Masuk—¿Y por qué tendría que ayudarlo?Nicolás esbozó una sonrisa llena de calma.—Supongo que su familia aún no está enterada de que usted tiene una novia viviendo en el extranjero, ¿verdad?La cara de Nina se ensombreció de golpe al escucharlo.—¿Me investigó?—Resulta de lo más normal indagar un poco antes de asistir a una cita arreglada por la familia.Nina apretó el talle de la copa de vino entre sus dedos, guardando un tenso silencio.—A mí no me interesa en lo absoluto entrometerme en su vida privada —continuó Nicolás con tono sereno—. Sin embargo, dudo mucho que su familia vaya a tolerar algo así. Aceptar mi propuesta es su única opción viable en este momento. Por un lado, requiero de su ayuda; por el otro, su familia dejará de presionarla presentándole pretendientes durante un buen tiempo, ¿no le parece un trato conveniente?Ella no tenía forma de negar la realidad. Sencillamente no existía ningún motivo lógico para rechazar la propuesta. Si su secreto llegaba a descubrirse, arruin
Nicolás la miró con serenidad.—¿Le gustaría acompañarme a cenar?Nina Vidal, bastante desconcertada por la propuesta repentina, aceptó luciendo una sonrisa cálida. Apenas ambos abandonaron el lugar, Lía llegó a la oficina. Caminaba a pasos inquietos de un lado a otro frente a la oficina de Nicolás, devanándose los sesos para encontrar un buen pretexto para entrar, cuando de pronto Alexander salió del lugar.—Lía, ¿ya te dieron el alta en el hospital?—Sí —respondió ella y echó un vistazo hacia la oficina vacía—. ¿Adónde fue Nicolás?Alexander vaciló un par de segundos, sin saber si era conveniente hablar.—¿Pasa algo malo? —insistió ella al notar su duda.—Salió a cenar con una mujer.Lía hizo un gran esfuerzo por disimular la sacudida que sintió en el pecho.—¿Una mujer? ¿Y cómo es ella? ¿Es joven? ¿Es bonita?Alexander prefirió no lastimarla con detalles innecesarios. Decidió mentir.—La verdad no lo sé. Solo escuché de que se trataba de una cita a ciegas.Lía tomó aire profundament
Al oír sus palabras, Salma bajó la mirada y esbozó una amplia y suave sonrisa.A lo largo de los años, había recibido una cantidad innumerable de joyas de parte de diversos pretendientes, pero esos obsequios se sentían más bien como un halago con un precio bien determinado: las piezas demasiado costosas les dolía regalárselas y las demasiado insignificantes temían que ella las despreciara.Al final, después de tanto buscar, siempre le regalaban los modelos de moda del momento; nadie se había tomado el tiempo ni la molestia de elegir algo pensando realmente en ella.Por eso, aunque el regalo de Ben se tratara de una joya, el esmero y el cariño que le había puesto resultaban del todo evidentes en ese instante. Sin embargo, recordó un detalle y se mordió el labio con cierta inquietud.—Ahora mismo no tengo nada que pueda estar a la altura de tu regalo, pero…Antes de que Ben pudiera responderle, Salma se inclinó suavemente y le plantó un beso en la mejilla.Él se quedó completamente petri
Así transcurrió el día hasta que cayó la tarde. Celia recibió un mensaje de Salma en el que la invitaba a cenar a su casa. Creía que se trataba de un asunto urgente, pero al cruzar la puerta se sorprendió: la sala estaba finamente decorada con luces bonitas y la mesa lucía repleta de platillos exquisitos.—¿A qué se debe todo esto? —preguntó, desconcertada.Salma estaba acomodando las copas y los cubiertos con esmero.—¡Es para celebrar tus logros!—¿Mis logros? —Celia arrugó la frente con confusión—. Tampoco recuerdo que hoy sea una fecha especial…En ese momento, Ben salió de la cocina con varios platos.—Celebramos que el inicio de tu proyecto de investigación fue todo un éxito.Celia no estaba convencida.—Pero si apenas es la fase inicial. ¡Esto es demasiado para algo tan sencillo!Salma soltó una risita y se le acercó.—No es solo por eso. Es que hoy también es tu cumpleaños.Celia se quedó muy quieta. Giró la cara hacia Ben.¿Su cumpleaños? Ella jamás había sabido la fecha exact
Pero en cuestión de segundos, recuperó la compostura y forzó una sonrisa amplia.—¿Hoy te tocó día de descanso?Alexander colocó el delicado ramo de flores sobre la mesa de noche y se acomodó en la silla del acompañante.—Sí. La verdad es que no hay mucho trabajo pendiente en el laboratorio, así que el profesor Gómez me dio permiso.Al escucharlo hablar sobre Nicolás, los ojos de Lía brillaron con una pequeña chispa de ilusión. Sin embargo, al notar la mirada evasiva de Alexander, comprendió la cruda realidad al instante. Para no perder lo poco que le quedaba de dignidad, dejó escapar una risa sarcástica.—Bueno, da lo mismo. Aunque estuviera enterado, yo no le importo.—¿Cómo te sientes ahora? —preguntó Alexander.—Estoy bien.—¿Por qué te quedaste internada entonces?Lía se recostó despreocupadamente contra la cabecera de la cama.—Simplemente quise quedarme en observación un par de horas.Alexander prefirió no indagar más. La verdadera razón resultaba evidente para ambos. Tras un pr
Lía se petrificó. Alexander la hizo reaccionar de golpe. De hecho, no estaba tan borracha. Solo quería buscar un pretexto perfecto para ver a Nicolás, pero nadie parecía entender su desesperación.—No entiendes nada —murmuró ella, girándose hacia Alexander para recuperar el bolso y el celular—. Muchas gracias por haberme acompañado estos días.—Pero…—No estoy borracha. Puedo regresar a mi casa sola —dijo mientras se limpiaba los restos de maquillaje de la cara con una toallita húmeda, para luego subirse a un taxi que pasaba por ahí.Alexander la vio alejarse en la noche y apretó los puños con evidente impotencia.***Lía no sabía a qué hora llegó a su departamento. En cuanto entró, corrió directo al baño a vomitar todo el alcohol que tenía en el estómago. Al levantarse y mirarse en el espejo, vio su maquillaje corrido y su cara demacrada por las noches en vela. Mientras tanto, las duras palabras de Nicolás resonaron con fuerza en su mente:"¿Acaso no tienes otra cosa en la cabeza que







