LOGIN—Mamá… Papá, por favor, no me echen de casa —suplicó Lusi con la voz temblorosa. Las lágrimas le corrían por las mejillas—. Han sido mis padres durante veinticinco años. ¿Acaso ya no me quieren?Renata la miró con una mezcla de rabia y dolor. Durante veinticinco años había criado a Lusi con todo su amor. Le había dado un hogar, había cuidado de ella y la había tratado como a su propia hija.Sin embargo, todo aquello se había derrumbado en cuanto descubrió la verdad: Lusi no era su hija biológica.—¡Odio profundamente a tus padres! ¡Así que ahora vas a sentir lo mismo que mi hija ha sufrido durante todos estos años, Lusi! —gritó Renata, con la voz quebrada por la furia—. ¡Por culpa de tus padres, mi hija tuvo que soportar tanto sufrimiento!Renata empujó a Lusi hacia la salida. La joven estuvo a punto de perder el equilibrio, pero enseguida se volvió y trató de aferrarse a la mano de Renata.—Por favor, mamá… No tengo adónde ir si me echas de aquí —suplicó desesperadamente.—No me impo
—Quiero irme a casa —murmuró Anna.Liam miró a Matilda, buscando silenciosamente su opinión. Ella le respondió con un pequeño asentimiento.—Nos iremos a casa hoy —dijo Liam, acariciándole suavemente la mejilla con los dedos.Después, sacó el teléfono e hizo una llamada. Le pidió a Kenzo que organizara todo lo necesario para dar de alta a Anna y preparar su regreso a casa.Poco después, Kenzo llegó con una silla de ruedas. Para entonces, Anna ya se había cambiado y llevaba ropa limpia.—Vamos, cariño. Déjame ayudarte a sentarte —dijo Liam.—Puedo caminar sola, Liam. No necesito una silla de ruedas —protestó Anna.—Lo sé. Simplemente estoy preocupado por ti —respondió él con dulzura.Al final, Anna cedió. Liam la levantó con cuidado en brazos y la acomodó en la silla de ruedas.Matilda y Jonathan permanecieron a su lado, sin querer marcharse hasta asegurarse de que Anna estuviera de camino a casa.Mientras Liam empujaba la silla de ruedas por los pasillos del hospital, varios médicos y
—Renata, todavía estás recuperándote. Espera hasta que estés completamente restablecida —dijo Efendi, intentando detener a su esposa.—¿Cómo quieres que espere? —Renata lo miró con los ojos llenos de lágrimas—. Quiero ver a mi hija.Su voz temblaba de emoción.—Todo este tiempo… la niña a la que lastimamos, a la que incluso maltratamos, resultó ser nuestra propia hija.Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.—Tengo que verla ahora mismo.Efendi guardó silencio.Sabía que ya no tenía sentido intentar detener a su esposa. Una vez que Renata había tomado una decisión, era casi imposible hacerla cambiar de opinión.—Está bien —cedió finalmente—. Pero irás en silla de ruedas. Yo te llevaré.Renata asintió rápidamente.Unos días atrás, Renata había sufrido un accidente junto con Lusi. Aquel incidente terminó sacando a la luz un secreto que había permanecido oculto durante años.Lusi no era su hija biológica.Anna sí lo era.Al principio, ni Renata ni Efendi podían creerlo. ¿C
Anna comenzó a recuperar la consciencia poco a poco.Sus párpados temblaron ligeramente antes de abrirse por completo. Todavía veía todo borroso, pero la primera persona que distinguió fue Liam.En cuanto se dio cuenta de que había despertado, Liam se inclinó hacia ella de inmediato. Su rostro reflejaba una profunda preocupación, como si no hubiera podido relajarse ni un solo segundo desde que ocurrió el accidente.—Cariño, ¿cómo te sientes? ¿Te duele algo? —preguntó Liam con ansiedad.Anna todavía se sentía débil, pero, antes de preocuparse por sí misma, una pregunta acudió de inmediato a su mente.—¿Y nuestro bebé?La voz se le llenó de angustia.—Nuestro bebé está bien. No te preocupes —la tranquilizó Liam con dulzura.Se inclinó y le besó suavemente la frente, intentando calmarla. Al escuchar sus palabras, Anna soltó un suspiro de alivio. La tensión que le oprimía el pecho comenzó a disiparse poco a poco.Liam la rodeó cuidadosamente con los brazos, como si temiera que el más míni
Anna estaba en el baño de un restaurante. Después de lavarse las manos, se las secó con una servilleta de papel y salió.Apenas había dado unos pasos cuando alguien la agarró bruscamente de la muñeca.Anna se sobresaltó e intentó soltarse por instinto.—¿Desde cuándo estás saliendo con Liam? —exigió saber Rendy sin rodeos.—Eso no es asunto tuyo. —Anna forcejeó para liberarse—. ¡Suéltame!—¡Te dije que íbamos a volver a estar juntos! ¿Por qué no pudiste esperarme? —La ira de Rendy era cada vez más difícil de contener.Anna lo fulminó con la mirada.—Desde el momento en que decidí divorciarme de ti, Rendy, nunca tuve la menor intención de volver contigo.—Sé que todavía me amas. Solo estás intentando vengarte de mí, ¿verdad?Sus palabras le revolvieron el estómago. Anna apenas podía creer que, después de todo lo que habían vivido, Rendy siguiera siendo tan arrogante.—Eres un egocéntrico insufrible, Rendy —respondió con frialdad—. Jamás volvería contigo. Ni ahora ni nunca.—¡No seas ta
Liam miró a Anna, como si todavía estuviera esperando que ella le diera la confirmación definitiva. Sabía que aún no había aceptado por completo hacer pública su relación.—No me molesta —dijo Anna en voz baja.—¿Estás segura? ¿De verdad no te importa que todo el mundo se entere de lo nuestro? —insistió Liam, solo para asegurarse.Anna asintió.Al instante, el rostro de Liam se iluminó. Una amplia sonrisa se extendió por sus labios, como si por fin hubiera recibido el permiso que llevaba tanto tiempo esperando.Sin pensarlo dos veces, la estrechó entre sus brazos.—¡No tan fuerte, Liam! Recuerda que ahora hay un bebé ahí dentro —lo reprendió Matilda.Al darse cuenta de lo que había hecho, Liam aflojó el abrazo de inmediato.—Lo siento. Es que estoy demasiado feliz —admitió, sin poder disimular su enorme alegría.Matilda y Jonathan intercambiaron miradas divertidas antes de sonreírle a su hijo. Liam, que por lo general siempre mantenía la compostura y rara vez dejaba ver sus emociones,







