LOGIN—Anna —la llamó Efendi justo cuando ella acababa de abrir la puerta de la casa. Su voz era grave, cargada de algo que no auguraba nada bueno.
Anna se detuvo mientras se quitaba los zapatos. Miró hacia la sala de estar: Renata y Efendi estaban sentados uno junto al otro, con expresiones tensas. Lusi ocupaba el otro extremo del sofá, sujetándose el vientre. Y lo que más le atravesó el pecho… Rendy estaba sentado justo a su lado.
El rostro de Anna se endureció de inmediato.
—¿Qué es todo esto? ¿Por qué están todos aquí?
Nadie respondió. Efendi solo le extendió una carpeta marrón.
—Lee esto… y fírmalo de inmediato.
Anna frunció el ceño y tomó la carpeta con cuidado. En cuanto abrió y leyó la primera página, el aire se le quedó atrapado en la garganta.
—¿Un… divorcio? —susurró, incrédula.
Alzó la vista hacia Rendy.
—Ren, ¿estás seguro de esto?
Rendy exhaló despacio y bajó la mirada, como si buscara las palabras adecuadas.
—Es lo mejor para la familia, Anna.
Anna lo miró fijamente.
—¿Para qué familia? ¡Nuestra familia está bien! ¿Por qué hablas como si no lo estuviera?
Renata intervino, con un tono frío y cortante.
—Anna, por favor, no compliques las cosas. Esta es una decisión bien pensada.
Anna la ignoró y dio un paso hacia Rendy.
—Ren, mírame. Nosotros estamos bien. Solo estamos pasando por—
—Lo he pensado durante mucho tiempo, Anna —la interrumpió Rendy.
—¡Ni siquiera hablaste conmigo de esto! —la voz de Anna se elevó, atravesada por la traición—. ¡Decidiste nuestro futuro sin preguntarme nada!
De pronto, Lusi habló.
—Anna… no seas egoísta. Todo esto se hace por mí y por mi bebé.
Anna giró la cabeza con brusquedad.
—¿Egoísta? ¿Yo?
Lusi bajó la mirada de forma dramática y volvió a sujetarse el vientre.
—Yo solo… tengo miedo. No quiero que mi hijo nazca sin un padre.
Anna soltó una risa amarga.
—¡Ese niño ni siquiera es hijo de Rendy!
Renata golpeó suavemente el respaldo del sofá.
—¡Basta, Anna! ¡Cuida lo que dices!
—¿Por qué? ¿Porque no quieren oír la verdad? —Anna miró a Renata y a Efendi uno por uno—. Lusi quedó embarazada de otro hombre, ¿y mi esposo es quien debe hacerse responsable? Eso no es familia, es una imposición.
Lusi comenzó a sollozar.
—Yo… no sé qué más hacer. Por favor, no me hagan daño…
Rendy se inclinó de inmediato y tomó la mano de Lusi.
—Tranquila, Lus… no te alteres.
El pecho de Anna se sintió atravesado por una puñalada. Susurró, casi sin voz:
—¿Ni siquiera… te importa tomarle la mano delante de mí?
Efendi suspiró profundamente.
—Anna, tienes que entenderlo. Lusi está en un estado delicado.
—Soy tu esposa, Ren. Tu esposa —la voz de Anna se quebró—. ¿Por qué te arrodillas ante otra mujer?
Rendy finalmente se levantó y sujetó los hombros de Anna.
—Te prometo que volveré contigo. Pero ahora… tenemos que separarnos por un tiempo.
Anna apartó sus manos.
—No. No, Rendy. No estamos peleados. No tenemos problemas. ¿Por qué tengo que perderte?
Renata negó con la cabeza.
—Anna, estás arruinándolo todo.
—¿Yo lo arruino? ¡Ustedes están obligando a mi esposo a casarse con otra mujer!
—¡Cuida tu lenguaje! —gritó Efendi, con la voz retumbando en la habitación.
La rabia de Anna creció. Tiró con fuerza del brazo de Rendy.
—Vámonos ahora. Hablemos de esto a solas, no delante de ellos.
De repente—como una escena que se repetía demasiadas veces—Lusi se desplomó en el suelo.
—¡Lusi! —gritó Renata.
Rendy soltó la mano de Anna al instante y corrió hacia ella.
—¡Lusi! ¡Lus, despierta! ¿Me oyes?
Anna permaneció inmóvil.
—Está fingiendo. Siempre hace lo mismo.
Rendy se volvió hacia ella con la mirada encendida.
—Revisa a Lusi ahora mismo, Anna.
—No quiero.
—¡Anna, no seas egoísta! —volvió a gritar Efendi.
Anna respiraba con dificultad, frustrada.
—¡Solo quiero hablar con mi esposo sin drama!
Rendy la miró con dureza.
—Si quieres irte, vete sola.
Las palabras la atravesaron como un puñal.
—Rendy… Ren, ¿hablas en serio?
—No seas infantil, Anna —añadió Renata con desprecio.
Todas las miradas se clavaron en Anna, como si ella fuera la culpable de todo. Con la respiración temblorosa, se acercó finalmente a Lusi y la examinó.
Su tono profesional salió a la superficie, aunque su voz era fría.
—La presión arterial es normal. La respiración también. No hay signos de peligro. Solo está… siendo demasiado dramática.
Lusi abrió los ojos y rompió a llorar con fuerza.
—Rendy… tengo miedo… me duele… por favor…
Rendy la levantó de inmediato en sus brazos.
—Shh… estoy aquí. Te llevo a la habitación.
Anna retrocedió un paso, con los ojos enrojecidos.
—Ren… no me dejes así.
Rendy no la miró. Ya llevaba a Lusi hacia la habitación de invitados.
Anna intentó seguirlos, pero Efendi la sujetó del brazo.
—No empeores el estado de Lusi.
Renata añadió con voz punzante:
—Y deberías estar agradecida, Anna. Hemos hecho mucho por ti.
Anna los miró a todos—las personas que siempre había considerado su familia—y comprendió, por primera vez, que estaba completamente sola.
Frustrada, Anna se dirigió a su habitación y cerró la puerta de un portazo. Se miró en el espejo: el enrojecimiento provocado por la alergia al marisco aún no había desaparecido del todo, pero en esa casa a nadie parecía importarle realmente su estado. Incluso sentía que Rendy estaba cada vez más lejos de ella.
Y por primera vez, el silencio la hizo sentir abandonada.
Anna estaba en el baño de un restaurante. Después de lavarse las manos, se las secó con una servilleta de papel y salió.Apenas había dado unos pasos cuando alguien la agarró bruscamente de la muñeca.Anna se sobresaltó e intentó soltarse por instinto.—¿Desde cuándo estás saliendo con Liam? —exigió saber Rendy sin rodeos.—Eso no es asunto tuyo. —Anna forcejeó para liberarse—. ¡Suéltame!—¡Te dije que íbamos a volver a estar juntos! ¿Por qué no pudiste esperarme? —La ira de Rendy era cada vez más difícil de contener.Anna lo fulminó con la mirada.—Desde el momento en que decidí divorciarme de ti, Rendy, nunca tuve la menor intención de volver contigo.—Sé que todavía me amas. Solo estás intentando vengarte de mí, ¿verdad?Sus palabras le revolvieron el estómago. Anna apenas podía creer que, después de todo lo que habían vivido, Rendy siguiera siendo tan arrogante.—Eres un egocéntrico insufrible, Rendy —respondió con frialdad—. Jamás volvería contigo. Ni ahora ni nunca.—¡No seas ta
Liam miró a Anna, como si todavía estuviera esperando que ella le diera la confirmación definitiva. Sabía que aún no había aceptado por completo hacer pública su relación.—No me molesta —dijo Anna en voz baja.—¿Estás segura? ¿De verdad no te importa que todo el mundo se entere de lo nuestro? —insistió Liam, solo para asegurarse.Anna asintió.Al instante, el rostro de Liam se iluminó. Una amplia sonrisa se extendió por sus labios, como si por fin hubiera recibido el permiso que llevaba tanto tiempo esperando.Sin pensarlo dos veces, la estrechó entre sus brazos.—¡No tan fuerte, Liam! Recuerda que ahora hay un bebé ahí dentro —lo reprendió Matilda.Al darse cuenta de lo que había hecho, Liam aflojó el abrazo de inmediato.—Lo siento. Es que estoy demasiado feliz —admitió, sin poder disimular su enorme alegría.Matilda y Jonathan intercambiaron miradas divertidas antes de sonreírle a su hijo. Liam, que por lo general siempre mantenía la compostura y rara vez dejaba ver sus emociones,
—¡Anna! —la llamó Matilda justo cuando ella terminaba de pasar visita a sus pacientes.Anna sonrió de inmediato. Matilda se acercó apresuradamente y estrechó a su nuera entre sus brazos con cariño.—Liam ya se lo contó a mamá. Estoy tan feliz de recibir esta noticia. Gracias, cariño, por llevar a nuestro nieto en tu vientre —dijo Matilda, con los ojos brillantes de lágrimas.—No llores. Vas a poner nerviosa a Anna —comentó Jonathan, que estaba de pie a su lado.—¡Es que estoy tan feliz! ¿Acaso no te alegra saber que vamos a tener un nieto?—¿Cómo no me va a alegrar? Si pudiera, anunciaría la noticia al mundo entero ahora mismo —respondió Jonathan sin dudarlo.Sus palabras hicieron que Anna soltara una risita.—Mamá, papá, ¿quieren que hablemos en mi despacho?—¡Claro! Vamos a conocer el despacho de nuestra querida hija. Si la habitación de Anna no es lo bastante cómoda, tendremos que regañar a Liam —declaró Matilda.—Ese muchacho debe de haber heredado ese carácter de otra persona. No
Aquella noche, el dormitorio estaba envuelto en una serena tranquilidad.Liam estaba detrás de Anna, secándole el cabello suavemente con un secador. De vez en cuando, deslizaba los dedos entre sus mechones para asegurarse de que no quedara ni uno solo húmedo.Sentada frente al tocador, Anna no pudo evitar sonreír al sentir tanta ternura por parte de su esposo.—Entonces, ¿cuándo podré decirle al mundo entero que eres mi esposa? —preguntó Liam de repente.Anna arqueó una ceja mientras lo miraba a través del espejo.—Cuando me apetezca.Liam soltó una risita.—¿Y qué tengo que hacer para ponerte de buen humor?Anna fingió pensarlo durante unos segundos.—¿Qué quieres? ¿Un bolso? ¿Ropa? ¿Zapatos?Anna negó con la cabeza de inmediato.—Quiero espaguetis. Pero quiero que los prepares tú.La mano de Liam se detuvo en pleno movimiento.—¿Ahora?Anna asintió.—Espera aquí, ¿de acuerdo? Te los prepararé.Anna se volvió hacia él y lo miró con incredulidad.—¿De verdad vas a cocinar para mí?—Po
En cuanto escuchó abrirse la puerta, Anna, que había permanecido sentada, sumida en sus pensamientos, levantó la mirada de inmediato.Sus ojos se encontraron con los de Liam cuando él entró en el despacho.—¿Liam?Él no respondió enseguida. Simplemente se acercó a ella con pasos lentos y deliberados. Había algo diferente en su expresión, algo inusualmente serio en sus ojos.Anna frunció el ceño, confundida.Pero antes de que pudiera preguntarle qué ocurría, Liam se arrodilló de repente frente a ella.Los ojos de Anna se abrieron de par en par por la sorpresa y la alarma.—Liam, ¿qué estás haciendo? —preguntó, presa del nerviosismo.Liam alzó la mirada hacia ella. Sus ojos, que normalmente reflejaban una seguridad arrolladora y una autoridad incuestionable, ahora mostraban algo que Anna rara vez había visto en él: miedo.—Por favor... no me dejes.Anna se quedó sin palabras.Jamás habría imaginado escuchar aquellas palabras de labios de Liam.—Sé que he sido egoísta —continuó él en voz
Anna entró en la habitación VIP con un suspiro de irritación. Su mirada se fijó de inmediato en Rendy, que estaba sentado en la cama del hospital.Parecía estar perfectamente bien. La única lesión que tenía era un corte superficial en la palma de la mano, del que todavía brotaba un fino hilo de sangre.Como médica, le bastó una sola mirada para darse cuenta de que aquello no había sido un accidente. La herida era demasiado limpia y superficial, como si se la hubiera hecho a propósito para encontrar una excusa con la que acudir al hospital.—Véndenle la mano —les indicó Anna a Erika y Nina, sin siquiera acercarse a él.—Sí, doctora —respondieron ambas al unísono.—Quiero que tú me atiendas, Anna —insistió Rendy, apartando de un manotazo la mano de Erika antes de que pudiera limpiarle la herida.La mirada de Anna se volvió gélida.—No hagas que llegue a despreciarte todavía más.Rendy soltó una risita, completamente imperturbable.—Te lo he dicho desde el principio: vamos a volver a est







