INICIAR SESIÓNPOV LUNA
El despacho principal del piso cincuenta de Partridge Corp no había cambiado ni un solo detalle en estos cuatro años. Seguía ahí esa gran mesa de madera oscura y brillante, las ventanas enormes que iban desde el suelo hasta el techo, desde donde se veían todos los edificios iluminados de la ciudad. Y también seguía ese olor particular a madera fina, cuero y un vino fuerte y caro que parecía haberse quedado grabado en las paredes. Hace años, este lugar me hacía sentir mucha admiración y respeto. Yo solía sentarme en el sofá de cuero que está en una esquina, esperando en silencio durante horas a que Braxton terminara sus llamadas de trabajo. A veces solo me regalaba una sonrisa cansada o me daba un beso rápido en la frente, y luego volvía a ocuparse de sus cosas. Yo era entonces la esposa que nunca se quejaba, la mujer que pasaba desapercibida y que se acomodaba a sus horarios y a la sombra de todo lo que él tenía. Hoy todo es muy distinto. Me senté en su silla principal, apoyé los codos sobre la mesa y no sentí ni un poco de miedo ni de duda. Apenas habían pasado dos horas desde la reunión con los dueños de la empresa, y yo ya había empezado a revisar todos los papeles con los números más recientes. Lo que vi era un desastre total: las ganancias habían bajado casi la mitad en los últimos meses, muchos bienes estaban valorados a precios falsos y todo parecía estar muy bien escondido. Alguien muy importante dentro de la empresa había estado sacando dinero poco a poco para llevarlo a cuentas que nadie conocía, aprovechando que Braxton no se daba cuenta o no le prestaba atención. De repente escuché que las puertas se abrieron de golpe y golpearon la pared con fuerza. No levanté la vista de mi tableta. Sabía perfectamente quién era; la forma en que caminaba, fuerte y rápido, era algo que mi cuerpo nunca había podido olvidar. —Esa es mi silla, Luna —dijo Braxton, y su voz sonó fuerte y pesada, como si quisiera asustarme. Ya no llevaba puesta la chaqueta del traje. Tenía la camisa blanca bien puesta, pero con los dos primeros botones desabrochados y las mangas dobladas hasta los codos. Se le veían los brazos fuertes y el reloj de plata que yo misma le había regalado cuando cumplimos nuestro primer año de casados. Se veía algo despeinado, muy atractivo, y con la mirada llena de rabia y molestia. —Según lo que firmaste hace dos horas, señor Partridge, durante los próximos tres meses este será mi lugar de trabajo —le respondí con calma, pasando la pantalla con un dedo muy tranquilo—. Si quieres hablar de algo relacionado con las cuentas o pedir dinero, dile a mi asistente que te ponga en la lista para hablarme quince minutos. Braxton soltó una risa seca y amarga, que no tenía nada de gracioso. Lo escuché caminar rápido por detrás de la mesa y en dos pasos ya estaba frente a mí. Se inclinó hacia adelante, poniendo sus manos sobre la mesa, y no me dejó ni un poco de espacio para estar tranquila. De un momento a otro el aire se puso pesado y difícil de respirar. —Deja de decirme esas cosas que parecen de un libro de negocios —me dijo casi al oído, con voz ronca y muy baja. Sus ojos azules estaban clavados en los míos, a solo unos centímetros de mi cara—. Cuatro años, Luna. Cuatro años enteros sin que me llamaras, sin que me mandaras ni un mensaje, sin dejar ni una sola señal de vida. Desapareciste como si nunca hubiéramos sido marido y mujer, como si todo lo que tuvimos no hubiera existido. ¿Y ahora vuelves? ¿Vestida como una mujer fría y seria, queriendo mandar en mi propia empresa como si no nos conociéramos? Dime la verdad: ¿qué es lo que realmente quieres de mí? El calor que salía de su cuerpo me envolvió por completo. Su olor, esa mezcla de madera y lluvia fresca, me golpeó fuerte y me trajo a la mente muchas noches pasadas, y muchas promesas que al final no sirvieron para nada. Mi corazón empezó a latir muy rápido, como si quisiera traicionarme, pero obligué a mi cara a no mostrar ni un solo sentimiento. —Lo que quiero es muy sencillo, Braxton —le dije, diciendo su nombre por primera vez en todo el día, y vi cómo apretó la mandíbula al escucharlo—. Quiero arreglar lo que pasa aquí, cobrar lo que me prometieron y luego irme de esta ciudad para nunca más volver. No vine a buscar explicaciones tuyas, ni a darte las mías. Lo que hubo entre nosotros ya se acabó y se quedó muy lejos. —¡Tú fuiste quien lo terminó todo! —gritó él, y dio un golpe en la mesa con el puño cerrado. El ruido hizo que hasta la lámpara y los papeles se movieran—. Me dejaste creyendo que habías vendido secretos de la empresa a otros. Firmaste los papeles del divorcio a través de abogados y te fuiste sin siquiera mirarme a la cara. ¿Te das cuenta de lo mal que me hizo sentir eso? Una sonrisa fría y triste se me dibujó en los labios. Me eché hacia atrás en la silla y crucé los brazos para marcar distancia. —Si realmente me hubieras conocido todo este tiempo que estuvimos juntos, Braxton, nunca habrías dudado de mí ni un segundo. No habrías creído todas esas mentiras que inventaron tu madre y la gente que te rodea. Pero decidiste creer en lo que ellos te dijeron antes que escucharme a mí. Así que no intentes hacerte la víctima conmigo. No me da lástima que te sientas mal por tu orgullo herido. Braxton se quedó quieto de golpe. La rabia que tenía en los ojos pareció desaparecer un momento, y en su lugar se notó que tenía dudas y que no entendía nada. Por primera vez en todo el día, vi que él también podía equivocarse y sentirse perdido. Abrió la boca para decir algo, dio un paso más hacia mí y alargó la mano como si quisiera tocarme la cara para estar seguro de que estaba ahí... Pero en ese momento mi teléfono empezó a vibrar muy fuerte sobre la mesa, y rompió todo el silencio como si algo se hubiera roto en mil pedazos. Los dos miramos la pantalla que se había encendido. Ahí apareció un mensaje que me heló la sangre y me dejó sin aire: [Guardería Cielos Dulces]: Estimada señorita Wallace, la fiebre del pequeño Mateo ya bajó con la medicina. Ya comió y está durmiendo muy tranquilo. No se preocupe. Sentí como si me corriera un escalofrío por todo el cuerpo. Con dificultad tragué saliva y agarré el teléfono muy rápido para darle la vuelta y esconder la pantalla. Pero no fui lo suficientemente rápida: Braxton vio claramente que me puse pálida y que mis dedos temblaban al tocar el aparato. —¿Pasa algo malo? —me preguntó él, entrecerrando los ojos y mirándome con mucha atención, como quien ya ha descubierto algo importante—. ¿Qué decía ese mensaje? —Son cosas mías que no te importan y que no tienen nada que ver contigo —le contesté de inmediato, tratando de que mi voz volviera a sonar firme mientras me levantaba de un golpe y agarraba mis papeles—. Mañana a las ocho empiezo a revisar todo con los dueños de la empresa en la sala grande. No te esperaré ni un minuto si llegas tarde, señor director. Pasé por su lado caminando derecho, sintiendo cómo no me quitaba la vista de encima mientras me acercaba a la puerta. Braxton Partridge creía que yo había vuelto para quitarle el mando de su empresa. Pero no tenía ni idea de que la verdadera pelea no se trataba de dinero ni de negocios, sino de un niño de tres años que tiene sus mismos ojos azules y que ahora duerme tranquilo al otro lado de la ciudad.POV LunaA las dos de la tarde exactas, la sala de reuniones parecía un juicio donde ya se sabía el fallo. Los diez jefes principales estaban sentados muy quietos, rodeados de todos los papeles y pruebas que yo misma había mandado preparar. Julianna Partridge estaba en el lado más lejano de la mesa, mirándome con un odio tan fuerte que parecía capaz de congelarlo todo. Braxton, en cambio, estaba en la cabecera, y no dejaba de mirarme a mí con sus ojos azules, como si nadie más existiera en la habitación.—Señores —empecé diciendo, mientras en la pantalla grande aparecían todas las cuentas—, esos cincuenta millones de dólares que faltan no fueron un error ni una mala racha. Fue un robo planeado durante tres años seguidos.Todos empezaron a murmurar asustados.—Eso es algo muy grave que dices —dijo el jefe de finanzas, sudando mucho—. Demuéstralo antes de decir mentiras sobre nosotros.—Tienen la prueba en la página catorce de lo que les di —les respondí con mucha calma—. Hay tres empre
POV LunaEl sonido fuerte de los tacones de Julianna Partridge contra el suelo de mármol se escuchó en toda la sala, como cuando una serpiente hace ruido antes de atacar.Hace cuatro años, solo de verla me habría encogido de miedo y habría bajado la cabeza. Todavía recuerdo su voz en este mismo piso, llamándome interesada, diciendo que yo solo quería dinero y acusándome de contar secretos de la empresa a la competencia. En ese entonces yo no tenía poder ni a nadie que me defendiera. Hoy, sus palabras me parecían tan inútiles como el polvo que se levanta al pasar.—¿Qué hace esta mujer aquí, Braxton? —repitió ella, dando dos pasos fuertes hacia nosotros. Su cara, muy arreglada por cirugías, estaba rígida por el asco—. Dime que no has hecho la tontería de traer a esta... a esta aprovechada de vuelta a nuestra casa.Braxton no se movió ni un pelo. Dio un paso adelante y se puso entre su madre y yo. Fue un movimiento rápido, como si quisiera cuidarme, pero yo no me dejé engañar por ese ge
POV LunaA las siete y cincuenta y cinco de la mañana, la sala de reuniones olía a café recién hecho y a mucho miedo. Mi equipo ya había puesto las pantallas y ordenado todos los papeles con las cuentas. Los jefes iban llegando poco a poco, con caras muy cansadas y sonrisas forzadas; sabían que conmigo no se iba a salvar nadie de lo que estaba mal hecho.A las ocho en punto se abrió la puerta. Entró Braxton con un traje gris que le quedaba perfecto. Pero no miraba las pantallas ni a los que lo saludaban con respeto: sus ojos azules me buscaron a mí de inmediato.—Muy puntual, señor Partridge —le dije, preparando mi puntero sin darle más importancia—. Siéntese. Vamos a empezar revisando lo que ha pasado con las compras de la empresa.Braxton no dijo nada. Se sentó en la cabecera de la mesa, cruzó las piernas con calma, pero no dejó de mirarme cada cosa que hacía. Durante dos horas fui mostrando todo lo que estaba mal: facturas que estaban repetidas, contratos con gente que no existía y
POV LUNAEl despacho principal del piso cincuenta de Partridge Corp no había cambiado ni un solo detalle en estos cuatro años. Seguía ahí esa gran mesa de madera oscura y brillante, las ventanas enormes que iban desde el suelo hasta el techo, desde donde se veían todos los edificios iluminados de la ciudad. Y también seguía ese olor particular a madera fina, cuero y un vino fuerte y caro que parecía haberse quedado grabado en las paredes.Hace años, este lugar me hacía sentir mucha admiración y respeto. Yo solía sentarme en el sofá de cuero que está en una esquina, esperando en silencio durante horas a que Braxton terminara sus llamadas de trabajo. A veces solo me regalaba una sonrisa cansada o me daba un beso rápido en la frente, y luego volvía a ocuparse de sus cosas. Yo era entonces la esposa que nunca se quejaba, la mujer que pasaba desapercibida y que se acomodaba a sus horarios y a la sombra de todo lo que él tenía.Hoy todo es muy distinto. Me senté en su silla principal, apoyé
POV LUNAHace cuatro años salí de esta misma sala de juntas hecha pedazos. Todavía recuerdo perfectamente cómo tenía las manos heladas, cómo las lágrimas no dejaban de caerme y arruinaban todo mi maquillaje, y cómo me temblaban tanto los dedos que casi no podía agarrar mi bolso. Allí dentro, muy escondida, llevaba la primera ecografía de mi hijo. Ese día no solo perdí a mi marido y mi matrimonio; perdí también mi dignidad y todo ese futuro bonito que creía que íbamos a construir juntos.Hoy, al volver a cruzar esa gran puerta de madera, lo único que ha cambiado es que ya no tengo nada más que me puedan romper.Me acomodé bien el saco de mi traje blanco y caminé con paso firme por encima de la alfombra gruesa. En el piso cincuenta de Partridge Corp el aire siempre huele a mucho dinero y poder, pero hoy se sentía distinto: se respiraba miedo por todas partes. Todos los hombres de la junta me miraban en silencio absoluto, con las caras pálidas y muy preocupados. Su gran empresa se estaba







