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Autor: Sassenach W
last update Data de publicação: 2026-08-12 00:29:54

—Sí, tía Flo —respondió él; los pensamientos le trajeron una sonrisa burlona interna que, con buen criterio, mantuvo fuera de su rostro mientras apuraba su whisky y se volvía hacia su tía.

—¿Me estás escuchando siquiera?

—Sí, claro —negó con la cabeza, ignorando la risita de Felicity—. ¿Os pido otra copa a las dos? —dijo indicando el vaso medio vacío de jerez de su tía.

Varios camareros circulaban con bandejas de bebidas, pero no tenía intención de coger ninguna de ellos. No cuando Tessa estaba de pie junto a la barra, charlando con dos de los invitados. Mientras la observaba, ella echó la cabeza hacia atrás al reírse, dejando su suave cuello al descubierto en un ángulo perfecto. De inmediato, se imaginó sus labios ahí, justo debajo de la mandíbula, saboreando su piel sedosa, y luego más abajo, rozándole el pulso con la lengua. ¿Gritaría de deleite o gemiría de placer como solía hacer?

—Las dos sabemos que esa es una excusa para escaquearte de mí. Anda, ve. Eso sí, no hagas nada de lo que ambos nos avergoncemos por la mañana, ¿vale? —dijo la tía Flo.

Plantándole un beso en una mejilla muy bien conservada, David murmuró: —Tú me enseñaste la importancia de no hacer promesas que no pueda cumplir. No me hagas empezar ahora.

Ella puso los ojos en blanco, pero su sonrisa se acentuó. David volvió a sonreír con picardía, pero luego frunció el ceño hacia Felicity al notar que ella lo miraba con los ojos entrecerrados; y mientras se abría paso hacia la barra, no le dio ni un ápice de vergüenza admitir ante sí mismo que estaba duro como una piedra.

Se aseguró de borrar la sonrisa de su rostro y fijó la mirada en un punto lejano para evitar que nadie le entablara conversación. A unos pasos de Tessa, se detuvo a sopesar por qué esta mujer, entre tantas otras, lo encendía tanto a pesar de haberle destrozado el corazón dos años atrás. Lo único que sabía era que Tessa lo intrigaba con una intensidad cada vez mayor, y resultaba obvio que su ruinosa ruptura y todo el tiempo posterior no habían bastado para quitarle las ganas de tenerla. La fenomenal química entre ellos sencillamente le impedía ver a cualquier otra mujer siempre que estaban en el mismo radio de acción, y empezaba a pensar que aquello no se iba a pasar solo. No hasta que hiciera algo al respecto.

David se dio cuenta de que su inmovilidad estaba atrayendo miradas curiosas de los invitados cercanos, por no hablar de la mirada fulminante de la tía Flo desde el otro lado de la terraza. Desechando su vaso, se colocó al lado de Tessa. —Buenas noches, Tess. Estás increíble —dijo, con la voz en un tono grave y bajo.

Tessa intentó no tensarse, pero no lo consiguió del todo. Él ladeó la cabeza como desafiándola —a qué, no tenía ni idea— y ella reaccionó. —Oh, no —dijo entre dientes—. Me importa una puta m****a.

Sin embargo, no pudo disimular el chispazo de expectación en sus vívidos ojos azules al volverse hacia él. No respondió de inmediato; en su lugar, se esforzó por poner una expresión desganada, y David tuvo que reprimir el impulso de decirle que ni se molestara.

—David...

La forma en que dijo su nombre, esforzándose por sonar cortante mientras afloraban matices de puro fuego por debajo, le hizo subir la temperatura. Deseó que estuviera intentando decir su nombre exactamente así mientras estaba atada a su cama con tiras de seda, desnuda y empapada.

—Yo... no sabía que ibas a estar aquí.

Haciendo una pausa tan larga como la de ella antes de contestar, David pescó una copa de champán de la barra. —Sí, yo tampoco lo sabía, pero tuve el privilegio de ser invitado por mi tía Flo. Seguro que la recuerdas. De lo que no he tenido el privilegio es de que la maravillosa organizadora del evento me dirija la palabra desde que llegué. Me siento de lo más abandonado.

Ella intentó mirarlo como si fuera transparente, como si eso pudiera frenar la descarga de electricidad que saltaba entre ellos. Como si no le hubiera hecho un rápido repaso visual a su cuerpo en cuanto él cogió la bebida. Él se plantó en su línea de visión hasta que no le quedó más remedio que centrarse en él, con las aletas de la nariz dilatándose ligeramente mientras sus ojos —atractivamente abiertos y brillando con un interés que intentaba ocultar— se cruzaban con los suyos. Apenas oyó a los invitados murmullando sus disculpas para alejarse, dejándolos a los dos en un hermético capullo.

—Quizá ya te habría saludado si hubieras llegado temprano —replicó ella, casi con rabia.

David contuvo una sonrisa cuando los ojos de ella se desviaron hacia donde estaba su tía Flo, y supo de inmediato por el gesto de su cara que también se había percatado de la presencia de Felicity. Quizá su plan para darle celos había funcionado, pensó, desmedidamente complacido por la emoción que vio descollar en sus ojos, aunque desapareció casi al instante.

—Estoy dispuesto a hacer las paces si estás interesada.

Sus ojos se volvieron a cruzar con los de él y arqueó una ceja elegantemente perfilada. —Ni te molestes —respondió—. No quiero nada de ti.

David no respondió de inmediato. Tras una eternidad intentando descifrar qué le gustaba más en su piel —si el aroma a bergamota o la fascinación de fondo de los lirios machacados—, alzó la vista para atrapar la mirada de ella fijada en su boca. Joder, sí: esa química de locos seguía vivita y coleando... y echando chispas, como de costumbre.

—Y para de hacer eso —dijo ella en un tono bajo y tenso.

Él alzó la copa y le dio un sorbo pausado antes de contestar: —¿Para de hacer qué?

—Esa forma tan descarada con la que me estás mirando —siseó en un susurro feroz, recordando de pronto el beso en su despacho mientras miraba a su alrededor. Por suerte, la música estaba lo bastante alta para que sus palabras solo llegaran a sus oídos—. Para. Ya no tienes derecho a mirarme así.

Él se rió por lo bajo. —¿Y cómo te miro, Tess?

—Para empezar, solo mis amigos me llaman Tess, y ya no te considero uno. Puede que encandiles a algunas mujeres con esa mirada de «ven y fólame», pero sé qué clase de hombre eres y no me va a funcionar, así que deja de perder el tiempo.

La risa de David se hizo un poco más ruidosa; la auténtica diversión le recordó cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de la emoción de una caza. —¿Mirada de «ven y fólame»? ¿En serio? —No se molestó en bajar el tono de voz.

Varias personas se quedaron mirando, pero él no le quitó el ojo de encima a Tessa, vivamente interesado en su siguiente movimiento. Ella esbozó la sonrisa evidentemente falsa que había estado repartiendo durante toda la velada, pero él captó la tirantez bajo ese resplandor de mil vatios. Al examinar el resto de su cuerpo, percibió la tensión en su figura, en los dedos que sujetaban la copa con demasiada firmeza. Parecía al límite de sus nervios, y le preocupó de una manera curiosa.

—¿Está todo bien?

—Por supuesto. ¿Por qué no iba a estarlo?

Él se encogió de hombros. —Pareces un poco... estresada.

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