LOGINC130 — SIN FECHA DE VENCIMIENTO —Dime la verdad, Evie... ¿estás completamente segura de esto? Evie subió las manos hasta su cuello y lo miró como si fuera el hombre más tonto y maravilloso de la Tierra. —Estoy embarazada de un hijo tuyo, vivo en tu casa, me muero si no me despierto contigo todas las mañanas y, encima, resulta que ya te había salvado la vida cuando tenía nueve años —enumeró arqueando una ceja con ironía—. Créeme que, si a esta altura del partido todavía no estuviera segura de que quiero quedarme contigo, lo que necesitaría urgente mañana sería un psiquiatra, no un abogado. Cristian soltó una carcajada que llenó toda la habitación y volvió a estrecharla contra su pecho con fuerza. Era una elección libre, sin cláusulas, sin chantajes y sin fecha de vencimiento. —Entonces queda oficialmente cancelado el peor negocio que he hecho en mi vida —murmuró él contra sus labios con una sonrisa satisfecha—. Porque pienso conservar a mi esposa para siempre, aunque siga f
C129 — ROMPE LOS PAPELESCuando el abogado le transmitió la respuesta en la celda de visitas, Victoria no sintió ni un segundo de remordimiento por el hombre que tenía en coma en un hospital ni por las vidas que había intentado arruinar.Golpeó la mesa metálica con ambos puños y gritó de furia ciega, convencida, en su mente retorcida, de que todos eran unos desagradecidos traidores que la habían abandonado, jurándose entre dientes que la culpa de su desgracia la tenían Cristian y esa maldita mocosa de Filadelfia.Su maldad seguía intacta, solo que ahora estaba encerrada entre cuatro paredes de concreto.Al mediodía, de regreso en el ático, llegó por fin una noticia que trajo luz en medio de tanta suciedad legal. Llamaron del hospital para informar que Gustavo continuaba evolucionando de forma estable; ya le habían retirado por completo el respirador mecánico y pasaba ratos más largos despierto, aunque seguía con la mandíbula inmovilizada y sin poder articular palabra ni viajar bajo ni
C128 — SI QUIERES HABLAR CONMIGO, SERÁ ANTE UN JUEZ—Era Evie.Claudia levantó la cabeza de golpe, con el rostro blanco como el papel.—¿Qué estás diciendo?Él miró un segundo a su esposa con orgullo y luego volvió a clavar sus ojos en los de su madre.—La chica que entró a ese edificio en llamas y me sacó arrastrando de la muerte —explicó—. La persona que buscamos durante años y por la que rezabas todas las noches. Siempre fue Evie, mamá.Claudia volvió a bajar la vista hacia la fotografía. Sus dedos empezaron a temblar de forma violenta sobre el cristal.—No... no puede ser, Cristian. Esa chica era...—Evie tenía nueve años esa noche —confirmó él sin dejar espacio a la negación—. Acompañaba a su madre a limpiar un edificio. Se quemó la muñeca con el cierre de esa pulsera tirando de mi ropa y terminó en un hospital público con el cráneo golpeado y dos días de memoria borrada por salvarme a mí.El silencio que cayó en el salón fue devastador.Claudia levantó lentamente los ojos empaña
C127 — SIEMPRE FUE EVIEExactamente veinte minutos después, el teléfono móvil de Cristian sonó con la llamada que llevaba esperando.Atendió al primer tono, de pie frente a su escritorio.—La tenemos, Cristian —anunció Marcus desde el otro lado de la línea, con el peso de una misión cumplida—. Acaban de esposarla en la pista de Teterboro cuando estaba por despegar hacia Ginebra.Cristian cerró los ojos durante dos segundos largos y apretó el puente de su nariz, sintiendo cómo una montaña de tensión acumulada abandonaba sus hombros de golpe.—¿Ya está bajo custodia oficial de la fiscalía? —preguntó para asegurarse.—Sí, ya va camino a los calabozos federales y un juez le acaba de denegar la fianza preventiva por riesgo evidente de fuga al encontrarla en el avión —confirmó el abogado.Cristian abrió los ojos y dejó escapar el aire muy despacio, bajando la mirada hacia el portarretratos nuevo que ahora descansaba sobre su escritorio, donde había puesto la fotografía infantil de Evie sonri
C126 — SIN SALIDAUn fogonazo de furia ciega le subió a Cristian por la garganta, haciéndolo levantarse del sillón de un salto.—¡Se nos va a escapar en la cara, Marcus! —espetó buscando las llaves de su auto sobre la mesa.—Espera, cálmate. No lo hará si la policía aeroportuaria y los agentes federales ejecutan la orden en la pista antes de que le den permiso de despegue —respondió el hombre manteniendo la calma—. Ya comunicaron la matrícula del avión a la torre de control.Cristian dio dos pasos hacia la puerta con el impulso visceral de bajar al estacionamiento, cruzar la ciudad a toda velocidad y pararse él mismo frente a las ruedas de ese avión para impedir que subiera.Pero, antes de tocar el picaporte, se frenó en seco. Respiró hondo y cerró los ojos un segundo.Pensó en Evie trabajando tranquila en Meridian, pensó en el bebé de apenas unas semanas que crecía en su vientre y pensó en Gustavo intubado en una cama de hospital por culpa de esa guerra.Si él aparecía en persona en
C125 — HUIDAPero, aunque ya estaba descubierta, no iba a quedarse sentada esperando a que vinieran a ponerle unas esposas delante de los porteros de su edificio.Tomando una decisión desesperada, llamó a la terminal privada del aeropuerto de Teterboro, en Nueva Jersey, y ordenó que prepararan de inmediato el jet ejecutivo de la familia para un vuelo internacional hacia Europa esa misma tarde.En su cabeza, no estaba huyendo como una delincuente común; solo necesitaba salir de la jurisdicción estadounidense un par de semanas hasta que el escándalo bajara de espuma y sus abogados pudieran negociar un acuerdo millonario desde afuera.Pero, en su prisa por escapar antes de que se cerrara el cerco, cometió un error fatal.En lugar de salir con lo puesto, caminó casi corriendo hacia su estudio privado, abrió la caja fuerte empotrada en la pared y empezó a meter dentro de un maletín de mano todo lo que no podía dejar atrás si la policía registraba su casa: dos teléfonos encriptados, discos







