LOGIN—¡Oh, Dios mío, mírate! —dijo Helen en el segundo en que Wren bajó las escaleras con su vestido rojo brillante la noche siguiente. La madre se presionó ambas manos contra las mejillas y prácticamente hiperventiló, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—. Te ves tan hermosa, nena. Ven aquí, date la vuelta. Oh, Wren. Mi niña se va al baile de graduación. Te ves deslumbrante. ¿Verdad que sí, Víctor?
Wren les dio a sus padres una pequeña sonrisa avergonzada y dejó que su madre la gira—¡Oh, Dios mío, mírate! —dijo Helen en el segundo en que Wren bajó las escaleras con su vestido rojo brillante la noche siguiente. La madre se presionó ambas manos contra las mejillas y prácticamente hiperventiló, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—. Te ves tan hermosa, nena. Ven aquí, date la vuelta. Oh, Wren. Mi niña se va al baile de graduación. Te ves deslumbrante. ¿Verdad que sí, Víctor?Wren les dio a sus padres una pequeña sonrisa avergonzada y dejó que su madre la girara cuando llegó al pie de la escalera.—Gracias, mamá. Me vas a hacer llorar a mí también. Para ya —bromeó Wren, la culpa por lo que había estado haciendo con Víctor a espaldas de su madre subiendo a la superficie.Helen estaba tan feliz. Enterrar su pequeño affaire era la única forma de seguir adelante.Follar y olvidar. Ese era el lema de Wren esta noche.Los ojos de Víctor se movieron sobre ella lentamente, casi desvistiéndola solo con la mirada.—
—Gilipollas —le siseó, luego le agarró la polla de la mano y forzó la cabeza contra los labios de su coño.Los ojos de Wren ardiaron cuando la cabeza de la polla con la que había estado soñando se deslizó contra sus pliegues.Entonces y allí, se deshizo sobre sus dedos. Fue todo lo que Víctor pudo hacer para aplastar la mano sobre su boca cuando la voz de Helen resonó desde la cocina.—¿Víctor? Cariño, ¿puedes ayudarme a abrir este frasco? —preguntó Helen dulcemente, sin saber que su hija se estaba convulsando sobre los dedos de su marido mientras su polla frotaba los labios de su coño.—Claro, cariño. Ahora mismo voy —dijo Víctor con calma, decidiendo entonces y allí que había terminado con los juegos.Cuando Wren volviera a casa la noche del baile de graduación, él la estaría esperando con una polla dura en su cama.Lágrimas llenaron los ojos de Wren mientras gemía en silencio contra su palma.¿Su papá nunca la iba a f
Las siguientes semanas fueron una tortura para Wren y su coño frustrado.Cada vez que Víctor la conseguía sola la empujaba a un rincón tranquilo. Pasillo, despensa, baño de invitados. Ningún lugar estaba prohibido. Entonces sus labios y manos estaban por todas partes sobre ella.Pero cada vez que se acercaba a cumplir su promesa de follarle el coño, la voz o los pasos de Helen lo alejaban.Wren se quedaba palpitante, vacía y furiosa consigo misma por necesitar más.A veces él sacaba de golpe los dedos de su coño, luego se giraba y le sonreía a Helen mientras Wren se recomponía.A veces solo lograban pasar de la fase de besos y manoseos.Pero, sin falta (y sin saberlo), Helen siempre los interrumpía y terminaba siendo follada en su lugar.El tabú del ciclo jodido vivía bajo la piel de Wren como un segundo pulso.Manoseada. Dedos. Besos. Luego escuchar mientras Víctor se follaba a su madre y ella se quedaba desean
—Gracias, Víctor. Eres tan bueno con nosotras dos. Le va a encantar —dijo Helen con gratitud, cerrando a toda prisa la bata de seda para ocultar su lencería de dos piezas roja.Por si acaso Wren seguía abajo después de todo.Bueno. Volvió a subir.—Te amo, cariño —le dijo Víctor a su esposa, dejando a la chica que lo deseaba completamente desconcertada, pues pronunció esas palabras mientras se daban placer mutuamente.El orgasmo de Wren se disparó. Se corrió más fuerte de lo que jamás lo había hecho sola.—Yo también te amo. No tardes —dijo Helen de forma coqueta, destrozándole el corazón a Wren.Aun así, mientras su madre se alejaba, el puño de Wren seguía bombeando. Sus caderas se sacudían con fuerza al correrse. El clímax no deseado pero anhelado se sintió como una traición a su madre de la que Wren nunca se recuperaría.La enferma euforia que le producía saber lo incorrecto que era aquello inundó su sistema nervioso
—Claro que lo eres, bebé —dijo Victor contra su oreja, siguiéndola trabajando mientras le follaba la mano con empujones inestables, a punto de soltar la carga—. Dije que este coño es mío. Yo pago las cuentas. Eso significa que me llevo lo que hay bajo mi techo. Incluida tú. Eres la putita de papi. Diló. —No lo soy. No quiero ser una puta. Papi por favor. Soy buena. Por favor, papi —susurró, negando con la cabeza incluso mientras el coño se le apretaba alrededor de sus dedos. La idea de pertenecerle así la aterraba, y el hecho de que una parte de ella le gustaran sus atenciones solo empeoraba el miedo. Su estado alterado era combustible para el orgasmo que se le venía. El que seguía negándose, a pesar de lo que su cuerpo claramente quería. —Diló —repitió Victor, empujando más hondo, dándole en ese punto que le hacía temblar las piernas, forzándola cada vez más cerca de aquel borde prohibido. —No puedo —dijo Wren, las palabra
—Se lo voy a decir a mamá —dijo, viendo cómo la mano se le movía por la polla de todos modos, traidora y dispuesta—. Nunca pensé en esto. No lo quiero. Eres tú quien lo está haciendo pasar —siguió amontonando las negaciones mientras se quedaba boquiabierta ante su puño bombeándolo mientras él le tentaba el agujero con las yemas. Wren sabía que tenían que parar, pero una parte enferma de ella amaba el peso de su polla en la mano. El conflicto la desgarraba. Quería parar. Su coño quería más. Y debajo de esas dos ganas estaba el saber frío y claro de que esto era prohibido de un modo que nunca se podía deshacer. El acto de traición mandándole la sangre hacia abajo le aceleró el pulso. Le hizo brotar un sudor frío. El placer, las provocaciones, la promesa de más. Se odiaba por amarlo, pero lo amaba. Una palabra la perseguía. Seguía resonándole en el cere







