LOGINAlejandro levantó la mirada y durante un instante pareció molesto por el tono, pero terminó respondiendo.—Estaba demasiado ocupado sintiendo alivio porque mi hijo estaba vivo que, inicialmente, ni siquiera entendía lo que decía. Tú eres padre, deberías entenderme.Su voz volvió a quebrarse.—Desde que dijeron que habia muerto y me entregaron sus cenizas odie al mundo entero porque creía que todo había sido demasiado injusto. Cuando lo escuché, no pensé en delitos ni en consecuencias, pensé como padre.El cambio de trato no pasó inadvertido, lo que provocó que Adrián sostuviera su mirada.—Antes me hablaba de usted.Alejandro pareció incómodo apenas un segundo.—A Daniel le molestaba aquello, también se dio cuenta cuando hablamos de ambos.Victoria giró ligeramente hacia él y en ese momento Alejandro dejó escapar una exhalación amarga.—Me preguntó con rabia por qué seguía dirigiéndome con respeto a alguien como tú después de todo lo que le habías quitado. En ese momento me pareció ab
—No vas a ir.La respuesta salió de Adrián antes de que Victoria pudiera formular siquiera una pregunta, pero apenas escuchó sus propias palabras cerró los ojos y dejó escapar una exhalación cargada de frustración.Victoria no dijo nada mientras él volvió a mirarla.—Eso estuvo mal — lo dijo Victoria.—Un poco — acepto Adrián.—Mucho — le aseguro ella, pero no para regañarlo sino para hacerle ver que aquello no estaba bien.La sinceridad consiguió desactivar parte de la discusión que habría comenzado meses atrás. Adrián se incorporó y pasó una mano por su rostro mientras intentaba encontrar una forma distinta de expresar exactamente el mismo miedo.—Lo que debería haber preguntado es qué necesitarías para sentirte segura si decides ir.Victoria lo observó durante unos segundos, consciente de que aquella corrección no borraba el impulso inicial, pero demostraba algo quizá más importante: Adrián empezaba a reconocerlo antes de convertirlo en una decisión.—Quiero escucharlo.—Lo imaginé
—Quiero que revisen todo lo que todavía conserven relacionado con Daniel —dijo Fernanda, sin apartar la vista del teléfono—. Números, cuentas, mensajes antiguos, cualquier cosa que pueda compararse con esto.El investigador asintió y comenzó a coordinar el procedimiento mientras Ernesto permanecía cerca de su hija sin insistir en acompañarla ni exigir explicaciones. Fernanda parecía incómoda con aquella nueva versión de su padre, quizá porque durante demasiados años había aprendido a esperar instrucciones, soluciones o reproches antes que una pregunta verdadera sobre lo que necesitaba.Clara llegó poco después con una caja donde había reunido documentos relacionados con los apoyos médicos que recibió para Eduardo. Había dudado antes de llevarlos, consciente de que cada factura y cada número podía recordarle a Victoria una traición que todavía no desaparecía porque ahora estuviera cooperando.—Guardé todo porque durante mucho tiempo pensé que podía necesitar comprobar de dónde había sa
La pregunta de Fernanda quedó suspendida entre todos con una fuerza capaz de transformar por completo la conversación. Victoria mantuvo los dedos entrelazados con los de Adrián, no porque necesitara que la sostuviera, sino porque aquel contacto le recordaba que seguía allí mientras una posibilidad que nadie se había permitido considerar amenazaba con devolverlos a un pasado que creían cerrado.Regina fue la primera en reaccionar, aunque su voz perdió parte de la seguridad habitual.—Estamos hablando de un hombre al que declararon muerto, Fernanda. No podemos convertir una serie de coincidencias en una conclusión de ese tamaño.—No lo estoy haciendo —respondió ella—. Estoy diciendo que hay demasiadas cosas que no encajan con Alejandro. Si alguien más está manejando los accesos, necesitamos saber quién es, aunque al final descubramos que se trata de uno de los antiguos colaboradores de Daniel.Victoria observó nuevamente los movimientos de la empresa en la tablet y sintió una incomodida
—Alejandro pudo encontrar contraseñas después de su muerte.—Claro que pudo —admitió Fernanda—. También pudo encontrar documentos, teléfonos o alguna persona dispuesta a ayudarlo, pero entonces tendríamos que aceptar demasiadas coincidencias al mismo tiempo. Tendría que haber encontrado exactamente los accesos correctos, saber cuáles seguían activos, conocer personas que Daniel mantenía separadas entre sí y conseguir que todas empezaran a trabajar para él mientras todavía se recuperaba de sus heridas.Regina cruzó lentamente los brazos.—El dinero puede conseguir muchas de esas cosas.—Sí, pero no conocimiento —respondió Fernanda—. No el tipo de conocimiento que estamos viendo.Aquella frase consiguió que Adrián volviera la mirada hacia Victoria. Era exactamente lo que los había inquietado durante el viaje: alguien no estaba improvisando mientras intentaba reconstruir los recursos de Daniel, sino que parecía saber de antemano qué podía utilizar, dónde encontrarlo y cómo evitar que los
Como si la hubieran llamado, su hermana apareció desde el corredor acompañada por Isabel. La reacción de los niños fue inmediata: Mathis se acercó unos pasos a Adrián mientras Camille permanecía junto a Victoria, sin mostrarse agresiva pero tampoco relajada.Fernanda lo notó y no intentó acercarse.—No vine a quedarme —aclaró.Victoria cruzó los brazos.—Entonces dime por qué estás aquí.Isabel quiso responder primero.—Le comenté lo que encontraron porque pensé que quizá…Victoria la interrumpió con una mirada.—Quiero escucharla a ella.Isabel cerró la boca y Fernanda avanzó apenas.—Reconocí la empresa porque Daniel utilizaba estructuras similares para separar operaciones. Algunas estaban a nombre de personas que apenas conocían lo que hacían y otras estaban conectadas con intermediarios que jamás trataban directamente entre sí.Adrián la observó con atención.—Eso no explica por qué siguen funcionando.—Precisamente.Fernanda miró la información en la pantalla.—Daniel era obsesiv







