Se connecter> Nota de la autora: El siguiente capítulo contiene escenas de violencia extrema, tortura y temas altamente sensibles. En este mundo, el cobro de un abuso de poder y de la crueldad más baja en la mafia nunca se perdona: se paga estrictamente con sangre. Se recomienda discreción.>El silencio que siguió en el almacén tras los gritos ahogados fue de una crudeza sepulcral. Minutos antes, el aire se había desgarrado con las súplicas y la desesperación del patriarca de los Castelli. Ahora, la imponente mole humana de más de dos metros se apartaba con lentitud, dejando tras de sí un panorama desolador.Pablo Castelli yacía tirado en el suelo, sumamente destrozado, con la ropa hecha jirones y el cuerpo reducido a una masa temblorosa de dolor, sangre y absoluta degradación, incapaz de emitir más que un quejido ronco y patético.Con una eficiencia fría, los hombres de Bianca arrastraron el cuerpo destrozado del patriarca y lo amarraron fuertemente a una silla de metal, colocándolo justo al l
Nota de la autora: El siguiente capítulo contiene escenas de violencia extrema, tortura y temas altamente sensibles. En este mundo, el cobro de un abuso de poder y de la crueldad más baja en la mafia nunca se perdona: se paga estrictamente con sangre. Se recomienda discreción.------La madrugada envolvía la ciudad en una neblina fría y silenciosa. En el departamento, Nico finalmente había cedido al agotamiento, con el rostro todavía marcado por las lágrimas y la profunda tensión de haber abierto su corazón, profundamente dormido tras haber liberado el peso de su pasado.Bianca lo contempló unos segundos, le acomodó un mechón de cabello con infinita ternura en la frente y, al instante, su mirada cambió. La suavidad se evaporó, reemplazada por una frialdad glacial, un vacío absoluto y el fuego febril de la venganza. Se puso de pie con sigilo, se vistió de negro de pies a cabeza y salió del apartamento sin hacer el menor ruido.Fuera, la maquinaria de los Di Santi ya estaba en marcha. D
La luz tenue de la lámpara en la habitación proyectaba sombras largas mientras Nico, con la clavada en el suelo y los dedos ligeramente temblorosos, exhalaba un suspiro pesado que parecía sacarle años de encima. El peso del secreto era inmenso, pero el miedo a ver el rechazo en los ojos de la mujer que amaba lo quemaba por dentro.—Todo empezó cuando cumplí veintiún años... —comenzó Nico con la voz ronca, apenas un hilo de sonido en medio del silencio—. Mi padre no me veía como un hijo, Bianca. Para él, yo solo era una pieza más en su tablero de negocios, una ficha que podía mover, vender o entregar a su antojo para asegurar contratos con familias más poderosas y sin escrúpulos.Nico se pasó una mano por la nuca, tragando saliva con dificultad antes de continuar, reviviendo el fantasma de esa pesadilla.—Querían obligarme a casarme a la fuerza con la hija de un socio mayor, una mujer a la que apenas conocía y que duplicaba nuestros intereses en la bolsa. Era un contrato de convenienci
La gran sala de juntas de los Di Santi estaba perfectamente iluminada. En la cabecera de la mesa de caoba, Bianca Di Santi presidía con una elegancia fría y calculadora. A su alrededor, los socios e inversionistas más importantes del consorcio esperaban en silencio.Bianca miró su reloj de pulsera con total calma y, levantando la vista, anunció con voz firme:—Buenos días a todos. La reunión de hoy va a comenzar únicamente cuando el joven Nico Castelli esté presente y se incorpore a la mesa. Vamos a darle unos minutos.Al otro lado de la mesa, Franco Castelli soltó una risa seca, despectiva y llena de burla, mientras se acomodaba la corbata.—Lamento defraudarla de antemano, señorita pero puede esperar sentada. El joven Nico, mi queridísimo hermano, ya no trabaja en la empresa.Bianca entrelazó las manos sobre la mesa, clavando en él una mirada tan gélida que hizo dudar a cualquiera, aunque Franco estaba demasiado ciego por su arrogancia como para notarlo.—¿Ah, no? ¿Y eso por qué? —p
Y al otro lado de la ciudad, en el penthouse privado de Enzo, el contraste era absoluto. El agua tibia y burbujeante del jacuzzi envolvía sus cuerpos en una atmósfera de paz y sensualidad. Enzo, con la espalda marcada por la batalla pero con el semblante relajado, tenía a Luciana recostada contra su pecho. Con una suavidad infinita, Enzo tomaba una esponja con jabón aromático y le lavaba con extrema devoción cada rincón del cuerpo a su pequeña Luciana, mimándola, cuidándola y curando en el silencio del vapor cualquier fantasma de la guerra que intentara alcanzarlos.El mundo afuera ardía en conspiraciones y venganzas, pero dentro de esas paredes, el amor y la tregua momentánea reinaban para los dos bandos.El agua tibia del jacuzzi comenzó a enfriarse, pero el calor entre ellos no hacía más que subir de intensidad. Con una fuerza natural y sin esfuerzo, Enzo la levantó en peso de la bañera, envolviendo el cuerpo desnudo de Luciana en una toalla mullida antes de llevarla a zancadas fir
Las sábanas de la cama se convirtieron en un refugio cálido y silencioso, ajeno por completo al caos que rugía afuera. Las manos de Nico, antes vacilantes, se volvieron seguras y devotas mientras sus labios recorrían cada rincón del cuerpo de Bianca con una ternura infinita. Con un cuidado extremo, fue despojándola de sus prendas hasta dejarla en su delicada ropa interior. Nico se detuvo un instante sobre ella, con la respiración entrecortada, admirando las formas de su silueta bajo la luz tenue.—Eres hermosa, Bianca... —susurró Nico con la voz cargada de una devoción absoluta, antes de sellar la frase con un beso profundo que le arrancó un suspiro tembloroso a ella.Las manos de Bianca, guiadas por una corriente de deseo y confianza, buscaron el dobladillo de la ropa de Nico hasta liberarlo de su pantalón, dejándolo únicamente con unos boxers ajustados que acentuaban su figura atlética. Al verlo, Bianca mordió su labio inferior y dejó escapar una sonrisa pícara y derretida, murmuran







