Compartir

Capítulo 5

Autor: T. Lili
Elena apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en las palmas.

—¿Y qué es lo que quiere? Si no, llame a la policía y ya —soltó ella casi entre dientes, con una voz cargada de esa desesperación de quien ya no tiene nada que perder.

—Está bien, llamemos a la policía. ¿Llamas tú o llamo yo?

Elena se quedó en silencio, sin saber qué decir.

—Pero piénsalo bien, ¿tu esposo aceptaría que le fueras infiel?

"¿Cómo sabía que estaba casada?"

Elena no tardó en encontrar la respuesta. Seguramente Bruno no dejó de llamarla en toda la noche y él alcanzó a verlo.

Él tenía toda la ventaja y lo sabía. Medía cada una de sus palabras y, aunque hablaba sin levantar la voz, sus frases golpeaban el corazón de Elena

A decir verdad, a ella no le importaba que Bruno se enterara de lo que había hecho, pero todavía no era el momento adecuado.

Bruno la había traicionado tantas veces que ella estaba decidida a cobrárselas todas. No iba a quedarse tranquila hasta que lograra destruir su matrimonio con Valentina.

Así que, respiró profundamente y preguntó:

—¿Qué es lo que quieres exactamente?

Cristian mostró una expresión serena. Se sentó de nuevo y su figura, impecable bajo la bata blanca, proyectaba un aire de frialdad y distanciamiento absoluto. Parecía un hombre totalmente distinto al que había escuchado jadear en su oído la noche anterior.

Él la miró fijamente y dijo:

—Lo que hiciste anoche me dejó un trauma psicológico tremendo. Soy una persona bastante sensible y esto me ha dejado una marca profunda. Si la situación se agrava, incluso podría afectar mi vida normal de ahora en adelante.

Elena abrió los ojos de par en par, sintiendo que le daban ganas de reírse de pura rabia:

"¿Sensible? ¿Se está burlando de mí? ¿Cómo puede decir algo así con tanta confianza?"

Apretando la mandíbula, ella respondió:

—Doctor Aguirre, es una lástima que no sea guionista. Admito que al principio yo me pasé de la raya, pero después de eso —Elena se detuvo, incapaz de continuar por la vergüenza.

Si bien ella había dado el primer paso, las tres o cuatro veces que siguieron habían sido iniciativa de él.

¡Qué cínico era al hacerse la víctima!

El hombre no se inmutó, es más, se tomó el comentario como un cumplido:

—Yo solo me fijo en los resultados. Soy alguien que no deja pasar ni una sola ofensa y anoche me sentí humillado, por lo tanto...

—¿Por lo tanto qué? —interrumpió ella.

—Tú decidiste cuándo empezaba el juego, pero ahora me toca a mí decidir cuándo termina.

La mirada de Cristian tras los lentes de marco dorado era fría, llena de una seguridad absoluta. Tenía un aura de autoridad natural que resultaba asfixiante.

Elena sabía que, si intentaba enfrentarse a él directamente, no tenía ninguna oportunidad de ganar.

Cristian tomó un papel de su escritorio y, junto con un bolígrafo, se la acercó.

—Anota aquí tu número —dijo con un tono que no admitía discusiones.

Elena no quería hacerlo por nada del mundo, pero al recordar el supuesto video, no tuvo más remedio que reprimir sus ganas de pelear.

Pensó: "Mejor me calmo ahora para evitar problemas mayores después. Tengo que salir de aquí como sea."

Respiró hondo, tomó el bolígrafo y escribió los números de un tirón, casi rompiendo la hoja.

Cristian esbozó una leve sonrisa de satisfacción y cambió su actitud de inmediato, volviendo a su papel de médico:

—Aquí tienes tu receta, ve a la farmacia por tus medicamentos y no olvides seguir las instrucciones.

Elena no quería quedarse ni un segundo más. Agarró su bolso y salió disparada del consultorio con paso apresurado, tratando de ocultar su humillación.

Solo cuando salió del hospital y le pegó el aire fresco en la cara, sintió que volvía a la vida.

Elena juró para sus adentros que, la próxima vez que lo viera, encontraría la forma de destruir ese celular. Quería ver con qué cara iba a amenazarla cuando ya no le quedara ni una sola prueba en su contra.

Cuando Elena se fue, el consultorio quedó en un silencio total. Cristian se quedó mirando el número que ella anotó. Cuando ya se lo grabó en la memoria, arrancó el papelito, lo dobló bien y se lo guardó en el bolsillo.

Luego tomó su celular, que estaba boca abajo sobre el escritorio, y lo desbloqueó. En la pantalla apareció una foto, en ella se veía un bar oscuro y a una mujer colgada del cuello de un hombre sin querer soltarlo.

La imagen era algo borrosa, claramente capturada de una cámara de seguridad.

En realidad, nunca grabó ningún video.

Todo había sido un engaño para asustar a Elena.

Al recordar el rostro de la mujer, dividido entre el miedo y la rabia, la sonrisa de Cristian se hizo más evidente.

Una fiera.

En ese momento, su celular empezó a sonar. Era Julián Sosa, su amigo, quien se quejaba al otro lado de la línea.

—Oye, Cristian, si tanto te gusta mi consultorio, ¿por qué no te lo llevas a tu casa? El director me tuvo media hora aguantando sus sermones por tu culpa. Esta noche me invitas a comer.

Cristian no respondió.

***

En Villa Montegrande, Bruno había llamado a Elena veinte veces y ella no le había contestado ni una sola.

La furia lo estaba volviendo loco.

Miró a la empleada de limpieza que estaba recogiendo el desastre y le gritó:

—¡Rápido, termina de limpiar esto de una vez!

Le molestaba ver el desorden.

Toda la casa parecía haber sido víctima de un asalto.

Valentina bajó las escaleras acariciándose el vientre, que aún no mostraba signos de embarazo, y dijo en voz baja:

—Bruno, ¿a dónde habrá ido Elena? ¿No será que descubrió algo y se escapó con las cosas de valor?

—¡Imposible! —negó Bruno con total seguridad—. Ella no puede vivir sin mí.

El amor casi ciego que Elena sentía por él era su mayor garantía.

Estaba convencido de que su engaño era perfecto y que ella no sospechaba absolutamente nada.

Pensó que seguramente solo estaba haciendo un berrinche porque no pudo localizarlo durante su aniversario.

Valentina, al ver cómo la defendía, sintió un poco de celos y dijo con tono mimado:

—¿Tanto confías en ella? ¿Acaso es más importante que yo? No olvides que estoy esperando un hijo tuyo y que, ante la ley, yo debería ser tu esposa.

Remarcó con fuerza lo de ante la ley.

Una sombra de incomodidad cruzó los ojos de Bruno, pero de inmediato la abrazó y comenzó a endulzarle el oído:

—Cariño, claro que tú eres la más importante. En cuanto consigamos lo que queremos, voy a cortar todo lazo con ella.

—Más te vale, porque si no, ni los Suárez ni los Castillo te van a dejar en paz.

—Eso nunca va a pasar —respondió Bruno con una sonrisa forzada.

Al ver que la empleada seguía trabajando cerca, no le importó y se inclinó para besar a Valentina.

Sabía que la única forma de calmar sus inseguridades y su afán de control era complaciéndola en la intimidad.

Justo en ese momento, Elena entró a la casa y los encontró en plena escena. Una sonrisa burlona apareció en sus labios, aunque sus ojos estaban llenos de desprecio. Fingió una pequeña tos y dijo:

—Amor, ¿ya llegaste?

Al escucharla, los dos se separaron como si les hubieran dado una descarga eléctrica. Elena caminó lentamente hacia ellos, cargando dos bolsas grandes de comida que había pedido y esperado durante cuarenta minutos.

Bruno se adelantó y la atacó primero para no darle tiempo de preguntar:

—¿Por qué hay tantas cosas rotas en la casa?

Elena miró a su alrededor. El desorden que dejó al salir ya estaba casi limpio. Juntó las manos y puso una expresión de inocencia:

—No fue mi intención, de verdad. Solo quería que Valentina tuviera un lugar impecable. Como está embarazada y el bebé no tiene un padre presente, pensé que, siendo nosotros sus mayores, debíamos cuidarla. Mis padres siempre la trataron como a una reina y yo quería hacer lo mismo.

Hizo una pausa y continuó con voz apenada:

—Tal vez se me pasó un poco la mano con la limpieza porque estaba apurada por dejar todo perfecto. Pero de verdad no fue a propósito, estaba muy ansiosa.

—Amor, no estarás enojado conmigo, ¿verdad? —preguntó con cautela.
Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 20

    Si ella no podía dormir, entonces había personas que tampoco.Movida por un impulso casi involuntario, Elena abrió la aplicación de las cámaras de vigilancia de Villa Montegrande.Eso se lo debía a Lulu. Cuando había comprado muebles de segunda mano, de paso había mandado instalar varias cámaras.Abrió varias pantallas a la vez y, en la de su dormitorio principal, vio a alguien.Valentina estaba recostada en su cama, sin el menor reparo, incluso con una expresión de autosatisfacción descarada.Era repugnante, sencillamente repugnante.¿De verdad le gustaba ese tipo de perversión?Está bien. Algún día les mandaría un gran regalo a los dos.En la pantalla, Bruno salió del baño con una toalla alrededor de la cintura. Caminó directo hacia la cama y se lanzó sobre Valentina, con una mezcla de pericia e impaciencia.Elena no tenía ningún interés en seguir viendo algo tan desagradable. Tomó el celular que usaba para el trabajo y, sin apartar la vista de la pantalla, marcó el número de Bruno.

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 19

    Aquella señora era, al parecer, la segunda esposa.La primera había fallecido joven y había dejado un hijo, aunque su relación con la familia Aguirre no era precisamente cercana.Pero, al fin y al cabo, donde hay madrastra, suele aparecer también un padrastro. Ni siquiera las familias adineradas se salvan de eso.A las diez de la noche, Elena volvió a ducharse y luego hizo una videollamada a Lulu. Quería saber si había algún avance con el asunto de Bruno.Colocó el celular sobre la mesa de noche y, mientras se aplicaba crema corporal, esperó a que la llamada se conectara.En cuanto escuchó el sonido de conexión, habló sin mirar la pantalla:—Cariño, te digo algo. En la próxima vida sí o sí voy a conquistar al heredero de la familia Aguirre, te voy a llevar conmigo a vivir rodeada de lujos. Lástima que en esta vida ya no se pueda.Levantó una pierna y la apoyó en el borde de la cama, presionó el dispensador y extendió una buena cantidad de crema por la pantorrilla.—Por cierto, ¿hay alg

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 18

    El primer día de trabajo de Elena en la mansión Aguirre fue todo un éxito.Durante la cena volvió a ganarse el gran reconocimiento de Doña Aguirre, quien incluso la invitó a que, de ahora en adelante, comieran juntas.Con la cena terminada, también daba por finalizada su jornada laboral.Aun así, no se quedó quieta. Fue a buscar al chef y le pidió un frasco de vidrio. Dentro colocó algunas verduras que había pedido al mediodía a AndrésLos cubrió con sal y agua limpia, añadió unos granos de pimienta fresca y unas gotas de licor fuerte. Tras dejarlos en remojo alrededor de una semana, servirían como un acompañamiento fresco y apetitoso.El mayordomo Andrés sonrió y comentó:—Señorita Elena, con todo el cuidado que pone para la Doña Aguirre, seguro que le va a encantar.—Andrés, mejor llámeme por mi nombre —respondió ella mientras llevaba el frasco a un lugar fresco—. Cuando esté listo, que todos lo prueben. Si hay algo que mejorar, díganmelo.—De acuerdo, entonces te llamaré Elena.—Gr

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 17

    Todas las miradas se dirigieron entonces hacia Elena, que estaba de pie junto a Doña Aguirre. Mantenía la espalda recta, vestida con una camisa blanca y pantalón negro. Su rostro era sencillo, pero delicado.Inclinó levemente la cabeza ante los presentes.—Las enfermedades de base de Doña Aguirre no son compatibles con alimentos altos en grasa ni en azúcar. Eso dificulta el control de su condición.Habló con calma y claridad.—El arroz integral es rico en fibra y tiene un índice glucémico bajo. La cocción al vapor es la forma más saludable de preparar los alimentos. Las verduras se adaptan a sus preferencias y, además, son adecuadas para el otoño, ayudan a aliviar la sequedad del organismo.Blanca puso los ojos en blanco mientras giraba el enorme diamante de su anillo.—Hablas muy bonito. Pero quién sabe si no nos estás tomando el pelo.—Basta.La voz de Doña Aguirre sonó de repente. Sus ojos, aunque velados por la edad, lanzaron una mirada fulminante a Blanca.—No eres quién para cues

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 16

    Elena siguió al mayordomo Andrés hasta el salón principal. Un aroma elegante de sándalo la envolvió de inmediato.Detrás de un biombo tallado en madera noble, Doña Aguirre estaba sentada en un diván de caoba. No tenía ni un solo pelo canoso fuera de su sitio y lucía un vestido de seda oscura que denotaba su rango, pasando con calma las cuentas de madera entre sus manos.Al oír los pasos, alzó ligeramente los párpados. Su mirada era profunda y serena.Andrés anunció en voz baja:—Doña Aguirre, la nutricionista, la Señorita Elena, ha llegado.Elena habló con respeto:—Hola, Doña Aguirre.No respondió de inmediato. Se limitó a examinarla de arriba abajo, con una mirada cargada de la autoridad que da el poder y los años, como si pudiera ver a través de las personas.El ambiente quedó en completo silencio.Tras unos segundos, Doña Aguirre habló por fin:—Si fue recomendada por la profesora Silvia, entonces probemos. Pero si no quedo satisfecha, no piense que por venir presentada por alguien

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 15

    No pudo evitar maldecir por dentro.Levantó la colcha y se bajó de la cama. Al ver la alfombra hecha un desastre, las mejillas le ardieron. Las imágenes de la noche anterior daban vueltas en su mente."La verdad es que sabe hacer de todo", pensó.Se vistió y salió descalza. Apenas llegó a la puerta de la habitación, escuchó voces conversando.—Señor, la trampa ya está lista. Ahora solo falta que muerdan el anzuelo.—Sigue vigilando.—Entendido.Cristian alcanzó a ver la silueta en la puerta y dijo con tono indiferente:—Déjame el auto.Tomás se quedó un segundo en blanco y enseguida entendió.Asintió.—Iré a la empresa en taxi.Dicho eso, se fue sin mirar atrás, apurando el paso.Solo cuando oyó el sonido de la puerta al cerrarse, Elena salió finalmente.Se adelantó y explicó:—No estaba espiando a propósito.Pero tenía demasiadas dudas.Caminó hasta el sillón individual frente a Cristian y se sentó. Lo miró una y otra vez, sin disimulo.—¿Qué quieres preguntar? —dijo él.Tenía un rost

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status