LOGINMiré a Caspian con fijeza antes de dar un paso hacia la puerta.
—Iré yo —le dije con un tono que no admitía réplicas—. Es un asunto entre vasallo y señor. Espérame aquí, Caspian.
Bajé al vestíbulo. Allí estaba Sir Thomas Dawn, el hombre que le había salvado la vida a mis padres y que, irónicamente, acababa de sentenciar la mía. Su rostro estaba marcado por los años y el peso de una nobleza que no necesitaba de títulos para brillar. Al verme, hizo una inclinación de cabeza, pero no fue la de un subordinado, sino la de un hombre que compartía un dolor conmigo.
—Sígame, Sir Thomas —murmuré, guiándolo a un salón privado lejos de los oídos de Caspian y del servicio.
Una vez que cerramos las puertas, el silencio se volvió denso. Thomas suspiró y se quitó el sombrero, revelando un cabello canoso que antes era tan oscuro como el mío.
—Alistair... —empezó, usando mi nombre sin títulos, como lo hacía cuando era niño—. Sé lo que dice el testamento de Albert. Él me entregó una copia sellada hace meses. Lo hizo por gratitud, por esa vieja deuda de sangre, por aquel día en que la vida de tu padre y de la Duquesa estuvieron en mis manos... pero quiero que me escuches bien.
Se acercó a mí, y en sus ojos no vi ambición, sino una preocupación genuina.
—No tienes que cumplir con esta promesa. No pienses que voy a exigirte que reclames la mano de mi hija basándote en un papel. Elowen es mi tesoro, Alistair, y solo busco su felicidad. Si un matrimonio forzado contigo la condenará a una vida de frialdad y sufrimiento mutuo, prefiero que no lo hagas. El honor de mi familia no se alimenta de la tristeza de mi hija. Rompe el pacto si es necesario, yo entenderé.
Sus palabras fueron como un bálsamo que se tornó en veneno al instante. Por un segundo, quise aceptar. Quise decirle que sí, que cancelaríamos todo. Pero la voz de Caspian y la advertencia del Rey resonaban en mi cabeza: "O heredas el título, o el ducado pasa a la Corona". Si rechazaba a Elowen, perdía el Norte, y con ello, la capacidad de proteger a mi gente y el legado de siglos de los Blackwood.
—Eso no es posible, Sir Thomas —respondí, y mi voz sonó extraña, como si alguien más estuviera hablando por mí—. Debo cumplir con la voluntad de mi padre. Sin este matrimonio, no heredaré estas tierras, y el sacrificio de mi familia durante generaciones se perdería en manos de administradores reales.
Me acerqué a él y, tragándome el nudo de amargura que sentía por Aurora, lo miré a los ojos.
—No se preocupe —mentí, sintiendo cómo cada palabra se clavaba en mi pecho como una astilla de hielo—. Por mi honor le juro que no haré sufrir a Elowen. Ella será la Duquesa de Blackwood y tendrá todo el respeto y la protección que su rango merece.
Thomas me miró durante largo rato, buscando la verdad en mi rostro. No pudo encontrarla porque yo mismo me estaba obligando a creer en mi mentira. Él no sabía que, aunque la protegiera del mundo, no podría protegerla de mi propio desprecio hacia el destino que nos unía.
—Espero que sepas lo que haces, muchacho —dijo él finalmente, con una voz cargada de presentimiento—. El honor es un techo sólido, pero es un lecho muy frío para una mujer joven.
Se despidió con una formalidad que dolió y salió del salón. Me quedé solo, sintiendo que acababa de firmar mi propia sentencia de muerte emocional. Había jurado no hacerla sufrir, pero ¿cómo se cumple esa promesa cuando el simple hecho de mirarla me recordaría todo lo que tuve que sacrificar?
Regresé al despacho donde Caspian me esperaba. Él no dijo nada, pero al ver mi rostro, supo que la decisión estaba tomada. El compromiso era ahora oficial en mi corazón, aunque fuera un secreto para el resto del mundo... por ahora.
S.P. Rivers “En un mundo de deudas, el corazón es la única moneda real”.
La noche caía sobre los bosques en las afueras de la capital cuando la guardia personal del Duque del Norte, acompañada por un escuadrón de élite del palacio, irrumpió en una antigua fortaleza abandonada que los informantes de Alistair habían localizado. El choque de aceros, el resonar de las botas contra las piedras viejas y las órdenes gritadas a viva voz rompieron el silencio de la espesura. ⚔️🌲Alistair Blackwood lideraba la avanzada con una presencia imponente. A su lado, sir John y sus hombres avanzaban con precisión militar, acorralando a los mercenarios que intentaban reaccionar ante la sorpresiva redada.—¡Desarmen a todos los que puedan! ¡Necesitamos respuestas! —ordenó Alistair, deteniendo el contraataque de dos hombres con un movimiento firme de su espada.La batalla fue feroz y caótica. Varios mercenarios cayeron desarmados o sometidos por la abrumadora fuerza del Norte. Sin embargo, no todo resultó tan sencillo. En la parte trasera de la fortaleza, la figura misteriosa
La tarde se presentaba idílica, con un cielo despejado que se reflejaba como un espejo sobre las mansas aguas del lago de los cisnes, un paraje retirado y exclusivo en las inmediaciones de la capital. Aiden y Ania habían decidido aprovechar el buen clima para romper la rutina, disfrutando de un apacible paseo en bote y de un picnic sobre la fresca hierba de la orilla. Tras semanas de constantes encuentros, la complicidad entre ambos era un refugio innegable. 🛶🧺—Debo admitir que tenías razón, Aiden. El reflejo del sol en el agua es hermoso aquí —comentó Ania con una sonrisa, mientras acomodaba el vestido color marfil que llevaba puesto—. En el Norte los lagos suelen estar congelados la mayor parte del año.—Me alegra que te guste, Ania —respondió Aiden, vistiendo una cómoda camisa blanca con detalles dorados y un chaleco amarillo suave que se adaptaba perfectamente a la tarde de campo. Sus ojos la miraban con una calma que rara vez mostraba en el palacio—. Quería que tuviéramos una
El tiempo en la capital poseía un ritmo vertiginoso, muy diferente a la pausada y predecible calma del Norte. Casi dos meses transcurrieron como un suspiro sobre la corte del Sur, transformando las primeras impresiones en lazos más sólidos y modificando sutilmente la rutina de la familia Blackwood y la familia real. La primavera había cedido su lugar a los días más cálidos del año, y con el cambio de estación, la vida social y los hilos políticos se entrelazaron de una manera que nadie podía ignorar. ☀️🏛️Durante esas semanas, Lyra se convirtió en una figura recurrente y respetada en los salones de la alta sociedad. Se la vio asistir a los recitales de poesía en los palacios de verano, participar en las exclusivas ferias de arte y pasear por los pabellones de cristal de la nobleza. Luciendo en una ocasión un distinguido conjunto de faja alta morada con una blusa de encaje blanco pulcro, y en otra, un vestido azul profundo con detalles dorados, Lyra cautivó a muchos. Conoció a varios
El sol de la tarde se filtraba con suavidad a través de los altos ventanales de la residencia de los Blackwood en la capital. Los días posteriores al banquete real habían traído consigo un ajetreo constante, pero dentro de los salones familiares, la atmósfera profesaba el porte firme y templado del Norte. Mientras la servidumbre se movía con discreción de un lado a otro, ordenando los lujosos tapices y preparando los carruajes, las dos hermanas Blackwood experimentaban la estancia en el Sur desde perspectivas completamente diferentes.Lyra se encontraba en el salón de té de una de las residencias más prestigiosas de la alta sociedad, invitada a una reunión donde damas de la aristocracia y jóvenes herederos conversaban de forma amena. Llevaba un vestido de corsé verde esmeralda y una falda fluida color marfil que realzaba su porte maduro y su mirada serena. Para ella, este viaje no representaba una presión por asegurar un matrimonio arreglado, sino una oportunidad para expandir sus hor
Al cruzar de regreso las pesadas cortinas de terciopelo carmesí, el estruendo del Gran Salón volvió a envolverlos, pero la atmósfera ya no se sentía igual para Ania. El abismo invisible que había percibido minutos antes se había esfumado por completo tras su conversación en el balcón. Caminando al lado de Aiden, notó cómo la rigidez de los hombros del príncipe se había disipado, mostrando una soltura que solo compartía con ella. La timidez del reencuentro dio paso a una calidez reconfortante; ya no era el inalcanzable heredero al trono, sino su querido amigo de siempre, el confidente de sus cartas.—Parece que tu ausencia ha causado cierto revuelo entre las jóvenes de la corte, Su Alteza —comentó Ania en un tono bajo y divertido, rompiendo el hielo por completo mientras avanzaban hacia el centro del salón.Aiden soltó una risa ahogada, mirándola de reojo con complicidad.—Es el precio de llevar la corona, supongo —responded él con una sonrisa ligera y calmada—. Aunque admito que mante
El Gran Salón del Palacio Real de Aethelgar resplandecía con una magnificencia cegadora. Miles de cristales tallados pendían del techo, reflejando la luz de innumerables velas que iluminaban los intrincados frescos dorados. El ambiente estaba impregnado del aroma a perfumes caros, licores selectos y el murmullo constante de la alta sociedad. La música del arpa y los violines flotaba en el aire, dictando el compás aristocrático de una noche diseñada para exhibir el poder de la corona. Para la familia Blackwood, esta recepción no era solo un evento social, sino la declaración oficial de su retorno al epicentro político del reino. 🏰✨Alineados según el estricto protocolo de la corte, los lobos del Norte avanzaron atrayendo todas las miradas. El Duque Alistair caminaba con una solemnidad implacable, flanqueada por la Duquesa Elowen, cuya elegancia serena parecía congelar el tiempo. Detrás de ellos, Lyra se movía con un porte regio y maduro, vistiendo su vestido de corte limpio en tonos o







