공유

Cuando el Don lloró por ella
Cuando el Don lloró por ella
작가: Bella y Frágil

Capítulo 1

작가: Bella y Frágil
Viviana caminó con pasos vacilantes por el salón de banquetes hasta arrojarse sin dudarlo en los brazos de mi esposo.

—Todos estos años... —sollozó ella, luchando por articular las palabras—. Todo fue por un estúpido malentendido. Perdimos siete años por culpa de eso.

Dante no la apartó. Al contrario, la sostuvo contra su pecho y le dio unas palmaditas suaves en la espalda para consolarla, ignorando por completo mi presencia.

—Nadie pudo haberlo predicho —susurró él, con una ternura que jamás había usado conmigo.

—Aquel hombre me entregó el mensaje y juró que se lo había dado a la persona correcta —continuó Viviana, alzando su rostro bañado en lágrimas—. Pero para cuando descubrí la verdad, ya te habías marchado.

Alrededor de ellos, los invitados comenzaron a actuar como cómplices de su reencuentro. Alguien le rellenó la copa de vino a Dante y otra persona le alcanzó un pañuelo. Él lo tomó con delicadeza para secarle las mejillas a Viviana, le alisó con cuidado el cuello de la camisa y luego le ofreció la copa para que se tranquilizara. Estaba tan absorto atendiendo a su antiguo amor que ni siquiera se tomó la molestia de mirarme.

Toda la sala estalló en vítores ante el repentino y melodramático giro de los acontecimientos.

—¡Mírenlos! Siete años después y todavía no se han olvidado el uno del otro —exclamó el subjefe de la familia en voz alta—. ¡Es el auténtico destino!

—Cualquiera lo habría visto venir —se burló un consejero—. Siempre fue obvio. Esos dos nacieron el uno para el otro. Si se hubieran casado en su momento, su hijo mayor ya estaría aprendiendo a tocar el piano.

Una voz cortante interrumpió el bullicio del salón:

—Ojalá eso hubiera pasado... pero una mujerzuela tuvo que interponerse en el camino de ambos.

Algunos invitados agacharon la cabeza para reírse, simulando beber de sus copas de vino para disimular. Sin embargo, la gran mayoría clavó sus ojos en mí con una burla abierta y maliciosa. Me mantuve erguida, ignorando el dolor de mis propias uñas clavándose con fuerza en las palmas de mis manos.

Fue entonces cuando la esposa de uno de los Dónes, una mujer conocida por su naturaleza chismosa, se me acercó con sigilo. Sus labios, pintados de un rojo intenso, se curvaron en una sonrisa malvada.

—Solo estoy diciendo la verdad —soltó la mujer, mirándome de arriba abajo—. Fuiste tú, ¿no, querida? La que manipuló todo. Estabas desesperada por quedarte con Dante.

Apreté la mandíbula, sosteniéndole la mirada.

—No fui yo.

Apenas pronuncié esas palabras, el salón entero estalló en carcajadas despectivas. Los cuchicheos y las acusaciones comenzaron a llover desde diferentes mesas, cruzándose en el aire como flechas:

—¡Oh, por favor! Es más que evidente que fue ella.

—Todo el mundo aquí sabe que Dante y Viviana eran la pareja perfecta. Nunca supiste cuándo alejarte, ¿verdad, Tessa?

—Siempre encontraba una excusa para estar a solas con él —murmuró otra mujer a mi izquierda, subiendo el tono para asegurarse de que la escuchara—. Reuniones "casuales" en el balcón, recados nocturnos, conversaciones sospechosas en voz baja... Por Dios, era demasiado obvia.

—Apuesto a que no perdió el tiempo —se burló un consejero entre risas—. En cuanto se enteró de que Viviana había dejado una tarjeta de acceso, aprovechó la oportunidad para cambiarla.

—Imagínate qué vergüenza —remató la esposa del don, fingiendo lástima—. Perseguir durante tanto tiempo a un hombre que ni siquiera te mira. Una desesperada total.

Nadie tenía una sola prueba en mi contra, y aun así me condenaban en público. Cuando se trataba de mí, esa gente jamás necesitaba evidencias ni motivos reales para destruirme.

Sin embargo, ninguna de esas víboras sabía la verdad. No sabían que Dante había pasado los últimos siete años en mi cama, ni que yo había llevado su anillo durante cinco. Cada una de las firmas plasmadas en nuestro certificado de matrimonio era completamente legal y auténtica.

이 작품을 무료로 읽으실 수 있습니다
QR 코드를 스캔하여 앱을 다운로드하세요

최신 챕터

  • Cuando el Don lloró por ella   Capítulo 12

    Regresé tres meses después. Pero no lo hice por él, sino para exigir la firma de los papeles del divorcio.Cuando la puerta de la sala de juntas del bufete de abogados se abrió y él cruzó el umbral, casi no lo reconocí. Dante siempre se había distinguido por una postura imponente y una presencia tan abrumadora que obligaba a cualquiera a apartarse de su camino casi por instinto. Sin embargo, el hombre que acababa de entrar parecía la sombra de un fantasma. Había perdido muchísimo peso; la chaqueta del traje de diseñador le colgaba de los hombros, y las profundas ojeras que le surcaban el rostro reflejaban un desgaste alarmante.En cuanto sus ojos se cruzaron con los míos, sus facciones se descompusieron por completo.—Tessa... por favor, no hagas esto... —susurró con un hilo de voz.Lo contemplé con frialdad desde mi posición. Aquel era el mismo hombre que una vez había hecho temblar a la ciudad entera, el mafioso despiadado que le había plantado una pistola en la frente a un rival

  • Cuando el Don lloró por ella   Capítulo 11

    Aquel mensaje de Viviana actuó como un salvavidas. Dante no lo dudó ni un segundo; siguió las indicaciones al pie de la letra y condujo a toda velocidad hacia su departamento. Sin embargo, en cuanto ella abrió la puerta, una silueta se abalanzó sobre él. Viviana vestía una sugerente lencería de encaje y se le arrojó al cuello sin darle tiempo a reaccionar.—Don Fumagalli, por fin vino —le susurró—. Sabía perfectamente que sigo siendo su mayor preocupación.Ella acortó la distancia, deslizando los dedos con audacia sobre su pecho.Dante se quedó rígido, paralizado por una intensa oleada de asco. Levantó la mano y la apartó de un empujón, sin la menor consideración. Se mantuvo firme en el umbral, con una mirada gélida e implacable, conteniendo a duras penas la repulsión que ella le provocaba.—¿Dónde está Tessa? —le exigió de inmediato.Al constatar que su mente y corazón estaban ocupados por otra mujer, Viviana lo miró con rencor mientras se clavaba las uñas en las palmas de las m

  • Cuando el Don lloró por ella   Capítulo 11

    Por supuesto que lo sabía. No solo había revelado nuestro matrimonio, sino que hizo públicos detalles sobre nuestra relación, asegurándole a todo el mundo que él había sido el único responsable de cortejarme. Qué ironía; el anhelo que atesoré en secreto durante cinco largos años se convertía en realidad justo en el instante en que decidía marcharme.Durante incontables noches en vela, mi único deseo había sido que me tomara de la mano con orgullo frente al mundo y me presentara como su esposa. Sin embargo, tras media década de espera, lo único que obtuve fue su rechazo ausente en aquel banquete, dejándome a merced de las humillaciones de los demás. Y ahora que mi amor por él se había extinguido, venía a entregarme en bandeja de plata todo lo que alguna vez le supliqué.Era un chiste de mal gusto. A raíz de su anuncio, todos aquellos que se habían dedicado a pisotearme empezaron a inundar mi bandeja de entrada con disculpas corporativas. No es que se sintieran culpables por sus ofensa

  • Cuando el Don lloró por ella   Capítulo 9

    Marcó una, dos, diez veces, y luego decenas más, hasta acumular más de un centenar de llamadas perdidas. Mis respuestas alternaron entre colgarle directamente y dejar la línea ocupada; no iba a ceder ni un milímetro. Dante solo se detuvo cuando el teléfono finalmente se le apagó al quedarse sin batería.Completamente fuera de sí, convocó a sus hombres con una urgencia frenética:—¡Muévanse todos! Busquen a Tessa por cada rincón de la ciudad. Remuevan hasta la última piedra si es necesario, pero encuéntrenla ya.Tras dar las órdenes, él mismo tomó el volante para recorrer cada sitio que solíamos frecuentar. El bar donde nos gustaba tomar algo, el mirador junto al río, la cima de la colina donde solíamos ver los atardeceres... Todos esos rincones conservaban nuestros recuerdos, pero ninguno me resguardaba a mí. Me había desvanecido por completo, como si me hubiera tragado la tierra.Dante se apoyó contra el capó de su auto y encendió un cigarrillo, con la mirada cargada de un cansanc

  • Cuando el Don lloró por ella   Capítulo 8

    Dante se quedó petrificado. Sentía una opresión tan fuerte en el pecho, mientras el remordimiento lo golpeaba con la fuerza. ¿Cómo había sido capaz de perder la cabeza de esa manera en el banquete? ¿Cómo había permitido que la humillaran así?Viviana, que lo observaba desde el suelo, se horrorizó al ver el pánico absoluto en sus ojos; era una expresión de total vulnerabilidad que jamás le había visto. Con dificultad, logró ponerse de pie y preguntó con la voz temblorosa:—Don Fumagalli... ¿qué le pasa?Dante ni siquiera la miró. Sus dedos, rígidos por la tensión, acariciaron el relieve del anillo. Cuando habló, su voz sonó ronca, rota por el peso de los años:—Tú no sabes lo que fue para mí tomar el control de la familia. Cada maldito día era una guerra. Vivía con el agua al cuello, al filo de la navaja... y Tessa fue la única que estuvo ahí en los momentos más oscuros. Cuando mis enemigos me cazaban y tenía que esconderme como una rata en almacenes abandonados, ella arriesgaba su

  • Cuando el Don lloró por ella   Capítulo 7

    El rostro de Viviana palideció por completo. Nunca antes había visto a Dante de esa manera. La calidez y la dulzura que ella conocía habían desaparecido por completo, dejando en su lugar un aura violenta y opresiva.—Dime. ¿Qué te dijo? ¿Por qué tienes su anillo?A Viviana se le encogió el corazón. No lograba entender cómo es que Dante sabía con tanta certeza que el anillo me pertenecía. La fría furia en sus ojos le indicó que no podría permanecer callada por más tiempo.Ella se mordió el labio y, con la voz temblorosa, confesó:—Acaba de venir a verme...Al mismo tiempo, le entregó los papeles que yo le había dejado.—Me dijo que te los diera para que los firmaras...Como si de pronto se diera cuenta de una terrible realidad, se detuvo a mitad de la frase, con el rostro desencajado por la sorpresa.—Don Fumagalli... ¿el esposo de Tessa es usted? —Pero dijiste que ustedes dos solo habían salido hace tiempo. —¿Cómo es posible que estén casados?Dante no escuchó ni una sola

더보기
좋은 소설을 무료로 찾아 읽어보세요
GoodNovel 앱에서 수많은 인기 소설을 무료로 즐기세요! 마음에 드는 작품을 다운로드하고, 언제 어디서나 편하게 읽을 수 있습니다
앱에서 작품을 무료로 읽어보세요
앱에서 읽으려면 QR 코드를 스캔하세요.
DMCA.com Protection Status