo

    Veinticinco años después.La casa frente al mar seguía exactamente igual, como si el tiempo no se atreviera a tocarla.Las buganvilias blancas seguían trepando por las paredes con la misma fuerza de siempre. El gran árbol que Camila plantó décadas atrás ahora daba una sombra generosa sobre toda la terraza. Y la mecedora de Lia aún se balanceaba suavemente con la brisa, como si alguien invisible siguiera ocupándola.Camila Sofía, ahora con cuarenta años, se había convertido en la nueva guardiana oficial de la casa. Era profesora universitaria de Literatura y había escrito una novela basada en la historia de su familia, aunque cambió los nombres por respeto. El libro se llamaba Contrato de Amor.Era el primer día de verano y la casa estaba llena como nunca.Sus tres hijos corrían por la playa junto a sus primos. Las risas de los niños se mezclaban con el sonido de las olas. En la terraza, Lia Valentina, ya con ochenta y seis años, observaba todo desde su mecedora favorita con una sonris

  • “Contrato de Odio, Lazos de Amor   El final de una era

    Habían pasado dos años desde la partida de Mateo.La casa frente al mar seguía en pie, más viva que nunca, aunque ahora cargaba con el peso dulce de la nostalgia. Lia Valentina, con sesenta y un años, se había convertido en la matriarca oficial de la familia. Sus hijos ya tenían sus propias vidas, pero cada verano, sin excepción, todos regresaban.Era el último día de las vacaciones de verano. El atardecer pintaba el cielo de un naranja profundo cuando toda la familia se reunió por última vez en la terraza antes de volver a la ciudad.Lia Valentina pidió que todos se sentaran. Llevaba en las manos una caja de madera que había pertenecido a su bisabuela.—Quiero leerles algo —dijo con voz serena.Abrió la caja y sacó la última carta que Lia había escrito, la misma que nunca envió. La leyó en voz alta, lentamente, para que cada palabra calara en el corazón de los más jóvenes.Cuando terminó, había lágrimas en varios rostros.—Hoy se cumplen exactamente sesenta años desde que mi abuelo M

  • “Contrato de Odio, Lazos de Amor   regreso

    Veinte años después.La casa frente al mar había envejecido con dignidad, igual que sus habitantes. Las buganvilias ahora cubrían casi toda la fachada y el árbol blanco que plantó Camila se había convertido en un gigante lleno de vida.Lia Valentina tenía treinta y ocho años. Era una reconocida psicóloga especializada en trauma familiar. Había publicado dos libros y daba conferencias en varios países. Sin embargo, cada verano, sin falta, regresaba a la casa.Esta vez no venía sola.Traía consigo a su esposo, Alejandro, y a sus dos hijos: Mateo de nueve años y Lia Camila de seis. Era la primera vez que sus hijos pasaban todo el verano en la casa familiar.Mateo, con ochenta y dos años, esperaba sentado en su mecedora favorita en la terraza. Aunque sus pasos eran más lentos y su vista más débil, sus ojos seguían brillando con la misma calidez de siempre.Cuando vio el auto llegar, intentó levantarse. Lia Valentina corrió hacia él y lo abrazó con fuerza.—Abuelo… ya llegamos.El anciano

  • “Contrato de Odio, Lazos de Amor   La carta que nunca se envió

    Tres años después.Lia Valentina tenía dieciocho años y acababa de graduarse del colegio. Había sido aceptada en la misma universidad donde estudió su madre, con una beca para Psicología. La familia se reunió una vez más en la casa frente al mar para celebrar su graduación y su despedida antes de empezar la vida universitaria.La joven ya no era una adolescente. Era una mujer joven, decidida, con la misma luz tranquila en los ojos que tuvo su bisabuela.Esa tarde, mientras todos preparaban una cena especial, Lia Valentina entró en la antigua habitación de Lia. Había pedido quedarse sola un rato. Abrió el cajón donde su madre guardaba los objetos más preciados: cartas, fotos y el viejo diario.Encontró algo que nadie le había mostrado antes: una carta sin enviar, escrita por Lia pocos meses antes de morir. Estaba dirigida a “La bisnieta que quizás nunca conozca”.Con manos temblorosas, la abrió y leyó:“Si llegas a leer esto, significa que la vida fue generosa y me permitió dejar un le

  • “Contrato de Odio, Lazos de Amor   La heredera

    Diez años después.Lia Valentina cumplió quince años en la casa frente al mar.Ya no era la niña que corría detrás de las olas. Ahora era una joven alta, de cabello negro largo y ojos profundos que parecían guardar todos los secretos del mar. Tenía la misma mirada serena y terca de su bisabuela Lia.La familia había organizado una celebración íntima pero llena de significado. En la terraza, decorada con buganvilias blancas y velas, estaban todos: Mateo, ya con sesenta y dos años pero todavía fuerte; Camila y Diego, convertidos en padres experimentados; Lucas con su familia; Sofía con los suyos, y el pequeño Mateo Diego, que ya tenía trece años y no paraba de molestar a su hermana mayor.Después de soplar las velas, Lia Valentina pidió un momento a solas con su abuelo Mateo.Caminaron juntos hasta la orilla, como tantas veces habían hecho a lo largo de los años. La adolescente llevaba en la mano una carta que había escrito esa misma mañana.—Abuelo… mamá me contó toda la historia —dijo

  • “Contrato de Odio, Lazos de Amor   Los años que siguen

    Cinco años después.La casa frente al mar ya no era solo un hogar familiar. Se había convertido en un lugar sagrado de tradiciones, risas infantiles y recuerdos que se transmitían como tesoros.Lia Valentina, ahora con cinco años, corría descalza por la arena persiguiendo las olas. Su cabello negro ondeaba con el viento y su risa era idéntica a la de Camila cuando era niña. Detrás de ella corría su hermano menor, Mateo Diego, de tres años, tropezando con sus propias piernitas.Camila, sentada en la terraza con un libro en las manos, observaba a sus hijos con una sonrisa tranquila. Ya era una psicóloga titulada y trabajaba ayudando a familias en crisis. Diego, su esposo, había publicado su primera novela inspirada, en parte, en la historia de su familia política.Mateo, que ya pasaba los cincuenta y dos, se acercó con dos vasos de limonada y se sentó junto a su hija.—Se parece tanto a ti —dijo mirando a la pequeña Lia—. Terca, curiosa y con el mar en la sangre.Camila rio suavemente.

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