LOGINHelena le indicó al chofer que debía de llevarla a las instalaciones de turismo de Moore, y por primera vez desde que había asumido como la señora Jackson, ni el chófer ni el custodio, hicieron indagación alguna, porque el día anterior habían comprendido a la perfección de que Marcus respaldaba cada una de las decisiones que Helena tomaba, por supuesto que apreciaban demasiado su vida como para contradecirlo.Sin embargo, había un pequeño detalle que Helena pasó por alto, y ese fue el indicarles qué camino debían tomar, porque por supuesto que para llegar al territorio de Moore había más que un camino para tomar, sin embargo el chofer opto por el camino más corto como le indicaba la lógica, sin saber qué estaría exponiendo a Helena, a pasar por el lugar donde alguien, le había arrebatado la vida a Ethan.—Detente.Dijo la castaña al percatarse dónde estaban, y su mirada sin poder evitarlo fue hacia aquella esquina… donde había quedado el automóvil de Ethan, donde para Helena, Damián R
Helena bajó un poco la voz.—Marcus.Él la miró con ojos duros, pero no fríos.—Si no me dejas hacer esto, vas a hacerme sentir que confías más en tu miedo que en mí.La frase quedó flotando entre ellos.Y el golpe fue tan exacto que Marcus cerró los ojos un segundo.No porque no quisiera escucharla.Sino porque la estaba escuchando demasiado bien.Cuando volvió a abrirlos, lo hizo con una expresión distinta. Más contenida. Más honesta. Más rendida ante una verdad que no le gustaba admitir.—No es solo miedo —dijo al fin.Helena no se movió.Marcus dejó escapar un suspiro lento.—Ethan fue encontrado muerto en territorio de Moore. Eso no es un detalle menor. Si metemos las manos donde no debemos, podemos despertar algo que todavía está dormido.Helena sostuvo la mirada.—Entonces sí hay algo.—Siempre lo sospeché.Ella se tensó.—¿Y no me lo dijiste?—No hasta estar seguro.—Pero ahora lo estás.Marcus tardó un instante.—Lo suficiente.Helena tragó saliva.—¿Qué crees que pasó?Marcu
Helena se quedó mirando un punto fijo en el suelo.—Entonces sí hubo algo raro.Marcus sostuvo su perfil con una mezcla de preocupación y ternura controlada.—Helena…Ella alzó la vista.—No me digas que espere quieta.Marcus no respondió de inmediato.Porque conocía esa mirada.Esa era la mirada de alguien que ya había decidido no quedarse paralizado por el miedo.—Te estoy diciendo que no hagas nada imprudente —dijo al fin—. Yo voy a seguir investigando.Helena se tensó apenas.—¿Seguir investigando? ¿Eso significa que ya estabas investigando?Marcus mantuvo la voz serena.—Si, pero no te lo dije porque todavía no había nada concreto.—¿Y ahora sí?—Ahora tengo esto.—Eso no responde mi pregunta.Marcus la miró con una calma que no era evasiva, pero sí cuidadosamente medida.Helena se inclinó un poco hacia él, con la obstinación prendida en el gesto.—Marcus, dime la verdad. ¿Vas a dejar de lado el negocio con los rusos para concentrarte en lo de Ethan?La pregunta lo golpeó más de
Marcus ya estaba completamente vestido cuando salió del vestidor, pero aún llevaba en el cuerpo esa calma extraña que solo aparecía después de una noche compartida con Helena. No era una calma absoluta, porque Marcus nunca parecía del todo en paz, pero sí había algo distinto en él desde que ella estaba en su vida de esa manera: menos rígido, menos afilado, como si por momentos dejara de estar hecho solo de deber, estrategia y violencia contenida.El traje oscuro le quedaba impecable, la camisa apenas rozando la tensión de sus hombros, el reloj sujeto a la muñeca con la precisión de alguien que no perdía tiempo en banalidades. Iba a salir. Tenía un día largo por delante. El puerto lo esperaba al igual que el cargamento de los rusos.El negocio iba mejor de lo previsto.Ningún cargamento había sido interceptado en las últimas entregas, nadie había intentado desviar mercancía, y eso, en el mundo de Marcus, ya era casi una victoria. Una victoria pequeña, sí, pero suficiente para que el dí
Helena solo tomó asiento con toda la serenidad que pudo y comenzó a cenar con calma, como si no acabara de ser puesta en duda delante de todos. Su silencio, más que cualquier respuesta, hacía que las insinuaciones de William sonaran todavía más mezquinas.Marcus, a su lado, dejó los cubiertos sobre la mesa con una lentitud deliberada.—No tienes por qué preocuparte por mi esposa padre. —dijo, sin levantar demasiado la voz— De eso me ocupo yo.William alzó la vista de inmediato, crispado por el tono.—Marcus, yo solo——Helena estuvo conmigo —lo interrumpió él, con una tranquilidad que contenía una sonrisa apenas perceptible— Todo el día. En el muelle.La mesa quedó en silencio.Larry fue el primero en reaccionar, arqueando las cejas con sorpresa abierta, como si no esperara una confesión tan directa. Arthur, en cambio, no mostró demasiado, aunque su mirada se afiló con interés. Y es que había en la frase de Marcus algo más que una simple aclaración, más parecía una declaración de contr
Marcus había tratado de mantener la calma, guardar la compostura, cuidar su imagen y la de su esposa.Pero por supuesto era un hombre de carne y hueso, y de pronto el beso que le estaba dando a Helena subió de intensidad, sin siquiera percatarse las carpetas terminaron en el suelo, y el bello trasero de su esposa sobre el escritorio, aunque claro, sólo bastó con que un gemido, casi rozando el dolor saliera de los labios de Helena, para que Marcus recordara la lesión de su esposa, una que ya estaba curada, pero eso no quería decir, que el trasero de Helena pudiese brincar o presionarse sobre la madera de un escritorio.—No puedes culparme bebé, esto es tu culpa y deberás asumirla.Aseguró con la voz ronca Marcus, mientras aún estaba en el interior de Helena, salvo que, en esta ocasión, la sujeto de la cintura, y caminó con ella hasta una de las paredes, obligando a Helena a enroscar sus piernas en la cadera de Marcus.—Dios, Marcus.Lo felicitó Helena, y es que la postura, no solo ayud







