LOGINArrastrarse fuera de él y salir a toda prisa de la cama de Víctor una hora después no fue ninguna hazaña pequeña para Wren.
Dolorida y pegajosa, Wren se encontró registrando la habitación en pánico en busca de su vestido mientras se aferraba a las tetas y al coño.Su graduación de instituto era en unas horas. Helen estaría de vuelta en cualquier momento.—Mierda. Mi vestido está abajo —recordó por fin, mientras cojeaba hacia la puerta del dormitorio principal, hacie«Haz una bolsa», dijo un viernes, recogiéndola después de su última clase en el Ferrari, los ojos oscuros de intención y picardía. «Nos subimos al avión privado.»«¿Adónde?» preguntó ella, el corazón ya desbocado mientras tiraba la bolsa atrás y se subía a su lado.«A algún sitio donde nadie sepa nuestros nombres», respondió, y la besó lo bastante fuerte para acallar la culpa que se le enroscaba en el estómago.Los dedos de los pies se le encogieron cuando su olor y su tacto le invadieron los sentidos. De golpe, él estaba por todas partes, tan imposible de resistir como siempre.Comida en Roma. Cena en París. Fines de semana en complejos de vacaciones y hoteles de cinco estrellas por todo el mundo, donde la única gente que los veía no importaba.De pronto se daban la mano en público, se comían la boca en las esquinas de las calles y se metían mano a la vista de todos.Wren iba en una nube, la fantasía apoderándose de su realidad.Ahora que el hielo estaba
Se dijo que no era para tanto mientras él se deslizaba dentro de su coño ya lleno de corrida.Solo follarían todo el fin de semana, como siempre.El cuerpo se le encendió bajo el de él. Se miraron hondo a los ojos mientras él empezaba a embestir.Ni palabras. Ni charla sucia. Ni gemidos.Solo golpes callados y lentos. Cuerpos encontrándose con cuidado, como si él temiera estallar dentro de ella de un momento a otro, aunque acabaran de empezar.«Yo también», dijo, rompiendo el silencio cuando el placer pudo con ella a pesar de su ritmo. «Todo el fin de semana, entonces.»Todo estaba totalmente bien. No era una cita.No. Una. Cita.Huelga decir que Wren fue un desastre el resto de la semana, preparándose para su fin de semana de «no es una cita» (pero totalmente un poco sí una cita) con Victor.Cuando por fin llegó el fin de semana y él se enterró hondo dentro de ella a los cinco minutos de Una rubia muy legal, la negación de Wren de su apego crecie
«¿Cuál es tu película favorita?» preguntó Wren con suavidad una noche, los dedos aún enroscados en su pelo, reteniéndolo a propósito para que no se moviera después del sexo.La mano de Victor se detuvo contra su cuero cabelludo. La miró desde arriba, gratamente sorprendido.Ellos no hablaban en la cama después de follar. Cada vez que él lo intentaba, ella lo cortaba con más sexo. ¿Y quién era él para discutir con un coño necesitado?Aun así, el cambio no era mal recibido.«La verdad no veo películas. Demasiado ocupado haciendo miles de millones», dijo con suficiencia, acomodándose a su lado y acercándola.Más mierda que no hacían. Pero otra vez, esta noche ella no se apartó. Victor no pudo evitar que la sonrisa se le colara en la cara.Ella levantó la cabeza, los ojos entrecerrándose mientras sostenía su mirada, decidida a mantener la conversación.La mayoría de las noches se convencía de que si solo se lo follaba y lo m
Por suerte para Victor (¿o para Wren?), ella quería lo que él ofrecía.Incapaz de discutir, lo llevó de vuelta a su habitación de la residencia, donde follaron toda la noche.Cuando despertó, él se había ido y Wren estaba devastada.La cama individual se sentía demasiado grande. El aire era fino. Sin oxígeno.«Y tanto para lo de que no puede dejarme ir», se lamentó, y se giró demasiado rápido, soltando un gemido.El cuerpo le dolía de esa forma deliciosa y usada que solo empeoraba el vacío.Luego vio las rosas en la almohada donde su cabeza había estado unas horas antes y su boca estúpida no dejaba de curvarse hacia arriba.«Son preciosas», le dijo al fantasma de él, oliendo las flores mientras el móvil le vibraba en la mesilla.La esperanza le inundó el sistema como siempre hacía cuando una notificación encendía la pantalla.Solo que esta vez no se decepcionó.Era un mensaje de él.Es
Siguió follándola durante ello sin aflojar.El golpe húmedo y salvaje de sus caderas contra las de ella volviéndose brutal y sin tregua.«Quédate», graznó mientras se agitaba sobre su polla, pálida y resoplando, cuando él amenazaba con romper otra vez el corazón que acababa de remendar, solo con salir por la puerta. «Por favor. No me dejes otra vez. No puedo hacerlo una segunda vez. No lo sobreviviré.»Tú también me deseas, ¿verdad, niña? Ni siquiera me importa si solo estás encaprichada. Tus ojos no mienten. Eso es necesidad de verdad. Deseo de verdad. Algo… de verdad.«Yo también te eché de menos», confesó, tropezando de vuelta al escritorio, sin aliento no por el esfuerzo sino por su petición.El coño se le cerró tan fuerte sobre la polla que parecía que intentaba arrancársela.A él le importaban dos cojones.¿Cuándo fue la última vez que se sintió querido? ¿Deseado? ¿Quizá incluso un poco poseído? No se iba a ir a ni
Victor miró cómo le giraban los engranajes en la cabeza mientras le apaleaba brutalmente el coño glorioso y hambriento. Ella no se quedó quieta. Las caderas se le alzaban para cada embestida condenatoria mientras se atragantaba de aire bajo su mano.El agarre en su garganta se apretó hasta que manchas negras le bailaron en los bordes de la visión.Él le chupó la mejilla salada y susurró con voz ronca: «Tendrás suerte si no te mueres en mi polla de lo a menudo que te voy a follar, niña.»Sin compromiso. Una respuesta empapada de dominio y misoginia.Ella casi se desmayó de todos modos, joder, puta básica en la que él la había convertido.Si hubiera podido tragar saliva, lo habría hecho. Oía su propio latido en los oídos, sentía el pulso de su polla dentro cada vez que él llegaba al fondo.Los sentidos le ardían de necesidad. Estupidez. Valentía que solo podía traer una buena pollada.Abrió la boca para pedir más. Su coraz







