LOGINMi marido prefirió a su amante embarazada antes que a mí. Así que decidí divorciarme. Adrian pensaba que le suplicaría que me quisiera, pero no tenía ni idea de que yo ya sabía cómo acababa esta historia. En mi vida anterior, el apocalipsis lo destruyó todo. Confié en las personas equivocadas, perdí todo lo que tenía y morí lamentando cada sacrificio que hice por un hombre que nunca me mereció. Ahora he regresado antes del primer brote y, esta vez, me niego a repetir mis errores. Mientras Adrián protege a su amante y su familia exige acceso a mi fortuna, yo estoy asegurándome de tener provisiones, fortaleciendo mi patrimonio y preparándome para el fin de la civilización. Luego está Damien Cross, un multimillonario despiadado cuyos recursos podrían cambiar mis posibilidades de supervivencia. Pero tratar con un hombre como él conlleva sus propios riesgos. Adrian pronto se arrepentirá de haberme perdido. Su familia descubrirá que mi generosidad tiene límites. Cuando el mundo se desmorone, el amor no los salvará. Y yo tampoco los salvaré.
View More«¡Adrián, por favor, no me hagas esto!», gritó Camila mientras golpeaba desesperadamente la puerta blindada, suplicando a su marido que no la dejara fuera para que muriera.
«No puedo abrir la puerta, Cami. Isabella está embarazada y no podrá huir si los infectados se acercan», respondió Adrián desde el otro lado. Camila se quedó paralizada, mirando la puerta con incredulidad. Su marido había elegido a su amante en lugar de a ella, dejándola sola frente a los infectados. Había salido a buscar provisiones y, al regresar, se encontró a Adrián en su dormitorio con Isabella. Cuando los confrontó, él ni siquiera se molestó en negar la relación. En cambio, la acusó de perturbar su tranquilidad y luego le dio una patada tan fuerte en la pierna que ella se derrumbó con un grito. Antes de que pudiera recuperarse, la agarró del pelo y la arrastró fuera de la habitación, ignorando sus súplicas desesperadas mientras el dolor le atravesaba la pierna herida. Ahora se encontraba atrapada en el pasillo, abandonada por el hombre al que había amado durante dos años. Barcelona no siempre había sido así. Los primeros informes oficiales habían descrito el brote como una infección neurológica, y el Gobierno insistía en que los casos eran aislados y estaban bajo control. Luego se filtró un vídeo de un centro de investigación a las afueras de la ciudad, en el que se veía a pacientes inmovilizados en camas de hospital, mordiéndose los propios labios y atacando a cualquiera que se les acercara. Para cuando las autoridades admitieron que la infección se estaba propagando, los hospitales estaban desbordados, las carreteras bloqueadas y los ciudadanos aterrorizados buscaban desesperadamente un lugar seguro. El ejército intentó establecer zonas de contención, pero los infectados se propagaban más rápido de lo que nadie había previsto. Los controles de seguridad cayeron, los planes de evacuación fracasaron y los refugios abarrotados se convirtieron en trampas mortales. En cuestión de meses, el mundo que Camilla había conocido quedó reducido a asentamientos vigilados, pueblos abandonados y carreteras peligrosas donde cualquier desconocido podía suponer una amenaza. Y ahora, tras haber sobrevivido a tantas cosas, estaba a punto de morir por culpa del hombre al que una vez había confiado su vida. —¡Adrian, por favor! ¡Eres mi marido! —gritó, golpeando con más fuerza la puerta. —¡Deja de gritar! —espetó—. ¿Quieres atraer a todas las criaturas infectadas de este edificio? Camilla se quedó mirando fijamente la puerta, sin entender cómo podía preocuparse por el ruido que ella estaba haciendo mientras ignoraba a la mujer que había dejado fuera. —¡Pues abre la puerta! —gritó ella—. ¡Puedes dejarme entrar sin que entren ellos! «Lo siento, Cami, pero tengo que pensar en mi familia». Su familia. Esas palabras la golpearon más fuerte que su patada. ¿Acaso ella no había sido su familia durante los últimos dos años? ¿No había sacrificado su comodidad, su dinero y su felicidad para ayudarle a construir la vida que él quería? Sin embargo, cuando más importaba, él había decidido que ella era prescindible. Antes de que pudiera responder, un gruñido sordo resonó desde el otro extremo del pasillo. Camilla se giró bruscamente y vio una figura que emergía de la oscuridad. Llevaba la ropa rasgada, el rostro manchado de sangre y sus movimientos eran antinaturalmente espasmódicos. Sus ojos turbios se fijaron en ella mientras otro infectado aparecía detrás de él, seguido de otros dos. «No. Por favor, ahora no». Retrocedió a toda prisa, con la pierna lesionada apenas soportando su peso, hasta que su mano chocó contra un trozo de metal roto que yacía junto a la pared. Lo agarró y se preparó para el impacto cuando el primer infectado se abalanzó sobre ella. Golpeó con todas sus fuerzas, alcanzándole en la cabeza y haciéndolo caer estrepitosamente al suelo. El impacto le entumeció las manos, pero no tuvo tiempo de recuperarse antes de que otra criatura se abalanzara sobre ella. Camilla nunca había recibido entrenamiento para luchar. Conocía algunos movimientos básicos de defensa personal, pero esas lecciones nunca la habían preparado para enfrentarse a una horda de infectados en un pasillo estrecho con una pierna rota. Aun así, luchó desesperadamente, blandiendo el trozo de metal, dando patadas a todo lo que tenía a su alcance y apoyándose en la pared para mantenerse en pie. Cada movimiento le provocaba un nuevo dolor en la pierna, pero se negó a rendirse. Cuando un infectado la agarró por la ropa, le asestó un golpe en la cara y se liberó con dificultad, a punto de caer mientras se tambaleaba hacia la puerta blindada. —¡Adrian! —gritó de nuevo—. ¡Por favor, no puedo contenerlos! No hubo respuesta. Apretó la frente contra el frío metal, con las lágrimas resbalándole por el rostro mientras los infectados seguían rodeándola. «Te quería», susurró con la voz quebrada. «Lo hice todo por ti». Los recuerdos inundaron su mente. Recordó al hombre que una vez la había esperado fuera de su piso con flores, al hombre que le había prometido que nunca la dejaría afrontar nada sola, y al hombre que le había cogido de la mano el día de su boda mientras juraba que ella siempre sería lo primero para él. Se había pasado dos años convenciéndose a sí misma de que su crueldad era temporal, de que sus insultos no eran más que el resultado del estrés, y de que, si lo amaba lo suficiente, él acabaría cambiando. Pero quizá simplemente se había negado a ver la verdad. El hombre con el que se había casado nunca la había valorado tanto como ella a él. Había confundido su amabilidad ocasional con amor y sus promesas con compromiso, sacrificando partes de sí misma hasta que apenas le quedaba nada. Ahora, cuando más lo necesitaba, él la había abandonado sin dudarlo. El primer infectado la alcanzó antes de que pudiera ordenar sus pensamientos. Camilla luchó hasta que sus brazos apenas podían moverse, pero las criaturas seguían llegando, rodeándola hasta que ya no le quedó ningún sitio al que huir. Mientras caía, pensó en todo lo que había soportado y en la vida que podría haber vivido si hubiera dejado de suplicar el amor de un hombre. «Si pudiera empezar de nuevo —susurró entre lágrimas—, no sería tan débil». La oscuridad la envolvió antes de que pudiera decir otra palabra. --- «¿Dónde está esa chica buena para nada? ¡Camilla! ¡Baja ahora mismo!». La voz furiosa sacó a Camilla de la oscuridad. Abrió los ojos de golpe y se incorporó con un grito ahogado, llevándose las manos a la garganta antes de revisarse frenéticamente los brazos y las piernas. No había mordeduras, ni sangre, ni huesos rotos. Su piel estaba intacta y, bajo sus palmas temblorosas, su corazón latía con fuerza contra el pecho. Estaba viva. «¿Qué demonios?» Camilla miró a su alrededor y reconoció el techo blanco, las cortinas color crema y la lujosa lámpara de mesilla. Conocía aquella habitación. Reconoció la fotografía de boda enmarcada sobre la cómoda y el armario que había junto a la puerta del baño. Estaba en su dormitorio, el mismo que había compartido con Adrián antes de que el mundo se derrumbara. Le temblaban las manos mientras buscaba su móvil. Cuando miró la fecha, se quedó sin aliento por un instante. 26 de octubre de 2026. «No puede ser. Esto no puede ser real». Volvió a mirar, con la esperanza de que la fecha cambiara, pero seguía siendo la misma. Tres meses antes del brote. Tres meses antes de que el mundo que conocía se sumiera en el caos y el hombre al que amaba la dejara morir. ¿Cómo había vuelto al pasado? Se llevó una mano a la boca mientras los recuerdos de sus últimos momentos inundaban su mente. Aún podía oír la voz de Adrián al otro lado de la puerta, aún sentía el dolor en la pierna y aún recordaba el terror de ver cómo se acercaban los infectados mientras el hombre que había prometido protegerla se negaba a dejarla entrar. Esto no era un sueño. Sabía cómo había muerto y sabía exactamente lo que le esperaba si permitía que su vida siguiera el mismo camino. No otra vez. No iba a pasar otros dos años suplicando el cariño de un hombre que no la merecía. No iba a tolerar humillaciones solo para mantener un matrimonio que solo le había traído miseria, y desde luego no iba a morir protegiendo a gente que la abandonaría sin pensárselo dos veces. —¡Camilla! La puerta del dormitorio se abrió de par en par, dejando al descubierto a Carmen Reyes, la madre de Adrián. Estaba de pie en el umbral con una bata de seda puesta, el rostro deformado por la irritación. —¿Estás sorda? ¡Llevo diez minutos llamándote! Mi desayuno no está listo y tú sigues tumbada en la cama como una princesa perezosa. ¿Qué crees que estás haciendo exactamente? Camilla la miró fijamente, recordando todas las veces que Carmen la había hecho sentir insignificante. Durante dos años, su suegra había criticado su aspecto, se había burlado de sus orígenes y la había culpado cada vez que Adrián estaba descontento. Camilla lo había aguantado porque creía que ganarse la aprobación de Carmen facilitaría su matrimonio, pero ahora comprendía que por mucha obediencia que mostrara, nunca satisfaría a una mujer que disfrutaba menospreciándola. Esta vez, no iba a ser su nuera obediente. —¿Me has oído? —exigió Carmen, adentrándose más en la habitación—. Levántate y prepara el desayuno. Mi hijo tiene un día ajetreado y no voy a permitir que salga de esta casa con hambre por tu culpa. Camilla apartó lentamente la manta y se puso de pie. —Hay una cocina abajo —respondió con calma—. Si tienes hambre, puedes prepararte tú misma el desayuno. Carmen parpadeó, aparentemente incapaz de comprender lo que acababa de oír. «¿Qué has dicho?» «He dicho que puedes prepararte tu propio desayuno. No soy tu sirvienta».Adrián la miró fijamente, con la ira creciente. «Has cambiado».«Sí, he cambiado».«¿Qué ha sido de la mujer que me entendía? ¿De la mujer que me apoyaba y sabía cómo comportarse?».Camila sintió una breve punzada al recordar a la mujer que solía ser. Había creído que amar a alguien significaba permanecer a su lado en todas las dificultades, incluso cuando era él quien le causaba dolor. Había confundido la resistencia con la lealtad y el silencio con la fortaleza.Nunca volvería a cometer ese error.«Esa mujer pasó años intentando ganarse tu respeto», respondió ella. «Al final se dio cuenta de que estaba perdiendo el tiempo».El rostro de Adrián se ensombreció. «No tienes por qué hablarme así».—Pues deja de venir aquí a decirme lo que puedo y no puedo hacer.Miró hacia la puerta de la oficina al oír pasos que pasaban fuera. Los paneles de cristal ofrecían poca intimidad y podía ver a los empleados moviéndose por el pasillo. Algunos intentaban no mirar en su dirección, pero su interés
«¿Puedes averiguar adónde fue a parar el dinero?», preguntó Camila. «Todavía no. Algunas transferencias pasaron por empresas cuyos servicios reales no están claros. Tendremos que rastrearlas con cuidado». La ira se apoderó de Camila, pero la mantuvo bajo control. Quería respuestas, no suposiciones. Acusar a Adrián sin pruebas solo le daría la oportunidad de darle la vuelta a la situación en su contra. «Conserva todos los registros relevantes», ordenó. «Haz copias seguras y documenta cada transacción. Colabora con mi abogado para obtener cualquier registro adicional que necesitemos. No alteres ni destruyas nada, y no te pongas en contacto con Adrián sobre estos hallazgos hasta que tengamos pruebas suficientes para entender lo que ha pasado». El contable asintió. «Actuaré con cautela». «Bien. Quiero un informe claro, no conjeturas». Después de que él se marchara, Camila se quedó en su escritorio, mirando fijamente los documentos. Tenía que proteger su patrimonio, esclarec
Cuando Camila regresó a casa, estaba agotada por la subasta y la larga lista de decisiones que le esperaban. Lo único que quería era una ducha, una tarde tranquila y descansar lo suficiente para prepararse para el día siguiente.Por desgracia, ver a Carmen y a Sophia sentadas en el salón le indicó que la paz tendría que esperar.Carmen se levantó en cuanto Camila entró. Tenía el rostro tenso por la ira, mientras que Sofía sostenía el móvil en una mano y lo agitaba con impaciencia.—¿Dónde has estado? —preguntó Carmen con tono acusador—. ¿Y qué has hecho exactamente con nuestras cuentas?Camilá cerró la puerta tras de sí. «Buenas noches a vosotras también».—¡No te andes con juegos! —espetó Sophia—. Me rechazaron la tarjeta en el centro comercial. Probé con otra, y tampoco funcionó. Cuando comprobé mi cuenta, no pude acceder al dinero. ¿Tienes idea de lo vergonzoso que fue eso?Camilá dejó su bolso sobre la mesa cercana.«Me lo puedo imaginar».«¿Te lo imaginas?», repitió Sophia, alzan
Damien Cross observó cómo Camila Vale abandonaba la sala de subastas, sin dejar de preguntarse si debía sentirse molesto o impresionado.Aquella mujer acababa de manipular a toda una sala llena de gente adinerada para que creyeran que él era un hombre despiadado al que le gustaba quitarles las cosas a los demás. Lo había hecho sin levantar la voz, sin lanzar acusaciones directas ni siquiera pedirle que dejara de pujar.Simplemente había puesto una mirada lo suficientemente decepcionada como para ganarse su simpatía.Y, de alguna manera, había funcionado.Le había mirado a los ojos, había admitido que lo había manipulado y se había marchado como si acabara de cerrar una transacción comercial cualquiera.«Una mujer interesante», murmuró. Había asistido a la subasta para adquirir varias propiedades destinadas a un nuevo proyecto urbanístico. La finca por cuya compra Camila había luchado tan desesperadamente era una de las pocas que él había considerado que valían la pena. Su ubicación l
Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.