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CAPÍTULO 40

last update publish date: 2025-08-16 19:05:51

Mi última bala, mi último aliento

Marcos Rivas

Yo no era un héroe, tampoco era un policía, menos un vengador. Ni siquiera era un hombre bueno.

Solo era un hombre enamorado, con las manos manchadas de culpa.

Con el alma partida en dos…

Y con el corazón colgando de un solo nombre: Renata. Con una fe solo en ella.

Y esa noche… estaba dispuesto a morir por ella, a redimir mis pecados, por salvar al más grande amor de mi vida.

Salgo de mis pensamientos cuando Jasón baja los últimos escalones como
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  • DESAPARECER AMANDO   Capítulo 44

    La vida empieza aquíLucianoNo creí que la paz pudiera sentirse así. No como un silencio vacío, sino como un murmullo constante de vida.Han pasado semanas desde la última vez que el miedo nos rodeó. Jason es un nombre que ya no provoca temblores, sino cicatrices. Renata y Marcos sanan. Isabella sonríe otra vez.Y yo… yo soy un hombre nuevo.Me levanto cada mañana, no con la urgencia de trabajar, de controlar, de pelear con el mundo. Sí, con la certeza de que mi mundo duerme al lado mío, respirando, pausado, con un vientre que ya anuncia el milagro que está por llegar.Los médicos nos dijeron que el parto puede adelantarse. Que debemos estar preparados. Y yo lo estoy. Tengo todo listo: la maleta, los documentos, la habitación del hospital reservada, incluso el asiento trasero del auto preparado para salir corriendo si es necesario.Pero, más allá de lo físico, estoy preparado en lo emocional. Lo sé porque cuando pongo mi mano sobre el vientre de Isabella y siento la fuerza de

  • DESAPARECER AMANDO   Capítulo 43

    Volviste… y eso basta. Renata Lennox-Spencer Me senté frente a la puerta de la unidad de cuidados intensivos por más de nueve horas. No me importó que el personal médico me dijera que no podía estar allí. No me importó que aún me doliera el rostro, las costillas, el alma. No me importó que cada parte de mí reclamara descanso, hielo, o analgésicos. No me importó nada. Porque Marcos estaba vivo. Y eso, al final del día… ya era un milagro. Durante los primeros días después del rescate, los médicos hablaron en voz baja, como si las palabras fuertes pudieran hacer retroceder su progreso. “Estable, pero no fuera de peligro”. “Reacciona a estímulos, pero no despierta.” “El pulmón sigue en observación.” “El cuerpo responde… pero lentamente.” Yo solo asentía, escuchaba en silencio, y rezaba. No a Dios. Si no que a él. Le hablaba en susurros cuando entraba con la bata estéril, la funda de los zapatos y todo el equipo. Le tomaba la mano vendada. — acariciaba sus palmas, lo que qu

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    Mi cuerpo habla. Y esta vez no grita. Isabella Taylor A veces me despierto pensando en que todo fue una pesadilla. Que sigo en esa habitación blanca. Que Jasón aún está escondido tras las sombras, en que no ha muerto. Que Marcos no está entre la vida y la muerte. Que Renata no está aún entre un limbo y su vida. Que Luciano en cualquier momento se marchara con alguien más. Pero luego los escucho. Ese sonido profundo, pequeño, suave. Esos latidos dentro de mí. Esos movimientos súbitos que me sacuden el vientre y me recuerden que el tiempo sigue. Que yo sigo. Que nosotros seguimos al igual que la vida. Y entonces respiro, no con alivio. Si no con algo más importante: con paz. Cuando llegó la hora de que abandonáramos el hospital, fue con el alta médica para mí, con reposo absoluto y libre de estrés. A Renata su fuerza la recuperó físicamente casi al 100 %, y a marcos no podríamos ponerlo en riesgo con un viaje tan largo, para regresar a casa. Así que Luciano alquiló un pi

  • DESAPARECER AMANDO   CAPÍTULO 41

    La libertad también duele Luciano Lennox-Spencer No sabía que el silencio de una sala de urgencias podía sonar tan parecido a una sentencia. Ni que el zumbido de las máquinas, monitoreando a alguien, pudiera doler tanto como un disparo. No lo sabía… Ni tampoco sabía que el miedo podía tener rostro. Y ese rostro era el de mi hermana, en una camilla, pálida, con las manos sobre su vientre, mirando hacia ningún lugar. Ya habían pasado cinco horas desde el operativo. Cinco horas desde que los sacos de ese lugar. Cinco horas Desde que matamos a Jasón. Desde que Marcos cayó en mis brazos con el cuerpo sangrante y la mirada vacía. Desde que creí que, después de todo lo que hicimos… íbamos a perderlo. Y si eso pasaba… No sabía cómo Renata iba a sobrevivir. Hice traer a Isabella y las puse a ambas en la misma habitación, una al lado de la otra y me senté entre ellas. Entre Renata, que estaba recostada en una camilla con sueros y otras máquinas, apenas hablando, el rostro destrozad

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    Mi última bala, mi último alientoMarcos RivasYo no era un héroe, tampoco era un policía, menos un vengador. Ni siquiera era un hombre bueno. Solo era un hombre enamorado, con las manos manchadas de culpa. Con el alma partida en dos… Y con el corazón colgando de un solo nombre: Renata. Con una fe solo en ella.Y esa noche… estaba dispuesto a morir por ella, a redimir mis pecados, por salvar al más grande amor de mi vida.Salgo de mis pensamientos cuando Jasón baja los últimos escalones como si estuviera entrando en una fiesta.Una fiesta perversa. Una que él había organizado, una donde él era juez, verdugo y demonio.—¿Te parece romántico? —me preguntó, sosteniendo la pistola como si fuera un accesorio de lujo—. Morir aquí, en esta tumba subterránea, por una mujer que hace semanas te escondía como un secreto.No respondí.Solo me puse de pie. Dejando delicadamente a mis vidas.El cuerpo de Renata seguía a mis espaldas. Su respiración era débil, pero constante.Yo era la única barr

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