INICIAR SESIÓNAnna abrió los ojos lentamente. La luz de la mañana que se filtraba por las cortinas la hizo entrecerrarlos por un instante. Cuando se dio cuenta de que todavía estaba en la habitación de invitados, se incorporó de inmediato.Al parecer, la noche anterior se había quedado dormida allí junto a Elena.—Me quedé dormida aquí —murmuró Anna mientras se frotaba el rostro aún adormilado.—Anoche pensaba despertarte, pero tu marido me dijo que te dejara dormir —comentó Elena. Acababa de salir de la ducha y todavía tenía el cabello ligeramente húmedo.Anna soltó un pequeño suspiro y sonrió.—Está bien. Voy a volver a nuestra habitación.Se levantó de la cama y se dirigió al dormitorio principal para buscar a Liam.En cuanto abrió la puerta, lo vio frente al espejo, terminando de ponerse la camisa. Como de costumbre, ya estaba casi listo para irse a trabajar.—Liam, ¿a qué hora llegaste anoche? Perdona, me quedé dormida en la habitación de invitados —dijo Anna.Liam se volvió hacia ella. Una le
Durante los últimos dos días, Anna se había quedado en casa con Liam. Todavía no tenía fuerzas suficientes para volver al trabajo. Su cuerpo seguía débil, pero su mente estaba aún más agotada después de todo lo que había salido a la luz.En ese momento, Anna estaba sentada junto a la piscina, con la mirada perdida en la tranquila superficie del agua y los pensamientos vagando sin rumbo por su mente. De vez en cuando, llevaba una mano a su vientre todavía plano y lo acariciaba suavemente, como si buscara consuelo en aquella pequeña vida que crecía dentro de ella.—Anna.Al escuchar aquella voz tan familiar, levantó la cabeza.—¿Por qué has vuelto tan pronto? ¿No seguías fuera de la ciudad? —preguntó, visiblemente sorprendida al ver a Elena.—Tu maravilloso marido me ha dado el día libre —respondió Elena con una sonrisa radiante—. Vamos, no te quedes aquí sentada sola. Busquemos un lugar más cómodo.Le tendió la mano y la ayudó a l
—Mamá… Papá, por favor, no me echen de casa —suplicó Lusi con la voz temblorosa. Las lágrimas le corrían por las mejillas—. Han sido mis padres durante veinticinco años. ¿Acaso ya no me quieren?Renata la miró con una mezcla de rabia y dolor. Durante veinticinco años había criado a Lusi con todo su amor. Le había dado un hogar, había cuidado de ella y la había tratado como a su propia hija.Sin embargo, todo aquello se había derrumbado en cuanto descubrió la verdad: Lusi no era su hija biológica.—¡Odio profundamente a tus padres! ¡Así que ahora vas a sentir lo mismo que mi hija ha sufrido durante todos estos años, Lusi! —gritó Renata, con la voz quebrada por la furia—. ¡Por culpa de tus padres, mi hija tuvo que soportar tanto sufrimiento!Renata empujó a Lusi hacia la salida. La joven estuvo a punto de perder el equilibrio, pero enseguida se volvió y trató de aferrarse a la mano de Renata.—Por favor, mamá… No tengo adónde ir si me echas de aquí —suplicó desesperadamente.—No me impo
—Quiero irme a casa —murmuró Anna.Liam miró a Matilda, buscando silenciosamente su opinión. Ella le respondió con un pequeño asentimiento.—Nos iremos a casa hoy —dijo Liam, acariciándole suavemente la mejilla con los dedos.Después, sacó el teléfono e hizo una llamada. Le pidió a Kenzo que organizara todo lo necesario para dar de alta a Anna y preparar su regreso a casa.Poco después, Kenzo llegó con una silla de ruedas. Para entonces, Anna ya se había cambiado y llevaba ropa limpia.—Vamos, cariño. Déjame ayudarte a sentarte —dijo Liam.—Puedo caminar sola, Liam. No necesito una silla de ruedas —protestó Anna.—Lo sé. Simplemente estoy preocupado por ti —respondió él con dulzura.Al final, Anna cedió. Liam la levantó con cuidado en brazos y la acomodó en la silla de ruedas.Matilda y Jonathan permanecieron a su lado, sin querer marcharse hasta asegurarse de que Anna estuviera de camino a casa.Mientras Liam empujaba la silla de ruedas por los pasillos del hospital, varios médicos y
—Renata, todavía estás recuperándote. Espera hasta que estés completamente restablecida —dijo Efendi, intentando detener a su esposa.—¿Cómo quieres que espere? —Renata lo miró con los ojos llenos de lágrimas—. Quiero ver a mi hija.Su voz temblaba de emoción.—Todo este tiempo… la niña a la que lastimamos, a la que incluso maltratamos, resultó ser nuestra propia hija.Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.—Tengo que verla ahora mismo.Efendi guardó silencio.Sabía que ya no tenía sentido intentar detener a su esposa. Una vez que Renata había tomado una decisión, era casi imposible hacerla cambiar de opinión.—Está bien —cedió finalmente—. Pero irás en silla de ruedas. Yo te llevaré.Renata asintió rápidamente.Unos días atrás, Renata había sufrido un accidente junto con Lusi. Aquel incidente terminó sacando a la luz un secreto que había permanecido oculto durante años.Lusi no era su hija biológica.Anna sí lo era.Al principio, ni Renata ni Efendi podían creerlo. ¿C
Anna comenzó a recuperar la consciencia poco a poco.Sus párpados temblaron ligeramente antes de abrirse por completo. Todavía veía todo borroso, pero la primera persona que distinguió fue Liam.En cuanto se dio cuenta de que había despertado, Liam se inclinó hacia ella de inmediato. Su rostro reflejaba una profunda preocupación, como si no hubiera podido relajarse ni un solo segundo desde que ocurrió el accidente.—Cariño, ¿cómo te sientes? ¿Te duele algo? —preguntó Liam con ansiedad.Anna todavía se sentía débil, pero, antes de preocuparse por sí misma, una pregunta acudió de inmediato a su mente.—¿Y nuestro bebé?La voz se le llenó de angustia.—Nuestro bebé está bien. No te preocupes —la tranquilizó Liam con dulzura.Se inclinó y le besó suavemente la frente, intentando calmarla. Al escuchar sus palabras, Anna soltó un suspiro de alivio. La tensión que le oprimía el pecho comenzó a disiparse poco a poco.Liam la rodeó cuidadosamente con los brazos, como si temiera que el más míni







