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C6 — CRISS

Autor: Paulina W
last update Data de publicação: 2026-09-24 11:10:18

C6 — CRISS

Evie apartó un poco el teléfono de la oreja, sorprendida por el tono tan pesado que venía del otro lado de la línea.

—Soy la nueva asistente del señor Allister.

Se hizo un silencio en la línea. Esta vez fue más largo y bastante incómodo.

—¿La nueva asistente?

Evie giró la cabeza hacia la biblioteca de la oficina. Cristian estaba revisando unos libros de contabilidad, totalmente desentendido de lo que pasaba.

Pero una sola palabra le quedó retumbando a Evie en la cabeza, repitiéndose una y otra vez.

Criss.

No «señor Allister».

Ni siquiera «Cristian».

Criss.

—Mira qué interesante —soltó la mujer con una risita helada—. Espero que sepas lo que haces. Por suerte, Criss no suele quedarse con sus asistentes por mucho tiempo.

Evie arrugó la frente.

No sabía qué le daba más rabia: si la amenaza disfrazada de consejo o tener que escuchar ese apodo tan cariñoso en boca de una desconocida.

Al final, la mujer ni se molestó en pedir que la comunicaran. Solo dio una orden.

—Dile que Victoria llega en veinte minutos.

Y le colgó.

Evie se quedó mirando el teléfono unos segundos y lo puso sobre la base con más fuerza de la necesaria. La soltura con la que esa tipa había dicho ese nombre le dejó clarísimo la confianza que se tenían.

—Victoria Laurent viene en camino —anunció acercándose a la biblioteca.

Cristian apartó los ojos del libro.

—¿Te dijo a qué viene?

—No. Criss debe saberlo muy bien.

Cristian apretó el ceño notando el tono ácido y sarcástico. Por alguna razón que prefirió no analizar demasiado, sintió la necesidad de explicarse.

—Me dice así desde que teníamos diez años.

La aclaración le salió tan rápido que casi ni lo pensó. Evie alzó una ceja, mirándolo de lado.

—Nadie te preguntó —dijo dándose la vuelta hacia la salida—. Al fin y al cabo, eres mi jefe.

A Cristian le quedó una sensación bastante incómoda en el aire y antes de que ella tocara la puerta, volvió a hablar:

—La familia Laurent es una socia muy importante para APEX. Victoria se encarga personalmente de parte del negocio. Crecimos juntos porque nuestras familias siempre han sido muy unidas.

Evie se quedó quieta con la mano en el pomo de la puerta, sin voltear a mirarlo. Y escuchar todo eso no le quitó para nada el malestar; de hecho, solo se lo confirmó.

—Le voy a pedir que le traigan un café —dijo con total indiferencia y salió sin esperar respuesta.

Durante los siguientes veinte minutos, Evie puso en orden la agenda de Cristian, respondió algunos correos urgentes y comenzó a revisar cómo organizaba las cosas la asistente anterior. Era un trabajo sencillo, perfecto para ir adaptándose sin tener que pensar demasiado, aunque cada tanto sus ojos terminaban buscando la oficina sin que ella pudiera evitarlo.

Y exactamente veinte minutos después, las puertas del ascensor se abrieron, la mujer que salió caminaba como si fuera la dueña de todo el piso.

Tenía el cabello negro perfectamente liso y unos ojos oscuros que miraban a su alrededor con superioridad y el vestido que traía costaba mucho más que el sueldo de todo un mes.

«Así que esta es la famosa Victoria», pensó observándola de arriba abajo.

En ese momento, Cristian salió de su despacho con unos papeles en la mano y Victoria lo vio antes de que él pudiera notar su presencia.

—¡Criiisss! —chilló.

Se le fue encima con los brazos abiertos, dejando una mano apoyada en su pecho durante más tiempo del necesario.

—No te imaginas la sorpresa que te tengo —dijo sin soltarlo del todo—. Tienes que ir a cenar conmigo esta noche. Mi papá va a lanzar un negocio nuevo y quiere mostrártelo a ti antes que a nadie. Va a estar increíble, Criss, de verdad que no me puedes decir que no.

—Hola, Victoria —alcanzó a decir él con una sonrisa amable pero algo forzada.

—¿Quedamos a las ocho entonces? —Victoria ya estaba sacando el teléfono para anotarlo, dando por hecho que iría.

De repente, Cristian vio a uno de los empleados del área de finanzas y aprovechó para hablar de un tema:

—Dame un momento, Victoria, esto es importante.

Se alejó hacia el empleado, dejándolas solas. Fue en ese momento cuando Victoria vio a Evie y la cara le cambió por completo.

Ella esperaba encontrarse con la típica empleada aburrida que pasa desapercibida, no con una mujer joven, hermosa y demasiado llamativa para ignorarla.

Sin embargo, forzó una sonrisa.

—Conque tú eres la nueva.

Evie levantó la vista y le devolvió una sonrisa igual de falsa.

—Y tú debes ser Victoria.

—Victoria Laurent —remarcó ella, haciendo una pausa a propósito—. Amiga de Cristian desde que éramos niños.

Evie captó al instante lo que estaba haciendo: marcando territorio. Como si Cristian fuera una propiedad privada con cartel de «No pasar».

—Qué lindo —respondió Evie con una dulzura venenosa—. Yo soy Evie Parker. Su asistente desde esta mañana.

Le dio una sonrisa falsa y volvió a poner la mirada en la computadora.

Victoria apretó los labios, pero antes de que pudiera responder, Cristian regresó después de dejar al empleado con las instrucciones necesarias y no se dio cuenta de la hostilidad que flotaba en el aire.

—Evie —pidió—, ¿puedes tener lista la propuesta de Meridian antes de las seis?

—Claro.

Cristian asintió y le indicó a Victoria que pasara a su despacho.

Evie se quedó unos segundos mirando la pantalla sin concentrarse en nada. Luego se sacudió las ideas de la cabeza y se puso a buscar la carpeta que le habían pedido.

Media hora después, Evie tocó la puerta y entró con las hojas en la mano.

Cristian le hizo una seña para que se acercara. Victoria estaba sentada al otro lado con las piernas cruzadas y una copa de agua intacta.

La miró de arriba abajo mientras Evie dejaba los papeles sobre la mesa.

—Qué bonita eres —soltó con un tono dulce que escondía bastante veneno—. Es una lástima tenerte escondida detrás de un escritorio.

Si pensaba que Evie se dejaría intimidar, se equivocó. La vida le había enseñado a reconocer víboras desde lejos, y esta tenía colmillos bien afilados.

Así que le sonrió con calma.

—No se preocupe. También sé usar muy bien lo que tengo dentro de la cabeza.

Victoria se quedó helada, con la sonrisa congelada en la cara como una máscara de porcelana a punto de quebrarse. Detrás del escritorio, Cristian bajó la mirada a los papeles, usando cualquier excusa para tapar la sonrisa que se le quería escapar.

Victoria lo notó y eso le dolió mucho más que la respuesta de Evie. Porque se dio cuenta de que a Cristian le causaba gracia el descaro de su nueva asistente.

Cuando terminó, Evie salió y regresó a su puesto, pero el murmullo de la charla se seguía escuchando a través del vidrio.

Victoria no paraba de nombrar gente conocida, de recordar un viaje a Europa que seguro ya había contado mil veces y de hablar de fiestas antiguas a las que habían ido juntos.

Evie intentó concentrarse en la propuesta que tenía delante, pero cada nuevo recuerdo compartido llegaba hasta su escritorio y conseguía irritarla un poco más.

Victoria pertenecía al mundo de Cristian desde mucho antes de que ella apareciera, y lo peor era que no entendía por qué demonios eso tenía que importarle.

«Lo de anoche fue solo una noche. Yo misma dejé las cosas claras esta mañana», se recordó, obligándose a volver la vista a la pantalla.

Cristian, por su parte, empezó a notar que Evie estaba rara desde que llegó Victoria: contestaba más seco, se sentaba muy derecha y no quitaba los ojos de la computadora.

Y esa actitud le gustó mucho más de lo que debía reconocer.

Cuando terminaron de hablar, Cristian acompañó a Victoria hasta la salida de la oficina, pero antes de cruzar la puerta, ella se detuvo y apoyó la mano en su pecho.

—Por cierto. ¿Tu esposa ya firmó los papeles del divorcio?

Cristian se puso rígido al instante.

—Estamos en eso.

—Ojalá sea rápido —dijo pasándole dos dedos por la mejilla con un cariño exagerado—. Sabes que te quiero, Criss, y te lo digo bien: ya cumpliste con el plazo que exigió tu abuelo. No tienes por qué seguir casado con una mujer a la que ni siquiera le conoces la cara.

Cristian buscó una respuesta neutra para no dar explicaciones.

—Paredes se está encargando.

Victoria sonrió satisfecha y le dio un beso rápido en la mejilla.

—Te veo el jueves para el partido de polo, como siempre. No me vayas a fallar.

Se dio la vuelta y salió de la oficina.

Cristian se quedó parado mientras las palabras de Victoria seguían dándole vueltas en la cabeza.

Había dejado que Paredes hablara por él, pasando propuestas de un lado al otro con una mujer que acababa de exigirle cien millones de dólares y que, a esas alturas, seguía siendo poco más que una firma en unos documentos.

Quizás ya era hora de dejar de negociar a través de terceros, por eso sacó el teléfono y buscó un contacto guardado simplemente como Esposa.

Presionó marcar.

En ese mismo instante, afuera, sobre el escritorio de Evie, su teléfono personal empezó a sonar.

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