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002

작가: Nuvola
last update 게시일: 2026-02-04 21:52:00

Anna siguió esperando a Rendy, que no regresaba a la habitación. El reloj ya había pasado de las diez de la noche, y cada minuto se sentía como una hora entera cargada de ansiedad. Sin embargo, no podía ir a buscar a su esposo: frente a la habitación de Lusi había dos guardias, y estaba claro que a Anna no se le permitía acercarse a ese lugar.

Cuando por fin la puerta se abrió y Rendy entró, su corazón se hundió. El dolor fue real, punzante, como si algo se le clavara lentamente en el pecho.

—Lo siento… tardé —dijo Rendy con suavidad.

Anna no respondió. Su mirada estaba vacía, pero llena de heridas.

Rendy se acercó un par de pasos.

—Anna, por favor… no te enfades. Eres la única mujer a la que amo. Solo tú. Créeme.

Anna giró la cabeza de golpe; sus ojos brillaban afilados.

—¿Amor? ¿Así es como me amas?

Rendy dio otro paso e intentó rodear su cintura, pero Anna retrocedió medio paso.

—Quiero que nos vayamos a casa. Ahora mismo. No hay otra opción —dijo Anna con firmeza. Su voz temblaba, no de miedo, sino de emociones contenidas.

—Cariño, escúchame primero…

Rendy sujetó sus hombros, obligándola a mirarlo directamente.

—Lusi… todavía está muy alterada. No puede quedarse sola. Yo solo—

—¿Entiendes mi situación, Ren? —lo interrumpió Anna—. ¿Sabes lo que se siente ver a tu esposo en la habitación de otra mujer… mientras a ti ni siquiera te permiten acercarte?

Rendy cerró los ojos un instante, como si intentara contener la culpa que le inundaba el pecho.

—Lo sé… sé que duele.

Se acercó despacio, bajando la voz hasta convertirla en un susurro.

—Cariño… solo quiero que esto no empeore. Solo quiero que estés a salvo.

Anna soltó una breve risa amarga.

—Pero soy yo la que está herida.

Rendy la atrajo hacia su pecho y la abrazó con fuerza—demasiada—como si temiera que, si la soltaba, Anna desaparecería.

—Te lo prometo, voy a arreglarlo todo. No te dejaré pasar por esto sola.

—¿Lo prometes? —la voz de Anna se quebró.

—Lo prometo.

Rendy levantó la mano y acarició la mejilla de Anna, luego besó su frente con suavidad. Ese gesto hizo que sus defensas flaquearan. Cuando sus labios encontraron los de ella, fue como una disculpa silenciosa.

—Rendy… —Anna intentó decir algo, pero su voz se apagó cuando él respondió al beso despacio, lleno de arrepentimiento y de un miedo profundo a perderla.

—Te extraño —susurró Rendy, con apenas espacio entre ellos—. Te extraño… no solo como mi esposa, sino como mi hogar.

Anna cerró los ojos y respiró hondo.

—De verdad logras enfurecerme… pero también yo…

No terminó la frase; el dolor y el amor chocaron con demasiada fuerza dentro de ella.

Rendy sonrió débilmente y le acarició el rostro.

—Déjame compensarlo todo. Esta noche… permíteme estar contigo.

La guio hasta la cama, no con prisa, sino con una sinceridad que había intentado demostrar desde el principio. Se aferraron el uno al otro, buscando consuelo, encontrándose en el silencio de la noche.

***

—Rendy —llamó Anna al extender la mano hacia el otro lado de la cama.

Estaba frío. Eso solo podía significar una cosa: Rendy llevaba despierto un buen rato.

Anna se levantó de inmediato. Se dio prisa en ducharse al ver que el reloj marcaba ya las siete de la mañana. Cuando salió, lo vio en la cocina.

Rendy estaba cocinando.

Y no estaba solo.

Lusi estaba sentada en una silla, observándolo mientras él se movía frente a la estufa.

¿Rendy sabe cocinar? —se preguntó Anna para sí.

La risa de ambos resonó en el aire, y el corazón de Anna volvió a sangrar.

—Rendy —lo llamó.

Él se giró.

—¿Ya despertaste? —preguntó con tono casual.

Anna solo asintió.

—¿Desde cuándo sabes cocinar? —preguntó ella, observándolo con atención.

—Yo le pedí a Rendy que cocinara —intervino Lusi, provocando que Anna la mirara con dureza.

—Aquí hay muchos empleados. ¿Por qué no les pediste a ellos? —replicó Anna, sin ocultar su molestia.

—También cociné para ti, cariño. No pienses cosas raras —añadió Rendy, llevando tres platos a la mesa—. Ven, amor, vamos a comer.

Lusi se levantó de inmediato, mientras Anna permanecía inmóvil. No sabía por qué, pero sintió que cuando Rendy dijo “cariño”, su mirada se dirigió a Lusi, no a ella.

—¿Por qué sigues ahí parada? Ven a comer, Anna —insistió Rendy.

Anna caminó hasta la mesa y se sentó junto a él. Lusi se sentó frente a Rendy. Anna probó el arroz frito y luego lo miró.

—¿Qué pasa? —preguntó Rendy.

—Ren… ¿esto tiene camarones?

—Sí, ¿por qué?

—¡Soy alérgica a los mariscos, Ren! —exclamó Anna al sentir el picor inmediato.

Antes de que Rendy pudiera reaccionar, Lusi se llevó una mano a la boca, se levantó de golpe y corrió al baño.

Rendy se puso de pie enseguida, sin prestar atención a Anna.

Anna se quedó paralizada al verlo cargar a Lusi en brazos y subir las escaleras. El cabello de Lusi aún estaba húmedo por el agua del lavabo, su rostro pálido… y sus brazos rodeaban el cuello de Rendy con una naturalidad inquietante, como si ese fuera su lugar.

—Rendy… —la voz de Anna tembló, casi inaudible.

Él se giró apenas un segundo.

—Voy a llevar a Lusi a su habitación —dijo, ajustando el agarre—. Tengo que asegurarme de que esté bien.

—Pero, Ren… yo—

—Anna, por favor, entiéndeme —la interrumpió, con un tono firme pero suplicante—. Papá y mamá no están en casa. Lusi solo me tiene a mí ahora. Además, siempre llevas tu medicina contigo, ¿no?

Anna parpadeó varias veces, incrédula de escuchar esas palabras mientras él sostenía a otra mujer frente a ella.

—Pero tú también eres mi esposo —susurró.

Rendy se detuvo una fracción de segundo, pero no dejó de avanzar.

—Lo sé. Pero esto es diferente, Anna. Lusi… ella es frágil.

Lusi abrió los ojos y miró a Anna con una mueca débil.

—Lo siento, Anna… es solo que… no tengo fuerzas para caminar.

Anna vio con claridad cómo los dedos de Lusi se aferraban al cuello de la camisa de Rendy, demasiado fuerte para ser solo necesidad.

—Rendy —dijo Anna una vez más, con la voz rota—. Anoche… dijiste que yo era la única mujer que amabas.

Rendy se detuvo en el último escalón. Lusi seguía en sus brazos.

—Y sigo manteniendo mis palabras —respondió, pero no miró a Anna; su atención estaba fija en el rostro pálido de Lusi—. Tengo que cuidar de ella. No puedo dejarla sola.

La garganta de Anna se cerró.

—Ren… pero yo también te necesito.

Rendy apretó más el brazo alrededor de Lusi y asintió lentamente.

—Bajaré cuando Lusi esté mejor.

Lusi se mordió el labio y susurró, lo bastante alto para que Anna lo oyera:

—Lo siento, Ren… siento ser una carga.

Rendy le dedicó una sonrisa suave—una que no era para Anna.

—Nunca eres una carga para mí, Lusi.

El pecho de Anna se sintió como si lo aplastaran.

Rendy continuó subiendo las escaleras con Lusi en brazos. Antes de desaparecer en el rellano, dijo sin volverse:

—Anna, no tengas celos. Este no es el momento.

Esas palabras la dejaron helada.

¿No es el momento?

¿Entonces cuándo?

¿Cuando su esposo ya se haya alejado por completo?

El plato sobre la mesa tembló en las manos de Anna.

Anoche, Rendy la había amado con infinita ternura.

Esa mañana… ni siquiera le había tomado la mano.

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댓글 (1)
goodnovel comment avatar
Tere Vera
enserio puede ser tan tonta en aceptar esto ojalá que no quiera volver con este tipo después de lo que le hizo
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