LOGINNinguno imaginó que aquella sería la última ocasión en que las autoridades lo tendrían a la vista.En el hospital, Adrián fue trasladado a una sala donde el personal limpió la herida y realizó varios estudios para descartar daños internos. La bala había rozado su costado sin alcanzar ningún órgano, pero el golpe recibido al caer le dejó una contusión y la cantidad de alcohol encontrada en su sangre obligó a mantenerlo en observación durante varias horas.—La lesión es superficial —explicó el médico mientras terminaba de revisar las imágenes—, aunque, si la trayectoria hubiera variado apenas unos centímetros, estaríamos hablando de una hemorragia interna y una situación muy distinta.Victoria permanecía junto a la cama, con una mano sobre su vientre y la otra aferrada al respaldo de una silla. No había interrumpido al personal ni utilizado su posición para exigir privilegios, aunque siguió cada movimiento con una atención que revelaba el miedo escondido detrás de su enojo.—Necesitará
El disparo se produjo antes de que pudiera buscar protección. Adrián retrocedió por el impacto y cayó junto al camino, mientras el dolor comenzaba a extenderse desde la herida.El padre de Daniel intentó apuntar nuevamente, pero su brazo lastimado no soportó el movimiento y el arma cayó cerca del asiento. El conductor en el auto corrió hacia Adrián, al mismo tiempo que los primeros hombres de seguridad aparecían desde la curva.—¡Suelte el arma y mantenga las manos a la vista! —ordenó uno de ellos.Adrián llevó una mano hacia el costado y encontró sangre entre sus dedos. El hombre de seguridad levantó su propia arma, dispuesto a disparar si el padre de Daniel intentaba recuperar la que había perdido.—Estaré bien —dijo Adrián—. No disparen.—Acaba de intentar matarlo.—Y está atrapado. Retiren el arma y esperen a la policía.El recuerdo del accidente sufrido junto a su padre apareció antes de que pudiera impedirlo. Adrián no estaba defendiendo al hombre que acababa de atacarlo ni olvi
Victoria terminó la llamada con Adrián únicamente para comunicarse con emergencias. Proporcionó la ubicación, explicó que un automóvil había quedado volcado y advirtió que el conductor persiguió otro vehículo antes de perder el control, por lo que podía representar una amenaza incluso estando herido.—¿Su esposo se encuentra cerca del vehículo? —preguntó la operadora.—Sí, aunque le pedí que permaneciera alejado.—Indíquele que no se acerque y espere a la policía.Victoria volvió a llamar, pero Adrián no respondió. Intentó comunicarse con el conductor enviado por el hotel y tampoco obtuvo respuesta, lo que aumentó una inquietud que ya no podía ocultar.Camille y Mathis aparecieron en la entrada después de escucharla hablar con la operadora.—¿Papá va a tardar? —preguntó Mathis.Victoria dejó el teléfono sobre la mesa y se agachó frente a ellos, procurando no alarmarlos con información que todavía no comprendía.—Ocurrió un accidente cerca de la casa, pero su papá no estaba dentro del
—Dile al conductor que no se detenga —pidió—. Seguridad ya va hacia ustedes.Adrián transmitió la indicación, aunque el hombre al volante había comenzado a modificar la ruta para impedir que el otro automóvil se colocara a su lado. La carretera se estrechaba antes de una curva y dejaba poco espacio para realizar cualquier maniobra.—Señor, sujétese —advirtió el conductor.El padre de Daniel aceleró hasta quedar a un costado. Durante algunos metros, ambos vehículos avanzaron casi juntos mientras él intentaba invadir el carril y obligarlos a salir del camino.—Está tratando de cerrarnos —dijo Adrián.—¿Qué sucede? —preguntó Victoria—. Adrián, háblame.El conductor frenó y giró para evitar el impacto. El movimiento permitió que el automóvil del padre de Daniel los rebasara, pero este intentó cruzarse delante de ellos sin considerar la cercanía de la curva.Los neumáticos perdieron adherencia y el vehículo se desplazó hacia la barrera. El primer golpe hizo que la parte trasera se levantar
Al entrar en el automóvil enviado por el hotel, Adrián llamó a Victoria.Ella respondió antes de que terminara el primer tono.—¿Dónde estás?La mezcla de enojo y alivio en su voz aumentó la culpa que Adrián había intentado ahogar durante horas.—Voy hacia la mansión.—Llevo toda la tarde llamándote.Adrián miró las notificaciones acumuladas en la pantalla.—Fui un tonto.—Eso ya lo sé. Necesito saber qué hiciste.El conductor mantuvo la mirada en el camino, fingiendo no escuchar. Adrián apoyó la cabeza contra el asiento mientras buscaba una forma de explicar el desorden que había provocado.—Salí de terapia, fui a la empresa y después terminé en un bar.—¿Estás conduciendo?—No. Pedí un automóvil con conductor.Victoria guardó silencio unos segundos.—¿Cuánto bebiste?—Demasiado.—¿Por qué?—Porque no sabía cómo volver sin intentar convencerte de terminar el embarazo.La confesión produjo otro silencio, aunque Victoria no cortó la llamada.—¿Y ahora ya sabes cómo hacerlo?—No, pero s
La respuesta consiguió que Adrián levantara el rostro. Hasta ese momento podía fingir que conversaba con un empresario entrometido que había reconocido su nombre, pero aquellas palabras no parecían referirse únicamente al estado de Victoria, sino a una amenaza que el desconocido deseaba que comprendiera.—¿Qué quieres decir?El hombre abandonó el asiento y avanzó lo suficiente para que la columna dejara de ocultarlo. El alcohol demoró unos segundos en permitir que Adrián relacionara el rostro con la voz, aunque el acento terminó por ordenar el recuerdo.—Tú —murmuró.—Parece decepcionado, señor Montenegro.Adrián lo había visto después de que comenzaron las investigaciones contra Daniel, cuando el hombre defendió públicamente a su hijo y acusó a los Montenegro de perseguirlo por una rivalidad empresarial. También estuvo presente cuando las autoridades detuvieron a varios colaboradores, pero después de la muerte de Daniel desapareció sin participar en las declaraciones posteriores.—¿M







